Protagonista de la tragedia de su nombre (v.), de Heinrich Heine (1797-1856), William Ratcliff es un personaje de balada romántica, presentado como víctima de pasiones profundas y trágicas, pero sin el menor desarrollo psicológico: es pues un ser elemental y pintoresco.
Ratcliff ha dado muerte a los dos primeros novios de María, que, tras haberle hecho concebir ilusiones, le había rechazado. Perseguido por los fantasmas de aquéllos, abandona de vez en cuando la vida desordenada y hasta inmoral que lleva en Londres para entregarse a románticas cabalgatas por Escocia. Su afán de sangre es consustancial con su inquietud: no es un caprichoso, afirma él, sino un condenado, instigado por potencias ocultas. Las confusiones entre la pesadilla y la realidad se hacen cada vez más frecuentes, hasta producirse efectivamente en escena. Cuando Ratcliff sufre la humillación de no poder matar a su tercer rival, su furia no tiene otra salida que la muerte en compañía de su amada; y en la escena final su locura homicida halla un digno acompañamiento en el estribillo de su vieja nodriza demente, como para subrayar la inevitable fatalidad de tan trágica conclusión.
Ratcliff es la figura que mejor caracteriza el primer período de la actividad poética de Heine, torturado por una desilusión de amor: al lado de los elementos del más truculento romanticismo formal, lleno de sangre y de fantasmas, se vislumbra ya el escarnio y la ironía corrosiva que figuraron más tarde entre los rasgos más ágiles y característicos de la inspiración del poeta alemán.
V. M. Villa
