Federigo Zuccari

Nació en S. Angelo in Vado (Marcas) en 1542 ó 1543 y murió en Ancona en 1609. Fue hijo y hermano de pin­tores, y trabajó en Roma y Venecia. Viajó por Europa, y terminó en Roma la Capilla Paulina, lo cual le creó muchos enemigos que consiguieron su destierro de la ciudad por espacio de dos años (1581-83). Ello le indujo a nuevos viajes. En 1583-86 se ha­llaba en España, donde actuó, aunque con poco éxito, en El Escorial. Figuró entre los fundadores de la «Academia de Dibujo de los Pintores, Escultores y Arquitectos de Roma»; académica fue, en realidad, su pin­tura. Contribuyeron a su eclecticismo los numerosos viajes, de los cuales habla en Passaggio per Vitalia (1608). Ofrece cierto interés la obra Idea de los pintores, esculto­res y arquitectos (1607, v.), dedicada a Car­los Emanual de Saboya; en ella el autor se revela un tanto familiarizado con ideas filo­sóficas de inspiración platónica.

A. Palluchini

Heinrich Zschokke

Nació en Magdeburgo el 22 de marzo de 1771 y murió el 27 de junio de 1848 en Aarau. Era hijo de una familia perteneciente a la pequeña burgue­sía, e interrumpió los estudios secundarios para seguir, como actor, a una compañía de cómicos ambulantes. Entre 1790 y 1793 com­puso cuentos, novelas y una tragedia; alcan­zó notoriedad y un gran éxito con la novela Abelino, el gran bandido (v.), aparecida en 1793 y convertida luego en drama. Mien­tras tanto, reanudados los estudios tras la disolución de la compañía, se graduó en la Universidad de Francfort del Main, en la cual obtuvo, en 1792, la habilitación para la enseñanza libre. Este mismo año fue nom­brado pastor protestante en Magdeburgo; sin embargo, un edicto religioso del Go­bierno prusiano, que Zschokke juzgó no poder ad­mitir, hízole abandonar Alemania y viajar por Francia, Italia y Suiza, donde, al prin­cipio (1796), estuvo en Reichenau, en los Grisones, como director de una escuela or­ganizada según los principios de Basedow.

En el curso de este período escribió nove­las y dramas de tipo histórico. Su simpatía hacia las ideas de la Revolución Francesa le obligó a salir de Suiza, país al cual re­gresó en 1799 con los ejércitos de Francia. Pasado al servicio del nuevo gobernador, vivió en Basilea, Lugano y Bellinzona. Li­cenciado en 1801, marchó a Berna, donde conoció a Pestalozzi, Heinrich von Kleist y L. Wieland. En 1807 establecióse en Biberstein, cerca de Aarau; allí se dedicó a su actividad de escritor y publicista como direc­tor de varias revistas, Isis, Miszellen für neueste Weltkunde, Prometheus, que utilizó para exponer y divulgar sus ideas liberales y racionalistas y discutir cuestiones eco­nómico-sociales de acuerdo con una tenden­cia moral y educativa pero no retrógrada. Entre sus obras destaca notablemente la no­vela Alderich im Moos (1826), situada en el ambiente de la guerra suiza de los campe­sinos. Además de novelas históricas y de aventuras y de cuentos y dramas, compuso ensayos sobre la historia de Suiza y Ba- viera, notas de viaje y breves narraciones humorísticas.

G. V. Amoretti

Miklos Zrinyi

Nació el 1. ° de mayo de 1620 en Ozali (Croacia), donde murió el 18 de noviembre de 1664. Huérfano de padre a los ocho años, heredó la gran fortuna de éste, junto con la dignidad de gonfalonero real, categoría que hacía indispensable su firma en la sanción de las leyes. Bajo la tutela del primado Pedro Pázmány estudió en las es­cuelas de los jesuítas de Nagyszombat y Graz; en 1636 llevó a cabo un viaje de ins­trucción por Italia, y en Roma fue honora­blemente acogido por Urbano VIII. Vuelto a la patria, establecióse en Csáktornya, y muy pronto, con audaces expediciones militares contra los turcos, hizo notorio y temido su nombre; a los veinticinco años era ya gene­ral, y poco después llegó a ban de Croacia. Su fama de jefe militar difundíase por toda Europa; y, así, los patriotas húngaros le consideraban la esperanza más segura para el futuro.

Ello le valió las sospechas de la corte vienesa; en 1655 le fue negado el car­go de conde palatino (lugarteniente del rey), y, aun cuando por la gloriosa campaña in­vernal de 1664 hubiese obtenido los más honrosos reconocimientos internacionales, vio confiado el mando supremo en la cam­paña bélica del verano del mismo año a Montecuccoli (v.), el cual, tras la victo­riosa batalla de Szentgotthárd, negoció con el sultán una paz humillante y gravemente perjudicial para los intereses de Hungría. Amargado, Zrinyi retiróse entonces a sus pose­siones, donde murió en el curso de una ca­cería de jabalíes.

Soñaba en un reino hún­garo autónomo e independiente, según el estilo del de Matías Corvino (acerca de cuya vida escribió significativas Meditaciones), y a este ideal dedicó toda su actividad polí­tico-militar y sus mejores facultades de es­critor. «Con intelecto juvenil» cantó asi­mismo el amor. Sin embargo, en su obra principal, el poema Sitio de Sziget (1651, v.), procuró exclusivamente despertar el sentimiento patriótico de la nación húnga­ra, y, para ello, presentó recompensados por el mismo Dios los méritos adquiridos en el servicio de la patria. Aun cuando Zrinyi conocía bien a los grandes modelos de la epopeya heroica, en Homero, Virgilio, Tasso y Marino sólo buscó medios y procedimien­tos técnicos; netamente nueva y personal aparece la concepción de la obra, o sea la íntima fusión de las ideas nacionales y reli­giosas en un ambiente trascendental. La de­fensa de Sziget (1566) resulta, en el poema, un decisivo cambio de rumbo de la vida na­cional húngara; el sacrificio del protagonista expía y redime los pecados de toda la na­ción. Entre las restantes obras del autor cabe mencionar Pequeño tratado militar [Tábori kis trakta], el opúsculo político di­rigido contra los Habsburgo; Lamento dolo­roso [Siralmas panasz] y Medicina contra el opio turco (1660, v.).

E. Várady

Pietro Zorutti

Nació el 27 de diciembre de 1792 en Lonzano del Collo (Friul orien­tal) y murió el 23 de febrero de 1867 en Udine, Es el principal poeta de su región natal. Vivió una existencia modesta de empleado de Hacienda, y diose a conocer como lite­rato en 1821, al iniciar la publicación de Strolics (v.), en el dialecto de Friul; se trata de almanaques poéticos integrados por composiciones muy distintas entre sí. Algu­nas de las poesías de nuestro autor fueron apreciadas incluso más allá de su ámbito regional. Menor interés ofrece su produc­ción en italiano, donde aparecen las mis­erias deficiencias que en la dialectal; cier­tas exageraciones sentimentales o jocosas.

C. Torchio

José Zorrilla y Moral

Nació en Valla­dolid el 21 de febrero de 1817 y murió en Ma­drid el 23 de enero de 1893. Pasó su infancia en Quintanilla de Somuñoz y en Torquemada, los pueblos de sus padres. D. José Zorri­lla, padre del poeta, relator de la Real Canci­llería de Valladolid, nombrado superinten­dente general de la policía de Fernando VII hubo de trasladarse a Madrid (1827), donde el futuro poeta, que por entonces contaba diez años, ingresó en el Seminario de No­bles, que dirigían los jesuítas y donde per­maneció hasta 1832. Muerto Femando VII, el padre de Zorrilla, absolutista consumado, fue desterrado a Lerma (1833). El poeta pasó a estudiar Derecho primero en Toledo y luego en Valladolid, pero su aversión hacia las Leyes y el carácter intransigente del padre, que amenazaba con dedicarle al campo, le llevaron a huir de casa. En una yegua, que andaba paciendo, Zorrilla llegó a Valladolid, la vendió, y con el importe de la venta pudo trasladarse a Madrid, viviendo «a salto de mata».

Poco después fundaba un periódico y no mucho más tarde escapaba por el bal­cón, ante la irrupción de la policía en los locales de la redacción. Con motivo de la muerte de Larra el 14 de febrero del 37 se da a conocer con unos famosos y mediocres versos que leyó al llegar la comitiva i la puerta del cementerio de Fuencarral. La declamación reportó al poeta su introducción en los medios literarios de la capital española, relacionándose con las figuras literarias del tiempo (Espronceda, Hartzenbuch, Álvarez Santos). Asistente a las tertulias y cafés literarios, a los veinti­cuatro años Zorrilla es ya un personaje del mundo particular de la literatura. Por esta época propone a García Gutiérrez escribir una obra teatral en colaboración, Juan Dándolo, que fue la inauguración de su brillante carrera. En 1839 casó con Florentina Matilde O’Rei­lly, dieciséis años mayor que él.

El mal resultado del matrimonio impulsó a Zorrilla a permanecer en París cuatro años, esqui­vando a su mujer; en la capital francesa conoce a G. Sand, Victor Hugo, Musset, Gauthier, trasladándose después a Méjico once años. En condiciones económicas poco brillantes, en 1848, la herencia de sus pa­dres aligeró esta situación, pero, el pésimo administrador, pronto la restableció de nue­vo. En 1866 vuelve a España y, ya viudo, casó de nuevo (1860) con Juana Pacheco. Este mismo año las Cortes hubieron de votar una pensión para remediar la pésima economía de Zorrilla En 1885 ingresó en la Aca­demia, pronunciando su discurso en verso. En 1889 con un laurel de oro procedente de las pepitas del Darro se le coronó poeta na­cional en Granada. Instalado cómodamente en las estancias que le habían señalado, como el poeta no diera muestras de marcha, alguien le dijo «Vate: vete». La pensión de las cortes había durado poco y la Reina regente le había asignado otra de 300 pese­tas anuales.

A partir del mismo año de la coronación, se vio seriamente afectado en su salud. Así vivió hasta la madrugada del 23 de enero de 1893. «Una inmensa muche­dumbre acompañó su cuerpo al cementerio». «Sólo español y cristiano, / fui siempre; buen castellano / el cantor de mi nación». En otra composición de Zorrilla se lee «…decir sin jactancia puedo, / que canté con fe y sin miedo / mi patria y mi religión». Para la comprensión de la obra de Zorrilla no podrán perderse de vista estos versos. Zorrilla, en efecto, es un poeta plenamente inspirado en los temas nacionales, de donde nacen sus pecu­liares características poéticas. El tema na­cional no deja de ser en cierto modo ana­crónico para su época. La brillantez y facilidad de Zorrilla no derivan evidentemente de este «machacado tema», pero sí encuentra en él manifiestas posibilidades. Zorrilla es un juglar, sin ambiente, sin época, sin tema, de aquí su emoción vieja y antigua, un tanto abstracta, más efectiva por cuanto significa de actitud un tanto anacrónica que por pro­pia fuerza. Es ya tradicional el doble es­tudio de Zorrilla como poeta y como dramaturgo.

Romántico conservador, Zorrilla es el poeta fácil (compensando en ello una modesta cultura), improvisador, popular, sonoro y castizo y lógicamente desigual, con notables aciertos y bellezas dispersas por su extensa obra (v. Poesías y leyendas). Como lírico, nos ofrece una primera producción, que inau­gura el conocido poema leído en el entierro de Larra: «Este vago clamor que rasga el viento». Con temas de amor y caballerescos, «A un joven», «Amor del poeta»; orien­tales, «Mañana voy Nazareno», «Corriendo van por la vega», «Dueña de la negra toca», «De la luna a los reflejos». Zorrilla deriva luego hacia una poesía más trascendente, de cierto escepticismo y filosofía, «El día sin sol», «Inconciencia», «Napoleón», «A un águila», «A un torreón», y religiosa, «La virgen al pie de la Cruz», «El bautismo de Jesús». De tono más descriptivo es otro grupo de poemas, como «Soledad del campo», «La Virgen del Arroyo», «Tempestad de verano», «El cre­púsculo de la tarde». A otro grupo de poesías de gran sentido rítmico y musical y con cierto fuego, al estilo de Espronceda, de metro y rima, las llamó Zorrilla, por su cadencia árabe, Serenatas moriscas, Canciones moris­cas, Kasidas y Alboradas monorítmicas, («A S. M. I. Eugenia, emperatriz de los fran­ceses», «A Roca», «A Ana», «A Dios», «La siesta»).

Más interés, sin embargo, ofrece el Zorrilla épico autor de Las leyendas (v. Poesías y leyendas), en que lo que interesa es la acción — recurre incluso al diálogo — bien llevado, sin disgregaciones, y lógicamente: «La sorpresa de Zahara y Boabdil el Chico», «A buen juez mejor testigo», «Para verdades el tiempo y para justicia Dios». «Los dos besos», «El capitán Montoya», «El escultor y el duque». En su libro Cantos del trova­dor (1840-41) se contienen las leyendas «La pasionaria, «Margarita la tornera» y «Las píldoras de Salomón». En 1849 publica Las vigilias del estío, con tres leyendas. En esta misma línea están Recuerdos y fantasías (1845), Granada (París, 1855). Su última pu­blicación (1882) es La leyenda del Cid. La producción dramática de Zorrilla, treinta y tres obras en total, al igual que su poesía, con la que ofrece bastantes puntos, especialmente con la leyenda, es desigual. Trata preferen­temente el tema histórico, intercalado, al modo del teatro de la Edad de Oro, con leyendas. Sin alcanzar la grandiosidad de los clásicos del siglo XVII, su producción logra en determinados momentos notable interés, por el dinamismo de la acción, planteada de forma atractiva, y por los característicos personajes que presenta.

El teatro de Zorrilla, popular, con cierto sabor de misterio, bien dosificado en las situaciones y desenlaces, apoyado en un verso fluido y musical, está montado en forma que llega directamente al público. En este sentido recordaremos su obra Don Juan Tenorio (1845, v.), de ac­tualidad bien conocida. Hay un elemento de realidad en la captación de las situacio­nes, que de este modo logran interesar, y unas actitudes e intentos, y en todo caso unos contenidos tan humanos (no importa discutir su calidad), que justificaron la perpetuación de la obra. Pero de cual­quier forma, el hecho, excepcional en to­do el teatro del siglo XIX, de la actualidad de la obra es ya por una o por otra vía su­ficientemente explicativo. Por lo demás, la figura del Tenorio de Zorrilla es la más compleja y rica de la literatura española. Interesan dentro de su producción las tragedias clási­cas Sofronia (1843) y La copa de marfil (1844), la comedia de capa y espada La mejor razón la espada (1843), Sancho García (1846, v.), de gran efecto trágico, con situa­ciones de una grandiosidad culminante, El puñal del godo (1843, v.) y su segunda parte La calentura, de acción muy bien desarro­llada, Traidor inconfeso y mártir (1849, v.), quizá su mejor obra, así la consideraba el propio Zorrilla, sobre la leyenda del panadero de Madrigal, impostor del rey D. Sebastián.

Otras obras son: Vivir loco y morir más (1837); Más vale llegar a tiempo que rondar un año (1839); Cada cual con su razón (1839); Lealtad de una mujer y aventuras de una noche (1840); El zapatero y el rey (1.a parte, 1840; 2.a parte, 1842, v.); Apo­teosis de D. Pedro Calderón de la Barca (1841); Un año y un día (1842); El eco del torrente (1842); Los dos arroyos (1842); Caín, pirata (1842); El motín de Guadalajara (1843); El caballo del rey D. Sancho (1843); La oliva y el laurel (1843); El alcalde Ron­quillo o El diablo en Valladolid (1845); El rey loco (1847); La reina y los favoritos (1847); El excomulgado (1848); La creación y el Diluvio, Canto sacramental (1848); Amor y arte (1862); El encapuchado (1870); Pilatos (1877). A partir de 1879 «El impar­cial» comenzó a publicar sus notas autobio­gráficas, reunidas bajo el título de Recuerdos (1840) del tiempo viejo (v.), sinceros hasta dudar el poeta de la calidad de su propia obra.