Historiador mexicano nació en Oaxaca en 1774, murió en 1848. Cursó los estudios de derecho y fue un abogado brillante.
En los comienzos de la revolución por la independencia, reaccionó contra los franceses invasores de España e hizo acuñar a su costa una medalla conmemorativa de la unión entre mexicanos y españoles; pero pronto se incorporó a las fuerzas de Morelos, quien lo nombró inspector general de Caballería.
Representó a México en el Congreso de Chilpancingo, escribió el discurso que pronunció allí Morelos y redactó, a instancias de éste, el acta en que se declaró la independencia. A partir de este instante, sufrió una dura persecución por parte de los realistas y pidió el indulto en 1817; pero sufrió más aún por parte de sus amigos insurgentes, que lo sometieron a las más diversas vejaciones, incluso la prisión.
Desde 1824 fue diputado por Oaxaca en diversas legislaturas. Su vida y su obra se caracterizan por la paradoja constante y la irregularidad más sorprendente. Patriota entusiasta, sufrió más persecuciones de los suyos que de los realistas; cargó las más negras tintas sobre la conquista y la colonización españolas, y colmó al mismo tiempo de elogios la organización administrativa, financiera y judicial de los españoles en Nueva España.
Su carácter impresionable y su criterio sin consistencia lo llevaban frecuentemente a rectificaciones y contradicciones que restan valor a sus trabajos de historiador; y ello se reflejaba en su estilo, incorrecto y matizado de vulgaridad, en el que alternan las expresiones pedantes y las chocarreras. Sin embargo, nos contó lo que vio y lo que vivió con toda la sinceridad de su alma ingenua: he ahí el valor esencial de sus relatos.
Su obra fundamental es el Cuadro histórico de la Revolución Mexicana (v.). con sus continuaciones relativas a las etapas de Iturbide, Bustamante y Santa-Ana, y a la invasión angloamericana de México. Otros trabajos suyos son: Galería de antiguos príncipes mexicanos (1821), Campañas del general D. Félix María Calleja (1828) y Mañanas de la Alameda de México (1835-1836), obra con la que trata de facilitar a la juventud el estudio de la historia de su país hasta la llegada de los españoles a Veracruz. No debe desdeñarse su labor de periodista, realizada en El Juguetillo, El Centzontli, La avispa de Chilpancingo, Voz de la Patria, La Marimba y otros.
Pero quizás la deuda más importante que tengamos con él se refiera a su labor de editor de libros antiguos (de Sahagún, Veytia, Alegre, Cavo, León y Gama, etc.), gracias a la cual han llegado a nosotros textos que hubieran podido perderse: claro está que el beneficio se ha realizado a costa de modificaciones de títulos, interpolaciones, rectificaciones de textos y otros daños propios de la ligereza del incansable «editor» e historiador.
J. Sapiña
