Nació en las cercanías de Ayr (Escocia) el 25 de enero de 1759 y murió en Ellisland el 21 de julio de 1796.
Hijo mayor de unos pobres campesinos oprimidos por una legislación cruel, creció entre duras penalidades y continuos traslados de una a otra hacienda en Alloway, Mount Oliphant y Lochlea. Aunque robusto, la vida solitaria y llena de fatigas quebrantó sus nervios, y le hizo, ya a los dieciséis años, cargado de espaldas, melancólico, lleno de contenida rabia e instintos rebeldes, y ávido de simpatía y libertad.
Cuando iba a la escuela en Kirkoswald hallaba tiempo para estudiar durante las comidas y las labores del campo; leía las poesías rústicas de Fergusson y Ramsay, componía sus primeros versos junto al arado y acompañaba su trabajo con ritmos y temas siempre nuevos.
Su padre murió tuberculoso cuando el poeta contaba veinticinco años, y dejó a la familia sumida en la miseria; B. continuó su fatigosa actividad, pero tomó la íntima decisión de lograr el éxito «a pesar del diablo, el mundo y la carne».
Comprendía que no era ciertamente enemigo de la sociedad y poseía un fondo de alegre y tosca vitalidad que le hacía amar y perseguir los placeres y goces de aquel arcàdico siglo XVIII, el cual, empero, de acuerdo con otro poderoso impulso de su alma, hubiese querido ver transformado en una vendimia de sangre.
Mientras tanto, entregábase ampliamente al culto de la Venus agreste o, como se dijo, del Eros contemporáneo, «variable cual el cielo de abril»; de estos amores vehementes y breves nos hablan sus composiciones líricas (v. Cantos y v. Poesías), de una lozanía primitiva, un realismo sincero, dramático, alegre y pesimista a la vez, y una ingenua y considerable ironía.
Sin embargo, mientras de esta suerte cantaba a muchachas de dulcísimos nombres y a mendigos, prostitutas, borrachos, ratones o margaritas, sus asuntos iban de mal en peor, y el padre de Jean Armour, por él seducida, recurría a la ley.
En 1786 B. estaba ya a punto de emigrar a Jamaica; entonces, empero, la publicación del primer tomo de versos (Poems, impreso en Kilmarnock con el fin de obtener el dinero necesario para el viaje) le dio súbita fama. Y así, en vez de partir hacia América, el joven poeta dirigióse a Edimburgo, para preparar una segunda edición.
Ya en la capital fue acogido en triunfo por los medios literarios y elegantes. No obstante, las ganancias se hacían esperar, y sus jornadas triunfales concluían inevitablemente en una mísera buhardilla. En tales condiciones, la vida ciudadana y el contacto con la alta sociedad le resultaron más perjudiciales que las numerosas privaciones de su juventud; y así, corrompido, asumió una actitud de árcade sentimental, perdiendo en ello su espontaneidad.
Ya incapaz de soportar su propia miseria, se irritó y acabó enajenándose, con desenfrenadas manifestaciones revolucionarias, las simpatías de aquella sociedad a la cual, por un tiempo, se había impuesto. Vuelto en 1788 al campo, dirigióse a una hacienda de Ellisland, donde se casó con Jean; pero no logró tener de nuevo el destino en sus manos; abandonada la tierra por un empleo, no tardó en consumirse en una vida sórdida y llena de excesos.
N. D’Agostino
