El Guardiamarina Easy, Frederick Marryat

[Mr. Midshipman Easy]. Novela de Frederick Marryat (1792-1848), publicada en 1836. Jack Easy es hijo de Nicodemus Easy, rico señor rural algo chiflado, que cree que todos los hombres son iguales y educa a su hijo en estos principios. Cuando Jack se embarca como guardiamarina, las ideas paternas y su carácter pronto a la discusión le ponen continuamente en contraste con la disci­plina militar. Afortunadamente el capitán es un joven valiente y lleno de sentido co­mún, que le salva de muchas complicacio­nes. Su fiel servidor Mesty y el guardia- marina Gascoigne, muy amigo de Easy, son sus compañeros de aventura y ayuda en toda complicada y peligrosa ocasión. Mu­chos son, como en todas las novelas de Marryat, los tipos curiosos y raros; entre és­tos, el belicoso capellán de a bordo, Hawkins, el contramaestre Biggs, cuyo lema es «el deber antes que la decencia», y el te­niente Pottyfar, que muere víctima de una panacea que él mismo había descubierto. Si falta en esta novela una verdadera cons­trucción, los hechos que se suceden son muy interesantes. Las doctrinas de Easy padre, expuestas de una manera que quiere ser satírica, parecen más bien ingenuamente imaginadas.

Sin embargo, hay episodios lle­nos de vigorosa naturalidad, un humorismo sabroso y sin exageración, una rapidez ge­nial que hace de Marryat el único novelista de su tiempo que los ingleses leen, con Walter Scott, que, según el parecer de mu­chos, no llega a su altura. En la descrip­ción de personajes raros de una chifladura extravagante y genial, Marryat tiene una vena que fue comparada, sin que por esto se quisiera decir que fuese menos auténtica, con la de Sterne y de Dickens. En una literatura rica en novelas de ambiente ma­rinero, ésta, todavía muy leída, se consi­dera como la primera de su género, y desde más de un punto de vista, como insuperable.

A. Camerino

La Guardia Junto al Rin, Max Schneckenburger

[Die Wacht am Rhein]. Es quizá la más popular canción patriótica alemana, de Max Schneckenburger (1819-1849), joven poeta que a ella debe su fama. La canción nació, junto a los celebrados cantos del Rin de Nikolaus Becker, E. M. Arndt, H. Heine, en 1840, cuando la orilla izquierda del Rin era ame­nazada por las pretensiones del gobierno de Thiers. Al principio pasó casi inadver­tida, pero en 1854 fue musicada por Karl Wilhelm con unas notas rebosantes de ím­petu incitador, y en 1870 llegó a ser la canción preferida de los soldados que mar­chaban contra Francia. En sencillas sexti­nas de rimas pareadas, expresa la orgullosa confianza en la vigilancia que todos los alemanes ejercen sobre el río querido: «Amada patria, puedes estar tranquila / ¡fuerte y fiel vigila la guardia, la guardia junto al Rin!»

C. Baseggio-E. Rosenfeld

El Guardavía Thiel, Gerhard Hauptmann

[Bahnwdrter Thiel]. Relato o, como dice el subtítulo, «estudio novelesco», de Gerhard Hauptmann (1862-1936), publicado en 1887.

La acción se desarrolla con un rápido y gradual «cres­cendo» hasta el punto culminante, iniciándose en una situación vulgar, como es la del guardavía Thiel que, habiendo enviuda­do y con un niño de pocos días, ha de pa­sar en seguida a nuevas nupcias, para tener quien se cuide de la marcha de su casa y del niño. Pero la mujer elegida, una aldea­na tan fuerte y robusta como vulgar y brutal, se impone muy pronto a su marido, que la soporta por amor a la vida tranquila, no ama al pequeño Tobías y le maltrata. Thiel, que siente verdadera adoración por el niño, se da cuenta de ello, y lentamente, penetra en su ánimo un sordo rencor con­tra la mujer y el recuerdo nostálgico de su primera esposa se hace más vivo, le turba durante el sueño, le da momentos de alu­cinación. Hasta que la tragedia se perfila. Un día la mujer deja abandonado al pe­queño, que acaba arrollado por el tren que llega. Al guardavía, idiotizado por el dolor, lo llevan a casa sin sentido; pero a la ma­ñana siguiente la mujer es hallada con la cabeza partida de un hachazo y el segundo hijo recién nacido con la garganta cortada. Y los que han salido en busca de Thiel, le hallan, perdida la memoria y loco, sobre las vías aún manchadas por la sangre de su hijito, y sólo a la fuerza consiguen sacarle de allí y llevarle al manicomio.

El relato juvenil contiene en germen los ele­mentos fundamentales de la obra posterior del poeta; hay el elemento naturalista en la viva representación de las escenas; el desarrollo gradual de la tranquilidad a la inquietud, a la alucinación y a la trágica locura de Thiel denota la intuición psico­lógica, y aquel sentido abierto a todo su­frimiento humano que hizo de Hauptmann uno de los autores más populares de alemania.

M. A. Zaghetti

Guárdate del Agua Mansa, Pedro Calderón de la Barca

Come­dia en tres jornadas de don Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), representada en noviembre de 1649 en ocasión de la boda de Felipe IV y Mariana de Austria.

Clara y Eugenia, hijas de Don Alonso, son llamadas a Madrid por su padre que quiere casar a una de ellas con Toribio, un tipo rudo, ignorante, soberbio y ridículo. Por casua­lidad cae en manos de Clara una tarjeta dirigida a Eugenia en la que un caballero — Félix —, amigo de dos galanes de la mu­chacha, ruega a ésta que se decida para evitar complicaciones. Sin embargo, Clara ha creído que Félix ha simulado tomarla por Eugenia, sólo para poder hablar libre­mente con ella; desilusionada por el texto de la tarjeta, sigue en su ficción para con­tinuar viendo al simpático caballero. Mien­tras, Eugenia ha despedido de una manera brusca a sus dos galanes: éstos se enteran de las relaciones de la falsa Eugenia con Félix y creen encontrar en ellas la expli­cación de la actitud de la verdadera Eu­genia. Clara ha llamado a Félix para hablarle: sin embargo, para hacerlo, se ve obligada a encerrar a Toribio en el balcón y a engañar a Eugenia, aconsejándole que se retire en el acto a su habitación. Llega Félix, y al poco rato también los dos ena­morados. Empieza una pelea general entre los tres galanes, don Alonso y Toribio. Todo se aplaca cuando se aclara la identidad de Clara. Queda por borrar la deshonra que ha manchado la casa de don Alonso: se da la satisfacción con dos bodas, la de Clara con Félix y la de Eugenia con Pedro. Clara, «el agua mansa», es el carácter que da la razón de ser a la comedia.

Clara no es una hipócrita: mientras que no vio a Félix, nun­ca mintió: siempre ha sido realmente cuer­da, timorata, modesta. Sin embargo, el amor se le presenta inesperadamente: la casuali­dad le ofrece los medios para satisfacer este sentimiento que se ha adueñado de ella exaltándola y dominándola. Y Clara no puede vacilar, especialmente debido a que de esta manera puede cultivar la ilusión de ser útil a su hermana. Al fin y al cabo todo su enredo consiste en el hecho de no revelar su personalidad y de introducir, pa­ra un breve coloquio, en su casa a un hom­bre que de todos modos tiene unas inten­ciones más que caballerosas. Fundamenta­les para la comprensión de la comedia son las escenas XIX, XX, XXII, XXIV de la segunda jornada: el amor llega como una revelación, cuando ya una discusión con su hermana ha hecho concentrar la atención de Clara sobre su figura. Clara es un ser amoroso; prudencia, educación, carácter y, sobre todo, la falta de ocasiones han hecho que nunca se diera cuenta de ello. Clara no simula despreciar al amor: le molestan el exhibicionismo y la superficialidad, nada más; es absolutamente extraña al tipo de la Mojigata de Moratín.

Y, por esto, la co­media constituye esencialmente un variado estudio psicológico. También resultan felizmente dibujados los caracteres de los otros personajes: los de los dos enamorados son más bien convencionales; interesante es el de Félix, una especie de Don Juan (v.) que por fin acaba cayendo en los lazos del amor; rico en momentos cómicos, aunque de una comicidad muy fácil, el de don Toribio, y así otros varios. La comedia, que se desenvuelve ágil y rápida por una hábil trama de casos excepcionales, llega a ser pesada en tres trozos rebuscados — que al­gunas ediciones destierran a las notas — sobre el viaje de Mariana de Austria y las fiestas por su boda.

R. Richard

La Guarda Cuidadosa, Miguel de Cervantes y Saavedra

Uno de los Ocho entremeses (v.) de Miguel de Cervantes y Saavedra (1547-1616), en prosa. La fregona Cristina es cortejada por un sa­cristán con dinero y por un soldado arro­gante y sin un ochavo. Éste, consumido por los celos, vigila la puerta de la casa de los amos de Cristina y aleja de ella, por las buenas y por las malas, a todos los visitan­tes de sexo masculino, llegando incluso a pretender impedir el paso al dueño de la casa. Llega el sacristán con un colega suyo y se enciende en honor de la muchacha una terrible pelea. La intervención de la linda joven lo arregla todo y la farsa se concluye con una promesa de matrimonio entre Cris­tina y el sacristán. De los ocho entremeses, éste es indudablemente el más teatral y el más rico en humorismo. El argumento, de­talle éste que casi nunca se encuentra en los otros, se desarrolla fácilmente hasta el final y el tipo del soldado sin dinero, pre­sumido y charlatán se perfila con una feli­cidad que, debido a la brevedad de la com­posición, resulta asombrosa.

A. R. Ferrarin