Guárdate del Agua Mansa, Pedro Calderón de la Barca

Come­dia en tres jornadas de don Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), representada en noviembre de 1649 en ocasión de la boda de Felipe IV y Mariana de Austria.

Clara y Eugenia, hijas de Don Alonso, son llamadas a Madrid por su padre que quiere casar a una de ellas con Toribio, un tipo rudo, ignorante, soberbio y ridículo. Por casua­lidad cae en manos de Clara una tarjeta dirigida a Eugenia en la que un caballero — Félix —, amigo de dos galanes de la mu­chacha, ruega a ésta que se decida para evitar complicaciones. Sin embargo, Clara ha creído que Félix ha simulado tomarla por Eugenia, sólo para poder hablar libre­mente con ella; desilusionada por el texto de la tarjeta, sigue en su ficción para con­tinuar viendo al simpático caballero. Mien­tras, Eugenia ha despedido de una manera brusca a sus dos galanes: éstos se enteran de las relaciones de la falsa Eugenia con Félix y creen encontrar en ellas la expli­cación de la actitud de la verdadera Eu­genia. Clara ha llamado a Félix para hablarle: sin embargo, para hacerlo, se ve obligada a encerrar a Toribio en el balcón y a engañar a Eugenia, aconsejándole que se retire en el acto a su habitación. Llega Félix, y al poco rato también los dos ena­morados. Empieza una pelea general entre los tres galanes, don Alonso y Toribio. Todo se aplaca cuando se aclara la identidad de Clara. Queda por borrar la deshonra que ha manchado la casa de don Alonso: se da la satisfacción con dos bodas, la de Clara con Félix y la de Eugenia con Pedro. Clara, «el agua mansa», es el carácter que da la razón de ser a la comedia.

Clara no es una hipócrita: mientras que no vio a Félix, nun­ca mintió: siempre ha sido realmente cuer­da, timorata, modesta. Sin embargo, el amor se le presenta inesperadamente: la casuali­dad le ofrece los medios para satisfacer este sentimiento que se ha adueñado de ella exaltándola y dominándola. Y Clara no puede vacilar, especialmente debido a que de esta manera puede cultivar la ilusión de ser útil a su hermana. Al fin y al cabo todo su enredo consiste en el hecho de no revelar su personalidad y de introducir, pa­ra un breve coloquio, en su casa a un hom­bre que de todos modos tiene unas inten­ciones más que caballerosas. Fundamenta­les para la comprensión de la comedia son las escenas XIX, XX, XXII, XXIV de la segunda jornada: el amor llega como una revelación, cuando ya una discusión con su hermana ha hecho concentrar la atención de Clara sobre su figura. Clara es un ser amoroso; prudencia, educación, carácter y, sobre todo, la falta de ocasiones han hecho que nunca se diera cuenta de ello. Clara no simula despreciar al amor: le molestan el exhibicionismo y la superficialidad, nada más; es absolutamente extraña al tipo de la Mojigata de Moratín.

Y, por esto, la co­media constituye esencialmente un variado estudio psicológico. También resultan felizmente dibujados los caracteres de los otros personajes: los de los dos enamorados son más bien convencionales; interesante es el de Félix, una especie de Don Juan (v.) que por fin acaba cayendo en los lazos del amor; rico en momentos cómicos, aunque de una comicidad muy fácil, el de don Toribio, y así otros varios. La comedia, que se desenvuelve ágil y rápida por una hábil trama de casos excepcionales, llega a ser pesada en tres trozos rebuscados — que al­gunas ediciones destierran a las notas — sobre el viaje de Mariana de Austria y las fiestas por su boda.

R. Richard