El Guarany, Antonio Scalvini

De la novela de Alengar, Antonio Scalvini sacó el libreto para la ópera-baile en cuatro actos El Guarany, del músico brasi­leño Carlo Gomes (1836-1896), que fue re­presentada en la Scala de Milán en 1870, con el debut de Tamagno. El libreto es re­buscado y de grandes efectos; su más no­table curiosidad escénica es la ceremonia con la que los aimoré, que han capturado a Pery, se preparan para comérselo. Fina­liza patéticamente mientras don Antonio prende a la pólvora y vuela con todos los enemigos. Lejos, en la colina, el guaraní indica el cielo a Cecilia arrodillada. El éxito del Guarany fue enorme; Gomes tuvo de pronto una popularidad tan ruidosa que apenas se puede comparar con la de Rossini medio siglo atrás o con la de Giuseppe Ver- di en el período explosivo del «Risorgimento». Al éxito de la ópera contribuyeron la voz heroica de Tamagno, el argumento romántico y su alta teatralidad. Más tarde se pudo comprobar que Gomes había triun­fado gracias a una excelente asimilación del dinamismo verdiano: viva y espontánea la obertura (que tiene notables puntos de contacto con la entonces muy popular de Zampa, v. Herold), amplios aires tratados con el enérgico acompañamiento del estilo del Trovatore (v.), otros motivos patéticos en el papel de Cecilia, aunque todos senci­llos, y de seguro efecto; coros más bien ru­dos, como los quería el público, de ritmo martillante y con abundancia de palabras sonoras.

E. M. Dufflocq

El Guardabosque, Otto Ludwig

[Der Erbfórster]. Drama en prosa de Otto Ludwig (1813- 1865), representado en 1850, publicado en 1853. El propietario Stein y su guardabos­que Ulrich, que están a punto de sellar su larga amistad con la boda de sus hijos, llegan a pelearse por un motivo fútil; la amistad se quiebra y la desgracia, fomen­tada por los malévolos, se abate sobre am­bas familias. Andrea, el hijo del guarda­bosque, se hace sospechoso de ser el ase­sino del sucesor de su padre, quien ha sido despedido por el propietario (en realidad, al desgraciado lo mató un cazador furti­vo): más tarde el guardabosque es infor­mado de que su hijo ha muerto a manos de Roberto, el hijo del propietario (en rea­lidad, Roberto ha matado al cazador fur­tivo). Al oír esta noticia, el anciano Ulrich, asaltado por un ímpetu de loco furor, an­hela vengar la sangre con la sangre; sin embargo, por una fatal concatenación de casualidades llega a matar a su propia hija, que se había citado con su prometido Ro­berto y que al ver a éste amenazado le salva la vida protegiéndole con su cuerpo. Cuando se aclaran los trágicos equívocos, el guardabosque se mata.

Esta «tragedia de equívocos» está completamente bajo el do­minio de lo casual. Y en realidad no al­canza nunca por completo el dramatismo, ya que no brota éste de la necesidad de los caracteres o de la acción, ni es buscada en un problema fundamental sobre el que se base la obra. Además, Ludwig, como dramaturgo, no estaba en condiciones de plan­tear semejante problema; en efecto, por naturaleza carecía esencialmente de cual­quier profundo interés por su tiempo, por las luchas que entonces se libraban y los problemas que se agitaban; por todo esto sus dramas son completamente «zeitlos», sin tiempo o fuera del tiempo, desprovistos de una determinada concepción del mundo que pueda servirles de motivo y de base. El mayor mérito del drama (que tiene como modelo ideal la María Magdalena, v., de Hebbel), consiste en el paso hacia adelante que hizo dar al recién nacido realismo ale­mán, por sacar sus personajes del pueblo y dibujar éste con sinceridad y vigor.

M. Merlini

El guante, Robert Browning

[The glove] Robert Browning (1812-1889), escribió un poema, El guante [The Glove], publicado en Romanzas dramáticas (v.), en 1845. Browning pone la narración en boca del poeta Pierre Ronsard, por otro lado sin intentar retener su estilo, y en cambio el poema ilustra todas las fantasías de Browning, sus rimas más que ingeniosas, su gusto por lo pictórico (por ejemplo en la descripción del león), su ritmo vivaz. Después de tirar De Lorge el guante a la cara de la dama con todo el brío de un «allegretto», Ronsard narra cómo la dama se confió con él: es que quería poner a prueba todas las promesas del caballero, verificar si a sus palabras correspondían los hechos; ella pensó en todos los peligros que corrieron tantos hombres para facilitar el león al rey, en el paje obligado a recoger allí, para no perder su sueldo, el sombrero que había hecho caer su señor. Más tarde De Lorge casa con la dama que ha sido la amante de Francisco I y va a recoger, sin decir nada, los guantes que ella suele olvidarse en las habitaciones del rey. El breve poema de Robert Browning está en la mis­ma línea humorística que el Flautista de Harnelin (v.).

El Guaraní, José Martiniano de Alengar

[O Guarany]. Novela del escritor brasileño José Martiniano de Alengar (1829-1877), publicada en 1857. Señaló una época importante en la evolución de la prosa brasileña, ya que el autor intentó diferenciarla de la portuguesa y darle ca­rácter nacional. La novela, comparable a las de Chateaubriand y de Fenimore Cooper, es la revelación de la naturaleza exu­berante, salvaje y primitiva del Brasil. La acción tiene lugar en 1560, la época albo­rotada y heroica de la conquista portuguesa, y pone en contacto y en contraste pensa­mientos y sentimientos, pasiones y ambicio­nes, desconfianzas, trampas, odios entre los blancos y los indígenas. Cecilia, la suave y bellísima hija del gobernador, el hidalgo don Antonio de Mariz, es amada secreta­mente por el jefe de la tribu guaraní, el valiente y noble Pery. Éste la sigue como una sombra, vela por ella, la defiende y por fin la salva de un complot de aventu­reros que, de acuerdo con el jefe de la tribu aimoré, vengativo e implacable ene­migo de los blancos, abren al feroz cacique las puertas de la fortaleza, para que él y sus hordas penetren en ella, maten al goberna­dor, saqueen sus riquezas y rapten a su hija.

El indianismo de Alengar supera al de sus predecesores, no solamente por más sincero, sino también por ser más amplio y majestuoso. «Sus indios — observa Ronald de Carvalho — hablan con la ingenua y ruda sencillez aprendida de la naturaleza, aman, viven y mueren como las plantas y los animales inferiores de la tierra. Sus pasio­nes tienen la rapidez y la violencia de las tempestades, son incendios rápidos que dominan por un instante, brillan, resplande­cen y se desvanecen». José de Alengar en­señó a los escritores brasileños que le si­guieron a tener un estilo, a cuidar la forma, a hacer de la novela, no solamente un juego para distraerse a sí mismos y a los demás, sino una obra de arte sentida, me­ditada y selecta.

G. A. Magno

Un Guante, Bjørnstjerne Biørnson

[En Hanske]. Drama (1883) de Bjørnstjerne Biørnson (1832-1910). Svava, una muchacha que se ocupa de pue­ricultura, por aquel entonces una novedad, se ha prometido con Alf, por parecerle que comparte sus ideas encaminadas al bienes­tar social y, especialmente, que es un «pu­ro». En efecto, para ella el mundo mascu­lino se divide en dos partes muy distintas, la humana de los «puros» y la bestial de los «impuros», y no está dispuesta a tran­sigir sobre la condición de que su futuro es­poso no sea tan casto como ella. De manera que, cuando se entera que Alf tuvo una relación con una señora, ahora muerta, el amor de Svava se transforma en repugnan­cia. En vano Alf le habla de su cariño y le promete fidelidad eterna; para Svava, él ha pasado sin remedio a la repugnante categoría de los impuros. Y cuando intenta, con sutiles razones, justificarse que la mu­jer debe a su marido el pasado y el futuro, mientras que el hombre ha de ser fiel a su mujer solamente desde el momento en que se casan, Svava, con el guante, le da un bofetón. A la desilusión del amor se añade, no menos grave, la de los afectos familia­res; Svava, en efecto, llega a saber que también su padre, el elegante, gentil y amable señor Riis, son impuros porque han cometido un adulterio. Svava, de esta manera, se siente de repente una extraña en su propia casa; no puede permanecer en ella. Sin embargo, al final, parece mitigar su rígida intransigencia. Su novio se separa de ella declarándole que va a vivir a la manera que juntos habían proyectado vivir, y le ruega que le dé un adiós, que le tien­da una mano. Svava le tiende las dos. « ¿Le prometiste algo?», le pregunta su madre. «Sí, me parece», contesta Svava.

Exaspe­rado por la manera con que fue acogido su drama por algunos (entre otros, A. Garborg le ridiculizó en su cuento «Ungdom»), Biørnson lo modificó, cambiando el final: Svava no podía hacer ninguna concesión, el rompimiento era inevitable. Un guante es, como se ve, un drama de tesis; en él Bi0rnson quiso dar forma literaria a la máxima virtuosa de la castidad prematrimonial también para el hombre («la moral del guante», como alguien la llamó gracio­samente), que él mismo, en aquellos años, iba sosteniendo en numerosas conferencias. Pertenece, por lo tanto, a la historia de la moral y de la casuística, más bien que a la de las letras; y los papeles más lo­grados son, por consiguiente, los secundarios y los de ambiente, en los que, desde luego, se pone de manifiesto la habilidad del es­critor de teatro.

V. Santoli