Guerra Suiza, Williband Pirkheimer

[Bellum Suitense; en el autógrafo: Bellum Helveticum], Obra de Williband Pirkheimer (1470-1530); publica­da por primera vez en 1610, en las Obras de Pirkheimer, fue corregida y modificada en otra edición posterior. K. Rück, en 1895, la editó según el manuscrito original. Pirk­heimer, de joven, había estado en Italia, estudiando largo tiempo en Padua y Pa­vía, y se había formado en el clima del humanismo. Y si su historia tiene una ca­racterística formal, es precisamente ésta: parece escrita por un humanista italiano. Ciertamente, entre las obras históricas ale­manas, es la que más revela la influencia de las corrientes filosóficas entonces flore­cientes en la península italiana. Consta de dos partes: la primera es una refundición en estilo humanístico de crónicas medieva­les, y considera de una manera resumida y con grandes faltas de proporción la historia de la Confederación suiza hasta 1494; la segunda es el relato de la campaña de 1494.

Relato llevado como podía hacerlo Pirk­heimer, simple comandante de un grupo de nuremburgueses bajo las banderas de Maxi­miliano. Él no sabía nada de la marcha ge­neral de la guerra; en cambio, sabía muy bien todo cuanto le había sucedido perso­nalmente: menudas aventuras de guerra, accidentes sin importancia. En el fondo, Pirkheimer no sabe contar nada más. A ve­ces intenta, apoyándose en otras fuentes, trazar algunas líneas generales; pero pronto se confunde y vuelve a sus anécdotas de detalle, que se suceden de consuno con pa­téticas descripciones de heroísmos teatrales, todo ello dominado por una inquebrantable convicción en una justicia divina superior. Por otra parte, Pirkheimer escribe con un propósito: justificar y ensalzar a Nuremberg y a sí mismo, no contra sus adversarios en la guerra, o sea, las ciudades suizas, sino frente a las demás ciudades alemanas del Sur. Es, en este sentido, de un exasperado patriotismo de campanario, como toda la gente de su época; y quizás esta fresca e ingenua pasión es lo que más nos gusta en su obra.

C. Cipolla

Guerra Yugurtina, Cayo Salustio Crispo

[Bellum Iugurthinum]. Monografía histórica de Cayo Salustio Crispo (86-35 a. de C.) acerca de la guerra de los romanos contra Yugurta, rey de los númidas (111-105 a. de C.).

Yugurta había usurpado el trono a los hijos de Micipsa, asegurándose la connivencia del Senado mediante la corrupción; pero la agitación del partido popular había obli­gado a declararle la guerra. Los primeros generales enviados por el Senado y perte­necientes a la nobleza, se cubrieron de des­doro: sólo Cecilio Metelo reivindicó el ho­nor de las armas romanas. Pero la guerra proseguía, y del descontento se aprovechó Cayo Mario, el rudo y obscuro caballero de Arpiño, para provocar una agitación contra la nobleza, hacerse nombrar cónsul y obte­ner el mando contra Yugurta; en dos años, éste fue vencido y entregado a los roma­nos. En la elección de este asunto, lo mis­mo que en la composición de la Guerra de Catilina (v.), Salustio aprovechó la oportu­nidad que le brindaba de atacar el desgo­bierno de la nobleza, venal y cobarde, na­rrando el primer triunfo del partido popu­lar. Por esto tienen parte relevante en el relato las luchas políticas de la capital, pintadas con evidencia y vivacidad: una digresión está dedicada a la corrupción que reinaba entre los nobles. Pero por encima de los tumultos de las masas descuellan el tribuno Cayo Memmio y Mario, descritos en eficaces retratos presentados pronunciando discursos libremente compuestos por el au­tor, según la técnica de la historiografía antigua, y que corresponden admirablemen­te a la situación y al carácter de los per­sonajes. La historiografía de Salustio es esencialmente psicológica y edificante.

El partidismo del autor no enturbia su juicio sobre los hombres mejores de la nobleza, como Metelo y Sila, ni disimula los de­fectos de Mario o las debilidades de las masas: la verdad es mucho más respetada que en la obra precedente. En cuanto a las operaciones militares, el relato peca de im­precisión, justamente en lo que se refiere al héroe principal, y en cambio es más abundante para sus rivales, Metelo y Sila. Tampoco en esta obra — como en la Guerra de Catilina — Salustio se abandona a la busca de efectismos (el estilo, siempre personalísimo, por la asimetría de las fra­ses y el colorido arcaico y poético, reaccio­na contra los halagos de la armonía cice­roniana), sino que se detiene únicamente en lo esencial. Ello da un relieve tanto mayor a los discursos y a las dos breves digresiones, una sobre la geografía y la etnografía de África, para la cual Salustio se valió de los conocimientos adquiridos durante su gobierno en Numídica, y la otra sobre el legendario heroísmo de los her­manos Filenos.

A. Passerini

La Guerra Púnica, C. Octavio Lampadione

[Bellum Poenicum]. Poema épico latino, dividido en siete libros por el gramático C. Octavio Lampadione (siglo I a. de C.), compuesto en su vejez por Cneo Nevio, poeta nacido en Campania, que vivió aproximadamente entre los años 270 y 200 a. de C. De esta obra, que debía comprender unos 4.000 versos satur­nios, nos han llegado fragmentos bastante escasos; pero por el asunto mismo de que se trataba, por las citas y por los juicios numerosos que acerca de ella nos dejaron los antiguos, así como por cuanto de ella sacaron los poetas posteriores, y principal­mente Virgilio, podemos hacernos una idea de la notable importancia, sobre todo his­tórica, que tuvo en la literatura latina. A los dos libros que servían de proemio y tra­taban por primera vez en la literatura ro­mana de las leyendas de la fundación de Roma por Rómulo, que aquí es mito directo de Eneas (v.), seguían los libros III-VII en los cuales, sin considerar el período inter­medio, se relataba detalladamente la pri­mera guerra púnica: el contenido del poe­ma era, pues, esencialmente histórico, bas­tante próximo por su argumento y — aun por su forma a juzgar por los breves frag­mentos conservados — a los anales de los historiadores. Como más tarde Virgilio, Ne­vio quiere enlazar la guerra púnica con la prehistoria de Roma y Cartago, y a este fin busca las causas lejanas de los aconte­cimientos históricos, para cuyo relato pro­bablemente utilizó sobre todo al analista Q. Fabio Píctor, en las leyendas de Eneas, difundidas en Grecia ya en el siglo IV por Timeo de Tauromenio. El valor poético de los fragmentos conservados no es muy alto, ya que en Nevio el historiador prevalece por encima del poeta; hay no obstante un cierto calor de elocuencia, una brevedad arcaica bastante expresiva en los versos, en los que el poeta ensalza la potencia ro­mana, como el verso 45: «superbiter con- temptim conterit legiones». Por esto y por­que es la primera manifestación original de la poesía latina, el poema de Nevio tuvo gran fama en la antigüedad: Ennio y, sobre todo, Virgilio, lo utilizaron ampliamente, Cicerón lo menciona repetidas veces con elogio, y en tiempo de Horacio, se leía y admiraba todavía.

C. Schick

Guerras Civiles Entre las dos Casas de York y de Lancaster, Samuel Daniel

[Ci­vil Wars between the two Houses of York and Lancaster]. Poema épico en ocho libros del poeta inglés Samuel Daniel (1562-1619). Los primeros cuatro libros fueron publi­cados en 1595; la obra completa en 1609. El poema está compuesto por unas 900 oc­tavas, y rebosa de ardor patriótico y con­sideraciones filosóficas. El primer libro na­rra la conquista normanda y llega a la re­belión de Hereford contra Ricardo II; los otros, la guerra de las Dos Rosas, hasta la coronación de Enrique VII. «Un hombre honrado, pero no un poeta» es la definición que Ben Jonson dio de Daniel: y sigue sien­do, incluso hoy, una indiscutible y concisa verdad. Daniel parece anticiparse a la idea miltoniana: el poeta no debe divertir, sino instruir. Si no instruye, la diversión no apa­rece en sus laboriosas prolijidades. Hubo quien dijo que Daniel, en su deseo de mostrarse «un hombre de otros tiempos», al ensalzar el pasado parece contradecir sus mismas ideas sobre la importancia de la cultura y de las buenas letras. Interesante es el libro VI, donde se atribuye el levan­tamiento de Cade a la difusión de la cul­tura y al invento de la artillería.

A. Camerino

Las Guerras de los Estados Bajos, Carlos Coloma

Carlos Coloma (1567-1637), ocupan importante lugar en la bella serie de mono­grafías de historia militar que España pro­dujo en su Siglo de Oro. El autor, hijo del primer conde de Elda, y marqués de la Es­pina él mismo, fue experto político y di­plomático. Mostró también aficiones de hu­manista con una traducción de Tácito — de «elegante y fácil» la califica Menéndez Pe- layo —. Pero al historiar la campaña de los Países Bajos, en que participó con elevado puesto durante los años 1588-1599, quiso escribir ante todo como soldado, prefiriendo poner su esfuerzo en referir las cosas en toda su realidad que emplearse en primores estilísticos. Esto da a la obra — que sólo comprende dichos años — un marcado acen­to de sencillez, precisión, puntualidad y ve­racidad. Entiende él que los narradores de guerras se exponen a muchos errores si no han hecho armas ellos mismos, y como los que en Flandes peleaban se cuidaban más de realizar hazañas que de escribirlas, se decidió, dice, a «hurtar el oficio a los his­toriadores». Pocos tan bien dotados para ejercerlo, pues por igual sabe él penetrar los resortes invisibles y comentar atinada­mente, que contar con minuciosidad sin per­der nunca la noción del conjunto. En lo que no es pura narración — retratos y jui­cios de personajes, comentarios, reflexio­nes…— extrema la sobriedad. Su prosa, no­ble y adecuada a su finalidad, responde efi­cazmente a su pensamiento. Parece que la primera impresión de la obra es la de 1622, muy rara; ha tenido varias reediciones.

B. Sánchez Alonso