La Guerra Púnica, C. Octavio Lampadione

[Bellum Poenicum]. Poema épico latino, dividido en siete libros por el gramático C. Octavio Lampadione (siglo I a. de C.), compuesto en su vejez por Cneo Nevio, poeta nacido en Campania, que vivió aproximadamente entre los años 270 y 200 a. de C. De esta obra, que debía comprender unos 4.000 versos satur­nios, nos han llegado fragmentos bastante escasos; pero por el asunto mismo de que se trataba, por las citas y por los juicios numerosos que acerca de ella nos dejaron los antiguos, así como por cuanto de ella sacaron los poetas posteriores, y principal­mente Virgilio, podemos hacernos una idea de la notable importancia, sobre todo his­tórica, que tuvo en la literatura latina. A los dos libros que servían de proemio y tra­taban por primera vez en la literatura ro­mana de las leyendas de la fundación de Roma por Rómulo, que aquí es mito directo de Eneas (v.), seguían los libros III-VII en los cuales, sin considerar el período inter­medio, se relataba detalladamente la pri­mera guerra púnica: el contenido del poe­ma era, pues, esencialmente histórico, bas­tante próximo por su argumento y — aun por su forma a juzgar por los breves frag­mentos conservados — a los anales de los historiadores. Como más tarde Virgilio, Ne­vio quiere enlazar la guerra púnica con la prehistoria de Roma y Cartago, y a este fin busca las causas lejanas de los aconte­cimientos históricos, para cuyo relato pro­bablemente utilizó sobre todo al analista Q. Fabio Píctor, en las leyendas de Eneas, difundidas en Grecia ya en el siglo IV por Timeo de Tauromenio. El valor poético de los fragmentos conservados no es muy alto, ya que en Nevio el historiador prevalece por encima del poeta; hay no obstante un cierto calor de elocuencia, una brevedad arcaica bastante expresiva en los versos, en los que el poeta ensalza la potencia ro­mana, como el verso 45: «superbiter con- temptim conterit legiones». Por esto y por­que es la primera manifestación original de la poesía latina, el poema de Nevio tuvo gran fama en la antigüedad: Ennio y, sobre todo, Virgilio, lo utilizaron ampliamente, Cicerón lo menciona repetidas veces con elogio, y en tiempo de Horacio, se leía y admiraba todavía.

C. Schick