Del Hado, Marco Tulio Cicerón

[De fato]. Este breve tra­tado filosófico, compuesto por Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) el año 44 y de­dicado a Ircio, ha llegado mutilado hasta nosotros. La cuestión de las relaciones en­tre destino y libre albedrío son tratadas con armas dialécticas como se las ofrecía a Ci­cerón la filosofía neo académica para com­batir las doctrinas peripatéticas y estoicas; el autor concordaba substancialmente con estos últimos, excepto en el concepto fata­lista de la vida; Cicerón sostiene la liber­tad de la voluntad humana que consigue substraerse a la necesidad y al hado. El ar­gumento principal aducido en defensa de sus propias teorías es el de la causalidad. Este tratado, demasiado lleno de lagunas para poder entrever su proceso lógico, per­tenece a las obras filosóficas escritas des­pués de la muerte de César, y adolece del sentido de malestar en que se encuentra el hombre político obligado a la inactividad. [Trad. de Marcelino Menéndez Pelayo en Obras completas de M. T. Cicerón, tomo V (Madrid, 1884)].

F. Della Corte

Del Hado, del Libre Albedrío y de la Predestinación, Pietro Pomponazzi

[De fato, libero arbitrio et de praedestinatione]. Tratado filosófico latino, en cinco libros, de Pietro Pomponazzi (1462-1525), publicado póstumo en 1567. Discutiendo las opiniones de Ale­jandro de Afrodisia, célebre comentador de Aristóteles, Pomponazzi hace notar que, particularmente sobre la idea del azar y del libre albedrío, las concepciones de los antiguos aparecen bastante discordes. Pom­ponazzi declara someterse a la Iglesia, aun cuando en lo referente al azar mira la cuestión desde un punto de vista estricta­mente naturalista; pero, entretanto, distin­gue entre la libertad del hombre, sin la cual no puede hablarse de culpa ni de mé­rito, y el determinismo de los acontecimien­tos, según la voluntad de Dios. Es preciso pensar en que Dios vive en el mundo uni­versal de las cosas y, por tanto, en la reali­dad de la naturaleza: todo cuanto acaece en el mundo, acaece racionalmente sin que haya intervención de una voluntad particu­lar; la omnipotencia de Dios, no es opuesta al desenvolvimiento propio de las cosas. En este mundo, la voluntad humana se mueve con fuerzas propias, y todo lo existente en la naturaleza pertenece a un orden que no es el orden del milagro divino, ni el de la participación de una Providencia de tipo personal (v. De los milagros), sino el de la propia necesidad de las cosas; el antiguo azar de los estoicos, está rebasado en la concepción de que todo lo que ocurre en el mundo ocurre indispensablemente por su propia necesidad, y ninguna intervención personal de Dios puede detener el curso de la naturaleza humana. El pensamiento de Pomponazzi, no siempre explícito en la formulación de sus propios juicios (como puede verse también en el «Epílogo o pe­roración» final), es notable porque contra la interpretación aristotélica de Alejandro de Afrodisia, sostiene la de A ver roes contra la inmortalidad del alma y combate tam­bién la concepción cristiana de la predes­tinación.

C. Cordié

Del Hado y de la Fortuna, Lino Coluccio Salutati

[De fato et fortuna]. Obra todavía inédita del humanista italiano Lino Coluccio Salutati (1331-1406), que trata del problema del libre albedrío. No es de las obras más significa­tivas de Salutati por su carácter exegético y de síntesis; su importancia reside en el hecho de que durante mucho tiempo se la consideró como la obra que provocó la pu­blicación de la famosa Luciérnaga de la noche (v.), del beato Giovanni Dominici. Hoy, sin embargo, tras las consideraciones de Novati, el más profundo conocedor de Coluccio, no se cree posible sostener tal hi­pótesis.

G. Martinelli

Las Hadas, Charles Perrault

[Les Fées]. Fábula de Charles Perrault (1628-1703) (v. Historias y cuentos del tiempo pasado), y Frau Hollé de Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859) Grimm (v. Cuentos infantiles y del hogar). Mientras que en Perrault la fábula se re­duce al simple episodio del hada que, ha­llada en repetidas ocasiones junto a la fuente, concede a la niña buena el don de que a cada palabra que pronuncie caiga de su boca una piedra preciosa y condena a la mala a que arroje siempre sapos y cu­lebras, imagen tangible del diferente espí­ritu que anima a las palabras de cada una; en los Grimm la fábula se complica, sur­giendo de ella un poético mundo de fanta­sía, en el que la muchacha buena, a la que han arrojado de casa por habérsele caído el huso en la fuente, va a un país mara­villoso en el que el pan se cuece solo, en el que se recogen las manzanas que aún no han madurado y se despluma el colchón del Hada de la nieve, cada pluma del cual se transforma en un copo de nieve. Sin embargo, aunque esta versión sea más rica de detalles y más sugestiva de paisajes de la naturaleza, ambas versiones son muy se­mejantes.

F. Federici

Las Hadas, Richard Wagner

[Die Feen]. Obra juvenil en tres actos de Richard Wagner (1813- 1883), compuesta entre 1833-1834 y estre­nada póstumamente en Munich en 1888.

Inspirada en la Mujer serpiente de Carlo Gozzi, esta ópera corresponde al pe­ríodo de formación, ligada como está al gusto literario por un mundo fantástico a la manera romántica, que, desde la Flauta mágica (v.), de Mozart, a través de Weber, Lortzing y Marschner, domina los primeros decenios del siglo XIX alemán. Arindal, marido feliz desde hace ocho años del hada de nombre Ada, para hacerla definitivamen­te suya no deberá jamás preguntarle de dónde viene ni quién es. Pero cuando, im­pulsado por un deseo irresistible, conoce de labios de la propia Ada su naturaleza mágica, como por encanto desaparece la es­posa, los hijos y el castillo en que viven. Arindal debe sostener duras pruebas para reconquistar la perdida felicidad. Pero su voluntad es débil, y su amor no resiste las pruebas que el hada le impone: por su culpa Ada es convertida en piedra, y como piedra continuará por espacio de cien años, si Arindal no logra con su valor liberarla primero. Entonces Arindal despierta de mo­do imprevisto: con su escudo y su espada vence los obstáculos que le separan del sagrario de las hadas, los supera y con el canto logra liberar a su esposa del encan­tamiento. Pero como Ada no puede convertirse en mujer, en virtud del amor, Arin­dal se eleva él mismo a la inmortalidad y permanece con su amada gustando ambos los goces inefables del reino de las hadas.

El planteamiento literario de la obra es netamente weberiano: las complicadas vi­cisitudes se desenvuelven a través de una serie interminable de escenas construidas con prolijidad musical, defecto de las obras juveniles de Wagner hasta el Tannháuser (v.), incluido también éste. El propio Wag­ner declaró que Beethoven y Weber fueron sus modelos en la composición de las Ha­das; en especial Weber, desde la obertura en «mi mayor», característica por la escri­tura y por el empaste instrumental. Sin em­bargo, ya en esta página sinfónica, como en otros fragmentos de la obra (por ejem­plo un dúo cómico que anuncia al futuro autor de Los Maestros Cantores, v.), en el recitativo más amplio y contenido, en cier­tos incisos armónicos y melódicos, la per­sonalidad de Wagner se deja ya sentir, aun­que débilmente.

L. Rognoni