Halma, Benito Pérez Galdós

Novela de Benito Pérez Galdós (1843-1920), que continúa su obra Nazarín (v.). Aquí el protagonista, el desinteresado sacerdote, habla como habló don Quijote en la suya aludiendo al escritor que historió sus aventuras.

De modo lento se desarrolla el plazo entre la enfermedad de Nazarín (que sirve para la presentación y biografía de Halma), su proceso y la sentencia que recayó en el caso y que consiste en tener a Nazarín sujeto a una familia cristiana, siem­pre bajo la tutela de un representante de la Iglesia, con el fin de observarle y de­cidir si es loco o es santo. Entretanto, sus licencias sacerdotales se consideran en sus­penso. La condesa Halma es una dama lina­juda que por su casamiento con un soñador alemán, separóse de su familia geográfica y espiritualmente. La muerte del esposo y mil desventuras más en lejanas tierras exó­ticas, la obligan a regresar a España bus­cando el amparo de los suyos. Hay un buen sacerdote, don Manuel, cuya conciencia — llegado el momento de contrastarla con la inexplicable conducta de Nazarín — le acusa de excesiva blandura y sumisión a la vida social exenta de los riesgos y sacrifi­cios que su condición de sacerdote exigía de él; y semejante crisis de descontento provoca en él la enfermedad y la muerte, reconociendo, eso sí, que Nazarín es un santo y no un loco. Otros episodios redon­dean y terminan la novela, hasta que el buen sacerdote, recuperadas sus licencias, obtiene que le destinen a Alcalá, en cuya prisión esperan el milagro de su palabra los infelices conversos Ándara y el Sacrílego. Los afanes de santidad que acometie­ron a Halma son encauzados inteligente­mente por Nazarín hacia la familiar vía del matrimonio con un primo suyo, antiguo ca­lavera, que por amor a ella y devoción a su elevada moralidad, se ha regenerado. Realmente Nazarín podía haber prescindido de Halma.

C. Conde

Hajdamaki, Taras Grigor’ivič Ševčenko

Poema histórico del poeta ucraniano Taras Grigor’ivič Ševčenko (1814- 1861), impreso en 1831 en San Petersburgo. El poema, obra maestra de Ševčenko, se compone de un prólogo, once cantos y un epílogo. Su asunto es la vasta y sangrienta insurrección ucraniana contra los polacos en 1768. Además de los relatos de su propio abuelo Iván, el poeta se inspiró en el relato del escritor polaco Czajkowski Wernihora y en el poema de Goszczyñ Zamek Kaniowski.

El poema comienza con un largo prólogo lírico, en el que se manifiesta la lucha íntima entre el poeta romántico, que idealiza el pasado, y el realista, que intenta recrear el mundo vivo y aprovechar el pa­sado sólo como medio poético para des­pertar las masas populares ucranianas. Con indignación, el poeta rechaza el consejo de los críticos rusos de que escriba en ruso. El tema histórico es introducido por la des­cripción de la anarquía que reinaba entre los nobles polacos, de su soberbia y de sus continuas francachelas que contrastan con la miseria del pueblo. Ésta está representada por la vida de Jarema Halajda (v.), héroe del poema, obligado por Lejba, usurero he­breo, a las más bajas tareas. Su único con­suelo es su amor correspondido por Oksana, hija del tutor de la iglesia de la aldea ve­cina. En el tercer canto se describe una salvaje escena de violencia por parte de los nobles polacos borrachos, que irrumpen en casa de Lejba, el cual, sin embargo, con­sigue salvarse y salvar además el honor de su joven hija, conduciendo a toda la ban­da a casa del tutor de la iglesia. Éste re­sulta muerto; la bella Oksana es raptada e incendiada la iglesia. Estas escenas de vio­lencia entremezcladas con hermosos cuadros de ternura y amor entre Jarema y Oksana son la preparación psicológica para la des­cripción del movimiento insurreccional, en el que predomina la figura de Jarema, ven­gador de las ignominias padecidas por él y por todo su pueblo.

Son bellísimas las escenas de la consagración de las armas en la Fosa Fría, las de la toma de la ciudad de Uman, con la dramática escena de la muerte dada por Honta, uno de los jefes del movimiento, a dos hijos suyos, educa­dos en un colegio polaco. Al prevenir a las generaciones futuras para que no repitan los errores de sus abuelos y propugnar un ideal de hermandad eslava y humana, que se concreta después en el programa de la sociedad política «Confraternidad de Cirilo y Metodio», el poeta traza un vasto cuadro de generosidad y de violencia, en el cual el intento ideológico adquiere vida y calor de gran arte. Hajdamaki es el poema de los sufrimientos de Ucrania; inquietudes intelectuales y sentimientos populares, igual­mente oprimidos, se agitan sobre el fondo de una tierra profundamente amada. Fragmentos de este poema han sido traducidos al italiano por M. Lipovezka y C. Meano (Milán, 1942).

E. Onatskyi

Halakot, Ishaq b. Ya’ăqob al-Fāsī

[Normas jurídicas]. Compen­dio del material jurídico del Talmud (v.), escrito por el judío Ishaq b. Yacăqob al-Fāsī (antes de 1020-1103) después de haberse es­tablecido en España (1088) procedente del norte de África. La obra se imprimió, junto con comentarios, en Constantinopla, en 1509; posteriormente ha sido reeditada varias ve­ces. Se trata del primero, cronológicamente, de los grandes compendios de la parte ju­rídica del Talmud Bablí, que precedió a las obras de Maimónides (v. Misné Tora), de Yacáqob ben Aser (v. Arbacá Turim) y al sulhan aruk de Yosef Caro. Al-Fāsī sólo toma en consideración las reglas que tenían o podían tener aplicación en su época, re­sume las discusiones de los rabinos, señala los errores de interpretación de sus ante­cesores, y cuando se halla frente a diver­gencias de criterio señala cuál es la opinión que debe aceptarse como disposición legal. La obra se difundió muy pronto y fue ob­jeto de numerosos comentarios y estudios, sea a causa de la fama que Al- Fāsī alcanzó como autoridad rabínica, sea por su valor intrínseco, elogiado por el mismo Maimó­nides.

D. Romano

El Halcón de Federico, Félix Lope de Vega Carpió

Comedia española, en tres actos, de Félix Lope de Vega Carpió (1562-1635), publicada en Ma­drid en el año 1620. Le inspiró esta come­dia a Lope un cuento de Boccaccio (V, 9).

El primer acto comienza con un diálogo entre Federico, gentilhombre florentino, y su criado Fabio, al que Federico confía, con ímpetu lírico, su amor por Celia, aristo­crática mujer bella y virtuosa. Sin embargo — confiesa cínicamente — este amor por el que ha dilapidado todas sus riquezas, no es más que «deseo del fruto prohibido», pasión insatisfecha, porque Celia es la fiel esposa de Camilo. Federico es sorprendido en estos pensamientos por Julia, una corte­sana a la que él había amado y que aún le ama, la cual le quiere disuadir de su pasión y le confiesa con abandono su amor. Tras estas efusiones líricas, la escena cam­bia y asistimos a un coloquio íntimo entre Celia y su marido. Celia es una criatura fina y delicada, ofendida en sus tiernos sen­timientos de esposa, en su solicitud amoro­sa que demasiado pronto, sin embargo, se transforma en vacía teatralidad, en retóricas exclamaciones de celos y dolor, frente a la actitud, verdaderamente extraña e ilógica, del marido. Camilo, en efecto, fastidiado por los celos y por el excesivo amor que su mujer le demuestra, y envidiando la li­bertad de sus amigos solteros, acompaña a uno de ellos a casa de Julia. Aquí, una alu­sión de Julia a la pasión de Federico por Celia despierta los celos del marido, y pro­voca en él una profunda melancolía.

En el segundo acto, vemos a los personajes en el pleno desenvolvimiento de la acción, pero sin que les ilumine ninguna luz de vida in­terior. Celia atribuye la imprevista y pro­funda melancolía del marido — que no quie­re ver ni a ella ni al hijo, pensando que no sea suyo — a algún encantamiento de Julia, a la que — según ella sabe — ha visi­tado su marido. Por eso, disfrazada, se va a su casa y en un violento altercado, la inculpa de haberle embrujado al marido. Tanto Federico como Camilo ven entrar y salir a Celia de casa de la cortesana. Ello es causa de equívocos: Federico se hace la ilusión de que Celia, celosa de él, ha ido a casa de Julia creyéndola su rival; luego Julia misma lo desengaña. Camilo, a su vez, está seguro de que Celia le ha. deshonrado, de que va a casa de Julia para encontrarse con Federico y que Julia sirve de «tercera». Desesperado, quiere vengarse. No sabe cómo hacerlo. No quiere matar a su mujer, y tampoco quiere suicidarse. Al fin, le parece que la solución más honrosa es la de volverse loco.

En el comienzo del tercer acto, una compañía de soldados busca alojamiento en la aldea donde viven Fede­rico y Celia. Federico vive pobremente en una casita, lo único que le queda de su pa­trimonio dilapidado, en compañía de su fiel criado Fabio y con un halcón bastante apreciado y precioso para la caza. Celia, hace dos años que es viuda de Camilo que, según se ve, ha muerto loco. La mayor par­te de las escenas tienen lugar en la humilde casita de Federico. Aquí viene a buscarle un antiguo criado convertido en alférez y tan rico como pobre es el amo. Aquí viene César, el hijo de Célia, amigo de Federico y enamorado de su halcón. Pero de pronto, por una obscura y extraña enfermedad, Cé­sar enferma, y la única cosa que desea y que lo puede salvar es el halcón de Fede­rico. Por eso Celia, acompañada de dos criados, se dirige a casa de él. El criado Fabio la ve de lejos y cree que viene a comer con su amo. Éste, no teniendo nada que ofrecerle, mata el halcón. Apenas lle­gada, Celia expresa el deseo de su hijo: desesperación de entrambos frente a la fatalidad de lo acaecido. Llega corriendo un criado diciendo que César está gravísi­mo y que dos hermanos de Celia, acaban de llegar de la ciudad. El hijo muere, y los hermanos insisten para que Celia se vuelva de nuevo a casar. Sabiendo la muerte del niño, vienen a casa de Celia el capitán de los soldados, Rutilio, pretendiente de Celia, y Federico. Surge una disputa entre los dos hombres. Se desnudan las espadas. Pero Ce­lia interviene: por la constancia en amarla mostrada por Federico, y por su nobleza ai sacrificarle el halcón, merece convertirse en su esposo, y señor de su dote de cien mil ducados.

En esta comedia, la caracterís­tica del cuento que la inspira — una alta, íntima espiritualidad —, resulta perdida, y queda una obra teatral de escaso valor ar­tístico, en la que figuras llenas de humani­dad se ven obligadas a vivir, a menudo gro­seramente, dentro de una trama que no conviene a su propia naturaleza.

S. Biancalani

Hagoromo, Seami Motokiyo

[El vestido de plumas]. Dra­ma clásico «no» japonés, escrito por Seami Motokiyo (1375-1455), el cual se inspiró en una vieja leyenda indígena que cuenta que un pescador, habiendo encontrado un día casualmente un vestido de plumas, acaba por casarse con su propietaria, que se había enamorado de él. Después de algunos años, la esposa, por casualidad, encuentra a su vez el vestido en un armario, se lo pone y se aleja volando. La trama del drama presenta algunas variantes: el pescador Shirataki, que vive junto al pinar de Miho, ve un día colgando de un árbol un vestido de plumas, que recoge y lleva a su casa. Y he aquí que ve venir a un ángel que le ruega le devuelva el vestido, pero el pes­cador se niega a ello, afirmando que quiere retenerlo para darlo al tesoro nacional. En­tonces el ángel se entristece de tal manera que Shirataki, conmovido, promete devolverle el vestido a condición de que baile antes la danza celestial. Entonces el ángel baila el azuma-mai y, contento, recobra el vestido y vuela. El Hagoromo es uno de los «no» más representados en el Japón y ha sido traducido al inglés por A. Waley [The No Plays of Japan, Londres, 1921].

S. Nogami