Los Hermanos Eslovacos, Kálmán Mikszáth

[Tót atyafiak]. Libro de narraciones del escritor húngaro Kálmán Mikszáth (1847-1911), pu­blicado en 1881. Los cuatro cuentos del vo­lumen («La señorita de oro», «La mancha negra», «Lapaj, el célebre tocador de cor­namusa» y «La destrucción de Jasztrabék») despertaron la atención general, y el autor es considerado como el fundador de la lite­ratura eslovaca sobre temas regionales. En estas narraciones se presentan personajes del pueblo, de las aldeas y de los lugares de la región montañesa, hombres vivos, de carac­teres bien delineados. En ellos encontramos ya una de las propiedades características del gran escritor, que parece ver a través de una lente de aumento la calidad indivi­dual de sus hombres y los rasgos que los distinguen del resto de las gentes. Su fuer­za principal no es el interés que despierta el relato, sino la gracia de la exposición. Contempla a los hombres desde arriba; sus obras son humorísticas, aunque también iró­nicas. Pero lo que no hay en ellas es sá­tira: ama a estos personajes, conocidos en su infancia, y los recuerda Con singular ternura.

M. Benedek

El Hermano Asno, Eduardo Barrios

Novela escrita por Eduardo Barrios (n. 1884), autor chileno distinguido asimismo en el drama. Con esta obra publicada en 1922 y reeditada varias veces en Chile y en otras naciones, el es­critor se introduce en un convento fran­ciscano, cuya regla siguió algunos meses para obtener la documentación necesaria a la obra. La novela consiste en el contra­punto psicológico entre fray Lázaro, vigo­rosamente atenido a la vida mundana que ha hecho antes de acogerse al refugio con­ventual, y fray Rufino, que representa la extrema adhesión a la doctrina de renun­ciamiento. El autor sigue los pasos de la locura mística de fray Rufino con la pun­tualidad del médico ante un caso clínico, hasta llegar a señalar cómo el fraile, en su apetito jamás saciado de perfección, se hace incompatible con la paz del claustro. El desenlace de la tragedia concuerda con la impresión que el novelista había venido dando en anteriores escenas. Fray Rufino pretende violar a una mujer en el tem­plo, a fin de que, escarnecido y humillado de todos, la mortificación y el vergonzoso castigo de su falta, logren llevar a su alma la negación de todo amor propio que había ido a buscar en el convento.

El autor re­cibió en 1946 el Premio Nacional de Lite­ratura y publicó en 1948 otra novela, Gran señor y rajadiablos, en la cual aborda la escena rural y describe con opulentas pin­celadas la vida de un hidalgo campesino. Todos sus libros, entre los cuales cabe ci­tar, además, las novelas El niño que enlo­queció de amor (1915) y Un perdido (1917), están escritos con gran pulcritud de estilo. La crítica literaria española y americana le ha otorgado por esas obras el título de novelista psicológico, saludando de paso el valor artístico de su prosa.

R. Silva Castro

Los Hermanos, Wolfgang Goethe

[Die Geschwister]. Co­media en un acto de Wolfgang Goethe (1749-1832), escrita en 1776. La acción es muy simple: Mariana convive con Guiller­mo convencida de ser su hermana, cuando tan sólo es su pupila. Cuando la juventud de la muchacha florece, revive en Guiller­mo su antiguo amor por Carlota, la madre de Mariana, transfigurado y purificado, pero no osa revelarle su secreto. Fabricio, que no sabe nada y cree, como ella, que los dos son hermano y hermana, enamorado de Ma­riana, le pide que sea su esposa. Ella tiene un momento de titubeo, no se da cuenta de lo que es el amor y, conmovida por la pasión de Fabricio, le da esperanzas. Pero más tarde confiesa ingenuamente a su pre­sunto hermano que ella no puede concebir la vida con otro hombre que no sea él, y, con deliciosa ingenuidad, le declara su in­confesable amor. Guillermo la deja hablar hasta el fin y después, abrazándola, le re­vela el secreto que le permite hacerla su esposa.

Fabricio asiste emocionado a la idílica escena y, ante la pureza y serenidad de tanto amor, se resigna admirado: «¡Goza de aquello que el mismo Dios sólo puede dar una vez!» La perfección del cuadro de íntima familiaridad que aquí nos ofrece Goethe, recuerda su predilección por la minuciosidad de la pintura holandesa que le lleva a las descripciones más particula­ristas; desde Mariana, que teje calcetines para su hermano, hasta su temor de que se queme el asado de pichón, todo, claro y en su lugar preciso, concurre en sus es­casas páginas y en su medido compás al diseño de los dos personajes principales. La intimidad de la reposada vida domés­tica y del tumultuoso corazón de Guiller­mo, que ha vuelto a encontrar su armonía en la pureza de Mariana, colorean cálida­mente todo el cuadro. Los hermanos forma parte de aquellas obras de Goethe que re­presentan la calma después del tempestuoso período del «Sturm und Drang» (v.), bajo la influencia de Carlotta von Stein, y es una de las primeras tentativas para llegar a una visión universal y humana del individuo.

G. F. Ajroldi

Sobre «Hermann y Dorothea» de Goethe, Wilhelm Humboldt

[Über Goethes «Hermann und Do­rothea»]. Obra de Wilhelm Humboldt (1767- 1835), publicada en 1799, y que constituye uno de los escritos centrales en el campo de la filosofía estética del autor. En ella se revelan las ideas maduradas bajo la acción de Kant, a través de Schiller, espe­cialmente cuando el arte es definido como la facultad de hacer productiva la imagi­nación, según leyes determinadas. El arte tiene, pues, a la imaginación como instru­mento, la cual ha de reproducir la forma interna e ideal de modo más puro que como se expresa en la realidad. Si el ideal su­premo está realizado en el arte griego, Goethe es un modelo sublime que revela el impulso del genio hacia las formas internas de las cosas. Considerando la poesía bajo el aspecto épico y objetivo, Humboldt se detiene a analizar las obras de Homero y de Goethe. Y, tomando como ejemplo la descripción de las figuras y los efectos con­seguidos con los más sencillos medios, evo­cadores de las imágenes externas, demuestra que tales efectos son superiores a los que el poeta hubiera obtenido de haber descrito el carácter interno. El contenido interior, aun sin faltar, resulta del conjunto de la invención, del tono, de la concreción ex­terna.

Así el artista plasma la materia y colorea el alma, proponiéndose, sin embar­go, exclusivamente el primer fin. Humboldt establece tres grados de objetividad en la obra de arte: el primero consiste en la determinación de la imagen y la prevalencia del elemento constructivo sobre el negativo; el segundo es el perfeccionamiento del pri­mero, propio de las artes figurativas y de la poesía épica (v. Hermann y Dorothea) que se aproxima a las artes figurativas, a través de la perfecta evidencia sensible, la plasticidad y la nitidez de la visión; el tercero coincide con el concepto schilleriano de la anulación de la materia mediante la forma, anulación que se verifica cuando la objetividad se identifica con la unidad. Pero el concepto de idealidad en el pro­ducto artístico, como zona más elevada de la realidad, no entra en el esquema de la idealidad como reducción del universo a la intuición individual, como había afirmado el autor en otra parte. Penetrando en el análisis de Hermann y Dorothea, Humboldt se ve obligado a reconocer la diferencia entre Homero y Goethe, y medir la exce­lencia del poeta moderno no según el modelo del arte antiguo, sino en el sentido de resolver un problema nuevo, es decir, de colocar la espiritualidad como naturaleza ideal.

M. Maggi

La Hermandad, Alois Jirásek

[Bratrstvo]. Novela histórica del escritor checo Alois Jirásek (1851-1930), publicada en 1908. Lleva como subtítulo: «Tres rapsodias: La batalla de Lucenec, María, Los mendicantes», y es en conjunto un gran cuadro de la disolución, producida después de 1451, de las últimas tropas hussitas y, en particular, del período en que el caudillo Jan Jiskra de Brandys, en el cargo de «capitán de las regiones al­tas del reino de Hungría», defendió las tie­rras eslovacas a favor del rey menor de edad, Ladislao, contra el gobernador de Hungría meridional, Hunyadi.

Vastísimo es el número de episodios a través de los cua­les se desarrolla el proceso de disolución: en la primera rapsodia, a las intrigas de María, la esposa húngara del noble caído Bodorovsky, que se ha unido a la «her­mandad» de los guerreros checos que ocu­pan Eslovaquia, sigue, como episodio central, el sitio de Lučenec por parte de los húngaros y la liberación de la ciudad, en el momento más crítico, por obra del ejér­cito de Jiskra, que inflige a los hombres de Hunyadi una gran derrota. En la segunda rapsodia, en la que María, que continúa con sus intrigas, pasa al primer plano, Jis­kra aparece ya como vencido, habiendo en­tregado, después de varias vicisitudes, ciu­dades y castillos. La lucha es sostenida por un grupo de miembros de la hermandad que no aceptan las condiciones del armis­ticio, pero sin gran éxito, porque uno de los capitanes, Talafús, se deja seducir por las gracias de la «Húngara» y la «herman­dad» pierde el castillo de Spiš, punto esen­cial de su defensa. Jiskra, por orden del rey, disuelve la «hermandad», pero sus miembros, con tal de no ir como mercena­rios al servicio de extranjeros, se quedan en Eslovaquia. Es al principio de la ter­cera rapsodia en que la obra de la in­trigante María continúa arrastrando a la ruina al capitán Talafús, que, desgraciadamente, es herido. Los miembros de la «her­mandad» son sitiados en el castillo de Spiš, de nuevo en sus manos, pero la defensa es desesperada. Talafús se entera de que Ma­ría es una traidora y pide a sus colegas que pronuncien sentencia a su respecto. En lu­cha con uno de los colegas, Janko Kozic, a quien ha matado un hermano, María cae herida de muerte. Con este trágico episodio puede decirse que termina la resistencia de la «hermandad» checa, culpable de haberse transformado de escuadra de guerreros de Dios, según la idea del famoso capitán hussita Žižka, en una masa de hombres co­rrompidos por el juego, las mujeres y el deseo de botín.

La excesiva intriga de los episodios perjudica a la novela-epopeya, en la que destacan, sin embargo, las figu­ras verdaderamente épicas de los orgullosos y atrevidos caudillos hussitas, checos y eslovacos, representados con realismo histórico y artístico de primer orden.

E. Lo Gatto