La Hija del Capitán, Alejandro Pushkin

[Kapitanskaja dočka]. Novela histórica de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevic Puškin, 1799- 1837). Publicada en 1836 en el último fas­cículo del año del «Sorremennik»; la no­vela tuvo su origen durante los estudios del poeta de los documentos del archivo de Estado de San Petersburgo, para la preparación de la Historia de la revuelta de Pugacev. Sobre la base histórica de esta revuelta y de la época de Catalina en ge­neral, se desarrollan las aventuras del jo­ven Grinev (v.) y de su criado Savelič (v.): desde su partida de la casa paterna hacia la fortaleza de Belygorsk, donde debe pres­tar servicio, hasta el encuentro con María Mironova (v.), hija del capitán de la for­taleza; desde el duelo con el rival y traidor Švabrin, a la ocupación de la fortaleza por parte del rebelde Pugacev, que salva la vida a él y a María, al reconocer en él al joven que un día le dio su propio abrigo; desde la acusación de traición que le impu­tan, precisamente por haber tenido, invo­luntariamente, contacto con el rebelde, a la gracia obtenida para él por María, directa­mente de la emperatriz.

Sobre un fondo libre y ampliamente dibujado de la vida del siglo XVIII en la lejana provincia rusa, la novela se desarrolla en primera perso­na y adquiere el carácter de una crónica familiar en la cual es imposible que los su­cesos históricos no sean transformados por la visión personal del narrador. Pero el di­bujo es llevado a cabo con mano maestra, con rasgos de tan poderosa vitalidad que la cuestión de la veracidad histórica, in­cluso en figuras reales como Catalina II y Pugačev, pasa a segundo plano. Se ha planteado la cuestión de las influencias li­terarias sobre Pushkin: puede decirse que fueron escasas y secundarias, a excepción de la influencia genérica de Walter Scott. El éxito de la novela fue grande, pero una exacta y estricta apreciación artística no se consiguió hasta muy tarde. De todos mo­dos, su influencia se dejó sentir sobre to­das las crónicas familiares disfrazadas en forma de novela de la literatura rusa, hasta la Guerra y Paz (v.) de Tolstoi. [Trad. del ruso por Alexis Markoff (Barcelona, 1935) y por Félix Diez Mateo (Buenos Aires, 1940), esta última varias veces reimpresa]

E. Lo Gatto

*   El músico César Cui (1835-1918) se ins­piró en ella para una ópera del mismo nom­bre representada en San Petersburgo en 1911.

Higinia de Asti, Silvio Pellico

[Iginia D’Asti]. Tra­gedia en cinco actos en endecasílabos suel­tos de Silvio Pellico (1789-1854), compuesta en la cárcel del Spielberg, publicada en 1831 y representada en 1841 con escaso éxi­to. La obra nos traslada a las luchas fratri­cidas entre las facciones medievales. La acción se desarrolla en Asti, en el si­glo XIII. El gibelino Eurardo gobierna co­mo cónsul la ciudad. Su hija Higinia, ama a un joven güelfo, Julio, que está escon­dido en Asti. Pero es sorprendido en casa del cónsul, y con grandes trabajos consigue escapar de sus adversarios. Es detenida Hi­ginia, y su padre no puede evitar que sea condenada a muerte por alta traición. El día de la ejecución Julio irrumpe en la ciudad con sus hombres armados; pero ya es tarde. Entonces toma venganza en Eu­rardo, a quien mata; y un hermano de éste concluye el trágico acontecimiento con de­soladas consideraciones acerca de las opro­biosas consecuencias de los odios de par­tido, haciéndose portavoz de las reflexiones del escritor, quien ya entre las destartala­das paredes del Spielberg había vuelto defi­nitivamente las espaldas a toda manifesta­ción de lucha política, fijando la mirada en un ideal de obediencia y mansedumbre. En cuanto a su arte, la tragedia, que ofrece algunos ecos del Romeo y Julieta (v.) de Shakespeare, es un fracaso. El cruel epi­sodio queda en bruto como un hecho de crónica, y los caracteres no vibran.

M. Vallauri

Una Hija de Eva, Honoré de Balzac

[Une fille d’ève]. Narración de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada por primera vez en 1834 y más tarde en 1838, considerablemente retocada.

Las dos hijas del conde Granville fueron criadas por su madre con una austeridad escrupulosa y exagerada que no las pre­paró para la vida mundana a la que se en­cuentran lanzadas después de sus matrimo­nios. Una, María Eugenia, está casada con el gran banquero Fernando Du Tillet, que esconde bajo su jovial y fastuosa aparien­cia un alma cruel y tiránica. A María An­gélica, en cambio, le ha tocado en suerte un marido algo mayor que ella, Félix de Vandenesse, que, llegado al matrimonio tras una juventud de don Juan, la rodea de una ternura casi paternal. Pero la joven esposa se deja prender por el apasionado galanteo de un periodista y literato de moda, Raúl Nathan. Éste, a su vez, ha estado ligado va­rios años a la actriz Florina y es socio y víctima del banquero Du Tillet y de su digno compadre, el barón Nucingen, en una arriesgada especulación periodística. Nace así una situación asaz compleja, en la cual el amor de Angélica y Nathan (que en rea­lidad es una pasión típicamente cerebral) se complica y está a punto de arrastrar a la mujer al pecado y al escándalo. Por for­tuna, interviene a tiempo el marido, com­prensivo e indulgente, quien salva a Angé­lica de todo peligro y la reconquista por completo con su talento superior y afec­tuoso.

En su complicada brevedad, esta obra evita el peligro, común a tantas otras no­velas de este tipo, del excesivo abandono a sentenciosas prédicas sociológicas o moralizadoras; el vasto cuadro se reduce sabiamente a un juego penetrante y ligero, y la escena final tiene toda la exquisita desenvoltura de las grandes comedias de costumbres. La narración puede contarse entre las obras más felices y mejor logradas de Balzac, ya que no entre las más importantes. [Trad. de Joaquín García Bra­vo (Barcelona, 1904)].

M. Bonfantini

La Hija de Celestina. La Ingeniosa Elena, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo

Con este título apareció en Zara­goza, en 1612, esta novela picaresca, uno de los últimos vástagos de la Tragicomedia de Calixto y Melibea (v.), obra de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635). La vida de la heroína se desenvuelve en tres etapas, de manera análoga a la de la Pícara Justina (v.), novela que, sin duda, fue el modelo directo de la Ingeniosa Ele­na: de allí proceden la hipocresía, la fanfarronería, el acaloramiento impetuoso de muchas actitudes. También hay claros re­cuerdos de La Celestina. Elena, en tres etapas sucesivas en Toledo, Sevilla y Ma­drid, vive, respectivamente, de la caza de galanes, aparentando piadosa devoción y ya casada engañando al marido. Es una mujer de extraordinaria hermosura, a la que debe sus numerosos triunfos y hasta en alguna ocasión escapar de la justicia. Finalmente, en Madrid, Elena es condenada a muerte y encubada por envenenadora. También el amigo de turno sufre igual pena. La hija de Celestina corresponde a una clase de picaresca suavizada sin los tonos agrios de las grandes novelas. A Elena le salen bien sus numerosas fechorías y solamente el fi­nal trágico del libro pone una sombra en la prolongada exhibición de la belleza de la heroína, por la que el autor no disimula su simpatía. Con Elena tenemos ya a la mujer convertida en el personaje fundamental de una novela picaresca.

No se trata, como Justina, de un extraordinario esfuerzo de buen decir, con abrumadora rebusca de léxico, sino de la vida espontánea y jugosa centrada en torno a una mujer llena de embustes, trampas y coquetería, es decir, de lo que puede ser picaresco en una hem­bra. El estilo es de una gran tersura, llano, fácilmente comprensible por toda clase de lectores. La novelita gozó de amplia popu­laridad: existe otra edición del mismo año 1612 en Lérida. Estas dos primeras llaman a Elena «hija de Pierres y Celestina». Fue imitada muy de cerca por Scarron en Les Hypocrites, e influyó en el Tartufo (v.) de Molière.

A. Zamora Vicente

Hierón, Simónides y Hierón

Diálogo de tipo socrá­tico, entre el poeta Simónides y Hierón, el ilustre tirano de Siracusa. Es el único diálogo de Jenofonte de Atenas (427?-355? a. de C.) en el que Sócrates no aparece co­mo interlocutor. En él se trata detallada­mente el problema político de las relacio­nes entre gobernantes y gobernados y de los deberes de los primeros, ya insinuado en los Dichos memorables de Sócrates (v.) y desarrollado en la Ciropedia (v.). Se nota en esta obra cierta simpatía por la tiranía ilustrada, simpatía por lo demás compar­tida en aquella época por los platónicos y los isocráticos.

C. Schick