La Hija de Celestina. La Ingeniosa Elena, Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo

Con este título apareció en Zara­goza, en 1612, esta novela picaresca, uno de los últimos vástagos de la Tragicomedia de Calixto y Melibea (v.), obra de Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo (1581-1635). La vida de la heroína se desenvuelve en tres etapas, de manera análoga a la de la Pícara Justina (v.), novela que, sin duda, fue el modelo directo de la Ingeniosa Ele­na: de allí proceden la hipocresía, la fanfarronería, el acaloramiento impetuoso de muchas actitudes. También hay claros re­cuerdos de La Celestina. Elena, en tres etapas sucesivas en Toledo, Sevilla y Ma­drid, vive, respectivamente, de la caza de galanes, aparentando piadosa devoción y ya casada engañando al marido. Es una mujer de extraordinaria hermosura, a la que debe sus numerosos triunfos y hasta en alguna ocasión escapar de la justicia. Finalmente, en Madrid, Elena es condenada a muerte y encubada por envenenadora. También el amigo de turno sufre igual pena. La hija de Celestina corresponde a una clase de picaresca suavizada sin los tonos agrios de las grandes novelas. A Elena le salen bien sus numerosas fechorías y solamente el fi­nal trágico del libro pone una sombra en la prolongada exhibición de la belleza de la heroína, por la que el autor no disimula su simpatía. Con Elena tenemos ya a la mujer convertida en el personaje fundamental de una novela picaresca.

No se trata, como Justina, de un extraordinario esfuerzo de buen decir, con abrumadora rebusca de léxico, sino de la vida espontánea y jugosa centrada en torno a una mujer llena de embustes, trampas y coquetería, es decir, de lo que puede ser picaresco en una hem­bra. El estilo es de una gran tersura, llano, fácilmente comprensible por toda clase de lectores. La novelita gozó de amplia popu­laridad: existe otra edición del mismo año 1612 en Lérida. Estas dos primeras llaman a Elena «hija de Pierres y Celestina». Fue imitada muy de cerca por Scarron en Les Hypocrites, e influyó en el Tartufo (v.) de Molière.

A. Zamora Vicente