El Hisopo, Antonio Diniz da Cruz y Silva

[O Hyssope]. Poema heroi­co cómico en ocho cantos del portugués Antonio Diniz da Cruz y Silva (1731-1799), publicado después de la muerte del autor, en 1802, en París, pero fechado en Londres, y en edición mejor, también en París, en 1817.

El «Genio tutelar de las bagatelas» reúne a su corte formada por la Lisonja, la Excelencia, la Señoría, el Don y otras mil ceremonias, y decide hacer nuevos ho­nores al arzobispo de Elvas, que en lo sucesivo será siempre recibido en el um­bral de la Catedral por el deán del Ca­bildo que, como homenaje, le rociará con agua bendita. La Señoría, cuyo nombre es honrado sobremanera en casa del deán, hace observar que hay mejores maneras de honrar al obispo sin humillar al deán; a lo que la Excelencia contesta desdeñosa que cómo quiere comparar un obispo con un deán. El Genio llama al orden a los contendientes, e impone su voluntad: a cierto signo suyo, la Alabanza vuela a casa del deán, y apareciéndosele en sueños, le inspira admiración por el obispo, quien siempre que se dirige a la Catedral para las funciones religiosas, encuentra en el umbral al deán que le rocía con el hisopo. La Señoría, en cambio, azuzada por la Dis­cordia, pide venganza por la afrenta y, a su vez, la Discordia se aparece en sueños al deán y le inclina a la rebelión contra el obispo. Al llegar éste a la Catedral y encontrarse sin el homenaje consabido, se enciende en ira, e invitando a todo el Ca­pítulo a comer, obtiene que se fulmine con­tra el deán una sentencia que le obligue a rendir homenaje al obispo.

El deán, apo­yado por la Señoría, apela contra la sen­tencia. Arde la guerra entre ambos partidos y la Excelencia, la Señoría y la Discordia avivan el fuego, mientras doctores, teólo­gos y escribanos, toman partido por una u otra parte. Entonces, el «Genio de las bagatelas» sospesa en la balanza las razones del deán con las del obispo, teniendo estas últimas mayor peso. La sirvienta del deán, en vista de que su dueño ni come ni bebe, le induce a recurrir al sabio Abracadabra, famoso encantador, el cual, poniendo en juego sus sortilegios, responde que «nos duros diamantes tem escrito / que á lide perderás». El deán se desmaya y entonces el mago, conmovido, le predice la vengan­za: en el Decanato le sucederá un sobrino que también rehusará el homenaje del hi­sopo, pero renunciando a la ayuda de los magistrados, se dirigirá a la Corona y ob­tendrá que el obispo renuncie a su privi­legio y «de féro lobo, se fará cordeiro».

Es evidente la imitación del Atril (v.) de Boileau, al que por otra parte el autor se re­fiere en la primera parte del poema. Pero Diniz ha sabido interpretar con tal libertad las situaciones del modelo, que en más de un episodio su sátira está cargada de un sarcasmo muy volteriano y alcanza una vis cómica que coloca al poema entre las más felices composiciones del género.

C. Capasso

Hipsípila, Pedro Metastasio

[Issipile]. Melodrama en tres actos de Pedro Metastasio (Pietro Trapassi, 1698-1782), estrenado con música de Fran­cisco Bartolomé Conti en Viena en 1732. Sus personajes son: Toante, rey de la isla de Lemnos; Hipsípila su hija, amante y pro­metida de Jasón (v.) príncipe de Tesalia y caudillo de los Argonautas; Eurínome, princesa de sangre real, viuda, y madre de Learco, amante rechazado de Hipsípila; y Ródope, amante engañada de Learco y aho­ra confidente de Hipsípila. Los habitantes de Lemnos, guerreando en Tracia se han de­tenido gozando de sus conquistas; y alen­tados por las lisonjas enemigas, no se apre­suran a volver a su patria ni a sus abandonadas mujeres. Toante, queriendo asistir a la boda de su hija con Jasón, con­vence a sus guerreros para que vuelvan, pero éstos se llevan consigo a las mujeres de Tracia, lo que provoca las arrebatadas iras de sus esposas y su decisión de matarles a todos. El alma de esta conjuración es Eurínome que quiere de esta manera ven­gar a su hijo, rechazado por Hipsípila y des­terrado, y que ella cree muerto.

El drama empieza con el desembarco de los hombres y con su matanza, de la cual, empero, Hipsípila quiere substraer a su padre ocultándolo y haciendo creer que lo ha mata­do. Esto cree Jasón que llega para casarse con ella y horrorizado por el parricidio la rechaza. Habiéndose enterado de la próxima boda de Hipsípila, Learco vuelve para impedirla e intentar una vez más hacer suya a la joven amenazándola con denunciar a su padre. La historia desde este momento se desarrolla apurando hasta el límite má­ximo las posibilidades de esta pugna hasta que Learco consigue apoderarse de Toante y conmina a Hipsípila a que le siga si no quiere que mate a su padre. Eurínome cae en las manos de Jasón, quien a su vez amenaza a Learco con matar a su madre si no deja en libertad a Toante. Intervienen en el conflicto las Amazonas en favor de Eurínome, y los Argonautas en favor de Ja­són y durante la contienda que da fin al drama Learco se mata, Eurínome se desma­ya, Toante es libertado e Hipsípila se casa con Jasón.

La forma y el desarrollo escé­nico de este melodrama son las acostum­bradas en la dramaturgia de Metastasio; esta Hipsípila tiene además un punto de partida grotesco, como es el retorno de los guerreros con las concubinas enemigas y su exterminio: pero esto no excluye la in­geniosidad de la trama que se desarrolla rica en efectos de alta tensión dramática.

M. Ferrigni

*Hipsípila fue puesta en música por un gran número de autores. Después de la partitura de Conti son recordadas las de Giovanni Porta (1690-1755), Venecia 1732; Domingo Terradellas (1713-1751). Floren­cia 1742; Johann Christoph Smith (1712- 1795), Londres, 1746; Christoph Willibald Gluck (1713-1787), Praga, 1752; Ignaz Jakob Holzbauer (1711-1783), Mannheim 1753; Giuseppe Scarlatti (1723-1777), Viena 1758; Pascual Anfossi (1727-1797), Londres 1784; Etienne Nicolás Méhul (1763-1817), 1787; Johann Nepomuk Poissi (1783-1865), Darmstadt 1818; John Lodge Ellerton (1807-1873), representada en Prusia en 1825.

Hipotiposis de Clemente de Alejandría, Tito Flavio Clemente Alejandrino

Obra exegética en ocho li­bros de Tito Flavio Clemente Alejandrino, el primer doctor de la Iglesia (alrededor de la segunda mitad del siglo II d. de C.). La obra, de la que quedan escasos frag­mentos, contenía un comentario de pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento, sin excluir los libros de atribución dudosa co­mo la «Epístola de Judas», la de Barrabás, y el Apocalipsis de Pedro. Del Antiguo Testamento, según testimonio de Focio, Cle­mente no comentó más que el Génesis (v.), el Eclesiastés (v.), el Éxodo (v.) y los Sal­mos (v.). Además de varios fragmentos, nos ha llegado de su obra un largo trozo en una traducción latina, con comentarios a la primera «Epístola» de San Pedro; la primera de San Judas, y la primera y se­gunda de San Juan. El comentario a la Sagrada Escritura se interrumpía de vez en cuando para referir alguna tradición, y también para exponer las doctrinas del autor, que Focio trata de impías, llegando por este motivo a sospechar de su auten­ticidad.

G. Schick

De las Hipótesis sobre las que se Basa la Geometría. Bernhard Riemann

[Uber die Hypothesen welche der Geometrie zu Grunde liegen]. Obra del matemático alemán Bernhard Riemann (1826-1866), publicada en 1867, de reducido volumen aunque funda­mental para el nuevo edificio de la geo­metría no euclidiana. Según las modernas concepciones, la geometría clásica no es sino una forma particular de la geometría. El autor aborda aquí el problema del espacio, que no es necesariamente tridimen­sional como el que nosotros concebimos y es objeto de estudio por parte de la geo­metría elemental. Cabe imaginar un espa­cio de dos dimensiones, constituido por su­perficies curvas. Si el producto de los ra­yos de curvatura principales es constante y positivo, se obtiene la superficie de la es­fera clásica; si el producto es negativo, se producen las superficies que Beltrami llamó pseudoesféricas. En el primer caso, a la línea recta corresponde la geodésica, y des­de un punto no puede trazarse una geodé­sica paralela a otra; en el segundo caso, existe la posibilidad de trazar varias pa­ralelas. Nos hemos habituado a considerar plano a nuestro espacio, aunque no cabe demostrarlo con absoluta certidumbre.

Rie­mann afirma y demuestra que existen tres espacios de tres dimensiones, que poseen propiedades análogas a las que acabamos de ver para los espacios bidimensionales. El espacio de superficies curvas; que pos­teriormente recibió la denominación de es­pacio riemanniano, fue tomado en conside­ración por los teóricos relativistas, quienes admiten que la curvatura del espacio está dada, en todo punto y en todo instante, por la presencia de la materia.

O. Bertoli

Hipótesis, Aristarco de Samos

Obra de Aristarco de Samos (m. 230 a. de C.). Ya conocida por los árabes, fue publicada en traducción latina por Giorgio Valla en 1488 y en una versión más cuidada, por Federico Commandino, en 1572. Aristarco fue el úni­co sabio de la Antigüedad clásica que, como Copérnico en la época moderna, fundó su doctrina en el sistema heliocéntrico. El libro fue también comentado por Arquímedes. En esta obra el autor admite que las estrellas y el cielo están fijos y que la Tie­rra gira alrededor del Sol. Aristarco su­pone que la magnitud de la esfera de las estrellas fijas con el Sol como centro, es tal que la órbita circular descrita por la Tierra guarda con la distancia de las es­trellas fijas la misma proporción que el centro de la esfera con la superficie.

O. Bertoli