Historia de Armenia, Mosé Corenese

[Patmuthiwn Hayoc]. Es la obra principal del historia­dor armenio Mosé Corenese (siglo V), es­crita por encargo del príncipe David Mamigonian. Se divide en tres libros: el pri­mero trata de los orígenes, que se enlazan con el lejano progenitor Hayk (de ahí el nombre de «Haykh» con que eran designa­dos los armenios) y llega hasta el princi­pio de la dinastía de los Arsácidas (siglo III a. de C.); el segundo libro, que es el más extenso e importante, comienza con Valarsace, es decir, en tiempos de Alejandro de Macedonia, y llega hasta la muerte del rey San Tirídates (341 d. de C.), que abrazó el cristianismo (300). El tercero y último libro va de Cosroes hasta el año 441 y ter­mina con una lamentación sobre Armenia, privada para siempre de su rey (fin de la dinastía de los Arsácidas) y de su pa­triarca San Sahak Magno (m. en 441). El autor, educado en Atenas y Alejandría, pudo recoger para su obra, durante sus viajes, gran cantidad de material de las tradiciones del mundo antiguo y de los textos de autores sirios y persas que to­davía existían en las bibliotecas de Ale­jandría. De ahí el particular interés de la obra.

Es la primera historia general de Ar­menia que, en su concisa brevedad, re­presenta toda la vida civil y religiosa, toda la civilización de la raza armenia desde sus orígenes hasta el año 441. Desde el siglo V hasta nuestros días, esta obra ha seguido siendo la base y la fuente más completa de la historia armenia, utilizada por todos los historiadores sucesivos; pero una severa crítica, iniciada en 1880 y continuada hasta nuestros días, tiende a poner en duda mu­chos de los hechos y datos en ella conteni­dos y que no siempre concuerdan con los relatos de los escritores griegos y romanos. También se ha discutido en la actualidad su fecha de composición, fijándola algunos historiadores modernos en el siglo IX, en vez del V, como exigían la tradición y los caracteres generales de la obra. A pesar de todo, la obra es de fundamental impor­tancia, incluso como documento literario, puesto que Corenese nos ha transmitido en fragmentos preciosos las creaciones litera­rias de los tiempos más antiguos, y con los antiguos cantos que celebraban las gestas de los héroes armenios ha tejido capítulos enteros de su historia. Trad. italiana de los Padres Mequitaristas revisada por N. Tommaseo (Venecia, 1850).

E. Pecikiam

Historia de alemania Durante la Reforma, Leopold von Ranke

[Deutsche Geschichte im Zeitalter der Reformation]. Obra alemana de Leopold von Ranke (1795-1886), publica­da en cinco volúmenes entre los años 1839 a 1843. Es como el centro de la trilogía en que figuran: Los Papas romanos (v. Histo­ria de los Papas), Los pueblos del Mediodía y el Papado y la Historia de Francia [Französische Geschichte]: en aquella obra es­tudia el autor, en particular, el siglo XVI, en el que desaparecida la unidad de la Edad Media, cesa el Papado de ser universal y debe pactar con la protesta religiosa; el Imperio se divide y busca durante más de un siglo una transacción, mientras las exi­gencias de equilibrio de los estados dan na­cimiento a varios centros de gravitación. La Historia de alemania es el complemento de la historia de las transformaciones operadas en la Iglesia y en el Pontificado, ex­poniendo la sufrida por el segundo elemen­to principal de la Edad Media: el poder imperial. El Imperio sigue las mismas fases que el Pontificado; unos dilatados y estéri­les esfuerzos para la reorganización inter­na, leyes particulares que tienden a suplir el defecto de acción central. Los príncipes, por política tradicional, y tenacidad dinás­tica, tienden a la autonomía, por no haber sofocado nunca el sentimiento de la uni­dad de la raza germánica al de la indivi­dualidad de tribu; por tener allí el indi­viduo menos sentimiento de ser parte de un todo que en los pueblos latinos.

La Re­forma alemana, dirigiendo un llamamiento al individuo y a su conciencia, arranca de lo íntimo de la vida germánica, desliga el Cristianismo de los símbolos de la época jerárquica y quiere llevarlo a su esencia. alemania pudo dejar a merced de Italia su Renacimiento, y de España sus conquis­tas y descubrimientos, ya que había encon­trado su propio cometido europeo y uni­versal de romper con la Edad Media y fun­dar la sociedad moderna. La formación de los estados protestantes, organizados fuera de la antigua Iglesia, influyó sobre los mis­mos estados católicos, que con ella queda­ron vivificados y emancipados. Las rivali­dades entre Carlos V, Francisco I y Enri­que II, las complicaciones de la lucha con los turcos y contra el Papa, las rivalidades entre los diversos estados germánicos y las combinaciones de intereses, fueron otras tantas oportunidades que se ofrecían para la expansión del protestantismo naciente. A partir de aquel momento, el Imperio negará a las decisiones de la Iglesia el apoyo del brazo secular. El proceso de la Reforma debía tener su desarrollo en Francia, tan pronto como fuera posible consagrar las consecuencias políticas en el derecho público europeo. Objeto de la tercera parte de la obra es el estudio de la historia de aquella crisis interna, que pone fin a las guerras de equilibrio entre Francia y Es­paña y a los tratados de Westfalia y Utrecht. Por consiguiente, es una historia del esta­blecimiento del principio protestante en la política: la Reforma no solamente extendió el horizonte intelectual y moral de la hu­manidad, sino que fundó un nuevo mundo político.

El arte especial del autor para presentar hombres y hechos ya conocidos, desde puntos de vista distintos; su roman­ticismo histórico, que le hace entrever, a través de las vicisitudes .de los hombres que se agitan, las fuerzas espirituales que alientan, pretenden y logran llevar a rea­lización una idea suya inmanente y ad­vertir obscuramente una potencia que plas­ma los destinos humanos; su conexión ri­gurosa al hecho inmediato, que le lleva a preconizar que llegará un día en que «de los acontecimientos que narran los auto­res contemporáneos, se aceptará tan sólo aquello que han visto, descartando el resto», son algunas características de la obra. En­tre los defectos que se le atribuyen, por parte de algunos, figuran los de tomar par­tido por los «hombres superiores», hacien­do caso omiso del valor moral de sus he­chos históricos, y poner en primer plano, como protagonistas, a los héroes y prínci­pes, relegando en el fondo a la masa, con lo que se desvía de la escuela histórica.

G. Pioli

Ingenio elegantísimo, supo avanzar entre escollos, sin dejar entrever nunca sus pro­pias convicciones religiosas y filosóficas, sin verse nunca constreñido a decidirse neta­mente, y en todo caso no forzando jamás los mismos conceptos a que recurría, las «ideas’ históricas», la perpetua lucha entre el Estado y la Iglesia, el concepto del Es­tado. (B. Croce)

Historia de alemania en el Siglo XIX, Heinrich von Treitschke

[Deutsche Geschichte im 19. Jahrhundert]. Obra en cinco volúmenes del historiador alemán Heinrich von Treitschke (1836-1896), publicados en 1879-1894. Se abre con el cuadro de la destrucción del Impe­rio germánico después del Tratado de West­falia, de alemania bajo el dominio de Na­poleón, de la ascensión de Prusia y, en dos capítulos, de la guerra de liberación coro­nada por las victorias de Leipzig y de Waterloo y por la Paz de Viena (1814), Asistimos luego al resurgimiento de la Con­federación germánica, que sucedió al Sa­cro Romano Imperio hundido por Napoleón, a la apertura de la Dieta de la Federación germánica y a la restauración del Estado prusiano, candidato ahora a capitanear a alemania contra Austria, su rival. El li­bro sobre la «Penetración del liberalismo francés de 1820 a 1840», nos presenta el movimiento reformador de la Burschenschaft y la reacción que separa las reformas de Hardenberg y la vuelta a la intransigen­cia, al absolutismo y a la vida tranquila, a la opresión militar y económica en los viejos estados del norte de alemania; el golpe que la revolución de julio representó para la paz europea; el movimiento del Norte hacia un régimen constitucional; des­cribe las asambleas nacionales y las fiestas de la alemania meridional, la nueva con­solidación de las viejas autoridades, la constitución del Zollverein o liga adua­nera entre todos los estados germánicos; la nueva alemania liberal que surge sin turbar la tranquilidad pública, hasta el «golpe de Estado güelfo», y la lucha con­tra el papismo reforzado, en la contienda con el obispo de Colonia.

Sigue finalmente el reinado de Federico Guillermo IV (1840- 1848), con las aspiraciones unitarias y los serenos días de espera, seguido del período de guerra del «Wacht am Rhein» y del «Deutschland über alies»; la revolución del 48; la confusión general y el desorden, mientras las epidemias agravan la lenta enfermedad de la economía doméstica. Tam­bién Berlín verá las barricadas en torno al castillo, pese a la concesión de la Consti­tución y la reforma del Bund; pero la convocatoria de la Asamblea nacional en 1848, en Francfort, producirá el choque con Berlín, que quiere una Prusia libre, fuerte y dominante sobre todos los estados ale­manes. La muerte impidió a Treitschke lle­var a término su Historia. El segundo vo­lumen había suscitado ya violentas críticas de los historiadores liberales, que se agu­dizaron cuando, en los volúmenes sucesivos, abandonando la objetividad histórica, se convirtió en propugnador de la unidad na­cional, tribuno y poeta de la reacción patriótica contra el romanticismo legitimista y particularista, en sustentador de la lu­cha y la competencia como ley del pro­greso. En estos volúmenes aparece su evo­lución política hacia el prusianismo como única fuerza capaz de dar a alemania la unificación nacional y la forma perfecta de estado que se identificó con la monar­quía constitucional prusiana, no parlamen­taria. Desde un punto de vista estricta­mente nacional, el único que le interesaba, revisó la historia de las demás naciones de Europa en función de un dualismo antihistórico: Prusia y el resto del mundo. Dua­lismo en el que se halla ya «en potencia» la actitud acerbamente «ultramontana» que manifestó más tarde en los ataques al ca­tolicismo durante el Kulturkampf. Los mé­ritos literarios de la obra contribuyeron a hacer de ella un poderoso instrumento de propaganda y de educación patriótica del pueblo alemán.

G. Pioli

Historia De Achicaro, Anónimo

De la Histo­ria de Achicar o la redacción más antigua que actualmente se conoce es la aramea, hallada entre los papiros de Elefantina (Al­to Egipto). Es casi seguro que está tomada de un original asirio, que aún no se ha encontrado, pero que debe haber existido, porque varias frases y algunos fragmentos del texto arameo no se explican si no se supone que siguen de cerca una redacción en lengua asiría. Otra redacción antigua de la historia está representada por la versión siríaca, que es a su vez anterior a una ver­sión árabe, muy detallada, que era la casi exclusivamente conocida entre los cristianos de lengua árabe: un escritor cristiano tra­dujo el texto sirio al árabe. Del texto ára­be proceden la redacción neosiríaca y una colección de 15 sentencias que se hallan en el Libro de los sabios filósofos, escrito en lengua etíope, en tanto que la redacción armenia procede de un texto sirio y la paleoeslava de una redacción griega, has­ta el momento desconocida. De la redacción eslava antigua es preciso derivar la ruma­na.

La Historia de Achicar o ha ejercido profunda influencia sobre la biografía de Esopo: lo que al esclavo frigio le acontece en Babilonia y en Egipto, está tomado de un arreglo de aquélla. La Historia no era tampoco desconocida por los persas ni por los indios. De esta obra se habla en un tra­tado del Talmud (v.), siglo V d. de C.; a ella se refiere el libro de Tobías (v.), y Clemen­te de Alejandría habla de una colección de sentencias de Achicaro. En la mencio­nada redacción árabe, el nombre del sabio ministro de Senaquerib de Asiria es Haikar. Al no tener hijos, se dirige a los dioses, los que le aconsejan adoptar a . Nadan, el hijo de su hermana. Él lo educa bien, y cuando envejece lo recomienda al rey co­mo su sucesor en las funciones de visir. Haikar da muchos consejos a su sobrino, condensados en una larga serie de senten­cias. Después le hace donación de todo su patrimonio y se retira de la vida pública. Nadan es, sin embargo, un hombre de co­razón perverso y calumnia más tarde a su tío, de modo que éste se ve precisado a alejarle de casa y a tomar en su lugar al hermano menor.

Nadan se venga: escribe cartas a los reyes de Persia y de Egipto para haber aparecer a Haikar como traidor, de modo que Senaquerib lo condena a muer­te. Cuando el rey de Asiria se halla en gra­ve aprieto por unas cuestiones que le pro­pone el rey de Egipto, a las que sólo Hai­kar hubiese podido dar solución, un hom­bre que había salvado al ministro revela al rey que Haikar vive todavía. El rey lo manda llamar y resueltas todas las difí­ciles preguntas que Faraón había propues­to a Senaquerib, Haikar es de nuevo admitido en la Corte y repuesto en su cargo en tanto que Nadan es severamente casti­gado. El propio ministro cada día le dirige una admonición paternal en forma de sen­tencia. Entonces Nadan pide perdón, pero antes de obtenerlo muere de muerte atroz. Ediciones: Conybeare, Harris, Lewis, The History of Ahikar from the Syriac, Arabio, Armenian, Ethiopic, Greek, and Slavonic Versions (Londres, 1898); Meissner, Das Marchen von weisen Achiqar (Leipzig, 1917).

G. Furlani

Historia de Alejo Comneno, Nicéforo Briennio de Adrianópolis

Es una de las más notables obras históricas del período bizantino, compues­ta por Nicéforo Briennio de Adrianópolis (m. 1137), yerno del emperador Alejo, que le concedió como esposa a su hija Ana y lo elevó al grado de césar. Después de haber defendido la capital contra Godofredo de Bouillon y participado en los más notables acontecimientos políticos y militares, a las órdenes de Alejo y de su continuador Juan, murió en Bizancio al regresar de su expe­dición a Siria. La obra, escrita por invita­ción y sugerencia de su suegra Irene, que­dó interrumpida en el cuarto libro, al mo­rir el autor; comprende el período del 1070 al 1079, constituyendo casi exclusivamente una historia detallada de la casa de los Comnenos y del modo cómo éstos se hicie­ron dueños del poder. Aunque el relato sea en muchos puntos tendencioso y partidista, es, sin embargo, un documento fundamental para el conocimiento de aquel denso pe­ríodo de acontecimientos, gracias a la ri­queza de las informaciones y a la sencillez del estilo clasicista, que recuerda a Jeno­fonte.

C. Brighenti