Historia de Roma, Theodor Mommsen

[Römische Geschi­chte]. Obra del historiador alemán Theodor Mommsen (1817-1903), publicada en 1856. Se divide en tres volúmenes y cinco libros: el primer volumen llega hasta la batalla de Pidna y comprende el primer libro (hasta la expulsión de los reyes de Roma) y el segundo (desde la supresión de los reyes hasta la unificación de Italia); el segundo volumen llega hasta la muerte de Sila y comprende el libro tercero (desde la unión de Italia hasta la subyugación de Cartago y de los ítalo griegos) y el cuarto (la revolución); el tercer volumen llega hasta la batalla de Tapsos y comprende el quinto libro (fundación de la monarquía militar).

En cada libro se someten a examen todas las manifestaciones políticas, militares, religiosas, económicas y artísticas del período que trata, dando un cuadro vivo y completo de la vida que en él se des­arrollaba. Esta obra es hoy quizás más con­siderada por su valor artístico que por el científico: muchas exageraciones, en efecto, cabe reprocharle, y además una parciali­dad, fruto de una pasión que, si bien esti­mula las facultades creadoras del artista, no es muy propicia para una valoración equilibrada. Mommsen no sabe ocultar sus antipatías: así, su odio anticéltico, que tan vivamente sentía, le dicta animadas páginas sobre las costumbres inmorales de los cel­tas, que él llama los «lansquenetes» de la Antigüedad, gente sin instituciones, sin ca­rácter definido, capaz sólo de hacer la gue­rra, dispuesta a jugarse hasta la cabeza en las tabernas, y a llevar el desorden y la discordia dondequiera que pasase; así, su odio contra Cicerón le lleva a proferir expresiones de una pintoresca ferocidad: llama al gran orador «emborronapapeles», «egoísta corto de vista», «el hombre que sabía derribar con gran ruido murallas de cartón»: así, su desprecio por cualquier forma de moralismo le inducía a mofarse de los Catones, especialmente de Catón de útica, cuya «concienzuda estupidez» subra­ya irónicamente.

Pero los retratos que Momsen crea, ya sean dictados por su irreduc­tible antipatía, ya, por el contrario, des­critos con exaltada admiración, son sober­bios por su grandeza artística y por la vi­vacidad de sus rasgos, que parecen evocar del polvo de los siglos pasados las criatu­ras que los animaron con sus pasiones. Magnífico es el retrato de César, que repre­senta para Mommsen el ideal perfecto del hombre de Estado, en cuyo versátil ingenio se armonizan las dotes más varias, desde las militares a las artísticas, incluso las de hom­bre de mundo, en el que el amor es un complemento de la gloria política. Perso­najes de menor relieve, como Sertorio, como Catilina, como Curión, son también pintados con vigorosos trazos hasta hacerlos in­olvidables. Mommsen examina la Antigüe­dad con ojos de enamorado: el cotejo de aquel mundo pasado con los tiempos mo­dernos le parece del todo desfavorable para estos últimos. Pero también es verdad que esta actitud de Mommsen no es óbice para que en ocasiones celebre nobles virtudes como típicamente italianas. Verdad es que la humanidad contemporánea de Mommsen no respondía a aquel ideal que él veía reflejado en la monarquía militar de César, coronamiento supremo de la his­toria romana. [Trad. de A. García Moreno (Madrid, 1876)].

G. Alliney

Abstracción hecha de sus juicios sobre la cultura, el arte, la literatura de Roma, que adolecen de las ya aludidas deficiencias de su cultura literaria, esta obra constituye una radical renovación en la historiografía romana, tanto por el espíritu de vida que la anima, como por la solidez crítica con que se han utilizado las fuentes más di­versas. (De Sanctis)

La Historia de Rimini, James Henry Leigh Hunt

[The Story of Rimini]. Breve poema (v. Poemas na­rrativos, de Hunt) del poeta inglés James Henry Leigh Hunt (1784-1859), publicado en 1816 y, en una segunda versión, en 1857. El poema, compuesto en dísticos heroicos y dividido en cuatro cantos, se basa en la conocida vida de Francesca da Rimini (v.). Giovanni Malatesta, señor de Rímini; ha combatido victoriosamente en favor de Giovanni da Polenta, conde de Rávena, quien concede a Malatesta su hija Francesca como mujer. El señor de Rímini, de cuerpo contrahecho, envía a su hermano Paolo para que recoja a su esposa. Los dos cuñados se enamoran. Giovanni Malatesta, celoso y arrastrado por las sospechas, de­safía a su hermano y lo mata. Francesca, ya consumida por la pasión, muere a su vez cuando conoce el triste fin de Paolo. El marido envía solemnemente sus despo­jos a Rávena. El breve poema está dedicado a Byron y fue escrito, en gran parte, du­rante la prisión del autor, condenado por una sátira contra el príncipe regente. La obra adolece de evidentísimos defectos: la muerte de Francesca no se halla suficiente­mente justificada y el conjunto de los acon­tecimientos resulta un tanto diluido. Hunt, imitando a Chaucer a través de Dryden, rompe con la rigidez del dístico heroico, que había tomado carta de naturaleza con Pope y sus sucesores, y renueva, aun a costa de sensibles prosaísmos, el procedi­miento de narración poética desenvuelta y ligera, característica de Chaucer. Más que por los méritos intrínsecos, el poema es notable por este carácter y por el plano estilístico en que se desenvuelve: un ca­rácter y un estilo que ejercieron cierta influencia sobre Shelley y más todavía so­bre Keats.

R. Ramat

Historia de Portugal en los Siglos XVII Y XVIII, Luis Augusto Rebelo da Silva

[Historia de Portugal nos séculos XVII e XVIII]. Obra del es­critor portugués Luis Augusto Rebelo da Silva (1822-1871). El autor la escribió por encargo oficial. Se le pedía una obra «que fuese precedida por una introducción, en la que se reflejaran los acontecimientos que habían preparado la intromisión de los soberanos españoles y las causas que habían dado como resultado la restauración de la independencia de Portugal».

Rebelo da Sil­va sólo llegó a escribir esa introducción, precedida, a su vez, por otra introducción, con lo que el título resulta hoy poco apro­piado. En el primer volumen, primera parte de la «introducción», expone los hechos ocurridos en los reinados de don Sebastián y don Enrique. En el segundo volumen, segunda parte de la «introducción», dedica el tercer y cuarto capítulos al interregno que tuvo lugar después de la muerte del Cardenal Rey; el quinto, a la caída de los gobernadores del reino y a la proclama­ción de don Antonio; el sexto, a la invasión y a la ocupación española de Portugal. El tercer volumen lleva por título general Dominación de la Casa de Austria. Con­tiene tres libros, dedicados al reinado de Felipe II, de Felipe III y de Felipe IV de España, respectivamente I, II y III de Por­tugal. El volumen cuarto contiene el capí­tulo dedicado a la revolución del día 1 de diciembre de 1640; el quinto recoge los pri­meros acontecimientos del reinado de don Juan IV; el sexto trata del estado económico y social de la monarquía restaurada.

El vo­lumen V; en el séptimo capítulo se hace un estudio sobre las fuerzas ofensivas y defen­sivas del reino; el VIII, sobre el de las fuer­zas morales; el IX, sobre el de las fuerzas sociales, y el X contiene la reseña de las instituciones y de las costumbres del tiem­po. Aun cuando no iguale el mérito de Herculano, esta obra se acerca todo lo po­sible a la Historia de Portugal (v.) del gran historiador, sobre todo en lo que se refiere a la meticulosa comprobación de los he­chos. En conjunto, sin embargo, la obra se limita a la narración de los hechos, ca­reciendo de propia y verdadera crítica. Se nota, sobre todo, este defecto en la última parte, en la que se acumulan noticias sobre las condiciones económicas, sociales y mo­rales de la época, con. método privado de todo rigor analítico. Cierto que, faltando obras especiales sobre el asunto, era natu­ral la tentación de tratar de dar todas las noticias posibles, pero Rebelo exageró la nota hasta el punto de descender a detalles insignificantes, sacrificando el equilibrio de su trabajo. Por este defecto de síntesis, la historia resulta sobre todo una obra de compilación, mejor ordenada en la parte narrativa que en la que trata de las ins­tituciones y costumbres; está, sin embar­go, escrita en estilo suelto y elegante, y conteniendo gran cantidad de buenas infor­maciones resulta, aún hoy, un libro muy apreciable.

L. Panarese

Historia de Portugal, Alexandre Herculano

Obra del historiador, novelista y poeta portugués Alexandre Herculano (1810-1877), publica­da en cuatro volúmenes, aparecidos res­pectivamente en los años 1846, 1847, 1849 y 1853. La obra fue precedida de cinco car­tas sobre la Historia de Portugal, publica­das en 1842 en la «Revista Universal Lisbonese», en la que Herculano, utilizando el principio y los métodos de las Cartas sobre la historia de Francia (v.), de Thierry, in­vestiga el Medioevo portugués, derivando los principales caracteres de la historia na­cional de la falta de una fuerte monar­quía hereditaria y por tanto de un verda­dero feudalismo. En la Historia de Portu­gal, estas concepciones vienen ampliadas y profundizadas sobre un mayor número de hechos y para una época que va desde la dominación musulmana hasta el reinado de Alfonso III (1245-1279). Dicho período es investigado en los dos aspectos, polí­tico y social, cuyo desenvolvimiento forma la base doctrinaria del autor. Es en el Me­dioevo cuando él ve formarse el sentimien­to nacional, constituyéndose en las masas populares los caracteres que serán luego el impulso de la historia lusitana. Histo­riografía por tanto más política y socioló­gica que dialéctica. No puede, por tanto, considerarse a Herculano como un historia­dor en el actual sentido de la palabra, pero ciertamente es uno de los poquísimos que en Portugal y en España se acercan a esta categoría. La crítica por él ejercida es más filológica que histórica, pero nadie puede negarle el mérito de haber sido el primero en liberar la historia lusitana de las super­estructuras legendarias que envolvían el origen de la monarquía portuguesa, y mu­chos episodios (como el célebre de la ba­talla de Ourique) conservan la interpreta­ción milagrosa de las viejas crónicas mo­násticas. La vasta y segura erudición está puesta al servicio de un magnífico estilo y de un arte narrativo que se aproxima al propio de la novela (v. Eurico el sacer­dote y El monje cisterciense) y de la poesía.

A. R. Ferrarin

Historia de Portugal y Conquista de las Azores, Antonio de Herrera y Tordesillas

Obra del famoso cronista español Antonio de Herrera y Tordesillas (15499-1625). La escribió, dice él, «de su voluntad», o sea sin encargo ofi­cial; pero no hay duda de que ya buscaba con ella ir ganando el favor de Felipe II para lograr su anhelo de ser nombrado cronista oficial, designación que, en efecto, le llegó más tarde. Nada mejor para hacerse grato a los ojos del monarca que referir un hecho reciente del que más orgulloso podía sentirse aquél, como era la anexión a su corona del reino vecino y la conquista de las codiciadas islas del Atlántico. Y su notoria habilidad para congraciarse con los buscados protectores, de que en sus obras más importantes dio muestra, trasparentase ya en esta monografía por el tacto con que sabe presentar los hechos en el aspecto más favorable a sus fines. Se per­ciben en ella asimismo sus dotes de histo­riador, reveladas en el planeamiento, bien ordenado, del asunto, el rápido bosquejo de los personajes, la exposición diáfana sin impertinentes arrequives, usando del lenguaje eficaz que conviene a quien quiere solamente historiar. En el libro I narra la empresa de don Sebastián y su trágico fin, con breve recorrido de la anterior histo­ria lusitana. Llega en el II hasta la entrada en el país del ejército español, y en el III hasta la llegada de Felipe. Los dos últimos están dedicados a las guerras sostenidas por la posesión de las Azores. La obra, dice, estaba terminada en septiembre de 1586, pero aún tardó cinco años en imprimirse — se publicó en Madrid, 1591 —, probable­mente por el trastorno que en sus planes causó la muerte de su protector, Vespasiano Gonzaga, al que pensaba dedicarla.

B. Sánchez Alonso