Historia Literaria del Sentimiento Religioso en Francia, Henri Brémond

[His­toire littéraire du sentiment religieux en France dépuis la fin des guerres de religion jusqu’à nos jours]. Obra del abate Henri Brémond, académico de Francia (1865-1933), publicada en once volúmenes del 1916 al 1928. Trabajo importante e incompleto, estu­dia las manifestaciones «escritas» del pen­samiento religioso a partir de las guerras de religión hasta nuestros días.

Brémond ha explorado todas las fuentes literarias: bio­grafías, libros de piedad, ensayos de filo­sofía devota, sermones, libros de moral y de ascetismo; también ha explorado, para darnos una completa historia del sentimien­to religioso,, es decir, del modo cómo este sentimiento se ha expresado, muchas otras fuentes, «que no tienen nada de místico, pero que suministran indicaciones abundan­tes sobre las costumbres y las tendencias religiosas de una época». El estudio del sentimiento religioso lleva naturalmente al del progreso de la lengua y de las letras; se asiste por eso no sólo a la evolución del sentimiento, sino también a la del lengua­je. El libro, muy bien documentado con biografías y gran número de citas que de­muestran que se trata de un estudio de primera mano, llega a la íntima investiga­ción del secreto de las almas, desde las más simples a las más complejas, a través de las manifestaciones escritas, sean o no sean dignas de pertenecer a la historia literaria del país. Brémond elogia el método seguido por Sainte-Beuve en su Port- Royal (v.), como también lo hace Newman; para estos escritores «es la religión, su pro­funda influencia, su historia, su progreso, sus eclipses, lo que interesa».

En esto se distingue de los otros escritores que se han preocupado sólo del valor literario y no del espiritual de las obras estudiadas. Pero mientras Sainte-Beuve y Newman no eran más que autores de ensayos particulares, aunque fueran extensos, Brémond compone un estudio de conjunto en el que se com­prende todo, sin olvidar nada. Por eso apa­recen en la obra los más grandes nombres del pensamiento religioso en Francia: a San Francisco de Sales, a Pascal (citemos el estudio La prière de Pascal), a Fénelon, les son dedicadas páginas de rarísima pene­tración, de cultura inagotable, de sincera devoción.

G. Falco

Es preciso llegar a una obra como la del abate Brémond para darse cuenta de que existen en el alma, tan a menudo obscura, perspectivas más maravillosas de lo que nuestro tiempo nos permite creer. (E. Jaloux).

La Historia literaria del sentimiento re­ligioso es la única obra de este siglo que pertenece al clima de Sainte-Beuve, que continúa la tradición monumental de Port- Royal, conservando al mismo tiempo intacta la frescura del humanismo y la finura en la erudición. (Thibaudet).

Historia Literaria de España, Pedro y Rafael Rodríguez Mohedano

Obra de los franciscanos españoles Pedro y Rafael Rodríguez Mohedano (nn. entre 1725 y 1730 y mm. entre 1795 y 1800), de la que sólo llegaron a publicarse diez volú­menes, en Madrid, entre 1766 y 1791. «Tie­ne por asunto — advierten los autores — la literatura de esta nación desde el tiem­po en que pueda constar que cultivó las letras hasta el presente; el origen, los va­rios estados, alteraciones, aumentos y deca­dencias que han experimentado en tan dife­rentes siglos y distintas dominaciones.» «Se propone además — siguen los autores — dar una exacta noticia de las vidas de los sa­bios y escritores que han ilustrado esta na­ción, informar del contenido y mérito de sus obras, con extractos o compendios, jui­cios y apologías de las principales, y final­mente de todo lo que pueda conducir al pleno conocimiento de nuestra literatura en todos los tiempos.» Ese estudio debía abarcar la historia literaria de España y de la América española. Se excluye a Portu­gal, aun cuando se deberá tratar de su lite­ratura en determinados momentos. Por otro lado, se entiende el hecho literario en su máxima amplitud, tratando de hechos y circunstancias ampliamente culturales. De ahí que la obra se diluya en consideracio­nes accesorias sobre la marina y el comer­cio de los antiguos españoles, etc. La obra se inicia con el estudio de los primeros pobladores de la península. Trata luego de fenicios, celtas, griegos, cartagineses y ro­manos. Y se interrumpe con la figura de Lucano. Después había de seguir — según el plan trazado por los autores — con el es­tudio de los godos, árabes, reinos peninsu­lares de la Edad Media, Reyes Católicos, Casa de Austria y, finalmente, la «nobilissima» Casa de Borbón. La obra es típica de una mentalidad dieciochesca y, hoy en día, su valor es meramente de época.

Historia Maravillosa del Principe Cristiano y Alemán Hércules y de la Princesa Real Valiska de Bohemia, Andreas Heinrich Bucholtz

[Des christlichen Teuschen Gross-fürsten Herkules und der bömischen Königlichen Frl. Valiska Wundergeschichte]. Novela del escritor alemán Andreas Heinrich Bucholtz (1607-1671), dividida en dos libros y ocho partes, aparecida en 1659.

Representa la reacción, según se declara en la «Admonición», contra el «escandaloso libro de Amadís»; es decir, la reacción con­tra la literatura alemana eróticosentimental que dominaba por aquél tiempo, siguien­do el ejemplo francés. El intento del autor es, por lo tanto, moralizador y edificante: propugna la «restauración del sentimiento, tal como se ofrece con la lectura de histo­rias graciosas, pero mezclado siempre con pensamientos decorosos»; también quiere que «las almas devotas encuentren en la lectura frecuente ocasión de elevar sus suspiros al cielo, para que la conciencia terrena no se olvide demasiado de la ca­ducidad de los bienes humanos, ni conceda un puesto demasiado grande a los placeres». A este intento moralizador se añade otro patriótico: el derecho de reivindicar la Ale­mania de los antepasados, hombres de valor.

La acción, que se desarrolla en el siglo III, tiene por fondo la caída del reino de los Asárcidas a manos de los Sasánidas: es la historia, llena de aventuras e intrigas, del príncipe Hércules, que al volver de las guerras de Suecia, en las que ha comba­tido junto a su primo Ladislao, príncipe de Bohemia, va a casa de los padres de éste y se enamora de Valiska, hermana de La­dislao. Raptado en una selva por bandidos pannones, es liberado por los soldados ro­manos y llevado a Roma, donde, reducido a la condición de esclavo, se convierte al cristianismo. Ladislao logra liberarlo y des­pués intenta en vano hacerlo volver a la religión pagana: Hércules continúa siendo cristiano. Y cristianamente se casa, por fin, con Valiska. Hay en esta obra, a pesar del ambiente pesimista de la Reforma, el ger­men de la «novela de Estado», como será después la típica novela barroca; pero hasta la misma trama, demasiado imperfecta, y sobre todo las intenciones edificantes en sentido exclusivamente luterano, con el gas­tadísimo elemento de la magia diabólica, le dan un carácter menos político que mo­ralizador y religioso.

S. Lupi

Historia Imperial y Cesárea, Pero Mexía

De Pero Mexía (14979-1551), fue la primera obra histórica de este escritor, ya mencio­nado por su Historia del Emperador Car­los V (v.). Dice en el prólogo que quiso con ella aprovechar a su patria en des­cargo del tiempo gastado en leer y enten­der diversos libros, no pareciéndole nada tan conveniente para ello como «alguna grande y verdadera historia», a seguido de lo cual hace ferviente loa de esta discipli­na por su contenido de hechos verdaderos.

Complemento de tal apología puede considerarse su famosa condenación de los libros de caballerías, que figura en uno de los capítulos del texto. Se propuso narrar «las vidas y hechos de todos los Césares, desde Julio César hasta el emperador Maximilia­no», sin olvidar los varones ilustres de cada reinado. Era empresa hasta entonces no intentada en España y de que con razón se vanagloria. Como puede suponerse, no es obra de indagación directa, sino compilato­ria? pero escogió bien sus fuentes — clási­cas, españolas, italianas y francesas — y las utilizó diestramente, aunque con el criterio de credulidad de que tan pocos se eximie­ron. Agradó la Historia al príncipe Fe­lipe, a quien dedicó la edición (1545), así como al Emperador, que por ella le hizo su cronista, y tuvo gran aceptación incluso fuera de España, como muestran sus tra­ducciones — latina, italiana, alemana, holan­desa y, probablemente, una francesa — que, con las reediciones en castellano, pasan de treinta. Fue proseguida por Varén de Soto — el continuador del «Sumario» del P. Ma­riana— hasta el emperador Fernando III, y así apareció en la edición de Madrid, 1655. Digamos ya que la obra de Mexía es de lectura bastante grata en su género, y que el autor la consideró, al parecer, como preparación y antecedente de su Historia de Carlos V.

B. Sánchez Alonso

Historia Lausíaca, Paladio de Galacia

[Historia Lausiaca]. Obra de Paladio de Galacia, obispo de Aspuna, que vivió entre los si­glos IV y V. Para los hombres de los tiem­pos postconstantinianos, las leyendas hagiográficas de los monjes y ascetas fueron lo que para la cristiandad preconstantiniana habían sido los Hechos de los apóstoles y las Actas de los mártires (v.).

En la apologética religiosa católica, a partir del siglo IV se ha establecido una equivalente analogía entre el heroísmo de los mártires y la práctica de la castidad por parte de los espíritus contemplativos y de los ana­coretas. En el fondo, la literatura que flo­rece en torno al martirio cristiano, como la que brota alrededor del ascetismo, que des­de el siglo IV en adelante toma una forma organizada en la sociedad de los creyentes, puede encontrar un aproximado parangón con la que en el mundo moderno ofrece la literatura novelesca. Ello no quiere decir, naturalmente, que tanto en las Actas de los mártires, como en los florilegios ascéti­cos, no se encuentre subyacente un fondo de realidad histórica, que es lo que intenta definir y hallar la crítica filológica y lite­raria. En la gran cantidad de obras de la literatura monásticoascética que aparecen en los siglos IV y V, ocupa un lugar de primerísimo relieve la colección de biografías de monjes hecha por Paladio, discípulo del origenista Evagrio Póntico y más tarde obis­po en el Asia Menor, denominada Historia Lausíaca, nombre que toma del destinatario de la colección, Lauso, funcionario en la corte de Teodosio II. En los breves capítu­los de este florilegio, prototipo insigne de aquella colección de «Vitae sanctorum patrum» o «Paraísos» que hicieron las delicias de los lectores devotos de la Edad Media cristiana, el autor ha reconstruido la vida de los ascetas egipcios y sirios.

Merced a sus largas peregrinaciones por Egipto y Pa­lestina, Paladio, a semejanza de lo que había hecho el occidental Casiano, había querido darse cuenta personalmente de la forma en que vivían aquellos ascetas que, después de la conversión de Constantino y durante todo el siglo IV, habían buscado en la soledad y en la contemplación la rea­lización del ideal cristiano, alejándose de las componendas de aquel mundo que in­tentaba sacar ventajas y honores de la con­versión del Imperio. La colección fue lle­vada a cabo hacia el año 420 y su texto fue ampliamente reformado y alterado. Las investigaciones de Preuschen y de Butler, que son los críticos que más recientemente se han ocupado de este asunto, han permi­tido restituir el texto a su forma original. La narración tiene todas las características de las colecciones aretalógicas griegas, si bien el elemento milagroso y prodigioso aparece ahora injertado en el tronco del ascetismo cristiano, en lugar de mitos clá­sicos y el recuerdo de los héroes griegos. La colección tiene una gran importancia porque merced a sus detalles anecdóticos, con frecuencia extravagantes, cuando no escabrosos y picantes, nos permite apreciar a lo vivo cuáles fueron las concepciones vitales y la práctica moral de aquellas co­rrientes ascéticas y cristianas que, en el siglo IV, dominaron al mundo cristiano y prepararon el advenimiento de aquellas for­mas de ascetismo organizado que habían de encontrar en Basilio de Cesarea, en Orien­te, en Cesáreo de Arles y en San Benito, en Occidente, su estilización normativa.

E. Buonaiuti