Hungría En 1514, Józsej Eötvös

[Magyarország 1514 ben]. Novela histórica del político y poeta húngaro Józsej Eötvös (1813-1871), publica­da en 1847. La obra está inspirada en las terribles condiciones en que vivían los sier­vos de la gleba y en la sublevación de 1514. En aquel año, el arzobispo de Estrigonia, Tomás Bakócz, anunció una cruzada contra los turcos; se puso al frente el noble de nuevo cuño Jorge Dózsa, pero éste, debido a las humillaciones impuestas por la antigua nobleza, no puso en juego sus ejércitos con­tra los turcos, sino contra los señores. Sobre este fondo, el autor juega con el doble amor del joven noble Pablo Ártándi hacia la noble Frusina y la burguesa Clarita. La sangrienta insurrección termina con la victoria de los señores, que se vengaron de modo todavía más sanguinario, debilitando fatalmente el país, en el preciso momento en que se cer­nía sobre él el inminente peligro turco. La novela fue compuesta como consecuencia de profundas investigaciones históricas; es muy objetiva y tiende a despertar la atención de la nobleza sobre el descontento social impe­rante. Por ello alcanzó un gran valor his­tórico y fue el fundamento de la obra de Kossuth, gracias a la cual se logró, en 1848, que la nobleza renunciase a sus privilegios.

M. Benedek

Hung Lou Méng, Ts’ao Hsüeh-ch’in

[El sueño del palacio rojo]. Una de las cuatro mejores novelas clásicas chinas, escrita por Ts’ao Hsüeh-ch’in (17199-1764). Describe los acontecimientos de una sola familia; se publicó por primera vez en Pekín, en tiempo del emperador Chien-lung, en 80 capítulos, y después ampliada hasta 120, por Kao É, en 1792, y con­tinuada por una decena de novelas, sin nin­gún interés.

Según la edición de Kao É, la novela puede ser resumida de este modo: en la ciudad de Shih-t’ou se halla una am­plia y lujosa quinta donde habitan los des­cendientes de los duques Ning-Kuo y Yung- Kuo. El personaje más importante es Pao Yü, sobrino segundo del duque Yung-Kuo, que nació con un jade en la boca en que están escritas unas letras. Van a habitar en su casa dos primas suyas: Ling Tai- Yü, hija de la hermana del padre, y Pao Ch’ai, hija de la hermana de la madre. Pao Ch’ai es tranquila, sana y amable, mien­tras Tai-Yü, casi siempre enferma, es un poco nerviosa y melancólica. Pao Yü quiere a las dos, pero prefiere a esta última. Un día, para recibir a la hermana de Pao Yü, que es una favorita del emperador, se abre el gran jardín Ta-Kuan-Yüan; desde enton­ces Pao Yü y sus primas se trasladan al jardín, y viven entre banquetes y poesía. Pero la romántica vida de Pao Yü es puesta a prueba de improviso: suicidios y enferme­dades se suceden junto a él y una niebla de melancolía cubre el hermoso Ta-Kuan- Yüan y el afectuoso corazón del joven.

Kao É continúa, desde el capítulo 80 en ade­lante, describiendo el declinar de aquella familia: Pao Yü pierde el jade que había traído en la boca al nacer y se siente ata­cado por una grave enfermedad, mientras la tuberculosis de Tai-Yü se ha agravado, y su noble hermana, favorita del emperador, muere. Después de la curación, y sin saberlo el interesado, se combina una boda entre Pao Yü y Pao Ch’ai. El día del matrimonio, al enterarse de que la esposa es Pao Ch’ai y no Tai-Yü, el esposo cae enfermo de nuevo y, mientras, los convidados expresan sus fervorosas felicitaciones a los nuevos es­posos, en un rincón del jardín, Tai-Yü muere de tristeza. Pao-Yü, curado por un bonzo budista, se dedica entonces al estudio, hasta que, poco después, desaparece de la familia y nadie sabe adónde ha ido a parar. Su pa­dre, en una noche de nieve, ve a un joven con los cabellos cortados y los pies desnudos que lo saluda de lejos: es Pao-Yü, que se aleja acompañado de dos bonzos. La novela termina con un sueño de Pao Yü en el cual es amado por una bellísima joven del mun­do de los genios. El talento creador y la gran imaginación de los autores se demuestra en la numerosa serie de personajes (cer­ca de, 450), cada uno de los cuales es presen­tado con caracteres distintos. Toda la novela está penetrada de un delicado lirismo, que hace de ella la obra quizás más preciosa de la antigua literatura narrativa china. En una de sus poesías escribe el autor: «El papel está lleno de palabras delirantes; de un pu­ñado de lágrimas dolorosas y desoladas; todos dicen que el autor es un necio, pero ¿quién sabe comprender su sentido y su valor9». Cfr. E. C. Bowra, The dream ojf the red chamber, «China Magazine» (1868); K. Guetzlaff, Dreams of the Red Chamber, «Chínese Repository», XI; H. B. Joly, Hung lou meng (Hongkong y Shanghai, 1892).

P. Siao-sci-yi

La manera más sencilla para descubrir el temperamento de un chino consiste en preguntarle si le agrada Tai-Yü o Pao-Ch’ai. Si prefiere a Pao-Ch’ai es un realista. Lo cierto es que casi todos los chinos, hombres y mujeres, han leído esta novela siete u ocho veces desde el principio hasta el fin, y se ha creado una verdadera ciencia, llamada la «rojología», comparable, en volumen y dig­nidad, con los comentarios shakesperianos .o goethianos. El sueño del palacio rojo re­presenta probablemente, bien considerado, el summum del arte de escribir novelas en China, pero también representa un tipo úni­co de novela. (Lin Yutang)

Huon de Bordeaux, Anónimo

Canción de gesta en series de versos decasílabos asonantados, obra de un trovador artesiano de principios del siglo XIII. El joven Huon, hijo de Seguin duque de Bordeaux, ha matado, en de­fensa propia, a Charlot, el heredero de Carlomagno. Amenazado con ser abandonado por sus barones, el emperador renuncia a desterrar a perpetuidad de la dulce Francia a Huon, pero le impone la condición de ir a insultar en su propio palacio al emir Gaudise, rey de Babilonia: Huon deberá matar en su misma mesa al primero de sus barones, besar tres veces en la boca a su hija, la bella Esclarmonde, y reclamar al emir, en prenda de sumisión, su barba y cuatro de sus dientes. Habiendo pasado por Roma, donde se confiesa con el Papa, su primo, atravesado Siria y muchos otros fabulosos países, Huon se encuentra al enano Auberon, feliz ión del enano Alberon y Alberich de la mitología franco-germánica, bello como un ángel e hijo de Julio César y del hada Morgana, rey de Monmur, tierra de Féerie (Hechicería). El buen enano se hace amigo suyo y le ofrece su ayuda, pero le exige que siga fielmente sus consejos. Huon, aturdido, generoso, indolente, olvida a menudo sus recomendaciones y provoca su cólera. Huon no se olvida de cumplir su triple misión en la corte de Gaudise, pero he aquí que Esclarmonde se enamora de él.

Huye por fin con ella, después de haber matado a Gaudise y haberle arrancado la barba y los molares. Auberon, que una vez más ha volado en su ayuda, le recomienda no compartir su lecho con Esclarmonde antes de desposarla. Habiendo desobedecido otra vez, se ve separado de ella. Después de múltiples peripecias logra encontrarla de nuevo y se casa con ella en Roma, donde es bautizada por el Papa; es entonces cuando ambos entran, de regreso, en Francia. Están a punto de ser prendidos a causa de un complot tramado por su hermano Gerard y el suegro de éste, pariente de Ganelón, que se aprovechaban de que Carlomagno no le hubiese perdonado aún, pero una vez más la intervención de Auberon les es favorable, y el enano hace que les sea devuelto su ducado. Dentro de tres años, le anuncia, le llamará para que vaya a sucederle a Mon­mur, pues él deberá marchar al Paraíso, junto a Nuestro Señor. El trovador mantiene en vilo el interés de su público, resume con frecuencia los antecedentes para los oyentes que llegaron con retraso, interrumpe el relato para hacer una llamada a la generosi­dad de la concurrencia.

El poema se incluye en los pertenecientes a la leyenda carolingia, pero no tiene nada en común con las canciones de gesta pertenecientes a este ci­clo: pleno de fantasía, rivalizando en aven­turas maravillosas con los «romans courtois», narrado con gracia y no poco talento, es una de las más divertidas novelas de la Edad Media. Existe una segunda versión del poema en versos alejandrinos. Su arreglo en prosa, compuesto en el siglo XV, conoció más de veinte ediciones a lo largo del si­guiente siglo. Por otra parte, desde el mismo siglo XIII, pueden encontrarse numerosas imitaciones: prólogos (Auberon), que cuen­tan la historia del enano antes de su encuen­tro con Huon de Bordeaux; epílogos (Es ciarmonde, Clarisse et Florent, Y de et Olive, etcétera), que cuentan las aventuras de Huon cuando éste se transforma en rey de Monmur; las de su hija Clarisse, casada con Florent, príncipe de Aragón; las de su nieta, creída durante mucho tiempo un va­liente caballero y obligada a casarse con la hija del emperador Octavian: ocurre un milagro oportunamente para restablecer el equilibrio de los sexos, y un hijo (Croissant) es el resultado de esta intriga. La leyenda de Huon de Bordeaux es todavía popular.

*      El éxito de la novela no se hizo esperar y se extendió más allá de las fronteras de Francia. Se conocen imitaciones holandesas, un poema de la Reine Sybille et de Huon de Bordeaux, de finales del siglo XIV, otro de mediados del siglo XVI. La traducción de Huon de Bordeaux, realizada por lord Berner (mediados del siglo XVI), introduciendo el personaje de Oberon en la poesía y el teatro inglés; la Reina de las Hadas (v.), de Spencer es de 1590; se representó en Lon­dres, en 1539, un misterio (Hewen of Burdoche); El sueño de una noche de vera­no (v.), de Shakespeare, es de 1595.

*  En alemania, un análisis de Huon de Bor­deaux, realizado por Tressan, inspiró a Christophe Martin Wieland (1733-1813) su poema Oberon (v.), de donde derivan las «Aventuras de Huon de Bordeaux» (1780), de las que Planché sacó el libreto de la cé­lebre ópera de Weber (1826).

Los Humoristas Ingleses del Siglo Decimoctavo, William Makepeace Thackeray

[The English Humorists of the Eighteenth Century]. Conferen­cias de William Makepeace Thackeray (1811- 1863), pronunciadas en Londres en 1851 y en América hacia finales de 1852 y prin­cipios de 1853, y publicadas en 1853. Es una serie de retratos de literatos ingleses del siglo XVIII, por el que demuestra el autor, a través de su obra, un vivo interés (v. La historia de Enrique Esmond, Los Virginianos, Los «cuatro Jorges»). Por algunos de estos escritores, como Goldsmith, Steele, Addison y Fielding, Thackeray no oculta su abierta simpatía; mientras que por otros, como Swift y Sterne, a menudo se deja influir, en sus juicios, por una particular aversión moralis­ta. También otros humoristas aparecen en su volumen: Congreve, Smollett, Gay, Hogarth y Pope, demostrando por este último una viva admiración. El autor no ha llevado a cabo en esta obra estudios críticos sobre los distintos escritores, sino que ha retratado sus personalidades tal como se perfilan a través de sus obras. A menudo consideraciones ajenas a la literatura nublan su juicio, sosteni­do, cuando es límpido, por una gran segu­ridad. Un lugar de honor, en esta serie de ensayos, reserva al escritor que tuvo tanta influencia sobre su formación literaria, Henry Fielding, considerado por él como uno de los mayores escritores de la literatura inglesa. Sin embargo, expresa sobre la personalidad moral de Fielding un juicio que ha suscitado fuertes disentimientos en la crítica moderna, que lo considera de seve­ridad excesiva y fundamentada sobre moti­vos poco convincentes.

S. Rosati

El Humo Dormido, Gabriel Miró

Narraciones del gran novelista español Gabriel Miró (1879- 1930). Dos partes claramente diferenciadas tienen estas narraciones: de una, la suave evocación de los recuerdos; de otra, las es­tampas de una semana santa y varios cua­dros hagiográficos.

El humo dormido es una colección de tipos limitados por el paisaje o los interiores que Gabriel Miró describe. Ahora bien, ¿quiénes son esos tipos? Ñuño, el viejo criado de la casa; el profesor par­ticular; el Enlutado; Mauro, el huérfano, y la pura de su hermana; la tertulia (catedrá­tico, canónigo, magistrado) provinciana, etc. Gentes vulgares, de las que todos los días tropezamos en la calle, pero descubiertas en sus perfiles más concretos o en su intimidad más pura. La sabiduría de Miró está en sor­prender las figuras en el gesto preciso, como imágenes labradas («Era viejo y cenceño, de hombros cansados, de párpados encendidos, y sus manos, de una talla paciente y per­fecta, ceñidas por las argollas de sus puños de un lienzo áspero como el cáñamo»), cuando el espíritu arroja al mundo sus más puros contenidos. ¿Qué elementos emplea Miró en su arte? Ante todo, el libro es, aunque a regañadientes, un libro personal. El gran narrador levantino dice literal­mente: «No han de tenerse estas páginas fragmentarias por un propósito de memo­rias; pero leyéndolas pueden oírse, de cuan­do en cuando, las campanas de la ciudad de Is… la ciudad más o menos poblada y ruda que todos llevamos sumergida dentro de nosotros mismos». Y, en efecto, si no son memorias en sentido estricto, una experien­cia personal recrea — años andados — las impresiones recogidas en la niñez. Por eso el tiempo — siempre el tiempo en la obra mironiana — va a ser el móvil de todas estas páginas: ya sea concreto en los recuerdos familiares del hidalgo o hecho abstracción en la suave huella de cada día. Después de ésto, no extraña ya que las cosas, al actualizarse se presenten con una ternura, con una suave luz, que va posándose sobre los seres (el animal, el árbol, la piedra) hasta dotarlos de vida casi humana («había que esperar el verano que entreabre las salas más viejas y escondidas»).

Como en otro libro suyo, Años y Leguas (v.), el paisaje viene a ser elemento con vida en el tiempo o que, incluso, acaba convirtiéndose él en tiempo mismo. «Así se nos ofrece el paisaje cansado o lleno de los días que se quedaron detrás de nosotros. Concretamente, no es el pasado nuestro; pero nos pertenece, y de él nos valemos para revivir y acreditar epi­sodios que rasgan su humo dormido». Las tablas del calendario son, como queda dicho, unas estampas de carácter religioso. Lógica­mente, al leer las de Semana Santa se piensa en Las Figuras de la Pasión (v.), aunque las pretensiones sean distintas. Aquí, en estos cuadritos, como en su obra grande, está la interpretación del paisaje palestiniano a la luz del de su levante natal: de entre todos los que el libro contiene es inolvidable el que comienza las páginas del «Martes Santo» (en otra ocasión — dentro de este mismo libro — compara los paisajes de Tierra Santa y Jijona). En los cuadritos, también, la ter­nura hacia los niños, los elementos sensoriales adensando el contenido de las páginas, el realismo más intenso en un mundo esté­ticamente muy depurado o la superposición — eficazmente expresiva — de historia y rea­lidad.

M. Alvar