Indagación Filosófica Sobre el Origen de Nuestras Ideas Acerca de lo Sublime y de lo Bello, Edmund Burke

[A Philosophical Inquiry into the Origin of our ideas of the Sublime and Beautiful]. Trata­do del escritor inglés Edmund Burke (1728- 29?-1797), publicado en 1756. Es una de las primeras obras de Burke. Considera en ella que todas las cosas que pueden excitar la idea del dolor o del peligro son fuentes de lo sublime; que la belleza es causa del amor (al que distingue del deseo); y hace con­sistir la belleza en la relativaf pequeñez, en la blandura, en la ausencia de fuertes aris­tas, en los colores vivos, con lo que limita mucho el significado de la palabra. Hay en este tratado partes de gran interés acerca del efecto que causan en los hombres los dolores ajenos; sobre el placer causado por los espectáculos horribles, como los incen­dios o las tragedias; y sobre el placer pro­ducido por la palabra y por la poesía. Se trata de un ensayo juvenil y filosófica­mente más bien débil, «bastante útil como colección de casos y percepciones que los filósofos deben considerar indiscutibles en investigaciones de esta clase» (Lessing). La distinción de Burke es tan precisa, que lo bello termina por ser poco más que lo bonito. La parte más interesante es la que trata de las cualidades estéticas y emotivas de las palabras, que se conside­ran mucho más dependientes de las pro­piedades del sonido y asociativas, que de las imágenes que evocan. Según Burke, la poesía y la retórica «deben lograr sus efec­tos más por el acorde de sentimientos que por la imitación; mostrar el efecto de las cosas en la mente de quien habla, o de los demás, antes que dar una idea clara de las cosas mismas». En estas palabras se dijo (Grierson) que estaba implícito el germen del Laocoonte (v.). [Trad. española por don Juan de la Dehesa (Alcalá, 1807)].

A. Camerino

La Incógnita del Hombre, Alexis Carrel

[Man, the Unknown]. En esta obra, publicada en 1934, el célebre cirujano y biólogo franco-americano Alexis Carrel (1873-1944), pre­mio Nobel de medicina en 1912, se dirige a cuantos deseen escapar a la esclavitud de los dogmas de la civilización moderna, y desean un concepto diverso del progreso humano. Es necesario para tal fin una cien­cia del hombre que se dedique al estudio profundo de nuestro ser íntimo mediante todas las técnicas conocidas, y comprenda la necesidad de estudiar cada función en relación con el conjunto, abandonando du­rante algún tiempo el campo del progreso mecánico y, en cierto sentido, de la higiene clásica, de la medicina y de los aspectos puramente materiales de nuestra existencia, y no descuidando, por el contrario, los fenó­menos que se salen de nuestros pensamien­tos habituales y podrán conducirnos tal vez a regiones hasta ahora desconocidas. Fisio­logía y medicina, sociología, higiene, peda­gogía, han estudiado al hombre bajo uno de sus aspectos, pero todos ellos han descui­dado el estudio de la psique en su totali­dad y complejidad; sobre todo en las inves­tigaciones sobre la biología humana no se ha dado suficiente importancia a las activi­dades morales, y nuestra civilización hasta hoy no ha conseguido crear un ambiente que convenga a nuestras actividades men­tales, ignorando del modo más absoluto el sentido moral; por otra parte, en las nuevas condiciones de existencia creadas por nos­otros, nuestras actividades más caracterís­ticas se desenvuelven mal y de modo in­completo, como si en medio de las mara­villas de la civilización moderna la perso­nalidad humana tendiese a disolverse.

Dado que, a pesar de todos sus esfuerzos, médicos e higienistas no han conseguido prolongar y mejorar la vida humana debemos suponer que el bienestar moderno y el sistema de vida adoptado por los habitantes de la Ciu­dad Nueva violan algunas leyes naturales. Observando nuestro cuerpo, vemos cómo las correlaciones entre los diversos órganos es­tán aseguradas por la sangre que circula y por el sistema nervioso; cada parte del cuerpo, en su conjunto se adapta al ambiente físico o social; la adaptabilidad es, pues, una manera de ser de todos los procesos orgá­nicos y mentales; pero en la vida moderna apenas se ha tomado en cuenta esta fun­ción importante y se ha suprimido casi completamente su uso, provocando un de­terioro del cuerpo y del espíritu; y sólo el conocimiento de los mecanismos de adap­tación nos permitirá restaurar y reconstruir el individuo. La sociedad moderna ignora el individuo y sólo toma en cuenta al ser humano, y esta confusión ha creado la es­tandarización y atrofia de los hombres. La civilización científica deberá abandonar aho­ra el camino que sigue desde el Renaci­miento, volviendo a la observación ingenua de lo concreto, liberarse del prejuicio mate­rialista, evitando sin embargo el incurrir en una reacción espiritualista. Se trata de restablecer en la plenitud de su personali­dad el ser humano, estandarizado y debi­litado por la civilización moderna; para esto es necesario repudiar los principios cardi­nales de la civilización tecnológica, y liberar al hombre del mundo cósmico creado por el genio de los físicos y los astrónomos, rehabilitándolo en la armonía de sus acti­vidades fisiológicas y mentales. La profunda doctrina del autor — que a veces se expresa algo ingenuamente en términos de filosofía bergsoniana — se trasluce sin embargo a tra­vés del carácter intencionadamente divulgativo de este libro, al que presta convin­cente calor el ardor de la pasión científica. [Trad. española de María Ruiz Ferry (Bar­celona, 1941)].

Incomprendido, Florency Montgomery

[Misunderstood]. No­vela para muchachos de la escritora inglesa Florency Montgomery (1843-1923), publica­da en 1869. Humphrey y Miles, hijos de sir Everard Duncombe, viven en el condado de Sussex, con Virginia, su aya, quien des­empeña el cargo desde el fallecimiento de Lady Duncombe. La manera de ser de los hermanos, es bastante diferente en aparien­cia: Miles, es un niño de cuatro años, ro­sado, delicado y afectuoso; Humphrey es un hombrecito de siete, de una indomable vi­vacidad. El padre quiere con toda su alma al pequeño Miles, que le recuerda por su carácter a la madre desaparecida: mientras tiene para él abundantes caricias, no sabe mostrarse bastante indulgente con Hum­phrey, y, aun amándolo, lo juzga un mu­chacho alocado y de carácter adusto. Pero* sir Duncombe vive en Londres y pasa con sus hijos solamente los domingos: no tiene por tanto mucho tiempo para conocerlos. Ignora que el muchacho vivo y despreo­cupado, tiene una profunda necesidad de afecto, y que con frecuencia, su inquietud se debe sólo a la necesidad de desfogar su exuberante naturaleza, pero que es extre­madamente sensible.

La primera parte de la novela cuenta la vida de los dos mucha­chos, especialmente las travesuras de Hum­phrey. Pero la última travesura se convierte en tragedia; van los dos hermanos junto a un estanque, sobre el cual se extiende una gruesa rama. Humphrey, tratando de repe­tir una aventura de los salvajes que oyó un día, se sube a la rama, haciendo subir también a su hermano; pero la rama cede al peso y ambos caen en el estanque: Miles resulta ileso, mientras que Humphrey se rompe la espina dorsal. Por una inocente indiscreción de su hermano, sabe Humphrey que será un enfermo mientras viva, y su desesperación es tan terrible que suplica a su padre que lo deje morir. En la agonía, habla de su madre, del «buen Dios», de todos los tiernos sentimientos que durante su vida se han ido acumulando en su almita; y, a través de esta trágica y frag­mentaria narración, tiene el padre la reve­lación de la verdadera alma de su hijo. Muere el niño, en tanto Miles, que se ha acostado a su lado, lo cree adormecido. Aun siendo una concesión a los gustos de su tiempo, inicia decididamente esta novela la profundización de la psicología infantil, que en los últimos decenios del siglo pa­sado, renovó toda la literatura dedicada a la infancia. Y en este sentido, Incomprendido es una pequeña obra maestra.

M. T. Chiesa

La Inauguración del Puente, János Arany

[Hidavalás]. Balada de János Arany (1817- 1882), escrita con ocasión de la inaugura­ción del puente Margarita en Budapest. Un joven ha perdido en el juego y quiere arrojarse al rio desde el nuevo puente. Es me­dia noche, y mientras se inclina sobre las aguas profundas se le aparecen las sombras de los suicidas bailando una danza maca­bra, improvisando así una moderna noche de Walpurgis. El joven no puede resistir al vértigo, «Cuando el reloj da la una, el puente está vacío y por todas partes no hay más que silencio». La balada es una de las más célebres de Arany por la conmoción narrativa y por la atmósfera de terror crea­da por las breves estrofas, cada una de las cuales es una tragedia narrada en pocas palabras.

G. Hankiss

El Improvisador, Hans Christian Andersen

[Invprovisatoren]. Es la más famosa de las cinco novelas del escritor danés Hans Christian Andersen (1805-1875), publicada en 1835. El protago­nista, Antonio, es un muchacho italiano que posee el don de poetizar improvisando. Por esta razón, encuentra quien se encarga de su educación, lo saca de la miseria y lo hace estudiar. Más tarde va de aventura en aven­tura, unas pasionales, otras novelescas. El improvisador es una historia parcialmente autobiográfica (el propio título procede del hecho de que J. L. Heibert había llamado de esta manera a Andersen), contada en es­tilo imaginativo y fabuloso. En conjunto, es uno de los libros más representativos de cómo los románticos extranjeros vieron Ita­lia, llena de ruinas, cantos y mascaradas, además del Vesubio humeante, de los cas­tillos y del vino en las alegres tabernas de las orillas del Tíber.

G. Puccini