Improperios, Giovanni Pierluigi da Palestrina

[Improperi]. Célebre com­posición musical de Giovanni Pierluigi da Palestrina (15259-1594) sobre el texto latino de las «Antífonas» y «Responsorios» del Viernes Santo; texto de inspiración bíblica, sin duda derivado del apócrifo de Esdras (v.) que expresa los improperios del Señor a los judíos: «Oh pueblo mío, ¿qué has he­cho? ¿En qué te he contristado? Respóndeme. Porque te saqué fuera de la tierra de Egipto, preparaste la cruz a tu Salvador» («Populus meus, quid feci tibi? aut in quo contristavi te? responde mihi. Quia eduxi te de terra Aegypti parasti crucem Salvatori tuo»), etc. Compuestos para la Capilla Julia de Roma, de la cual era maestro Pa­lestrina, allí fueron ejecutados por primera vez el Viernes Santo de 1573; los Imprope­rios se conservan, junto con parte de las Lamentaciones (v.) y con otras piezas, en el único autógrafo que nos queda de Palestrina, el famoso «Códice 59» del archivo lateranense. Existe también otra versión de la obra, aunque diferente y más extensa. Ambas quedaron inéditas a la muerte del autor, y se publicaron póstumamente mu­chas veces.

Su más feliz reproducción la tuvieron en la edición completa de las obras de Palestrina por Franz Xavier Haberl (vol. 31, . Leipzig, 1892). Entre las innumerables obras maestras del autor, ésta ocupa en cier­to modo un puesto único, dado su carácter particular: es de aquellas que producen el efecto más impresionante en la audición, efecto que no suele percibirse en la simple lectura, por la sorprendente simplicidad de líneas, que a primera vista puede parecer pobreza de medios. En ella, en lugar de la compleja escritura polifónica propia de la música sacra del siglo XVI, en la que las voces de continuo se entrecruzan y se enla­zan en libres volutas, con movimiento vario e independiente, encontramos una simple sucesión de pocos acordes, nota contra nota (casi todos «acordes perfectos»), muchas veces repetidos, con una breve vocalización del «tenor» al fin de cada una de las breves estrofas musicales que integran la compo­sición. El conjunto vocal está constituido por dos coros a cuatro voces, que se alter­nan, y que sólo se unen de vez en cuando. El procedimiento es similar al de los «cori battenti» de la escuela veneciana (v. Mote­tes de Adriane Willaert), pero con carácter menos fastuoso y más simple.

Sin embargo, la sucesión de acordes repetidos es más bien del tipo de los llamados «falsos bor­dones», entendiendo con esto no la antigua forma polifónica usada primeramente por los ingleses, con una simple sucesión de los acor­des en tercera o en sexta, sino la así llamada en el siglo XV, en la que las voces repiten simultáneamente y con ritmo libre, muchas notas sobre una misma sílaba, a modo de un recital litúrgico a varias voces. El efecto de la composición está en parte en conexión con la función litúrgica en que se ejecuta, con la intercalación de varios «Himnos» y «Antífonas» en «canto fermo» y, además, del «Crux fidelis» compuesto por el mismo Palestrina a cuatro voces, que se halla al final del manuscrito vaticano. Pero, aparte de estos accesorios y ornamentos rituales, la esencia de la obra de arte reside natu­ralmente en la música, en los acordes des­nudos y lapidarios en los que verdadera­mente se respira un sentido de profunda solemnidad, como de profunda llamada de Dios a su pueblo pecador; estilo de áurea pureza, que recuerda la de ciertas obras maestras de arquitectura ática o florentina.

F. Fano

La Improvisación de Versalles, Molière

[L’impromptu de Versailles]. Comedia en un acto, en prosa, de Molière (Jean Baptiste Poquelin, 1622-1673), estrenada en 1663. En Versalles, en la sala del teatro, Molière debe preparar a toda prisa una representa­ción para el rey, y lo hace con gran soltura, preparando y guiando las distintas situacio­nes de sus cómicos. En ella encontramos sus ideas sobre la recitación, opuestas a la enfática de sus rivales del «Hôtel de Bourgogne», la renovada defensa de la Escuela de las mujeres (v.), la aguda condena de los malos poetas cómicos, y en particular la de Edme Boursault, que había tratado de contestar a la Crítica de la Escuela de las mujeres (v.) con el Portrait du Peintre (1663). Además de repetir el elogio de la buena comedia, nos muestra su pequeño mundo de la escena, con una libertad y una gracia no superadas por ninguno de los fa­mosos ejemplos de «comedia de cómicos».

V. Lugli

Impresiones y Paisajes, Federico García Lorca

Colección de artículos, estudios y prosas poéticas que forman el primer libro publicado por Federico García Lorca, poeta, prosista y drama­turgo español (1899-1936). Apareció en Ma­drid en 1918. Se trata de textos cortos de­dicados a Castilla y en particular a Madrid, que fueron concebidos por García Lorca durante su estancia en la capital española en un viaje de estudios realizado con otros compañeros suyos de la Universidad de Gra­nada, bajo la dirección de Domínguez Berrueta, profesor de Historia del Arte. Im­presiones y paisajes no es un libro capital en la obra de Federico García Lorca, pero en él se adivina ya el genio del poeta que se revelará definitivamente en su Romancero gitano (v.), genio sutil e innovador, pero alimentado por su profundo amor a su tierra natal y fiel al alma apasionada de España. La influencia de Machado y Azorín es clara, pero este pequeño retablo de cuadros vivos y plenos de color acusa su recia personalidad y no cabe juzgar severa­mente tales influencias.

Impromptus, Fryderyk Franciszek Chopin

Son tres (op. 29, op. 36 y op. 51), escritos entre 1838 y 1843, además de la Fantasía Impromptu, que Fryderyk Franciszek Chopin (1810-1849) compuso quizás en 1834 y fue publicada póstumamente como op. 66. A pesar de su título, que significa improvisaciones, presen­tan un aspecto notablemente elaborado y un refinado empleo de la armonía; de modo que se pueden definir más bien como «rápi­dos recuerdos de un momento lírico» (Valetta). El primero, op. 29, en «la bemol» está constituido por un delicado arabesco meló­dico, de expresión afectuosa y a trechos un poco lánguida, que encierra en su interior un robusto episodio en «fa mayor», con be­llas sonoridades y eficaces contrastes rítmi­cos. Más numerosos elementos componen el op. 36, en «fa sostenido mayor»; empieza con una dulce canción, muy «piano», sobre un movimiento acuñador del bajo, a dos voces; sigue un enérgico y caballeresco episodio en «re mayor», de resplandeciente sonoridad y accidentado ritmo, que luego se hace nue­vamente suave y dulce volviendo a la can­ción inicial, en «fa mayor», sobre un nuevo acompañamiento en terceras. Finalmente, un episodio de aérea ternura conduce al final, en acordes de bellas y ricas armonías. Quizás de algo menor mérito es el op. 51, en «sol bemol mayor», que acusa un poco el inquieto malestar que a veces se encuentra en las últimas composiciones de Chopin y puede parecer algo laborioso. En cambio, es una composición toda vibrante y llena de fuego y emotividad juveniles la célebre Fan­tasía Impromptu en «do sostenido menor», donde un impetuoso y dramático «presto» cierra y encuadra un «moderato cantabile» que puede contarse como una de las más suaves melodías de Chopin. Su reaparición en el bajo, con los inquietos arabescos de la mano derecha, que se van aplacando poco a poco, constituye un final de grande y poético efecto.

M. Mila

Impromptus, Franz Schubert

Ocho piezas para piano de Franz Schubert (1797-1828). Schubert, que fue uno de los más brillantes improvisadores de todos los tiempos, gustó particularmente de la forma del Impromp­tu, que le permitía dejar libre su imagina­ción. Los ocho Impromptus de los opus 90 y 142 datan de los dos últimos años de la vida del maestro vienés. Es preciso, decía, «transformar las teclas en voces cantantes y huir de la maldita interpretación a la moda, que no agrada al oído ni al alma». Tales son los consejos que legó a los vir­tuosos que deseen interpretar sus Impromp­tus tal como él quisiera haberlos escuchado. Cuatro Impromptus (opus 90);

1. ° Impromp­tu en «do menor»; un tema poderosamente rítmico se metamorfosea en una frase melódica sostenida, muy expresiva, que vuelve finalmente, en «do mayor», a la idea inicial. 2. ° Impromptu en «mi bemol»: uno de los más célebres de este cuaderno. Comienza por un a modo de improvisación de gran virtuo­sismo, que se perfila ante una frase de ritmo marcial, en «si menor». Retorno a la idea primera, coda y re exposición del tema en «si menor», que se transforma a través de una serie de hábiles modulaciones en «mi bemol». 3. ° Impromptu en «sol mayor»: obra delicada, dulce y expresiva. Canto suave sobre un acompañamiento ternario que pa­sajeramente turba una frase brutal. Pero renace la calma y el Impromptu concluye en una apoteosis de serenidad. 4. ° Im­promptu en «la bemol». Esta partitura, que goza del favor de los pianistas, comienza con rasgos rápidos y misteriosos; la frase melódica sorda en los bajos, mientras la ma­no derecha borda arabescos y reemprende finalmente el tema en movimiento más con­tenido que introduce la segunda parte de la obra en «do sostenido menor». Este final no es otra cosa que un prolongado crescendo apasionado y lírico; concluye con la re exposición del motivo inicial.

Cuatro Impromptus (opus 142): 1. ° Im­promptu en «fa menor» obra brillante y de excelente ritmo, cuya originalidad no es evidente, pero que presenta la ventaja de resumir ciertas formas del arte romántico del piano. 2. ° Impromptu en «la bemol ma­yor»: una de las más exquisitas partituras de Schubert. Graciosa y tierna, es una melodía serena y simple que se desarrolla en un ritmo de tres tiempos. Luego de un trío en «re bemol» más violento y rápido, Schubert vuelve por una delicada modulación al tema principal y el Impromptu .concluye dulce y apaciblemente. 3. ° Impromptu en «si be­mol»: se trata exactamente de un tema seguido de cinco variaciones. Él tema, de dieciséis compases, se expone con expresiva simplicidad. La primera variación reempren­de el tema, apenas transformado, sobre un acompañamiento sincopado. La segunda va­riación desarrolla el tema entre un adorno de arabescos y florituras que invitan a pen­sar ya en Chopin. La tercera variación in­troduce una atmósfera lírica, casi dramá­tica, con ritmo jadeante. La cuarta variación prepara la quinta, dechado de encanto y ligereza. Los rápidos impulsos de la mano derecha se detienen brutalmente y el tema reaparece en su primitiva pureza, como el hombre que llega al final de su vida sin que nada haya podido alterar la quietud de su alma. 4. ° Impromptu en «fa menor»: es­crito en ritmo de bolero, esta partitura pue­de valorar las cualidades técnicas, el vir­tuosismo y el espíritu de un pianista.