Introducción a la Filosofía Friedrick Paulsen

[Einleitung in die Philosophie]. Obra del filósofo alemán Friedrick Paulsen (1846-1908), pu­blicada en 1892. Según Paulsen, que ha ex­perimentado el influjo del pensamiento de Fechner y de Spinoza, la filosofía es el conocimiento universal de la realidad; com­prende también las ciencias especiales, aun no siendo reducible a la totalidad de ellas. Su cometido consiste en esbozar una con­cepción del mundo que posea el máximo de probabilidad, y puede ser subdividida en tres partes: la metafísica, la teoría del conocimiento y la ética. La filosofía debe superar, ante todo, el antagonismo entre el dualismo sobrenatural, que separa cuerpo y espíritu como dos sustancias unidas sólo casualmente, y el atomismo materialista. Eliminando este antagonismo podemos llegar a una filosofía que enlaza la concepción religiosa del mundo y la explicación científica, esto es, causal, de las cosas. Como metafísico, Paulsen es idealista monista; lo real es de naturaleza psíquica, la realidad física es sólo aparente. El carácter fundamental de los fenómenos psíquicos es «la voluntad» (la palabra «voluntarismo» proviene del mismo Paulsen) en un sentido muy vasto de la palabra, que abraza también los im­pulsos inconscientes. Paulsen rechaza la teoría del efecto recíproco entre el cuerpo y el alma, y opone a ella la idea de un paralelismo universal en que Dios mismo representa la individualidad psíquica supre­ma a la que físicamente corresponde todo el universo. El concepto kantiano del «a prio­ri» es interpretado por el autor desde un punto de vista psicologicobiológico. La in­troducción a la Filosofía, elaborada en una época que se había especializado en el campo de la crítica del conocimiento, sirvió perfec­tamente para dar una idea vasta y completa de la multiplicidad de los problemas filosó­ficos.

O. Abate

Introducción a la Física Teórica, Max Planck

[Einführung in die theoretische physik]. Obra del físico alemán Max Planck (1858-1947). Cada uno de los cinco volúmenes que constituyen la obra ha sido publicado por separado (1916-1930), y cada uno de ellos, lejos de ser una introducción, constituye por sí mismo un verdadero tratado de las más modernas cuestiones de las ciencias consi­deradas. El título de los trabajos es, respec­tivamente:

  1. Introducción a la mecánica general [Einführung in die allgemeine Mechanik, 1916];
  2. Introducción a la me­cánica de los cuerpos deformables [Einfüh­rung in die Mechanik deformierbarer Körper, 1919]
  3.  — Introducción a la teoría de la electricidad y el magnetismo [Einfüh­rung in die Theorie der Elektrizität und des Magnetismus, 1929];
  4. Introducción a la óptica teórica [Einführung in die theore­tische Optik, 1927];
  5. Introducción a la teoría del calor [Einführung in die Wärmelehre, 1930].

En conjunto, trata de exponer cuestiones esenciales; así, el primer volumen estudia la mecánica bajo un punto de vista material y expone luego un sistema de puntos materiales (estáticos y dinámi­cos); el segundo es esencial para la com­prensión de los problemas relacionados con la elasticidad; en el tercero, tras el enuncia­do inicial de las ecuaciones generales del campo electromagnético, expone los estados estáticos y estacionarios y los procesos casi estacionarios en las corrientes cerradas y en las corrientes abiertas y los procesos di­námicos de los cuerpos en reposo y en mo­vimiento. Las tres cuartas partes del cuarto volumen tratan de la óptica de los cuerpos isótopos homogéneos, la óptica cristalina y, finalmente, de la dispersión de los cuerpos isótopos en relación con la mecánica quántica. En el quinto y último volumen se estu­dia, después de la termodinámica propia­mente dicha y de la teoría de las radiacio­nes, la teoría de los «quanta» desde el punto de vista estático y lo de ella derivado para la teoría del calor.

Introducción a la Filosofía, Antonio Rosmini

[Introduzione alla Filosofia]. Con este título y con el subtítulo de «Obras varias» [«Opere varié»] Antonio Rosmini (1797-1855) reunió en un volumen único (1850), que había de ser el primero de una edición de sus obras completas, no continuada después, una se­rie de escritos publicados ya mucho antes, sobre cuestiones preliminares de filosofía, ensayos de crítica y una síntesis de su propio sistema filosófico (escrito para la Historia Universal, v., de Cesare Cantü). Estos en­sayos van precedidos de un nuevo escrito, el más largo de todos, «Discurso de los estu­dios del autor», que por su tema y por su originalidad es el escrito al cual se refiere propiamente el título del volumen. En este «Discurso», después de haber expuesto los fines de su doctrina (que son cuatro: com­batir los errores, reducir la verdad a sistema, proporcionar una base filosófica a todas las ciencias y dar una filosofía nueva a la teología católica) Rosmini pasa a exponer su propio método. Este consta de dos puntos fundamentales: libertad de la investigación filosófica, admitida por la misma Iglesia, libertad que, sin embargo, no puede signi­ficar desacuerdo entre fe y filosofía, y de­ducción de la filosofía de una primera ver­dad cognoscible por intuición. Rosmini pasa después a señalar, como cometido de su propia filosofía, la conciliación, no ecléctica, sino crítica, de los sistemas filosóficos, y llega a la conclusión de que todos los siste­mas que lo son verdaderamente coinciden en las verdades capitales. Este estudio ter­mina tratando de la relación entre filosofía y sabiduría; la verdadera filosofía es, como sostenía Platón, preparadora de la sabidu­ría, y esta sabiduría no es solamente cono­cimiento, sino acción. Hay, por lo tanto, un vínculo indisoluble entre filosofía y sa­biduría.

E. Alpino

Intimidades, François Coppée

[Intimités]. Segunda co­lección poética de François Coppée (1842- 1908), publicada en 1868. Coppée nos con­fía aquí una página secreta de su corazón: en versos llanos agrupados en dieciséis bre­ves capítulos nos da la descripción minu­ciosa y casi pedestre de una pasión juvenil; las mil naderías de que está entretejida la historia de este frágil amor: una sonrisa, una flor, una riña de enamorados, un en­cuentro inesperado y finalmente la ruptura, son expresados por el poeta con conmovida sensibilidad. Ésta y los comunes pormeno­res de la pequeña vida cotidiana, muestran al poeta desprendido de los preciosismos del Parnaso, por una inspiración más suya, mo­destamente burguesa.

G. Alloisio

Una sensualidad fina y lánguida, algo en­fermiza. (Lemaitre)

Introducción a la Filosofía, Johann Friedrich Herbart

[Lehrbuch zur Einleitung in die Philosophie]. Obra de Johann Friedrich Herbart (1776-1841), publicada en 1813. «El idealis­mo se configura siempre según el realismo que encuentra. Intenta derribarlo. Entonces se ve si ese realismo es lo bastante débil para dejarse derribar o no».

Estas palabras de Herbart podrían ser históricamente in­vertidas para establecer el intento de su obra, que era precisamente el derribar las oposiciones idealistas al kantismo, y, por lo tanto, la obra romántica de Fichte, Schelling y Hegel, por medio de un realismo, como él llamó a su filosofía, que superase el punto central del idealismo, la reduc­ción del mundo a la construcción del sujeto trascendental. El realismo de Herbart más que una metafísica es un hábito mental, como resulta de la primera parte de esta obra, de la que puede más propiamente de­cirse que responde a su título: una intro­ducción a la filosofía. La marcha de la obra es llana, clara, progresiva; Herbart se so­mete de buen grado a su propósito, que es el de conducir lentamente la mentalidad común al nivel de teoricidad objetiva de los problemas. A ésta se llega desde cual­quier esfera de experiencia científica, pues­to que la filosofía es integración de los con­ceptos proporcionados por las ciencias, a menudo contradictorios en sí mismos. Aquí se muestra ya el doble carácter intelectualista y realista de la filosofía herbartiana; intelectualista porque para él la filosofía no trabaja directamente sobre la experiencia del espíritu, sino sobre un resultado de ésta, que es el de las ciencias especiales (gramá­tica, filosofía, historia, biología, matemáticas); realista, porque Herbart cree en la realidad definitiva de la unificación e in­tegración operada por la filosofía; respecto a los conceptos de las ciencias y a su «vuel­co», que tiende a eliminar la contradicción, «la filosofía no habrá cumplido su misión mientras no haya conducido estos vuelcos a un término necesario en que la reflexión se aquiete».

En cuanto al carácter polémico del realismo herbartiano es destacadísimo en las primeras partes de la obra, dirigidas explícitamente contra Fichte (no hay para Herbart cosa más peligrosa y necia que la reflexión «vuelta en toda ocasión sobre sí misma, como si en el yo se hubiera des­envuelto todo… Todos estos embrollos re­sultan ser falta de conocimiento de lo que hay que hacer en la filosofía») y contra Schelling («es absolutamente un abuso del vocablo hablar de filosofía intuitiva; no hay más filosofía que la que procede de la reflexión, esto es, de la comprensión de los conceptos»). Como introducción a la filoso­fía, esta obra procede escolásticamente, por definiciones y subdivisiones, de la materia; lo más notable de ella es la separación de una esfera de los valores de lo bello y de lo bueno que Herbart reúne bajo el nombre general de estética. El arte y la moralidad se distinguen del conocer por la añadidura de una valoración de aceptabilidad positiva o de censurabilidad. El proceso por el cual Herbart conduce la mentalidad común a la filosofía es el clásico de la duda metó­dica: de un escepticismo todavía elemental a otro superior, que lleva a la duda acerca del valor del conocimiento sensible y con­ceptual. Alcanzado de este modo el nivel crítico, Herbart emprende el examen de las varias ramas en que está dividido el saber filosófico, o sea, sucesivamente, la lógica, que es para él todavía la clásica, con su instrumental silogístico y sus relaciones pre­establecidas de conceptos (disyunción, coor­dinación, subordinación), y la estética, como esfera de valores de lo bello y de lo bueno.

Aquí lo más notable es la crítica de la moral kantiana (de la cual Herbart pone en tela .de juicio que el «primun» de la moralidad sea el deber) y la deducción de los elemen­tos morales: libertad interior, perfección, benevolencia y malevolencia, derecho, equi­dad (premio y castigo): ideas que pueden constituir en su conjunto esa «apacible guía de la que tan a menudo habla Platón, pero no verdaderamente la constricción vio­lenta a la cual, después de los imperativos categóricos de Kant, se está tan acostum­brado»; mientras que los conceptos en torno al arte, si bien van a parar a una disolución psicológica de algunos géneros artísticos, no proceden, sin embargo, de un principio es­peculativo propio. La metafísica es la parte más conocida de su obra: consiste en un estático pluralismo de sustancias en sí in­cognoscibles, actuando y reaccionando entre sí; es importante el párrafo 129, por su crítica del concepto de devenir; cierra la exposición de la metafísica una «perspec­tiva enciclopédica de la psicología» cargada de aquel matematicismo que, si bien es el vicio fundamental de la filosofía herbartiana, también es la razón de su fortuna, es­pecialmente en la cultura austríaca, donde precisamente dos herbartianos, Menger y Riemann, han aplicado el abstractismo del maestro a los estudios económicos y ma­temáticos.

U. Segre