Invectivas, Wolfgang Goethe

[Invektiven]. Poesías satí­ricas de Wolfgang Goethe (1749-1832) con­fiadas a Riemer y a Eckermann para su publicación, que se efectuó póstumamente en el volumen Poesías (v.) de la edición de Weimar. Dado el tono polémico, personal y rencoroso de estos versos, es comprensible que Goethe no quisiera imprimirlos a me­dida que brotaban de su indignación. Repre­sentan un desahogo del alma dirigido sobre todo contra los dos o tres literatos que gozaban de la mayor benevolencia del pú­blico de la época, estropeándole el buen gusto y secundando los defectos de la mediocridad rutinaria. Los más atacados por Goethe fueron Kotzebue y Bottiger, a los cuales se unió luego Merkel, quien, con Kot­zebue, dirigía la revista «Der Freimutige». Después del asesinato de Kotzebue en 1819, que muchos creyeron de carácter político, Goethe se revuelve contra esta interpreta­ción, pareciéndole acaso que era demasiado honroso para su viejo enemigo ser tenido por víctima, aunque involuntaria, de una idea. Estas invectivas, que fueron el des­ahogo de los momentos de ira del poeta, muestran como hasta en la polémica per­sonal Goethe — aun cediendo a impulsos momentáneos — está impulsado por el ins­tinto de llevar la polémica a un plano ideal. Con todo, el interés de estos versos es espe­cialmente documental, por cuanto arrojan algo de luz sobre la vida literaria de su tiempo.

G. F. Ajroldi

Invectiva Contra los Pontífices Romanos, Antonio Paleario

[Actio in Pontífices romanos]. Obra latina del humanista y reformador Antonio Paleario (1503-1570); compuesta casi por completo en 1536, había permane­cido desconocida hasta fines del siglo XVI; publicada por primera vez en Leipzig en 1606, fue reimpresa y traducida varias veces. Es uno de los documentos más significativos del movimiento reformador italiano, y, a través de los influjos de las corrientes evan­gélicas de Lutero y de Melanchton, revela una actitud polémica muy sistemática. Con ocasión del anunciado Concilio de Mantua y después del de Trento, Paleario aboga por la necesidad de un concilio verdaderamente universal y libre, donde los espíritus de los fieles puedan abrirse a la expresión de su real sentimiento religioso. En tal ocasión se deplorarían en voz alta los males del papado que, durante tantos siglos, había concul­cado, al decir de Paleario, la serena mani­festación de las creencias religiosas.

Con violencia de palabras verdaderamente ex­cepcional, Paleario combate bajo todas sus formas las intromisiones del Papado en las cuestiones temporales, como el abandono de la piedad y de la fe, la acogida hecha a creencias y a usos de otras gentes hasta el punto de desnaturalizar el significado de la Buena Nueva. En esta lucha contra los principios de autoridad y de jerarquía re­presentados por la Iglesia, Paleario llega a mostrar algunas características históricas de la institución secular, pero, al mismo tiem­po, señala los males del catolicismo con observaciones que revelan más interés de jurista que sentimiento de creyente. En las ideas del Cristianismo y en la práctica de su culto han penetrado ceremonias y prin­cipios dogmáticos predicados por falsos apóstoles, y contaminados con los verdade­ros de Jesús. De aquí deriva una serie de males por los que el Papado, que cree legis­lar en nombre del Salvador y en virtud de su antigua tradición, no hace sino repetir errores e iniquidades. Esta actitud erudita atenúa la acritud de la requisitoria; pero también pone de relieve su carácter jurí­dico, más que otra cosa, ligado a un aspecto particular de la polémica de los reforma­dores italianos contra la autoridad del Pa­pado, y casi independientemente del inte­rés inmediato por los problemas de la fe.

C. Cordié

Invectivas, Paul Verlaine

[Invectives]. Colección de poemas de Paul Verlaine (1844-1896), edi­tada en 1896. Comienza con un prólogo en verso en el que Verlaine lanza al mundo un amargo desafío, advirtiéndole que, por primera vez, él confía a la poesía una inten­ción precisa: saciar su resentimiento. Cada poema es un acto de condena relativo a un gran número de personas que él ha cono­cido. En el poema titulado «Littérature» son éstas los «Buenos camaradas de la prensa/ y también los de la Poesía/flores de mofa y de bajeza…»; esos cofrades que son los «malos hermanos» — así les llama él — son objeto de una fuerte invectiva. Su amor a su villa de Metz le inspira un violento poema contra «la clase artística que se mofa de la patria». Vienen luego sus invectivas lanza­das contra «Monsieur le Docteur Grand M…, interno de los hospitales», y contra ciertos magistrados, obispos, editores, mecenas y escritores, tal es por ejemplo Edouard Rod, que había cometido la imperdonable falta de tratar a Verlaine de «buen escritor, pero terrible sinvergüenza» y que es a su vez calificado así: «Es un escritor como se es en Suiza/Es un profesor, como pueda serlo un celador/Es elegante como una salchicha/Es obstinado, tanto como… un escor­pión».

La mayoría de los poemas son hasta este punto satíricos y groseros, pero con un aspecto infantil e ingenuo que les hace parecer tonadas o rondas de niños traviesos; sirva de ejemplo aquel destinado a Moréas: «Se dice que soy un asalariado, /es esto lo que Moréas me envía. /Pues bien, soy un asalariado ¡ay de mí! /Es esto lo que me envía Moréas». A veces, cuando Verlaine considera sus penas profundas, interiores, sólo suyas, cuando sus versos abandonan su intención crítica y buscan una inspiración menos externa, entonces se encuentra la poesía en estado de pureza, aquella poesía de sus otras obras, desconcertante entre todas.

El Invalido Loco del Fuerte Ratonneau, Ludwig Archim von Arnim

[Der tolle Invalide vom Fort Ratonneau]. Narración de Ludwig Archim von Arnim (1781-1831), publicado en 1818. En la época de las guerras napoleónicas y en la guarnición mandada por el viejo Darande, inválido y apasionado por los fuegos de artificio, está el sargento Francoeur, al que una antigua herida en la cabeza condu­ce lentamente a la locura. Su mujer, Rosalía, que se casó contra la voluntad de la madre, convencida de que la maldición de ésta ha caído sobre la cabeza del marido, en lugar de caer sobre la suya, pide ayuda a Darande y envían al sargento a custodiar el fuerte de Ratonneau. Allá se entera el sar­gento del coloquio secreto de su mujer con el capitán, y, pensando que entre los dos hay algo de por medio, en un acceso de locura declara la guerra a Darande. El fuerte resuena con los cañonazos y deslum­bra de fuego, nadie se atreve a acercarse al enajenado que sólo se calma cuando ve avanzar hacia él, sacrificándose, a Rosalía. Como ocurre siempre en Arnim, a pesar de toda la fantástica construcción de espíritus y de demonios, termina en un sano rea­lismo, porque el autor es una naturaleza más histórica que romántica, en el sentido de Tieck y de Brentano, y, como dice Gundolf, «no cree en los demonios y en los espíritus, sino en la creencia en demonios y en espíritus».

G. F. Ajroldi

Las Invasiones Barbaras en Italia, Pasquale Villari

[Le invasioni barbariche in Italia]. Obra histórica de Pasquale Villari (1826- 1917), publicada en 1901 y comúnmente te­nida por su obra maestra. En ella Villari puso, sobre todo, en práctica los principios por él afirmados años antes, no sin intentos polémicos, contra las exageraciones inter­pretativas y nacionalistas de la historiogra­fía: la necesidad primero de aspirar a una presentación objetiva de los acontecimientos «en su lógica sucesión y lógica concepción, sin discutir ni disertar»; y la exigencia de estudiar la historia de Italia en íntima rela­ción con la de Europa. Las invasiones bár­baras desde Odoacro hasta la disolución del reino lombardo ofrecen así la ventaja de presentar los complejos motivos de la caída del Imperio, por su crisis interna y por la presión de los bárbaros en los confi­nes de sus tierras. La diversa naturaleza de hunos, godos, longobardos, es aquí amplia­mente tratada con un método que abre el camino a la discusión, pero se vale de am­plias pinturas de costumbres y de figuras, e implícitamente funde el valor particular de un documento en el aspecto lineal de una narración general. Del mismo modo los contactos con el mundo bizantino y la en­trada de los francos y Carlomagno al esce­nario itálico son vistos pintorescamente.

Y aquí asoma el elemento menos sólido de la obra y la posición de Villari al mismo tiem­po, puesto que, procediendo cautamente de capítulo en capítulo en sus lúcidas y cui­dadosas descripciones, acaba a menudo por olvidar la exigencia de un pensamiento nuevo que reavive su materia y por des­cuidar la valoración de los motivos espi­rituales profundos que están en la raíz de los fenómenos históricos presentados con tan persuasiva evidencia. Esto no impide que tanto por la amplitud de sus investiga­ciones- y por la perspicaz sistematización general de la materia, como también por la eficacia de la exposición, esta obra haya sido justamente considerada en su tiempo como ejemplar. El propio autor dio una continuación a su historia con un segundo libro — La Italia de Carlomagno a la muer­te de Enrique VII [L’Italia da Cario Magno alia morte di Anrigo VII] —, de valor algo inferior al. primero.

C. Cordié