Léxico, Focio

Es uno de los frutos de la múltiple actividad de Focio (h. 820-h. 891), el ingenio más bri­llante de la cultura bizantina, el que en su vida supo colmar los vacíos creados por el período de oscurantismo que se había producido en los siglos más tenebrosos de la Edad Media bizantina — el período de los iconoclastas — y dio tanto impulso al estudio de la cultura clásica que hace pensar en su época como en una especie de Rena­cimiento bizantino.

Precisamente el Léxico es, juntamente con la Biblioteca (v.). la obra que especialmente facilitó el estudio de la antigüedad clásica. Como la Biblio­teca, es una obra de compilación, de la que se duda si es totalmente debida al gran pa­triarca de Constantinopla o si más bien fue redactada por sus discípulos, bajo su direc­ción y guía. Es asimismo difícil determinar a qué período de su vida pertenece; es probable que deba situarse no en los años de juventud de Focio, como antiguamente se creía, sino en su madurez, después de la compilación de la Biblioteca. El Léxico es una obra de consulta, un diccionario, que tiene por objeto facilitar la lectura de los autores clásicos y de los textos sagrados, dando la explicación de las palabras y locuciones que en tiempo de Focio ya no se comprendían. En un diccionario seme­jante no debe buscarse un valor de totali­dad, porque, como dice el mismo compi­lador en el prefacio, no todas las palabras requieren explicación, sino únicamente las más importantes y frecuentes. La explica­ción se funda en las fuentes empleadas por el compilador, fuentes que naturalmente no eran los mismos clásicos, sino léxicos y glo­sarios más antiguos, de los que Focio mis­mo da noticia en un pasaje de su Biblio­teca.

La obra, pues, aunque no esté redac­tada científicamente, es de gran importancia para los filólogos clásicos, ya que por su medio pueden alcanzar los frutos de la actividad filológica y exegética de los más antiguos gramáticos, en gran parte perdida para nosotros.

S. Impellizzeri

Leonarda, Bjørnstjerne Bjønson

Drama en cuatro actos del lau­reado escritor noruego Bjørnstjerne Bjønson (1832-1910), publicado en 1879. En una pe­queña ciudad de Noruega, una señora divor­ciada, Leonarda Falk, vive con su sobrina Ágát. No frecuenta la iglesia, pero en cam­bio recibe a menudo visitas y monta a ca­ballo en compañía del general Rosen, ex­combatiente de la guerra de Secesión ame­ricana, que ahora se dedica con exceso a las prácticas báquicas. Hay más que de so­bra para que la señora Falk sea objeto de la maledicencia de la sociedad puritana que no quiere saber nada con ella.

El so­brino del obispo, el joven Hagbart Tallhaug, ha llegado incluso a señalarla en público como un mujer de dudosa reputa­ción. A este exceso de escrúpulo sigue un sincero arrepentimiento: el joven se ena­mora de Ágát, en una estación balnearia, y la joven le corresponde. Pero, en realidad, a través de Ágát, Hagbart ama a Leonarda. Ágát se da cuenta, y toma pie en ciertas condiciones inhumanas impuestas por el obispo para romper, en una escena violen con el joven. Mientras Ágát está fuera, Hagbart revela su apasionado amor a Leonarda, que queda a la vez aterrada y enlo­quecida. Agat vuelve y se confiesa a Leonarda: aunque le ha costado un gran dolor, ha renunciado a Hagbart. Pero Leonarda, enamorada y generosa, no puede construir su felicidad sobre la infelicidad de su sobrina. Abandonará Noruega junto con el general Rosen, que se descubre que fue su marido, y dejará todos sus bienes a Agát. «Ha vuelto el tiempo de los grandes senti­mientos», comenta la bisabuela, mientras cae el telón. Raramente Bj0mson sabe hacer callar su intensa y generosa necesi­dad de polémica, que aquí se vuelve deci­didamente contra la virtud hipócrita. Pero en rigor, la polémica es secundaria.

Leo­narda es el drama de la generosidad. Es generoso Hagbart en su arrepentimiento; generosa Ágát en su renuncia, y más ge­nerosa que ninguno la señora Falk. Los puntos de contacto con la Batalla de da­mas (v.) de Scribe, de la cual deriva la situación son, por lo tanto, extrínsecos. El epílogo no gustó al público; el propio Bjønson pensó en un desenlace distinto. Pero no modificó nada. Haciendo casar a Leo­narda con Hagbart habría sin duda satis­fecho a numerosos lectores y espectadores, pero habría estropeado su drama, que consiste precisamente en la lucha por la generosidad y en su victoria no sólo sobre la poco caritativa mojigatería, sino sobre las pasiones, aun legítimas, y sobre la pro­pia felicidad cuando implica la desdicha del prójimo. La dolorosa renuncia es el necesario precio de la magnanimidad de Leonarda. [Trad. española de Gregorio Mar­tínez Sierra (Madrid, 1919)1. Y. Santoli

En los dramas de Bjønson los persona­jes femeninos competen por superarse en virtud y generosidad, y en Leonarda el ideal pasea exactamente en carne y hueso. (G. Brandes)

Lenz, Georg Büchner

Fragmento de una narración del joven poeta Georg Büchner (1813-1837), una de las figuras más luminosas de la lite­ratura alemana, que con sólo cuatro obras conquistó una posición de primer plano en­tre los escritores del siglo XIX, por la evi­dencia casi visionaria de sus personajes y el vigor de sus composiciones. En esta única narración que nos ha dejado se propuso evocar el trágico fin del amigo de juventud de Goethe y gran poeta del «Sturm und Drang» (v.) Reinhold Lenz (1751-1792), muerto loco. En una prosa lúcida y obsesio­nante Büchner describe el gradual hundi­miento de Lenz en un abismo de irrealidad, tormento y dolor, mientras busca desespe­radamente agarrarse al último destello de razón que le queda y luchar contra esta gradual disolución. Los cuidados paternales del pastor Oberlin nada pueden contra la irrupción de las fuerzas de la naturaleza y Lenz acaba por sucumbir. Büchner tuvo ocasión de ver los apuntes tomados por el pastor Oberlin durante la estancia de Lenz en su casa, y sobre ellos se basó fun­damentalmente. El relato había sido escrito para publicarse en la revista proyectada por Karl Gutzkow, la «Deutsche Revue», ór­gano de la «Joven alemania», pero esta revista fue prohibida, y Büchner no se preo­cupó de dar los últimos toques a su tra­bajo, que quedó inacabado. Gutzkow lo publicó después de la muerte del escritor en el «Telegraph» sin cambiar nada, en 1839. Y posteriormente fue incluido en las obras completas editadas por el hermano de Büchner, Luis, en 1840.

C. Gundolf

Sobre la Lengua y Sabiduría de los Indios, Friedrich von Schlegel

[über die Sprache und Weis- heit der Indier]. Ensayo de Friedrich von Schlegel (1772-1829), aparecido en Heidel- berg en 1808. La intención de la obra es difundir entre los alemanes el amor por el estudio del sánscrito, poniendo los ci­mientos al mismo. Schlegel augura un nue­vo renacimiento mediante un retorno a las fuentes originales de toda poesía y de todo lenguaje.

El volumen se divide en dos partes : la primera es teórica y la segunda ejemplificadora. La primera se subdivide en tres libros, de los que el primero trata de la lengua india en sí, de su morfología y de su afinidad con las demás lenguas euro­peas y asiáticas. En el segundo, de la filo­sofía, que sirve de base a todas las mito­logías indias y afines y se compendia en las doctrinas de la metempsícosis y del origen, de donde arrancan varias corrientes que de un fatalismo cosmológico llevan a la doctrina de la luz y de los dos principios, así como a los misterios relativos por él creados, que engendraron las castas y que en el budismo desembocan en una especie de panteísmo. El tercer libro trata de la «idea histórica», y en él Schlegel deriva la poesía de la fábula oriental, «unión de arrojo gigantesco y de dulzura». Sostiene que del estudio filológico y de la literatura de los diversos- países sabe deducir el fenó­meno migratorio de los pueblos y su estable­cimiento en colonias. Pasa luego a realizar un estudio de la filosofía y de las religiones orientales, en relación con la Biblia.

Sigue un apéndice con la traducción del primer capítulo del Ramayana (v.), del primer libro del Código de Manu (v. Manavadharmasastra), de algunos fragmentos del Bhagavadgita (v.) y de la historia de sakuntala (v. Abhijñdnasákuntala). Esta obra es fruto de los estudios de sánscrito que el autor rea­lizó en París con Alejandro Hamilton y contiene algunas ideas de gran alcance, so­bre todo los argumentos filologicofilosóficos que, más tarde, desarrolló científica­mente su hermano Augusto Wilhelm, cuya fama de indiólogo será superior. En cambio, la parte doctrinal es deficiente. Este ensayo, que es importante en la historia del Roman­ticismo, lo es sobre todo en cuanto evasión hacia Oriente: junto con el resurgir del Catolicismo y de la Edad Media, constituye una característica del mundo romántico. El influjo de esta obra es todavía sensible en Rückert.

G. F. Ajroldi

Lengua y Cultura, Giulio Bertoni

[Lingua e cultura]. «Estudios lingüísticos» de Giulio Bertoni (1878-1942) publicados en Florencia, en 1939; cierran la «trilogía», como la llama el autor, iniciada con Lengua y pensamiento (v.), en 1932, y Lengua y poesía, en 1937. El libro quiere deducir una nueva expe­riencia crítica, afirmando que los géneros de la filología están ligados a la historia de la lengua, y que tal disciplina, erróneamente aceptada por la mayoría como eru­dición, «reivindica para sí no sólo el exa­men naturalista de la palabra, sino la crí­tica literaria». Como el investigador afirma asimismo en la introducción y en el epí­logo, hace falta distinguir perfectamente la lengua de la poesía y la lengua de la cultura. En el examen de las expresiones de los escritores y en la distinción de las dos lenguas susodichas «consiste la historia literaria, dominio indiscutible de la filo­logía». Y esta discriminación es «una ope­ración esencialmente lingüística, que requie­re una sólida preparación erudita, sin la cual no es posible la crítica artística».

Estos motivos polémicos explican que insista Ber­toni, casi con fin didáctico, sobre los prin­cipios por él formulados y progresivamente desarrollados «como una justificación de una nueva orientación filológica, debida, como es natural, a una reflexión sobre los problemas de la lengua»: lo que refleja el carácter arbitrario y a veces artificioso de las investigaciones, hasta envolver con ver­daderas tautologías el examen de la perso­nalidad poética. Ofrecen ocasión para rea­lizar ensayos particulares el latín de Roma y el problema de las lenguas románicas, la vieja y la nueva «cuestión de la lengua», la formación de la lengua italiana (desde un punto de vista bastante amplio según lo que el estudioso de los temas de legislación lingüística hubo de aconsejar para el lla­mado «eje Roma-Florencia»), el dialecto corso y la antigua lengua italiana y, final­mente, los reflejos de las prácticas jurídi­cas en la literatura provenzal (para lo cual la lengua de la poesía, estudiada, ante todo, como lenguaje poético y artístico, «se pres­ta asimismo a ser examinada bajo el as­pecto cultural, como lengua ligada a las ideas y costumbres de una edad determi­nada»). Son muy interesantes los escritos sobre la prosa de la Vida nueva (v.) de Dan­te; y «entre la lengua de Dante y del Pe­trarca», sobre la poesía de Ciño da Pistoia; sobre la lengua de Rabelais y las cartas de Renata de Francia.

Algunas páginas acer­ca de Muratori y Vico (erudición y filo­sofía son dos momentos del espíritu humano, necesarios para el desarrollo de una nueva metodología) y sobre la lengua en el pensamiento de De Sanctis y la lingüís­tica moderna, pretenden ser una toma de posición. En resumen, en este libro confirma Bertoni, tras largos estudios lingüísticos y literarios, el intento de desarrollar algunas premisas del idealismo italiano, especial­mente de Croce, en lo que concierne a la expresión poética, y de Gentile, con el que quiere abarcar la personalidad humana en su complejidad espiritual.

C. Cordié