Libro de Sigüenza, Gabriel Miró

Obra del gran escritor español Gabriel Miró (1879-1930), publicada en 1917. Se trata de una serie de narraciones breves basadas en impresiones y recuerdos autobiográficos. Sigüenza, el protagonista, es trasunto del propio Miró. «Este Sigüenza que aquí aparece — nos ad­vierte Miró — es el mismo que caminó tie­rras de Parcent, recogiendo el dolor de sus hombres leprosos. Sigüenza ha sido el ín­timo testimonio y aun la medida y la pa­labra de muchas emociones de mi juventud». Miró interesa más por el estilo que por la narración. En Libro de Sigüenza predomina lo descriptivo sobre lo narrativo y el am­biente sobre la acción. En el fondo no es más que una yuxtaposición de escenas donde el elemento decisivo y capital lo constituye la descripción del paisaje alican­tino. Miró es un orfebre de la descripción. Las cosas más sutiles y las más vulgares adquieren una sugestión poética muy per­sonal y refinada. Miró posee un poder de observación penetrante, detallada, minucio­sa. Su estilo, como el de Azorín, es lento, moroso.

Tiene una especial sensibilidad para los valores sensoriales. El elemento descrip­tivo constituye el eje de sus libros. Miró sabe captar toda la gama de matices del paisaje alicantino, desde los tonos rojos y grises de las tierras secas del interior hasta el azul intenso de la costa levantina. Miró es uno de los autores más encariñados con el procedimiento de utilizar datos inéditos como los del tacto y del olor. Hay en sus obras una magia de las palabras en sus enlaces originales, en las abundantes metá­foras, en el léxico rico y jugoso y en la adjetivación muy original. Su temperamen­to melancólico y su aguda sensibilidad humanizan las cosas, transfiriéndoles su pro­pia emoción. Por eso ha dicho Salinas que su paisaje es ante todo «un paisaje pro­fundamente humano… Los caminos andan, las aguas sueñan y un enorme soplo barroco, un soplo de voluntad y de vida, estremece todas las líneas de la Naturaleza». Miró está en la línea de los grandes escritores que escriben bellamente con esfuerzo y artificio. Se le transparenta el honrado trabajo y no lo oculta. En las obras de Miró hay bas­tante de preciosismo, de exceso en el re­pujar, de delectación morosa de la forma. Pero a pesar de todo es él uno de los supremos artífices del idioma.

J. M.a Pandolfi