El Maestro, Roger Ascham

[The Scholemaster]. Obra póstuma (1570) del escritor inglés Roger Ascham (1515-1568), preceptor de la prin­cesa Isabel. Originada en una discusión que se suscitó durante una comida con el mi­nistro Guillermo Cecil, en 1563, mientras la Corte se encontraba en Windsor para escapar de la peste de Londres, es uno de los más famosos tratados pedagógicos del Renacimiento inglés.

La discusión se cen­tró en torno a los métodos educativos vi­gentes, y la primera parte del tratado de­nuncia los defectos de la educación de en­tonces, debidos sobre todo a la dureza de la disciplina punitiva, a la incomprensión de los maestros y a la costumbre de los pa­dres de enviar sus hijos a la Corte, donde aprenden a vivir perezosamente y a entre­garse al juego. También los viajes son fuentes de corrupción, particularmente el viaje a Italia, de donde el joven vuelve con con­ceptos erróneos en cuestión de moral, de política y de religión. Ascham se apresta, sin embargo, a advertir que sus objeciones a los viajes no proceden de un desprecio «a las lenguas extranjeras, particularmente a la italiana, que, después de la griega y la latina, me gusta y amo más que nin­guna otra». La lectura puede proporcionar aquella formación que en vano se busca en los viajes. Pero los libros entonces en boga tampoco merecen su completa aproba­ción, y con palabras particularmente duras se fustiga la inmoralidad de las novelas caballerescas y de Le morte d’Arthur (v. Muerte de Artús) de Malory.

La parte prin­cipal del tratado está constituida por el «método sencillo y perfecto para enseñar a los niños a comprender, escribir y hablar en latín», para lo cual se recomienda la doble traducción. Es evidente el carácter nacionalista del tratado, escrito en inglés y para ingleses. El Maestro ocupa un lugar central entre el Gobernante de .Thomas Elvot y Eufues de Lyly: precisamente aquí encontró Lyly el nombre del héroe de sus novelas.

A. Castelli

El Maestro de Escuela, Fréderic Soulié

[Le Maxtre d’école]. Junto con las Memorias del diablo (v.), esta novela, publicada en 1839, representa lo mejor de la producción narrativa de Fréderic Soulié (1800-1847). Mientras en las citadas Memorias se explota, con inten­ción más ambiciosa, la vena ironicodramática, aquí encontramos un pleno abandono a la manera más típicamente novelesca. En Bourgoing, cerca de Grenoble, vive desde hace veinte años una pobre loca que apa­reció por la ciudad en 1793, con una hijita de cinco años, y dio a luz al poco tiempo a un niño, Bruto. Este último se ha con­vertido en un robusto joven que, a través de muchos esfuerzos, protegido por el pá­rroco, ha llegado a ser maestro de la localidad. Comparte una casita solitaria con su madre loca, que demuestra hacia él una especial repulsión, y su hermana, hermosa y egoísta, que le desprecia, mientras el jo­ven, bajo una brusca rudeza, oculta un alma buena y sensible.

Llega a una pro­piedad de los alrededores el conde de Lu­gano, ex revolucionario, con su hijo Héc­tor, vano y presuntuoso petimetre, y una dulce muchacha, Pamela van Owen, su so­brina y pupila. El conde de Lugano toma a Bruto como secretario: entre el humilde maestro de escuela y la gentil Pamela surge un idilio, mientras Héctor (prome­tido de la muchacha) encuentra manera de entablar relaciones con la ambiciosa her­mana de Bruto, Rosalía. La romántica y novelesca situación se complica más aún: a los furores de Bruto que, escarnecido por los habitantes del lugar, descubre la intri­ga de su hermana, a los desdenes despec­tivos de Héctor y al dolor de Pamela, se añade el conde de Lugano, que se dirige a la pobre casa del maestro. Pero allí, la vieja madre loca ha podido leer un capí­tulo de las «Memorias» del conde, que es­taba dictando a Bruto, y las tinieblas de su mente se han disipado: en una serie de dramáticas escenas se aclaran muchos mis­terios. El conde había sido, en 1793, en Lyon, el espíritu malo de Fouché, en las atroces represiones revolucionarias; allí la marquesa de Faviéres, para salvar a su marido de la guillotina, había aceptado sus proposiciones de amor.

Pero el sacrificio había sido inútil: un trivial incidente había impedido la salvación del marqués de Fa­viéres y, una vez muerto, su mujer, enlo­quecida, había huido de Lyon con su hijita y encinta de otro hijo. Bruto es, pues, hijo del conde de Lugano. Aunque no sin difi­cultades, todo se arregla de la mejor ma­nera, con un doble matrimonio Bruto-Pa­mela y Héctor-Rosalía. La trama es ya elo­cuente por sí misma; pero el carácter del libro queda aún mejor definido por el hecho de que todos estos sucesos están narrados en doscientas páginas: con pluma intrépida y rápida, que dibuja y esboza, roza o in­siste, afronta y resuelve las situaciones más difíciles. Todas las características, las tendencias y los matices del arte narrativo del Romanticismo están en cierto modo con­centrados en esta singular y significativa novela, que imita y al mismo tiempo pre­ludia las obras más famosas de los nom­bres más dispares del siglo, desde Sué a George Sand, Balzac y Feuillet.

M. Bonfantini

El Maestro de Retórica, Luciano de Samosata

Obra didáctica de Luciano de Samosata, retor griego (120-180). Un joven desea ávidamente llegar a ser buen orador; un maestro de retórica, contemporáneo del autor — según un antiguo escoliasta se trata del neosofista Julio Pólux, autor del Ono­mástico (v.) —, le da, o por lo menos Lu­ciano así lo imagina irónicamente, consejos oportunos. Dos son los caminos — le ense­ña — para llegar a ser elocuente: uno ás­pero y difícil, neciamente preferido por los oradores antiguos como Demóstenes y Esquines; y otro mucho más sencillo, llano y agradable, que le conducirá sin fatiga a la gloria y a la felicidad. La ignorancia, la listeza, la desvergüenza y la audacia son los medios de que deberá armarse; sin preocuparse del contenido de sus discursos, deberá tener siempre a punto un buen nú­mero de palabras pedantes o raras con que confundir a su adversario. Una actitud agraciada y gentil, el mayor refinamiento en el vestir, cierto número de amigos in­fluyentes y corruptibles, le asegurarán in­faliblemente el éxito.

Al mismo tiempo que el orador contra el cual va dirigida esta sátira, Luciano zahiere con ella toda la corrupta y afectada oratoria de su época, que consistía en una gran ostentación dé palabras vanas y un inútil alarde de ele­gancia formal. La sátira está llevada con agudeza y vivacidad; bastante realista y precioso para nosotros es el cuadro de la cultura de los neosofistas contemporáneos del autor, y de sus corrompidas costumbres. [Trad. española por Federico Baráibar y Zumárraga en Obras completas, tomo III (Madrid, 1889)].

C. Schick

La Maestrilla, Sándor Bródy

[A tanitónö]. Drama del escritor húngaro Sándor Bródy (1863- 1924), representado en Budapest en 1908. Una joven maestrilla de la capital es en­viada a una escuela de pueblo. En el ce­rrado y rudo ambiente aldeano, la maestra lleva la fascinación de la ciudad. Perse­guida por el deseo de los hombres que la asedian y por el odio de las mujeres, es causa involuntaria de complicaciones y desórdenes,- y al fin, no pudiendo soportar la lucha,, abandona el pueblo. En su drama, Bródy acumula tipos insoportables de al­deanos. En cada personaje hay algún rasgo verosímil, pero ya lo es menos encontrar tantos malvados reunidos en un solo lugar. La maestrilla perseguida se gana todas las simpatías con su valerosa resistencia. El drama quiere ser también una crítica acer­ba de la sociedad provinciana húngara: so­bre todo en la escena de la lección en la escuela popular, las alusiones críticas a la situación política y social de la época re­sultan bastante vivas. La intención del au­tor de colocar al público ante esta sociedad y de hacerle simpática la maestrilla, está plenamente conseguida.

M. Benedek

La Maestra Normal, Manuel Gálvez

Novela rea­lista del escritor argentino Manuel Gálvez (n. 1882). Publicada en 1914, con. ella ini­ció el autor la larga serie de sus narraciones novelescas, en las que ha representado di­ferentes aspectos de la sociedad contem­poránea (El mal metafísico, La sombra del convento, Nacha Regules, La pampa y su pasión, La tragedia de un hombre fuerte, etc., además de los ciclos de las novelas históricas). La acción transcurre en la ciu­dad de La Rioja. Solís, maestro de escuela, se traslada de Buenos Aires a esa provin­cia en busca del clima y descanso necesa­rios para reponerse de la vida febril y des­ordenada que llevó en la ciudad porteña. Conoce a Raselda, «la maestra normal», y nace entre ellos un amorío que concluye con la deshonra de Raselda y su abandono por Solís. Intrigas secundarias se enlazan con la acción principal, siendo muchos los personajes episódicos.

El paisaje es descrito con color y simpatía, pero la sociedad pro­vinciana, animada por pequeñas pasiones y representada por seres odiosos, inferiores o ridículos, resulta mezquina y .antipática, si se exceptúa la noble y melancólica fi­gura de Raselda. Además de la prolijidad naturalista en las descripciones, le fue re­prochada a la novela, en la fecha de su aparición, su espíritu tendencioso, pues planteaba el problema de la educación en el interior del país, con enconada censura de la enseñanza llamada normalista. La maes­tra normal es obra representativa de la segunda época del realismo en el Río de la Plata.

R. F. Giusti