Manual Histórico de Política Extranjera, Émile Bourgeois

[Manuel historique de poli­tique étrangère]. Obra de Émile Bourgeois (1857-1939), publicada de 1893 a 1920 en cuatro volúmenes: «Los Orígenes» (1610- 1789), «Las Revoluciones» (1789-1830), «Los tiempos presentes» (1830-1878), «La política mundial» (1878-1919).

El libro quiere ser un manual de educación civil, para fomen­tar la conciencia de los intereses nacionales y de las cuestiones de su vida política. Pero, aunque se refiera particularmente a Francia, el tratado da un cuadro íntegro de las relaciones internacionales entre todas las potencias modernas. El autor ve en la historia europea anterior a la revolución francesa el contraste entre los residuos de la tendencia medieval de llegar a una uni­dad basada en la fe, y las nuevas tenden­cias hacia la emancipación de los indivi­duos y de las naciones. A fines del siglo XVIII, los gobiernos, soberanos en religión y política, no siguieron más regla de con­ducta que los propios intereses y ambiciones y la razón de Estado, disputándose lo mis­mo los territorios europeos que los dominios coloniales en los nuevos mundos abiertos a su expansión. Pero debido al cambio de las condiciones europeas desde Richelieu, que había hecho fracasar el plan de dominación católica universal de los Habsburgo, Fran­cia no atendió debidamente al cambio ocu­rrido y, mientras surgen muchísimas situa­ciones y cuestiones nuevas, debidas al des­arrollo de alemania, al avance de Rusia en Oriente en detrimento de Suecia, Po­lonia y Turquía, así como el predominio marítimo inglés, ella persiste en una dañosa política de hegemonía continental dirigida contra el Imperio, ya declinante.

Ésta es también la política de la Francia revolu­cionaria, pese al programa de justicia para los pueblos proclamado por ella, de modo que los movimientos nacionales de Bélgica, Italia y alemania, nacen más bien de la reacción contra ella que debido a su in­fluencia y siguiendo su dirección. La con­quista napoleónica provoca, sin embargo, un sistema de equilibrio que se convierte en garantía de paz con la Santa Alianza y el principio de no intervención, aunque la aparente unión ideal contra la Revolución sólo fuese una máscara puesta sobre los intereses y rivalidades europeas. Las anti­guas aspiraciones francesas resurgieron con las sucesivas revoluciones, y sólo mediante ellas Francia pareció alimentar idealmente los movimientos nacionales, así que el triun­fo de éstos se debía al juego de las riva­lidades entre las grandes potencias. Final­mente, la derrota de 1870 permitió un nue­vo equilibrio y el beneficio de una larga paz que en realidad era sólo una tregua. Francia recobró parte de su influencia gra­cias a una acción más prudente y cons­ciente de la realidad europea.

Pero ya se dibujaba el impulso hegemónico de Ale­mania, y la paz, que dependía cada vez más de la voluntad de esta última, tomó el ca­rácter de perenne tensión armada que con­dujo a la guerra de 1914 y a la derrota alemana, con una vuelta al equilibrio y a la política de seguridad de los tratados de Versalles. Este clásico manual, pese a su finalidad de divulgación, no está escrito para un público amplio ni el estilo con­tribuye a suavizar su pesada densidad. Po­ne más bien a disposición de los competen­tes, con riqueza de datos y originalidad de interpretación, los términos de todas las modernas cuestiones internacionales, resu­miendo sus orígenes, su desarrollo, sus reiteraciones, sus interferencias, en su as­pecto práctico inmediato más que en sus profundas razones geográficas, étnicas y económicas.

P. Onnis

Manual de Ética, Henry More

[Enchiridion Ethicum). Obra filosófica de Henry More (1614- 1687), filósofo y poeta platonizante inglés; compuesta en 1667, alcanzó diversas edicio­nes, tres de ellas después de su muerte.

Contiene los rudimentos de la filosofía mo­ral, como manual para la instrucción de los principiantes (el autor era «tutor» en el «Colegio de Cristo» en Cambridge), y no pretende otra cosa sino «exponer de mane­ra clara y ordenada los elementos de la Ética, para hacer más fácilmente inteligibles los métodos de la enseñanza oficial». Tomando como máxima el ciceroniano «se­guiré la razón adonde me conduzca», More, contemporáneo y durante algún tiempo condiscípulo de Milton, adopta una actitud de reserva ante el escepticismo «metódico» de Descartes, y el entusiasmo «teosòfico» predominante en Erasmo de Rotterdam; y utiliza eclécticamente ya la filosofía pagana clásica, ya la filosofía científica coetánea. Fiel siempre a la razón, aunque aparentemente opuesta al Cristianismo, es discípulo de Platón y de Plotino, «restauradores del saber pitagórico y caldeo». La moral forma parte de la naturaleza divina, y no puede alterarse (contra el «voluntarismo» de Duns Scoto); sus leyes son absolutas, sin nece­sidad de sanción de la voluntad; su nece­sidad de ellas surge de la misma natura­leza de las cosas (autonomía).

El Manual está dominado por la idea que colorea todas las obras de More y dirigió su vida, esto es, que sólo la santidad conduce al cono­cimiento «estando bien informado por los dictados de mi conciencia, así como por los sagrados oráculos…, de que Dios reser­va sus más íntimos secretos para las almas más puras». El Manual de Ética había sido precedido y preparado por Una modesta investigación en torno al misterio de la Iniquidad (1664) y por un tratado acerca de la Inmortalidad del alma, dentro de los límites de su demostrabilidad por el conocimiento de la naturaleza y la luz de la razón (1659), y queda entre los documentos más característicos del neoplatonismo de Cambridge, cuyo espíritu se ha perpetuado a través de la poesía de Wordsworth y Shelley.

G. Pioli

Manual de Economía Política, Wilhelm Franz Philipp Holtzendorff

Basado en la práctica de los Estados eu­ropeos [Handbuch des Völkerrechts auf Grundlage europäischer Staatpraxis]. Tra­tado de derecho internacional publicado entre 1871 y 1877, bajo la dirección de Wilhelm Franz Philipp Holtzendorff (1829- 1889) y con la colaboración de otros emi­nentes juristas.

La introducción, que trata de las nociones fundamentales y de los principios metodológicos de la obra, es de Holtzendorff. El fundamento del derecho de gentes — afirma el autor — hay que buscarlo exclusivamente en el reconocimiento y acuerdo de varios Estados independien­tes sobre la existencia de normas que ellos consideran como obligatorias. Las condicio­nes para la existencia de semejante derecho son la presencia y coexistencia de una plu­ralidad de Estados, la existencia de hecho de un comercio exterior disciplinado y per­manente entre los mismos, y la voluntad de aquéllos de reconocerse recíprocamente como sujetos de derecho. En dicho sentido, derecho de gentes es el conjunto de normas «en virtud de las cuales se rigen y reali­zan los deberes y derechos de los Estados independientes que entran en relación unos con otros». La existencia de dichas relaciones no es mecánica, sino que supone una conciencia jurídica común que se basa en una cultura común: un derecho de gen­tes puede, pues, subsistir entre Estados que tengan un mismo fondo de cultura, de mo­do que los vínculos que se establezcan en­tre ellos sean reconocidos como «gratos», o sea, que respondan a un ideal común de moralidad y justicia.

El único derecho de gentes existente hoy en día es el europeo, surgido del ideal romanocristiano. El autor afirma enérgicamente el carácter positivo del derecho de gentes, observando aguda­mente que a los efectos de la positividad del derecho no es absolutamente necesaria la coacción jurídica, sino que es suficiente la obligación jurídica como tal. Además, decir que el derecho de gentes está absolutamente desprovisto de tutela no es del todo exacto, pues la tutela del derecho pue­de verificarse de diversos modos y con múl­tiples medios, el principal de los cuales es el temor a una guerra de coalición. Sin em­bargo, el autor reconoce la necesidad de un derecho de gentes natural y filosófico, que viva al lado y por encima del, positivo, sin identificarse con él. Semejante derecho natural no es un conjunto inmutable de re­glas ideales, sino un producto histórico de las exigencias racionales de la civilización, que sirve de modelo al perfeccionamiento del derecho positivo. Se trata, en substancia, de una acción circular mediante la cual de las imperfecciones del derecho po­sitivo nacen las exigencias del derecho teó­rico, que a su vez inciden en el desarrollo del primero. El principio del derecho de gentes resulta, por lo tanto, del concurso de dos fuerzas que se influyen mutuamente: cosmopolita y universal una, nacional e histórica la otra.

Reconociendo valor a una sola de ellas se cae en la abstracción del Estado universal o del Estado particular negador de la comunidad. El fin del dere­cho de gentes es precisamente equilibrar las exigencias opuestas de los citados prin­cipios. Siguen a continuación: «Las fuentes del derecho de gentes», «El desarrollo his­tórico de las relaciones internacionales has­ta la paz de Westfalia», ambas del mismo Holtzendorff; «Esbozo de una historia lite­raria de los sistemas y métodos de los derechos de gentes desde Grocio hasta nues­tros días», de Rivier: «El Estado considerado como persona internacional», «Los derechos y las obligaciones fundamentales del Esta­do», «La Constitución y los poderes públi­cos desde el punto de vista internacional», de Holtzendorff; «La situación internacional del Papa», de Geffcken; «El territorio de tierra firme de los Estados», de Holtzen­dorff; «El derecho territorial sobre ríos y la navegación internacional», de Caratheodory; «El mar territorial» y la «Alta mar», de Stoerck; «El derecho de trata y la pi­ratería» de Gareis. La última parte de la obra se ocupa de los tratados públicos, de las magistraturas internacionales y de los conflictos entre Estados.

La obra, dado su carácter de recopilación monográfica, cons­tituye la expresión más representativa de aquella tendencia positiva ecléctica a que perteneció Holtzendorff; resulta en ella cla­ra y sintomática la súbita transformación de la noción del derecho natural. Concebi­do de este modo, a decir verdad algo equí­voco, el derecho natural empieza a asumir una función nueva, tendiendo a realizar un positivismo de carácter universal, en contraste con la particularista del nacio­nalismo. De este proceso dialéctico, todavía irresoluto e incierto, aparecerá a conti­nuación, sobre todo por obra de la doctrina italiana, el nuevo derecho internacional que, sobre el fundamento de la ordenación jurídica internacional y mediante dicho concepto, efectuará la síntesis unitaria de positividad e idealidad, de objetividad y subjetividad de las relaciones jurídicas in­ternacionales.

A. Repací

Manual de la Filosofía de Epicuro, Pierre Gassendi

[Philosophiae Epicuri syntagma]. Tratado filosófico en latín de Pierre Gassendi (1592-1655), publicado en 1649; uno de los documentos fundamentales del sen­sualismo moderno. El autor, en su polé­mica contra el principio de la filosofía car­tesiana, así como contra todo residuo de aristotelismo, trata de situar en el conoci­miento sensorial la única certeza filosófica. En tal forma, haciendo hablar directamente a Epicuro sobre los más importantes pro­blema de la realidad, estructura de un modo completamente nuevo el antiguo sis­tema atomista para lo cual sigue también, predominantemente, la reelaboración poé­tica de Lucrecio. El mundo es infinito y está formado por átomos y de la unión y des­unión de éstos se originan la vida y la muerte de todas las cosas. La naturaleza tiene en sí su certeza; no vale refugiarse en la conciencia para lograr una seguridad filosófica. El mundo de las sensaciones es fundamental para alcanzar la verdad. Pues­to que el mundo está gobernado por áto­mos (que son todos iguales, excepto en su forma) es preciso tener algunas ideas fun­damentales y deducir de ellas las ideas ac­cesorias, sin perderse en disquisiciones in­útiles.

El mundo es considerado por su infinidad; el movimiento desarrolla el pen­samiento y la vida misma de todo lo crea­do. Sólo mediante el movimiento se puede explicar la transformación incesante de los átomos y, en ella, la actividad humana afir­mada en la exigencia del progreso y el perfeccionamiento. Si se sitúa la infinidad de Dios en el mismo mundo eterno e infi­nito de los átomos, se debe considerar in­dispensable que Dios existe como primer principio; que creó el mundo y lo formó liberándolo de la confusión de los átomos originarios. De tal forma, Gassendi, junto al postulado de la eternidad del mundo y de la naturaleza de los átomos, pone la exigencia de Dios y su intervención en las cosas de la criatura. Considerando además junto a un alma material, en movimiento, otra espiritual, en meditación y reposo, se justifica en el sensualismo más inmediato el problema de la fe; casi como en el pro­blema renacentista de las dos verdades: fe y ciencia. La obra de Gassendi, famosa por sus afirmaciones particulares, deforma el significado de la filosofía original de Epi­curo, sobre todo en cuanto a la interpreta­ción inmanentista que había aportado el hu­manismo italiano; precisamente porque más allá de las intenciones más sinceras, pre­senta un Epicuro cristianizado, casi una rehabilitación.

No obstante, en las dis­cusiones aisladas (sobre el conocimiento sensorial, sobre la infinidad del mundo y las propiedades de los fenómenos naturales, el sueño, la muerte y los cometas) este manual aportó en su tiempo muchas aclara­ciones vivas y precisas, a través de afirma­ciones inspiradas en el sensualismo; bastará citar las consideraciones sobre el movi­miento en relación con el pensamiento de Telesio y Campanella, para señalar la pe­culiaridad de una filosofía eminentemente polémica, que ejerció una indudable y efi­caz influencia sobre la gestación del mo­vimiento ilustracionista.

C. Cordié

Las Manos, Otakar Březina

[Ruce]. Colección de can­tos del poeta checo Otakar Březina (Václav Jebávy, 1868-1929), publicada en 1901. En esta colección puede decirse que conver­gen y encuentran su expresión definitiva, todos los motivos de la poesía de Brezina, el más grande de los poetas checos moder­nos, personalidad compleja también como filósofo y como crítico. La idea central de esta poesía es la evolución eterna, no sólo de las individualidades humanas, sino de todos los organismos y fenómenos de la vida, originada por la misteriosa voluntad divina. Esta idea, fundamentalmente mís­tica, encuentra su primera afirmación en Lejanías misteriosas, donde, sin embargo, la abstracción a que el poeta tiende, no es todavía definitiva y deberá pasar a través del profetismo de Aurora en Occidente [Svítání na Západě, 1896], la embriaguez del significado de solidaridad humana que tiene este profetismo en Vientos de los Po­los [Větry od pólu, 1897] y la experiencia de que la conciencia del dolor es el prin­cipio cósmico de la existencia, expresada en Constructores del templo [Stavitelé chrǎmu, 1899], en la que las voces de los gran­des representantes del pensamiento huma­no se funden con las de los hermanos anó­nimos, instrumentos del destino en la evo­lución de la humanidad hacia la divinidad.

En la colección Las manos todos estos mo­tivos, que pueden llamarse mesiánicos, de la génesis de una nueva humanidad en la que el amor es el instrumento cósmico de toda reconciliación y superación, encuen­tran su expresión última. En esta expre­sión, la abstracción filosófica a que parece llegar la poesía, es, sin embargo, contra­balanceada y hasta vencida por las notas que cantan la belleza de la tierra, de sus primaveras, de sus estíos y de sus invier­nos, con un arte que cada vez se hace más simple, limpio y cristalino. En un extenso cuadro abarca el poeta toda la vida de la tierra, en la que millones de brazos traba­jan para un solo fin, y de esta visión nace la de otros millones de brazos en los de­más planetas, en el cosmos. La vida es un tiempo de espera, para aquel que, elegido por el Creador, lleve a cabo la gran obra de destruir la injusticia sobre la tierra, en una visión apocalíptica que supera al pro­pio correr del tiempo. Casi hermética en buena parte, la poesía de Březina ha re­huido la popularidad; constituye, sin em­bargo, un símbolo de luminosa hermandad, de conciliación y de amor, cantados con una fuerza de inspiración y una perfección artística de absoluto valor universal. La poesía de Březina ha sido en gran parte traducida al italiano en el ensayo de E. Lo Gatto de los Estudios de literatura eslava, volumen III, Roma, 1931.

E. Lo Gatto