El Manuscrito Perdido, Gustav Freytag

[Die verlorene Handschrift]. Novela en dos tomos de Gustav Freytag (1816-1895), publicada en 1864, en la que el autor trata de profun­dizar el tema de su otra obra, Debe y haber (v.), con la representación de la vida y de la actividad de los comerciantes alemanes; además pone de manifiesto el contraste en­tre la vida de una ciudad de Corte alema­na, y la del campo. Le sirven para ello los amplios estudios que emprendió con vistas a su obra Cuadros del pasado alemán [Bilder aus deutscher Vergangenheit]. Un joven profesor de filología, anda en busca de un antiguo manuscrito de Tácito. Sus investigaciones le conducen a una granja, donde, en lugar del manuscrito, que se ha perdido, encuentra a la compañera de su vida en la graciosa hija de los dueños, Ilse. Se le aparece como el último eslabón de una larga cadena de generaciones, desde la antigua vidente alemana hasta la pietista del siglo XVIII. En la capital, la sencilla y franca hija de la naturaleza se encuentra a disgusto: el tipo de vida, el modo de pensar, la fe religiosa, todo le resulta ex­traño; pero su padre, hombre de gran cor­dura y . nobleza de alma, le predica modes­tia, renuncia y consagración al deber. En la atmósfera viciada de la Corte muchos peligros rodean a la pobre Ilse, entre ellos la pasión del mismo Príncipe, en quien Freytag quiso representar al tipo voluble y corrompido del soberano en muchos de los pequeños estados de la época. Al fin, Use encuentra la paz en su propio ambiente doméstico. La novela resulta menos origi­nal y más artificiosa que Debe y haber: la lengua, fluida y cuidada como siempre en este escritor, es quizás aquí algo amanera­da, pero hay páginas divertidas e intere­santes, a menudo iluminadas por la cordu­ra burguesa, inteligente y bondadosa, que es quizás el rasgo más vivo de la perso­nalidad artística del escritor.

C. Baseggio-E. Rosenfeld

La Manuela, Eugenio Díaz

Novela del escritor co­lombiano Eugenio Díaz (1804-1865). Es una de aquellas novelas que, escrita hacia 1858 en Colombia, refleja en su construcción y estilo las dos modalidades principales del espíritu de la época: un realismo sano, aun­que ingenuo, al lado de una trama basada en reminiscencias de la vida política con­temporánea. De aquí proceden las dos ca­racterísticas más acusadas de la obra: su descriptivismo, a veces rudo y desaliñado, y la preponderancia del problema social: explotación de la clase humilde y desva­lida por individuos más o menos poderosos económica o políticamente. La heroína, Ma­nuela, asediada con increíble constancia y perversidad por Tadeo, sufre todas las per­secuciones 4e éste antes que entregarse en sus brazos, para morir en los de su verda­dero amante, el labrador Dámaso. Sin ver­daderos caracteres, con una acción lenta que se pierde en multitud de episodios y detalles, de estilo poco correcto, aunque matizado de popularismo y expresiones di­rectas, ha Manuela de Díaz es un buen ejemplo de lo que la tendencia socializante del siglo pasado logró en el campo lite­rario al ser trasplantada a tierra america­na. Publicóse, por primera vez, fragmen­tariamente, en el periódico El Mosaico; completa, por Foción Mantilla, en 1866, y en París, por Garnier Hermanos, en 1889, en dos tomos.

F. A. Martínez

Manuel Quint, el Loco en Cristo, Gerhart Hauptmann

[Der Narr in Christo Emanuel Quint]. No­vela del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862-1946), publicada en 1910. El protagonista de la novela, el aprendiz de carpintero Manuel Quint (v.), impulsado inesperadamente por una fuerza interior, se pone a predicar siguiendo el ejemplo de Cristo. En poco tiempo una multitud de discípulos, viejos y jóvenes, cultos e in­cultos, se reúne a su alrededor, es admi­rado y adorado por unos, perseguido y bur­lado por otros. Cuando uno de sus discí­pulos le traiciona, Manuel Quint no se asombra. Quisiera expiar la culpa del trai­dor, pero es maltratado y rechazado y, al fin, abandonado por todos. Sin odio ni ren­cor sigue solo su camino, hasta que, entre las nieves de la montaña, el hielo apaga el fuego de su espíritu ardiente.

En la novela viven en torno al protagonista una multitud de personajes, captados con la facultad de minuciosa observación propia de Hauptmann, en su realidad diaria, en un escenario variadísimo de ciudades, pueblos, campos, pintados con admirable veracidad.  No queda claro hasta qué punto el pensa­miento del autor coincide con el de Manuel Quint, en quien coinciden una sabiduría meditativa y la aspiración a una alta es­piritualidad, y a quien, sin embargo, llama «el loco en Cristo». Pero es significativo que aquel mismo año Hauptmann escribie­se, con motivo de la muerte de Tolstoi: «El único, el verdadero cristiano de nuestro tiempo, ya no existe… muchos han considerado a Tolstoi como un loco. También nuestro Salvador fue considerado un loco. Tolstoi era un hombre, era un hermano nuestro». El loco en Cristo perdura, de to­dos modos, como uno de los documentos más importantes de la literatura narrativa alemana, por acercar el espíritu y el aná­lisis modernos al problema religioso y por la riqueza de elementos líricos, como pue­den encontrarse en las baladas y leyendas del romanticismo más puro.

O. S. Resnevich

Manual de Noticias Recientes

[Manual de novells ardits, conocido también con el nombre de Dietari de Vantic Consell Barceloní, llamado asimismo Llibre de Jornades]. Es un extensísimo dietario de ca­rácter municipal que abarca desde el 12 de septiembre de 1390 al 27 de abril de 1839, con notas posteriores que podían ser­vir para su continuación y que alcanzan a 1864. Hasta el 6 de diciembre de 1718 está llevado en lengua catalana y a partir de esta fecha está escrito en castellano. Como es natural, sus redactores han  sido muchos a través de los siglos, habiendo ini­ciado la redacción Jaume Claramunt, que ostentaba el cargo de racional; entre los continuadores cabe mencionar a Francesc Morató y Bernat Safont, á últimos del si­glo XIV, a Joan Oliver y Joan Mayans, en la segunda mitad del XV, a Marc Busquets en el tránsito del XV al XVI, al famoso Esteve Gilabert Bruniquer a principios del siglo XVII y a Josep Soldevila a mediados del mismo siglo. El primer objetivo per­seguido al iniciarse la redacción del Ma­nual parece haber sido el cómputo de los días de servicio ordinario o extraordinario de los oficiales o gente a sueldo de la ciu­dad de Barcelona, y por esta razón en los primeros tiempos son numerosísimas las anotaciones de salidas y llegadas de dichos funcionarios. Este objetivo, no obstante, no excluyó la consignación también abundante de otros sucesos y solemnidades, general­mente de interés local, pero también muy a menudo de notable interés general. La extensión de las anotaciones es muy diver­sa, desde una sola línea hasta varias pá­ginas, y tiene tendencia a aumentar a me­dida que va avanzando el tiempo. En 1892 se inició su edición a cargo de Lluís Gaspar, Josep Puiggarí y Alfons Damians. Se in­terrumpió dicha publicación con su volu­men XVII, que vio la luz en 1922, y al­canza hasta 4 de octubre de 1667. Agustí Duran i Sanpere dedicó a este dietario un notable estudio publicado en 1920.

M. Coll y Alentorn

Manual de Óptica Fisiológica, Hermann L. F. Helmholtz

[Handbuch der physiologischen Optik]. Obra de Hermann L. F. Helmholtz (1821- 1894), cuya primera parte fue publicada en 1856, la segunda en 1860, la tercera en dos fascículos a principios y fines del año 1866. É. Jeval y N. Th. Klein hicieron en 1867 una traducción francesa, completada con 213 figuras y un atlas de once grabados, con garantía del autor, que revisó las pruebas.

Testimonio de las actividades del genial psicólogo, físico y matemático, demostradas en campos dispares de la ciencia, esta obra, aunque tenga ya ochenta años de vida, pue­de consultarse todavía con mucho prove­cho, pues además de resumir cuanto se ha hecho en este orden de estudios, contiene muchísimas investigaciones personales del autor que contribuyen a la anatomía del ojo, a la óptica psicológica, a la dióptrica ocular y a las sensaciones y percepciones visuales, que ya confinan con el dominio de la psicología. La lectura del grueso volu­men es además agradable por las descrip­ciones y experimentos referentes al fenó­meno de la vista, y por no pocas citas his­tóricas sobre estos problemas que llamaron la atención de los filósofos de las civiliza­ciones más antiguas. Cada parte lleva ad­junta una interesante bibliografía. En la descripción anatómica del ojo, en la que se trata de determinar las propiedades óp­ticas cardinales de los distintos elementos que constituyen el órgano visual, Helmholtz aporta una contribución de notable impor­tancia, especialmente con la invención de su oftalmómetro.

La óptica fisiológica, en­tendida como estudio de las percepciones del sentido de la vista, se subdivide como sigue: I, estudio de la luz en el ojo o dióp­trica del ojo; II, estudio de las sensacio­nes del nervio óptico; III, estudio de la in­terpretación de las sensaciones visuales. Después de un sucinto resumen de las propiedades de la luz, la primera parte se inicia con una exposición de las leyes de la refracción en los sistemas constituidos por superficies esféricas, leyes que luego se aplican a la refracción de los rayos en el ojo; después de las investigaciones sobre las imágenes de difusión en la retina, pasa a hablar del mecanismo de la adaptación, de la dispersión de los colores en el ojo y de las aberraciones, de los fenómenos entópticos, de la difusión de la luz por el ojo, y de los oftalmoscopios, describiendo uno de su invención. En la segunda parte, estudia la excitación del nervio visual bajo los diversos estímulos y principalmente la producida por la luz; los colores simples, los colores compuestos, la discromatofasia, la intensidad luminosa y la fotometría, la duración de las sensaciones luminosas y el fenaquistiscopio (estroloscopio), precursor del cinematógrafo, las modificaciones de la excitabilidad y las imágenes complementa­rias, el contraste y los fenómenos subjeti­vos. En la tercera parte de las percepciones visuales, se desarrollan los siguientes te­mas: las percepciones en general, los mo­vimientos del ojo, el campo monocular de la visión, las direcciones visuales, la per­cepción en profundidad y la visión este­reoscópica, la diplopía binocular, el anta­gonismo de los campos visuales, la crítica de las teorías, etc.

El tratado termina con un índice alfabético de los asuntos y otro de los nombres propios. Toda la obra, por la agudeza y genialidad de las observacio­nes y de los experimentos personales, por la riqueza de selección de los trabajos más conocidos y por la exactitud de la exposi­ción, es una obra clásica en el vasto campo de una ciencia aplicada a cuestiones que interesan tan de cerca a la fisiología y la psicología del hombre.

P. Pagnini