Las Margaritillas, Joseph Roumanille

[Li margarideto]. Es la primera colección de versos del poeta provenzal Joseph Roumanille (1818- 1891), la cual, publicada en 1847, tiene par­ticular importancia en el desarrollo de la moderna poesía provenzal. Roumanille, en esta poesía humilde y doméstica, casi ha­blada, revela un alma delicada y sensible hasta cuando se entrega a una oleada de buen humor, sereno y espontáneo. Algunas de sus poesías, impregnadas de profunda suavidad, parecen susurradas por una voz tierna y doliente, y dan una sensación de frescor primaveral y de agradable emoción. La gentileza de pensamiento y de forma es notabilísima, si se piensa que estas pe­queñas miniaturas fueron escritas cuando el «Felibrige» (esto es, el renacimiento de la antigua lengua de los trovadores) estaba todavía lejos y la «douso parladuro de Prouvéngo», tan viva en boca de los cam­pesinos y los pastores, era tenida ya por un tosco «patois» que se podía bastardear impunemente y corromper cada vez más, porque sólo servía para las bromas grose­ras y los asuntos licenciosos. Estos espon­táneos «mensajeros de la primavera del Fe­librige» fueron los que hicieron exclamar a Frédéric Mistral, cuando de joven, los oyó recitar por primera vez de viva voz a Roumanille: «¡He aquí el alba que mi alma esperaba para despertar a la luz!»

A. Di Giovanni

Margites, Homero

Curioso poema griego atribuido a Homero, cuya paternidad parece ya puesta en duda por los gramá­ticos antiguos y del cual es protagonista el personaje de ese nombre. Por lo que cabe deducir de los escasos restos, es fruto de la fantasía popular que gusta de esculpir, en los primeros albores de la literatura, ca­racteres burlescos. Por algo Aristóteles ha­llaba en el Margites el primer ejemplo de la futura comedia. Margites es el tipo del hombre simple y sin seso, atareado y cha­pucero, que no acierta siquiera a empuñar el azadón ni sabe si los hijos nacen del pa­dre o de la madre; todo lo quiere hacer y nada termina. Representa la estupidez, la malicia y la excesiva mordacidad. Figura primitiva semejante a la del italiano Bertoldo (v.) aunque no en la agudeza. El poeta desconocido, concedió al pequeño poe­ma la dignidad del «epos» utilizando el verso hexámetro, empleando con absoluta libertad sin embargo el pie yámbico en los pasajes de mayor comicidad. La atribución a Homero no tiene consistencia: suponer su prioridad respecto a Arquíloco (siglo VII a. de C.) es ya mucho; y la figura del autor se desvanece eclipsada por la popularidad de su héroe, que por todo el mundo helé­nico pasó de generación en generación co­mo un tipo característicamente proverbial.

I. Cazzaniga

Margarita Poética, Albrecht von Eyb

Es uno de los primeros grandes manuales de retórica del humanismo alemán compilado en lengua latina en 1459 por Albrecht von Eyb (1420- 1475). Fue impreso por primera vez en 1472. Contiene también el programa del huma­nismo; la palabra «poeta» es usada en el sentido de «humanista». El cuerpo de la obra está constituido por un arte poética y oratoria acompañada de ejercicios prácticos, y citas sacadas de pensadores latinos, espe­cialmente de Plauto, de quien von Eyb tra­dujo los Meneemos (v.) y las Báquides (v.) y de Terencio, y ordenadas a modo de an­tología, por sus frases destacadas. Además de esto se encuentran muchas máximas de sabiduría poética que son comparadas a perlas engastadas en oro; de ahí su título de «Margarita» (perla). Sabemos, además, que Margarita es también el nombre de la madre del autor, a la cual evidentemente quiere rendir homenaje. La obra revela grandes conocimientos humanísticos en el autor que se propone de este modo hacer agradable e interesante la retórica. Su libro alcanzó por lo menos quince ediciones hasta 1503.

M. Pensa

Mardi, y un Viaje Más Allá, Hermán Melville

[Mardi, and a Voy age Thither]. Novela satírica del norteamericano Hermán Melville (1819- 1891), publicada en 1849. Empezada proba­blemente como un idilio feliz en los Ma­res del Sur, acabó casi convirtiéndose, bajo la pluma de Melville, en una feroz parodia de la economía de la civilización occidental y de su falso e incompleto cristianismo.

La nave «Arcturion» zarpa a la caza de ba­llenas. El protagonista del relato, cansado de la monótona vida de a bordo, huye cierta noche en una chalupa junto con un fiel marinero, Jarl. Tras una larga navega­ción llena de dificultades y sufrimientos, encuentran en el mar un bergantín en el cual sólo va un habitante de los Mares del Sur y su mujer, cristiana, únicos super­vivientes. Pero también huyen del bergan­tín y encuentran a un sacerdote de los Mares del Sur que lleva a una doncella a otra isla. El protagonista salva a la don­cella, Yillah, y mata al sacerdote. Yillah es una extraña criatura, llena de recuerdos de una nebulosa vida ultraterrena y da a la novela, en las escenas que la presentan, una atmósfera de ensueño. La navegación continúa, y Yillah, enamorada del protagonista, se convierte lentamente en criatura terrena. Los viajeros llegan a las costas de Mardi, y el protagonista, bajo el nombre de Taji, dios del Sol, se presenta a una asamblea de jefes. Éstos le creen y durante algún tiempo Taji vive una vida de paraíso terrenal. La naturaleza es estupenda y Taji, con Yillah, se retira a una islita cerca de Odo, donde hay un mundo de brutales fa­tigas, contrapunto del pequeño paraíso.

Cierto día Yillah desaparece y Taji decide buscarla por todo Mardi. Aquí empieza la parte satírica que fue comparada por su eficacia a los Viajes de Gulliver (v.) de Swift. Las islas de Mardi son Dominora (Gran Bretaña) y Vivenza (Estados Unidos de América). Melville comenta las costumbres y la vida con una frialdad cortante y en estilo bíblico, de inspirado fervor. El viaje es largo, lleno de aventuras y, más aún, de originales y nuevas observaciones sobre todas las modalidades de la civili­zación de los países conocidos por Melville; con una riqueza que a los franceses les re­cordó a Rabelais, y a los ingleses a sir Thomas Browne. Además de la sátira, hay largos pasajes poéticos, reflexiones filosófi­cas y anticipaciones sobre la filosofía y la ciencia modernas, de asombrosa clarividen­cia. Después de mucho viajar Taji llega a Serenia, donde la política sigue las leyes del Alma (Cristo).

Y aquí termina la bús­queda, no porque el protagonista encuen­tre lo que buscaba sino porque posee una cordura que, quizás, es cuanto buscaba en Mardi. Los hermanos de Yillah quieren matar a Taji; pero él no puede encontrar a Yillah, pues es prisionero de Hautia, rei­na de los sentidos, que lo quiere para sí. Los compañeros que viajaban con Taji quie­ren liberarlo, pero su suerte está ya escrita y permanecerá prisionero del pecado, de la conciencia y del remordimiento. Muchas escenas satíricas son de primer orden, como la que reproduce una sesión del Congreso de los Estados Unidos. Hay versos (de Yoomy, el poeta laureado) y vuelos poéti­cos de los mejores de Melville; quien no poseía aún la grandeza del escritor de Moby-Dick o la Ballena (v.), pero en este libro consiguió hacer una especie de estudio de los hombres y definir, quizá con excesiva copiosidad, su credo humano, filosófico y artístico.

A. Camerino

La Marfisa Bizzarra, Carlo Gozzi

Poema satí­rico en doce cantos, en octavas, de Carlo Gozzi (1720-1806), comenzado en 1761 y publicado en 1774. El poema representa el fin del «Ancien Régime», de la Edad Media feudal y caballeresca, gangrenado por el germen revolucionario. El egoísmo ha des­truido el espíritu heroico y religioso. El Estado no gobierna y Carlomagno (v.) está chocheando. Los ex combatientes padecen hambre, y los bribones roban a mansalva. Los paladines se han hecho galanteadores de las damas, la familia está corrompida, y el adulterio es canon de elegancia. Los eclesiásticos son dignos de aquella socie­dad, y la provincia imita groseramente a París. Marfisa (v.), la heroína, es una histérica que vive su vida como una no­vela, entregada a su extravagancia, esto es, al capricho y a los instintos refinados de la literatura, y su digno caballero es Filinoro, una especie de Casanova, aventurero galan­te de despreocupada elegancia. Cuando todo está corrompido, y están vacías las cajas del erario, destruidas las armas, entregados a la molicie los caballeros, los mercaderes venden al extranjero la Francia saqueada por ellos, y las hordas de los sarracenos se precipitan sobre el país, que se bambolea en medio del pánico universal.

Cuadro im­presionante, casi un apocalipsis del destino que esperaba a la sociedad del siglo XVIII. En este poema se revela la verdadera na­turaleza de Gozzi, aquel reaccionario que querría defender el mundo del absolutismo, el trono y el altar, la jerarquía y la fa­milia, y en realidad, en lugar de cantar con nostalgia su valor, pone al desnudo su inexorable gangrena. Este poema es una sátira feroz, de la que nada se salva, dicta­da por un acre pesimismo, y en la cual la singularidad de Pulci, Folengo y Rabelais se funde con la biliosa misantropía de Swift. Pero la bilis no dicta poesía; su enojo es cerebral, su sátira cargada y forzada. Le faltan la libertad imaginativa del Pajarito belverde (v.), el gusto de las Memorias in­útiles (v.) y su originalidad es aquella re­buscada del literato picaresco a la caza de ocurrencias originales y de chistes arle­quinescos.

E. Rho

El plan está poéticamente concebido, ori­ginal y bello a más y mejor; pero llévese el diablo a la octava de este poema que no tenga alguna mancha en el lenguaje o en su versificación. (Baretti)