María, Cuento Ucraniano, Antonio Malczewski

[Marja, Powieč Ukráinska]. Poema breve de Antonio Malczewski (1793-1836), publicado en 1825. El autor pertenece al grupo de los román­ticos polacos que cantaron a Ucrania, a sus habitantes cosacos, rutenos y polacos, sus fantásticas leyendas populares, y la estepa solitaria, mar lujuriante de hierbas y flores. Muerto joven, es el poeta de esta única obra maestra a la que debe su fama. Se trata de uno de aquellos relatos poéticos que tanto favor encontraron entre los es­critores románticos.

El poema canta la Ucra­nia de los señores polacos en tiempos de las guerras contra los tártaros, ennoblecien­do con un hálito de poesía un triste episo­dio del orgullo y el predominio de un señor local. Waclaw, hijo del voivoda, con des­conocimiento de su padre, se ha casado con María, hija de un noble polaco, Miecznik. El voivoda no ha querido consentir en las bodas de su hijo, lo ha separado de María y trata de obtener la anulación del matri­monio. No lo consigue y trama otro malva­do plan. Hace saber a Miecznik que acepta el hecho consumado, invita cortésmente en su casa a la nuera, pero quiere que su hijo merezca antes su mano con una em­presa contra los tártaros que devastan Podolia. La estratagema triunfa: Waclaw y Miecznik acuden a la batalla y vencen a los tártaros, pero entretanto los sicarios del voivoda, enmascarados en cortejo car­navalesco, invaden la casa de Miecznik y matan a María ahogándola. Waclaw vuelve y ante el cadáver de su esposa es presa de la desesperación y de sombríos propósi­tos de venganza contra su padre; Miecznik busca consuelo en la fe y muere sobre la tumba de María.

El tono misterioso del re­lato dominado por la sombra siniestra del crimen, el lenguaje rico en alegorías re­cuerda los relatos de Byron, a quien Malc­zewski admiró y conoció personalmente en Italia; pero el poema no tiene nada de las ardientes rebeliones byronianas, está inva­dido por la duda, dominado por una re­signación humilde y melancólica, por el reconocimiento de la triste verdad de que «el gusano anida en la flor más lozana» y de que en la tierra no hay felicidad para los buenos. Escrito en sonoros versos de trece sílabas, con los que el clásico Kochanowski tradujo los Salmos y el romántico Mickiewicz escribió El Señor Tacleo (v.). el poema representa en tono alto y febril la salvaje naturaleza de la estepa, el estré­pito de la batalla y traza en la suave y do­liente María una de las primeras figuras vivas de mujer de la literatura polaca. Tra­ducción italiana de Aglauro Ungherini en «Nuova Rivista Internazionale», marzo, 1894.

C. A. Garosci

María Chapdelaine, Louis Hémon

[Marie Chapdelaine]. Novela francesa, tal vez la obra más representativa de la literatura canadiense, de Louis Hémon (1880-1913), publicada en el «Temps» en 1914 y aparecida en volumen en 1916.

En las soledades del Canadá, cer­ca de las cataratas de Péribonka, vive una familia de labradores, los Chapdelaine, compuesta por el padre, Samuel, la madre, Laura, cuatro hijos: Esdras, Da’Be, Tit’Be, Telesforo, y la hija María (v.). María tie­ne tres pretendientes: Eutropas Gagnon, labrador e hijo de labradores, en quien continúa la tradición de los inmigrantes ca­nadienses; Lorenzo Surprenant, emigrado a los Estados Unidos, desertor de la tierra; y Francisco Paradis, el hombre libre, fascinado por el bosque, ya leñador, ya obre­ro, siempre en continuo vagabundeo. Entre María y Francisco el amor surge inespe­rado y elemental cierto día en que Fran­cisco es huésped de los Chapdelaine y ha ido con ellos a la recogida de los mirtilos; al poco tiempo marcha el joven, pero ha recibido y dado ya una promesa: volverá por Navidad y María le esperará. Empieza así la espera interna, profundamente senci­lla, completamente envuelta en la vida y el sentido del bosque y de la soledad. Por Navidad, Francisco, que está en cami­no para reunirse con María, es sorpren­dido por una tempestad en el bosque y no se sabe nada más de él. «Los campesinos no mueren de males de amor… y María no piensa ni por un momento en que su vida haya acabado»; pero, en realidad, con la muerte de Francisco también María ha muerto: la existencia continúa para ella como un elemental deber de solidaridad con la tierra; y se resigna confiada a dicha exis­tencia, continuando la tradición de sacri­ficio de los suyos y de todos los labradores canadienses; en la nueva primavera, «cuan­do los hombres vuelvan del bosque para la siembra», se casará con Eutropas Gagnon, el labrador solitario.

Louis Hémon escribió esta novela después de haber trabajado die­ciocho meses como obrero junto a un cul­tivador del lugar, Samuel Bédard, que se convertiría en el viejo Chapdelaine. Y casi todos los personajes de la obra están sa­cados de la realidad. La vida del bosque, la elemental y generosa psicología del la­brador, la delicada e instintiva sensibilidad de María se expresan con singular fuerza, en esta novela, en la que la existencia de los hombres se confunde, sencilla y gran­diosa, con la de la naturaleza. [Trad. de A. Hernández Catá; última reed., Buenos Aires, 1940].

U. Déttore

María Clara, Marguerite Audoux

[Marie Claire]. Novela de Marguerite Audoux (1863-1937), publica­da en 1910: narra la infancia y adolescencia de una pobre muchacha huérfana de ma­dre, abandonada por su padre, recogida en un hospicio de monjas y luego por una bue­na familia, la de maese Silvano, como pastorcilla. Una desesperada decepción amoro­sa y el sueño truncado por la avidez cruel de una madre egoísta terminan con la vida de la muchacha. El sencillo y humilde asun­to está explicado con delicadeza extrema: en torno a Marie Claire, tierna y sensible como una flor, las demás figuras, especial­mente las monjitas, las jóvenes compañeras, están evocadas en una luz de modesta y franca poesía. Es la autobiografía de la au­tora, que fue más tarde obrera en París y encontró la comprensión admirada de Charles-Louis Philippe y con éste su mejor li­bro contribuyó al nuevo naturalismo ro­mántico del primer Novecentismo (v.), ten­diendo a reproducir, en tono a menudo autobiográfico y lírico, pero siempre mesu­rado y sobrio, la vida de los humildes, de los niños y de los miserables.

A. R. Poli

María, Taras Ševčenko

Poema religioso de Taras Ševčenko, poeta ucraniano (1814-1861), escrito en 1859 en San Petersburgo, inmediatamen­te después del regreso de su destierro en las estepas de Asia. Es una verdadera apo­teosis de la maternidad, personificada en la figura de la Madre de Dios. Describiendo la vida poética de María, Ševčenko siguió no sólo el relato de los evangelios autén­ticos, sino también los apócrifos, difundidos en forma manuscrita entre el pueblo ucra­niano, y reflejados hasta en la iconografía popular (la infancia de María, sus juegos con el cordero, el episodio del encuentro junto a un pozo campestre con el bello huésped anunciador del Mesías; la infancia de Jesús, el episodio de aquella cruz hecha por juego, la gran parte atribuida a María en la salvación de la obra y el Verbo de su hijo). Tras la partida de los apóstoles, re­unidos por María y mandados por ella a evangelizar el mundo, ella, sola, muere de sufrimientos y de hambre, en la calle. Todo el ambiente que rodea a María está completamente ucranizado y representa la vida sencilla de una familia campesina, idealizada y purificada, hasta volverse idí­lica. Profundamente poética, esta obra de Ševčenko es la mejor prueba de que los diez años de atroz destierro y de persecu­ciones por parte de las autoridades rusas, si arruinaron irreparablemente la salud fí­sica del poeta, muerto dos años después, no dañaron la fuerza de su espíritu, que dio en este poema una de sus más bellas manifestaciones.

E. Onatskyi

María Barton, Elizabeth Gleghorn Gaskell

[Mary Barton]. Novela inglesa de Mrs. Gaskell (Elizabeth Gleghorn Gaskell, 1810-1865), publicada en 1848. El argumento se desenvuelve entre la oposi­ción de dos figuras: John Barton, operario hábil y probo, que desesperado por la mi­seria, y endurecido por la lucha desigual entre patronos y obreros, termina siendo el cabecilla de los trabajadores revoltosos, y el industrial Carson, sobre el que concen­tra su odio, aunque en realidad éste es más desventurado que cruel. El paro, que reduce a Barton a la miseria y es la cau­sa de la muerte de su niñito de pocos años, ya huérfano de madre, en realidad se pro­duce por un incendio que destruye el esta­blecimiento de los Carson. La vida disoluta de Harry, hijo de Carson, perseguidor de María, hija de Barton, es para su pa­dre causa de no menores preocupaciones que las que le producen, a Barton, las lige­rezas de su hija y su negativa a casarse con el honrado Jem Wilson que podría defen­derla y que la ama sinceramente. Cuando, a consecuencia del paro, queda reducida a la indigencia casi toda la población, John Barton discute con otros delegados obreros las condiciones del acuerdo con un grupo de industriales.

Harry Carson se divierte haciendo una malvada caricatura de los pobres parados, medio muertos de hambre, y esta caricatura, cuando la ve uno de los hombres, aviva el odio, e induce a los sediciosos a decretar la muerte del ofensor: el ejecutor de la sentencia será elegido en­tre ellos. Pocos días después, aparece Harry asesinado en la calle, y Jem es acusado y sometido a proceso; pero María descubre que el verdadero culpable es su padre, y tras grandes y dramáticos esfuerzos, logra salvar a Jem en tanto que John Barton, que había tratado de emigrar, torna mori­bundo a casa, donde Carson, desesperado por la muerte de su hijo y decidido a des­cubrir al asesino, viene a verlo esperando obtener de él algunos indicios. El moribun­do confiesa ser él el matador, y Carson se va, amenazando con el rigor de la ley. Pero en lugar de ello, vuelve a poco para pedir perdón a su enemigo y Barton muere en sus brazos. María y Jem se casarán yéndose luego al Canadá.

El dramático argumento, trata de demostrar el horror de las luchas ciegas de clase, y la necesidad de la recon­ciliación en nombre del sentido humanita­rio y de la caridad cristiana; precisamente esta tesis tan simplista constituye el mayor defecto de la novela cuyas páginas están, sin embargo, llenas de una rica materia psicológica, tratada con vigor, por lo que justamente se dijo que la Gaskell, separán­dose del romanticismo, inició la madurez del arte narrativo de la segunda mitad de siglo.

L. Krasnik