Mardi, y un Viaje Más Allá, Hermán Melville

[Mardi, and a Voy age Thither]. Novela satírica del norteamericano Hermán Melville (1819- 1891), publicada en 1849. Empezada proba­blemente como un idilio feliz en los Ma­res del Sur, acabó casi convirtiéndose, bajo la pluma de Melville, en una feroz parodia de la economía de la civilización occidental y de su falso e incompleto cristianismo.

La nave «Arcturion» zarpa a la caza de ba­llenas. El protagonista del relato, cansado de la monótona vida de a bordo, huye cierta noche en una chalupa junto con un fiel marinero, Jarl. Tras una larga navega­ción llena de dificultades y sufrimientos, encuentran en el mar un bergantín en el cual sólo va un habitante de los Mares del Sur y su mujer, cristiana, únicos super­vivientes. Pero también huyen del bergan­tín y encuentran a un sacerdote de los Mares del Sur que lleva a una doncella a otra isla. El protagonista salva a la don­cella, Yillah, y mata al sacerdote. Yillah es una extraña criatura, llena de recuerdos de una nebulosa vida ultraterrena y da a la novela, en las escenas que la presentan, una atmósfera de ensueño. La navegación continúa, y Yillah, enamorada del protagonista, se convierte lentamente en criatura terrena. Los viajeros llegan a las costas de Mardi, y el protagonista, bajo el nombre de Taji, dios del Sol, se presenta a una asamblea de jefes. Éstos le creen y durante algún tiempo Taji vive una vida de paraíso terrenal. La naturaleza es estupenda y Taji, con Yillah, se retira a una islita cerca de Odo, donde hay un mundo de brutales fa­tigas, contrapunto del pequeño paraíso.

Cierto día Yillah desaparece y Taji decide buscarla por todo Mardi. Aquí empieza la parte satírica que fue comparada por su eficacia a los Viajes de Gulliver (v.) de Swift. Las islas de Mardi son Dominora (Gran Bretaña) y Vivenza (Estados Unidos de América). Melville comenta las costumbres y la vida con una frialdad cortante y en estilo bíblico, de inspirado fervor. El viaje es largo, lleno de aventuras y, más aún, de originales y nuevas observaciones sobre todas las modalidades de la civili­zación de los países conocidos por Melville; con una riqueza que a los franceses les re­cordó a Rabelais, y a los ingleses a sir Thomas Browne. Además de la sátira, hay largos pasajes poéticos, reflexiones filosófi­cas y anticipaciones sobre la filosofía y la ciencia modernas, de asombrosa clarividen­cia. Después de mucho viajar Taji llega a Serenia, donde la política sigue las leyes del Alma (Cristo).

Y aquí termina la bús­queda, no porque el protagonista encuen­tre lo que buscaba sino porque posee una cordura que, quizás, es cuanto buscaba en Mardi. Los hermanos de Yillah quieren matar a Taji; pero él no puede encontrar a Yillah, pues es prisionero de Hautia, rei­na de los sentidos, que lo quiere para sí. Los compañeros que viajaban con Taji quie­ren liberarlo, pero su suerte está ya escrita y permanecerá prisionero del pecado, de la conciencia y del remordimiento. Muchas escenas satíricas son de primer orden, como la que reproduce una sesión del Congreso de los Estados Unidos. Hay versos (de Yoomy, el poeta laureado) y vuelos poéti­cos de los mejores de Melville; quien no poseía aún la grandeza del escritor de Moby-Dick o la Ballena (v.), pero en este libro consiguió hacer una especie de estudio de los hombres y definir, quizá con excesiva copiosidad, su credo humano, filosófico y artístico.

A. Camerino