Juan Álvarez Gato

Poeta español n. en Madrid aproximadamente en 1440 y m. en 1509. Fue armado caballero por don Juan II en 1453.

Sirvió al rey don Enrique IV y después ejerció el cargo de mayordomo de la reina doña Isabel. De Álvarez Gato dijo Gómez Manrique que «fablaba perlas y plata». Su obra poética consta de 104 composiciones (v. Cancionero).

Las primeras poesías seña­lan una inspiración en temas de amor pro­fano, mientras que las poesías devotas — ba­sadas en el manejo de coplas y estribillos populares — corresponden a la segunda mitad de su obra. El Cancionero de Álvarez Gato se nos ha conservado en un códice de la Real Academia de la Historia y en el Cancio­nero General de Hernando del Castillo.

Es­cribió también doce cartas en prosa, de tono ascético, y se le atribuye la Vida del Arzobispo de Granada, Fray Hernando de Talavera.

Fernáo Alvares do Oriente

Nacido. en Goa hacia 1540, m. acast en 1595; fue uno de los poetas portugueses que sufrieron quizá de un modo más profundo la influencia italiana en el siglo XVI.

Participó proba­blemente en la batalla de Alcazarquivir (1578) y combatió como comandante de un navío de guerra en la India, donde desem­peñó también el cargo de intendente de Hacienda en Ormuz y de donde fue repa­triado por orden de Felipe II de España.

El librero editor Domingos Ferreira publicó (1607), después de la muerte de Alvares, su no­vela pastoril Lusitania transformada (v.), compuesta sobre los modelos de la Arcadia (v.) de Sannazaro y de la Diana (v.) de Jorge de Montemayor.

La obra fue atri­buida por algunos críticos a Camóes; pero la crítica más reciente tiende no sólo a devolver su paternidad a Alvares, sino a reco­nocer como de este último producciones poéticas hasta ahora consideradas como del mismo Camoes, de F. Rodrigues Lobo y de B. Goncalves Lobato.

L. Stegagno Picchio

José Sixto Alvarez

Escritor costum­brista argentino n. en Gualeguaychú en 1858 y m. en 1903; popularizó el seudónimo Fray Mocho, pero también usó otros: Nemesio Machuca y Fabio Carrizo.

Cursó estudios secundarios y normales, se dedicó al perio­dismo en Buenos Aires y llegó a ser comi­sario de investigaciones con el presidente Juárez Celman. Lo más trascendente de su producción literaria puede encontrarse en sus obras Un viaje al país de los matreros (v.) y en Cuentos de fray Mocho (v.).

Otros trabajos suyos tienen también interés, como las Memorias de un vigilante (1897), fruto de sus observaciones como jefe de policía, y Cuadros de la ciudad, publicados en volumen aparte de los Cuentos después de su muerte. Menos importancia nos ofre­cen sus primeros cuentos, de tono picaresco (1870), y su libro sobre los cazadores de focas El Mar Austral (1897).

Con el dibu­jante Manuel Mayol y el escritor Eustaquio Pellicer, ambos españoles, fundó en 1898 la revista Caras y caretas, de amplia difusión y prolongada popularidad, en la que pu­blicó lo más interesante de sus narraciones.

De la tendencia picaresca evolucionó pron­to hacia el costumbrismo, en el que, sin profundizar demasiado, nos presentó admi­rables cuadros de la vida social y popular de la época. En este sentido sus aporta­ciones más valiosas las encontramos quizás en lo que se refiere al lenguaje.

J. Sapiña

Francisco Álvarez

Clérigo secular por­tugués, capellán del rey Manuel I de Por­tugal, n. en Coimbra hacia 1490; m. en Roma en 1540. En 1513 fue nombrado por el rey para acompañar a Duarte Galváo a Abisinia, donde este último había sido nom­brado primer embajador portugués cerca del legendario Preste Juan, Negus de aquel país.

Por la muerte de Galváo fue diferida la misión, y hasta 1520, con el nuevo jefe don Rodrigo de Lima, no pudo llegar a la corte etíope, donde permaneció hasta 1527. Álvarez, cuyas habilidades diplomáticas se mani­festaron magníficas, pasó aquellos seis años cazando liebres y faisanes, lavando con escaso fruto arenas auríferas, cuidando de sus esclavos, «sus nueve mulas y sus catorce vacas», pero sobre todo anotando los hechos de la corte y del país que le hospedaba y que le suministraba sus observa­ciones.

Con estos apuntes redactó después y publicó en 1540 el Verdadero informe de las tierras del Preste Juan de las Indias (v.), obra traducida inmediatamente a casi todas las lenguas europeas por la frescura. del estilo y la importancia de las noticias. Álvarez marchó también, en 1533, al frente de la embajada que llevó a Roma, al papa Cle­mente VII, mensajes y regalos del empera­dor etíope.

L. Panarese

Fernando de Alva Ixtlilxóchitl

Noble indígena y escritor mexicano n. ha­cia 1568 y m. alrededor de 1648; contaba entre sus ascendientes al rey de Texcoco y al emperador Cuitláhuac.

Sus estudios en el colegio de Santa Cruz de Tlalteloco y su origen real le permitieron documentarse con las narraciones y testimonios de los ancia­nos de su tiempo y con las pinturas jero­glíficas, con lo que cobra especial interés su Historia chichimeca (v.). Sin embargo, ni en esta obra ni en sus diversas Rela­ciones podemos encontrar al historiador ni al verdadero cronista, lo que no significa que dejen de tener interés histórico las noti­cias que proporciona, tanto por su sencilla objetividad como por la calidad de las fuen­tes. Algunas Relaciones fueron primeramen­te escritas en lengua mexicana.

La Relación de Pobladores y la Historia chichimeca se publicaron en la colección Kingsborough y fueron traducidas al francés por Ternaux- Compans. Alva Ixtlilxóchitl, que actuó en su ancianidad como intérprete en el juzgado de indios, es un indígena que, sin olvidar su origen, se incorpora a la cultura española, a la que aporta, aunque con menos brillantez que el inca Garcilaso, un importante caudal de conocimientos y testimonios.

Su falta de mé­todo y su pobreza crítica no justifican ni explican el silencio que guardan acerca de él algunos historiadores de las letras ame­ricanas.

J. Sapiña