José Amador de los Ríos

Historia­dor, crítico y orientalista español n. en Baena en 1818 y m. en Sevilla en 1878. Inició sus estudios en Madrid y los conti­nuó luego en Sevilla, donde le protegieron Alberto Lista y el duque de Rivas.

Fue cate­drático de historia crítica de la literatura española en la Universidad de Madrid y miembro de las Academias de la Historia y de Bellas Artes; decano de la Facultad de Filosofía y Letras e inspector general de Instrucción Pública.

Su Historia crítica de la literatura española — que abarca toda la Edad Media— se considera, por su abun­dancia en datos eruditos, el punto de par­tida de ulteriores investigaciones. Además de esta obra publicó Estudios históricos, políticos y literarios sobre los judíos de España y Portugal (v.), Historia política, social y religiosa de los judíos de España y Portugal (v.), El arte latinobizantino en España y una Historia de la villa y corte de Madrid (en colaboración con Rada y Rossell).

Publicó también las obras del mar­qués de Santillana y un tomo de poesías, Sevilla pintoresca, Toledo pintoresco, colec­ción de romances al estilo de su amigo el duque de Rivas.

Gregorio Allegri

Nacido en Roma en 1582, m. en la misma ciudad el 17 de febrero de 1652; fue famoso compositor de música sa­cra.

Cantor infantil, de 1591 a 1596, bajo la dirección de Giovanni Bernardino Nanino, en el coro de San Luis de los Franceses, Siguió cantando como tenor de 1601 a 1604. De 1600 a 1607 estudió con Giovanni Maria Nanino.

Disfrutó después de un beneficio en la catedral de Fermo, hasta que llamado a Roma por Urbano VIII en 1629, fue nom­brado cantor de la Capilla Pontificia, pues­to que desempeñó de una manera ininte­rrumpida hasta su muerte. Su nombre se asocia generalmente con el célebre Mise­rere (v.) a nueve voces y dos coros, que era cantado anualmente en la Capilla Sixtina durante Semana Santa.

De esta obra, considerada como una de las más inspira­das composiciones litúrgicas, estuvo prohibida la copia, durante cierto tiempo, bajo pena de excomunión. Es conocida la anéc­dota de que contando Mozart 14 años tuvo ocasión de oír, en 1770, el Miserere durante una estancia suya en Roma, y que lo trans­cribió «de auditu». Además del Miserere, la producción sacra de Allegri comprende misas, lamentaciones, motetes, magnificats, impro­perios, salmos…

Escribió también algunos conciertos con solistas y una sonata para cuatro instrumentos de cuerda. Muchos tra­bajos manuscritos suyos están conservados en Roma en los Archivos Vaticanos y en Santa Maria Vallicella.

A. Pironti

Leone Allacci

Nacido en Quío en 1586, m- en Roma el 19 de enero de 1669. Estudió en Roma, en el Colegio griego de San Atanasio, donde se licenció en filosofía y teo­logía; después de una breve permanencia en su nativa Quío, en calidad de vicario general del arzobispo latino Marco Giustiniani, volvió a Roma y se licenció también en medicina (1616).

Fue nombrado por el papa Paulo V escritor de lengua griega en la Biblioteca Vaticana; durante los años 1622-23 cumplió brillantemente el encargo que le había dado el papa Gregorio XV de trasladar de Heidelberg a Roma la Biblio­teca Palatina, cedida en homenaje por el elector príncipe Maximiliano de Baviera; fue sucesivamente bibliotecario de Francisco Barberini, y desde 1661, bajo el pontificado de Alejandro VII, «primer guardián» de la Biblioteca Vaticana.

Fue hombre de varia, vasta y atenta erudición literaria, experto filólogo y paleógrafo, como atestiguan sus cartas conservadas en la Biblioteca Vallicelliana de Roma, y de gran competencia en las cuestiones referentes a las relaciones entre la Iglesia romana y la ortodoxa grie­ga, sobre las que versa un grupo de sus obras, como De Ecclesiae occidentalis atque orientalis perpetua consensione (1648) y Graeciae orthodoxae scriptores (1652-59).

En el campo concerniente a los estudios de la literatura italiana son dignos de recuer­do: Poeti antichi raccolti da codici manoscritti della Biblioteca Vaticana e Barberiniana (1661), obra en la que Allacci publicó muchos textos inéditos y fijó algunas atri­buciones convalidadas por la más reciente crítica filológica, y la Dramaturgia (1666, v.), rico repertorio bibliográfico de obras teatrales italianas.

D. Mattalia

Gabriel Álvarez de Toledo

Poeta español n. en Sevilla en 1662 y m. en Ma­drid en 1714. De ascendencia portuguesa, fue un verdadero humanista. Conocía las lenguas clásicas, según parece las semíticas, y varias lenguas modernas (francés, italia­no y alemán).

Fue bibliotecario mayor del Rey y oficial de la Secretaría de Estado. Per­teneció a la Orden de Caballería de Santiago y fue uno de los fundadores de la Real Aca­demia Española. En su vida se distinguen dos períodos : uno profano — dedicado a las letras- amenas — y otro religioso — absorbido por los temas ascéticos—.

Sus obras poéticas aparecieron póstumamente en Ma­drid, en 1744, por diligencia de don Diego de Torres Villarroel con el título: Obras ósthumas poéticas, con la Burromaquia. entre su obra destaca el poema burlesco La Burromaquia (v.), las endechas A mi pensamiento, de carácter místico, y los ro­mances espirituales que forman la parte religiosa de su producción.

En su poesía predomina totalmente la influencia de Góngora y Quevedo. También escribió una His­toria de la Iglesia y del mundo.

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero

El mayor, Serafín, n. el 26 de marzo de 1871 en Utrera (Sevilla) y m. el 12 de abril de 1938 en Madrid; el menor n. el 21 de enero de 1873 en Utrera y m. el 14 de junio de 1944 en Madrid.

Muy jóvenes, cuando todavía no habían cumplido los 20 años, comenzaron a escribir en colaboración trabajos teatrales que se representaban en el patio de su casa. En 1889, el mismo año en que su farsa Esgrima y amor se repre­sentaba en el teatro Cervantes de Sevilla, se dirigieron a esta ciudad, donde vivieron durante algún tiempo con las asignaciones de unos modestos empleos en Hacienda.

Bien pronto les hicieron populares sus tra­bajos: en 1897 se representaban dos obras en un acto, El ojito derecho y La reja, y al año siguiente La buena sombra. Hacia 1900 anunciaron que tenían dispuestos 51 trabajos manuscritos; publicaron cinco o seis al año, llegando a componer al fin más de 200, acogidos todos con gran favor por el público y representados también algunos en el extranjero.

Los Álvarez Quintero representan un caso excepcional de colaboración artística y de comunión espiritual; aun siendo muy dis­tintos en apariencia física y en tempera­mento, más franco y locuaz Serafín, más cerrado y silencioso Joaquín, recorrieron, verdaderamente unidos, excepto la breve pausa del infeliz matrimonio de Serafín, el camino de la vida y del arte, ahondando con bondad y serenidad en los personajes burgueses de sus agradables entremeses y de las comedias más ambiciosas (v. Los galeotes) y reflejando, con visible tenden­cia hacia lo pintoresco, el espíritu y la gra­cia de sus paisanos andaluces en las mejo­res obras, como El genio alegre (v.). Recor­demos, entre otras obras, El patio (1900, v.), El nido (1901), El amor que pasa (1904), Amores y amoríos (1908, v.), Doña Clari­nes (1909), Así se escribe la historia (1910), Malvaloca (1918, v.) y La musa loca (1920).

A. Bianchini Fales