Historia de la Unidad Italiana, Bolton King

[History of Italian Unity]. Obra histórica de Bolton King (1855-1934), aparecida en inglés en 1899 y traducida al italiano, al francés y al ruso. Está considerada como uno de los mejores estudios históricos ex­tranjeros sobre el Resurgimiento italiano. Está dividida en cinco partes que comprenden, en conjunto, cuarenta y tres capítulos: «La preparación de la revolución»; «La revolución»; «Los diez años de espera»; «La Italia unida»; «El reino de Italia»; siguen algunos documentos en el apéndice y una preciosa bibliografía de 900 obras sobre el tema. King juzga severamente la indecisión de los partidos moderados en los años de preparación y de acción; a ella contrapo­ne el entusiasmo, a menudo imprudente, de los demócratas, condenando por otra parte el sectarismo de unos y de otros; pone de manifiesto el heroísmo de las minorías de idealistas que, según dice, fueron los prin­cipales promotores de la gran causa; elogia sin reservas la obra de Cavour, a quien considera como uno de los mejores esta­distas de la época; es reservado, pero sere­no, respecto a la monarquía; exalta a Ga­ribaldi y a Mazzini; critica a Pío IX y, en general, la actitud de la Iglesia respecto a las aspiraciones nacionales. La obra está inspirada en una viva simpatía por Italia, simpatía que no es óbice para la objeti­vidad e independencia de juicio, basadas en una gran exactitud de información. Des­pués de 1870, Italia ya no es la tierra del sentimentalismo: «el pueblo italiano — dice King — es un pueblo que trabaja y da pruebas de muchas buenas cualidades»; ca­rece de sentimiento religioso y no tiene «el puritanismo de su gran Ricasoli», ni «el sentido estricto del deber» que le predicó Giuseppe Mazzini. El autor acaba deseando una Italia democrática «sin charlatanerías y sin aventuras» y, sobre todo, sin «la ambición de figurar que desgasta todas las fuerzas reales».

M. Borsa

Historia de las Revoluciones de Italia, Giuseppe Ferrari

[Histoire des révolutions d’Italie]. Obra histórica de Giuseppe Ferrari (1812- 1876), publicada primero en francés en Pa­ris, en 1856-58; después en Milán, revisada y aumentada, en 1870.

El autor condensa en ella sus puntos de vista sobre la historia de Italia, y razona las conclusiones anti unitarias a que llega. Comienza afirmando el carácter excepcional de la historia italiana. En ella, los acontecimientos «se suceden como innumerables episodios creados por la inagotable vitalidad de la tierra en un laberinto de escenas fantásticas, en las que la razón se extravía y las leyes del espíritu humano parecen suspenderse. Por todas partes la variada belleza, los ímpetus poé­ticos, los horrores atrayentes, sustituyen a los caracteres de unidad, de universalidad, de continuidad que se dan habitualmente en las historias nacionales». Bizantino, feudal, municipal, teocrático, este país es «una in­gobernable fantasmagoría. En todas las co­marcas se renuevan los partidos, las sectas se dividen, se multiplican los señores; cada Estado forma una pequeña nación, un mun­do separado». Los propios individuos ca­recen de unidad, llevan dentro de sí mismos varios seres contradictorios. ¿Qué relación une a tantos hechos y a tantos hombres que parecen dispersos? ¿Cuál es la esencia de este país? Para contestar a esta pregunta es preciso estudiar la historia de Italia de un modo completamente diferente a la de los demás países de Europa : en éstos se busca el principio de unidad política, en aquélla es preciso descubrir un principio de unidad extrapolítica.

Si se busca el sig­nificado de todas las luchas italianas, se ob­serva que todas ellas son contiendas entre güelfos y gibelinos; es decir, que no cons­tituyen un simple conflicto de fuerzas políticas, sino de ideas. La necesidad lógica de la historia de Italia se encuentra por tanto en la inagotable lucha ideológica que, época tras época, ofrece a Europa una nue­va aportación de contenido espiritual: «La Italia revolucionaria, con un ímpetu conti­nuo de seis siglos por entero aplicado a la guerra de las ideas, desdeña las mono­manías del arte político para invitarnos al espectáculo extraordinario de una nación sin confines, de un progreso sin gobierno, de una supremacía conquistada fuera de to­das las teorías conocidas sobre la indepen­dencia, sobre la fuerza, sobre la grandeza de los estados; finalmente nos ofrece el es­pectáculo de un drama en el que los tér­minos se fundan exclusivamente sobre prin­cipios abstractos y cuya unidad reside por completo en la inteligencia del hombre». Por tanto, esta anómala historia extrapolí­tica de Italia desemboca en una especie de Olimpo de una historia superpolítica: «su excepción se convierte en la regla de las reglas; su historia es superior a las demás historias».

La condición para poder sostenerse a tal altura será, por consiguiente, la de permanecer en un estado político ato­mizado, favorable a la manifestación ab­solutamente libre de sus luchas ideológicas. De este modo trata Ferrari de justificar y a la vez de idealizar su federalismo po­lítico; pero los fundamentos de esta cons­trucción doctrinaria son visiblemente ar­bitrarios. Si la historia de Italia en la Edad Media y en el Renacimiento es complicada y tempestuosa, no se puede, sin embargo, admitir la afirmación de que en ella falten algunos hilos conductores semejantes a los que existen en los demás estados europeos. Igualmente gratuita es la otra tesis funda­mental del libro: que la historia de Italia se compendia en un conflicto constantemen­te abierto y puramente arbitrario entre güelfismo y gibelinismo. Si por güelfismo y gibelinismo se entienden teocracia y go­bierno estatal laico, estos principios no cons­tituyen una exclusiva italiana, sino que, al contrario, son de naturaleza universal. A pesar de este grave error de fundamento, el libro es rico en sugestivos escorzos his­tóricos, los cuales gustaron tanto a Alfredo Oriani, que éste se los apropió no sin desenvoltura al escribir su Lucha política en Italia (v.).

M. Vinciguerra

Historia de las Plantas, Teofrasto

Es una de las más cono­cidas obras de historia natural de Teofrasto (siglo IV-III a. de C.), el sucesor de Aristóteles en el Liceo de Atenas. La obra está dividida en seis libros, en los cuales se examinan más de 450 plantas que son clasificadas en relación con su aspecto ex­terior. Se distinguen así : los árboles, los arbustos, los subarbustos y las hierbas. Cada grupo comprende diversos géneros que, a su vez, comprenden varias especies y va­riedades. Separadamente son estudiadas las plantas acuáticas y los corales, que supone Teofrasto que son plantas petrificadas. El au­tor reconoce la homogeneidad de los grupos de las palmáceas, leguminosas, coniferas, gramíneas, etc., es decir, de algunas fami­lias de la sistemática moderna. En el curso del tratado halla modo de exponer algunas ideas de fisiología vegetal, que no carecen de importancia: por ejemplo, atribuye a las hojas el significado de órganos de la nutri­ción, y a las flores una vaga distinción en los dos sexos, así como observa por vez primera los cotiledones u hojas embriona­rias- Finalmente, Teofrasto no omite largas referencias, con miras a la agricultura, so­bre las plantas útiles y cultivadas, a pro­pósito de las cuales demuestra haber ana­lizado el complejo fenómeno de la madu­ración de los higos. La obra de Teofrasto fue considerada por sus contemporáneos y por los antiguos con mucho entusiasmo, porque venía a completar la obra de Aristóte­les, más directamente zoológica. En reali­dad, entre la Historia de las plantas de Teo­frasto y la de los animales, de Aristóteles, existe una fuerte diferencia, porque esta última crea una clasificación que deriva de muchísimas observaciones anatómicas sobre los más diversos animales, mientras que Teo­frasto se limitó a hacer un examen de las formas exteriores y las dimensiones de las plantas. Por ello, en la actualidad, Teofras­to tiene solamente un interés histórico, sin que subsista ninguna vinculación entre su clasificación y la moderna.

C. Barigossi

Historia de las Repúblicas Italianas de la Edad Media, Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi

[Histoire des républiques italiennes du moyen age]. Célebre obra del escritor suizo Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi (1773- 1842), publicada de 1807 a 1818, primero en Zürich y luego en París.

La posición espi­ritual del autor, en el grupo staéliano de Coppet y en el liberalismo europeo, encuentra su mejor aplicación en esta obra, amo­rosamente dedicada a la civilización ita­liana. En una serie de capítulos densos de acontecimientos y figuras, se desarrolla la narración de la historia de Italia de 476 a 1530, como evidente demostración de que la libertad municipal, propugnada vivamente por Sismondi en sus teorías fede­rales de origen helvético, es la mejor con­secuencia de las sanas organizaciones civiles y morales para la felicidad del individuo y el progreso de la humanidad. La obra del gobierno y las leyes, como solemnemente declara en la introducción, hacen los esta­dos y los pueblos, y ninguna otra causa puede reivindicar el poder de educar a los espíritus según los dictámenes de la ra­zón y de la cordura. De ahí la gloria de la vida italiana durante tantos siglos, desde los antiguos ejemplos de heroísmo y de sacrificio, hasta las luchas más recientes por la libertad.

Los italianos, en su dignidad moral, en la sana conciliación de la virtud y de la felicidad, en la emulación de las ciencias y de las artes, en la audacia del comercio y en el valor de los combates, indica que sus ciudadanos — aún entre tan­tos errores y vicios debidos al mal gobierno de potencias dominadoras — conservan to­davía sus dotes, no han perdido la semilla de lo grande, y por amor a la libertad y sentimiento del honor sabrán encontrar el camino de la nueva vida, pues «todavía son dignos de figurar en el estadio que han re­corrido dos veces con tanta gloria». Por esta actitud franca y meditada, la obra había de hacerse muy pronto popular en la península italiana, gracias a varias traduc­ciones, alimentando esperanzas junto con otras obras maestras de la literatura polí­tica y poniendo a la vista el panorama de los pasados siglos. El vigor de algunos re­tratos, la profunda y ceñida visión de algu­nos acontecimientos, hacen todavía de la amplia narración una reconstrucción meritísima en su aspecto literario, sobre todo por los acentos románticos de filantropía, patriotismo y dignidad humana. El mismo autor, para facilitar la difusión de su obra y hacer más evidente su significado, com­pendió ampliamente los 16 volúmenes en la Histoire de la renaissance de la liberté en Italie, de ses progrès, de sa décadence et de sa chute, editada en Paris en 1832.

C. Cordié

Historia de la Sociedad Francesa, Edmond y Jules Goncourt

[Histoire de la Société Française]. Obra histórica francesa de los hermanos Edmond (1822-1896) y Jules (1830-1870) de Goncourt, dividida en dos partes («Durante la Revo­lución» [«Pendant la Révolution»] y «Du­rante el Directorio» [«Pendant le Directoire»] y publicada en 1854-1855. Se puede considerar como el primer paso de un in­terés crítico y literario, dedicado en vasta escala a la sociedad de fines del siglo XVIII; son notables la multiplicidad de los pro­blemas aclarados en ella y la afirmación, decididamente polémica, de que la historia de la nación debe rehacerse toda, pues has­ta ahora ha descuidado la vida más con­creta y más palpitante de sus costumbres. Más allá de la historiografía académica o de la puramente diplomática o política hay que considerar la realidad de los sentimien­tos y de las pasiones, de sus usos y de sus males a menudo perdidos de vista en narraciones demasiado panorámicas : sólo de este modo se puede comprender la razón de ciertos movimientos por la necesidad de proceder a un examen que sea índice para el futuro. Con la misma pasión con que los dos autores observan la vida de su tiempo y describen en sus novelas hasta la exis­tencia de las prostitutas y de la gente de mal vivir, los dos autores reviven la época que vio la Revolución, desde las habladu­rías de la Corte hasta los salones mundanos; desde la conversación en 1789 al sobrevenir de graves acontecimientos; desde las obras teatrales a las figuras representativas de Chamfort y de Mirabeau; desde la marea de los sentimientos y de los odios, a los motines y las tropelías del Terror.

Marat y Robespierre campean en un mundo que puede escapar a la observación de un his­toriador superficial, pero no a quien inves­tiga humanamente entre los documentos y los examina con objeto de reconstruir co­mo en un mosaico la vida de un siglo. De igual modo, en el volumen que describe la vida durante el Directorio es vista con sosegada precisión la sociedad al día si­guiente de tantas luchas sanguinarias, mien­tras nuevas luchas privadas y económicas surgen en el terreno de la política, los salones reanudan su dominio perdido, y re­aparecen las elegancias femeninas, las conjuras por propio interés personal, los bailes y la «buena vida». Hasta la religión se re­presenta ora con hábitos de consoladora, ora con aspecto de prácticas supersticiosas por odio a lo nuevo. Entre Madame de Staël y Tallien, entre la prensa que anhela antiguas grandezas y la moda que repro­duce las facciones y la suntuosidad de una época que parecía extinguida, se presentará Bonaparte, con su ambición y su deseo de conquista. Esta obra es riquísima en por­menores descriptivos, y resulta ejemplar en su género, ya por haber investigado en un terreno casi desconocido la vida social y privada del fin de siglo y su relación con la propia política, ya por haber intentado una reconstrucción unitaria y alegremente colorista de numerosos hechos de la vida cotidiana generalmente dejados al margen de la historia.

C. Cordié

En sus terribles apuntes han fijado todo cuanto se ponía ante sus ojos y sus oídos, cosas y hombres, trastos e ideas; más sen­sibles que inteligentes, han sabido cristalizar el aspecto de las cosas y rebajar cruelmente las ideas de los hombres. (Lanson)