Canónigo y erudito mexicano n. en Puebla de los Ángeles en 1756, m. en 1817, al que se le debe la Biblioteca Hispano-Americana Septentrional (v.), joya bibliográfica de singular valor.
Estuvo dos veces en España y llegó a ser deán de la catedral de México. Combatió desde el púlpito la revolución por la independencia y se mostró veleidoso, a tenor de los cambios de opinión de Femando VII; esta actitud le valió la cruz de comendador de Isabel la Católica.
El Domingo de Ramos de 1815, mientras predicaba en la catedral, cayó fulminado por un ataque de apoplejía; pudo reaccionar, pero ya no logró reponerse. Con motivo del emplazamiento de la estatua ecuestre de Carlos IV (El caballito), obra de Manuel Tolsá (1803), Beristáin y Souza abrió un concurso literario con seis premios de cincuenta pesos cada uno para las seis mejores composiciones poéticas sobre temas que él mismo señaló; se enviaron al concurso más de doscientas poesías, y las seis premiadas, con otras que fueron consideradas de mérito, se publicaron por el propio deán con el título: Cantos de las musas mexicanas en la solemne colocación de la estatua ecuestre de bronce de Carlos IV en la plaza de Méocico.
Fue secretario del gobierno, sede vacante en 1800 y presidente de dicho gobierno arzobispal en la vacante de 1809. Su personalidad no puede fácilmente ser desligada de dos sermones famosos que pronunció en la catedral mexicana: uno, en 1812, para llamar a la Constitución de Cádiz libro sagrado; otro, en 1814, para arremeter contra dicha Constitución cuando supo que Fernando VII la había anulado.
Conocemos su mecenazgo poético, muy digno de encomio, pero no las poesías que indudablemente compuso; fue un orador sagrado y profano muy estimable.
J. Sapiña
