Giovanni Berchet

Nació en Milán el 23 de diciembre de 1783 y m. en Turín el mis­mo día de 1851. Después de Alessandro Manzoni es, posiblemente, la figura más im­portante del grupo de los románticos lom­bardos.

Pasó la juventud en su ciudad na­tal, donde alternó sus ocupaciones profe­sionales con el estudio y la literatura. Sus primeras composiciones poéticas permiten vislumbrar al futuro poeta patriótico.

Tra­dujo a Gray, Goldsmith y Schiller, y este ejercicio le inclinó hacia el Romanticismo, en el que le afianzó la amistad con Man­zoni; su famoso opúsculo Sobre el «Caza­dor cruel» y la «Leonora» de G. A. Bürger: carta semiseria de Crisóstomo (1816, v. Car­ta semiseria de Crisóstomo) y otros artícu­los le presentan como uno de los más ar­dientes defensores de las nuevas doctrinas.

Forzado al destierro, publicó en Francia en 1822 el pequeño poema Los prófugos de Parga (v.), en favor de todos los pueblos oprimidos y alusivo a las condiciones de su país. En Londres compuso Romances (v.) y Fantasías (v.) y en Bélgica tradujo una selección de Antiguos romances españoles (v.).

Los frecuentes viajes a alemania le pusieron en relación con eminentes figuras del mundo académico germano. Volvió a Italia en 1848, y, al regresar los austríacos a Lombardía, retiróse al Piamonte, donde fue diputado.

M. Marcazzan

Bernhard Berenson

Nació el 26 de junio de 1865 en Vilna (Lituania), a los diez años emigró a América con sus familiares. Pasó en Boston la época juvenil de su for­mación, y espiritualmente llegó a ser un bostoniano y un «New-Englader».

Graduado en la Universidad de Harvard en 1887, diri­gióse a Europa con una beca. Frecuentó centros universitarios, escritores y artistas en todo el Occidente europeo, hasta Berlín, Dresde y Budapest; luego se estableció en Florencia y dedicóse al estudio del arte italiano, desde Giotto y Duccio hasta el últi­mo período del siglo XVI.

Y así fue pu­blicando los diversos trabajos reunidos en Oxford (1932) en. una edición definitiva (v. Pintores italianos del Renacimiento) y otros textos destinados a ejercer una extensa in­fluencia en el campo de la crítica artística.

En 1900 se casó con Mary Logan Costelloe, hija de Robert Pearsall Smith, de Filadelfia, y cinco años después adquirió en Ponte Mensola, cerca de Florencia, la villa «I Tatti», que enriqueció paulatinamente con obras de arte y una vasta biblioteca.

Su Sketch for a Self-Portrait (Nueva York y Lon­dres, 1949; vers. ital., Florencia, 1949) es un vivo retrato autobiográfico y la mejor obra de Berenson. desde el punto de vista literario. La influencia de Walter Pater sobre Berenson durante su juventud no debió de ser menos signi­ficativa que la de Giovanni Morelli en lo referente al método («Walter Pater fue el genio que me reveló aquello a lo cual ha­bía tendido instintivamente desde la infan­cia»).

Ya de avanzada edad, junto a obras de crítica artística (estudios sobre Piero della Francesca, 1950, y Caravaggio, 1951, una selección de textos editada en Italia con el título Método y atribuciones, 1947 Ver y saber, 1951) Berenson ha ido produciendo otras integradas en gran parte por una se­rie de consideraciones sobre el arte y la vida, fruto de una fecunda experiencia de hombre y de artista.

M. Praz

Waclaw Berent

Nacido el 28 de septiembre de 1873 en Yarsovia, donde m. en 1940. Rea­lizó los primeros estudios en su patria; lue­go estuvo en Zurich y Munich, y se graduó en biología.

Su vida carece de episodios notables. Dedicado a la literatura, Berent trató con paciente cuidado los temas de sus pocas obras, la primera de las cuales manifestaba las influencias decadentistas de Przybys- zewski, luego superadas tanto en el estilo como en el espíritu.

Pulió y perfeccionó todos sus textos. Su obra maestra es Pie­dras vivas (v.), novela medieval; sin embargo, se le recuerda también por Madera podrida [Próchno], Trigo invernal [Oziminal] y Corriente [Nurt], en la que figuran biografías de ilustres polacos de antaño.

M. Bersano Begey

Pierre-Jean de Béranger

Nacido el 19 de agosto de 1780 en París, donde m. el 16 de julio de 1857. Hijo de una familia muy pobre, el tipógrafo Laisney enseñóle a leer, escribir y componer versos.

Todavía muy joven, estuvo en la cárcel, con su padre, por una quiebra; luego, al salir de ella, inició el cultivo de la poesía, aun cuando sin ningún éxito. Escribió un poco de todo — composiciones líricas, trágicas y épicas —, y dedicó dos poemas ditirámbicos, Le réta­blissement du culte y Le déluge, a Luciano Bonaparte, quien le protegió y, para librar­le de la miseria, le entregaba su propio esti­pendio de miembro del Institut.

Sin em­bargo, debe su fama a las Canciones (v.), que empezaron a circular, manuscritas, ha­cia 1810. Antinapoleónicas al principio, una vez restaurada la monarquía borbónica ensalzaron las glorias militares del Imperio y atacaban los poderes real y eclesiástico. Su publicación (Chansons morales et’autres, 1816; Chansons. Deuxième recueil, 1821; Chansons nouvelles, 1825; Chansons inédi­tes suivies de procès, 1828) alcanzó un éxito estrepitoso y contribuyó en gran parte al establecimiento del culto napoleónico.

Las numerosas condenas que la Restauración hizo objeto al autor, sólo consiguieron au­mentar su popularidad; y así, la celda que ocupaba era visitada continuamente por las más altas personalidades literarias de la época.

En 1831 publicó sus últimas cancio­nes, Rechazó los cargos que le ofrecieran el gobierno de Luis Felipe y los revolucio­narios de 1848, y vivió sus últimos años en­vuelto en el afecto popular.

M. Pasquali

Beo

(seudo) Se le considera autor de la Omitogonía (v.), atribuida por la tradi­ción a la mítica sacerdotisa homónima del templo de Delfos.

En realidad, empero, no conocemos de él sino su nombre (Boios, con terminación propia del masculino, y no Boio, femenino, de donde la confusión con la sacerdotisa), e ignoramos incluso la época durante la cual vivió, y que sólo por conje­turas puede fijarse en el siglo III a. de C.