Julio César Redivivo, Nicodemus Frischlin

Julio César, la figura del dictador, de la que están llenas las leyendas medievales de Roma y, en particular, el episodio de su muerte, han dado origen a una tradición dramática, de la que se vale de modo es­pecial el teatro del Renacimiento, para culminar en la obra de Shakespeare. Las primeras tragedias de este tema y título aparecen en Francia. Abre la serie un Julius Caesar del humanista francés Marc-Antoine Muret (1526-1585), tragedia escrita en latín en 1550. Después de Muret, Jacques Grévin (1538-1570) hace representar en 1558 una tragedia, César; sobre el mismo argumento encontramos, en 1574, el Cornélie, de Robert Garnier, y en 1582 Caesar Interfectus, en latín, del inglés Richard Edes.

Entre los más importantes está el Julio César redivivo [Julius Caesar redivivas], drama del alemán Nicodemus Frischlin (1547-1590), el mejor autor teatral de su siglo en alemania, escrito entre 1572 y 1584. Escrito en latín, el drama intenta mostrar el contraste entre el viejo mundo y la mo­derna alemania, y entre esta misma y los países latinos. César y Cicerón emprenden un viaje desde ultratumba a alemania, y admiran el espectáculo del poderío político de un nuevo imperio, la elevada poesía neo­latina, el progreso científico representado por la invención de la pólvora de cañón y el cultural que significa la invención de los caracteres móviles. Con gran dolor cons­tatan, en cambio, el estado de sus herederos italianos, representados por un buhonero saboyano y un deshollinador.

El drama tiene, naturalmente, una marcada tendencia nacionalista; es un tanto débil en su composición, carece de verosimilitud, y su diálogo es fatigoso; pero compensa esto con la ca­racterización de sus personajes. Bismarck cuenta que la lectura de Julius redivivus reavivó en él, siendo joven, el amor patrio.

M. Pensa

Julieta en el País de los Hombres, Jean Giraudoux

[Juliette au pays des hommes]. No­vela de Jean Giraudoux (1882-1944), publi­cada en 1924, en la cual el escritor francés reanudó su acostumbrado tema del intento de evasión de una restringida y modesta realidad, seguida de un arrepentimiento más o menos pronto, e insistió, precisamen­te, en el tema de Susana y el Pacífico (v.), pero esta vez despojándolo de toda com­plicación fortuita y reduciéndolo por decirlo así a su puro esquema.  No se puede hablar aquí de trama: Julieta es una joven de provincias, ignorante y perspicaz, ingenua e intrépida (el tipo de mujer joven singularmente preferida por el Giraudoux nove­lista) que va a París, «al país de los hom­bres», deseosa de conocer el mundo y la vida. Busca, se acerca a algunos hombres, apenas entrevistos o sólo oídos recordar y que le habían parecido maridos posibles: una serie de desilusiones. Hasta se encuen­tra con el propio autor del libro, el cual le lee su «Oración en la Torre Eiffel» después de lo cual, ya convencida, se vuelve a su casa.

La moraleja de esta breve fábula es la misma de Sitsana, de Sigfrido y de Lemosín: que la mejor verdad acerca de la esencia de la vida debe reconocerse y reconstruirse dentro de nosotros mismos, y muy pocos experimentos bastan a nuestra fantasía y a nuestro intelecto para crear de nuevo su propio mundo. Pero el verdadero interés de este libro ha de reconocerse en aquella «Oración en la Torre Eiffel». Autén­tico «número de fuerza» que resume en cierto modo las más brillantes característi­cas del personalísimo estilo de Giraudoux mientras muestra su naturaleza imaginati­va, y, con todo, sutilmente ligada a la esen­cia del carácter francés, cuya historia y cuyo tesoro de fina claridad parecen acoger­se en breve espacio, en el círculo de la ciudad, en torno a la gran torre.

M. Bonfantini

Más todavía que Musset, Giraudoux tiene tanto ingenio que, leyéndolo, me parece que todos nosotros no somos, sin excepción, más que unos tontos. (Du Bos)          

Ju Lin Wai Shih, Wu Ching-tzu

[Historia privada de los literatos]. Novela china escrita por Wu Ching-tzu (1701-1754). Su tema principal son las aventuras de Fan Chin; pero este libro no ofrece una trama orgánica, y está formado por muchos episodios que se pue­den considerar como otras tantas narracio­nes cortas.

Comienza con la historia del literato Chou Chin, el cual, después de haber probado varias veces fortuna en los exámenes de concurso, vence finalmente, obtiene el título de Chin-shib (literato electo) y recibe del emperador el cargo de examinador de concursos de la provincia de Kuang-tung, y en el primer certamen ve a un estudiante pobre y macilento, viejo ya, que no había conseguido superar ningún examen. Es Fan Chin; después de varias escenas muy pintorescas, su mérito es final­mente reconocido por Chou, y así Fan Chin comienza su tardía ascensión. Parte hacia la metrópoli de la provincia, donde quiere ganar un nuevo concurso, pero al volver a su casa halla a sus padres en la miseria; su madre le envía inmediatamente al mer­cado para vender una gallina y comprar arroz. Mientras tanto llega el mensaje oficial para anunciar que Fan Chin ha obtenido el séptimo número en el concurso de la me­trópoli. Un vecino corre a buscar a Fan Chin y lo halla en el mercado con su ga­llina en la mano. Le comunica la noticia; pero Fan Chin no quiere creerlo. Entonces el vecino se lo lleva a casa; cuando Fan Chin llega y ve el mensaje oficial da un grito y huye, casi loco de alegría. Su suegro acude en su busca y le devuelve el juicio a fuerza de palos, y así continúan las pe­ripecias, ora burlescas, ora patéticas, en torno a la extraña figura de aquel literato.

Esta novela, defectuosa en su composición y falta de unidad, tiene, a pesar de ello, una vivacidad de narración y una limpidez de estilo que hacen de ella una de las mejores novelas chinas y de su autor un clásico de la narrativa en la literatura de su país.

S. Lokwang

Juliano y Maddalo: una Conversación, Percy Bysshe Shelley

[Julián and Maddalo: a conversation]. Poema inglés de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), publicado en 1824 en una co­lección de poesías póstumas. El poema fue escrito en 1818, después de una estancia en Venecia, durante la que Shelley fue hués­ped de su amigo Lord Byron, y está inspirado precisamente por las conversaciones que tuvieron lugar entre los dos poetas. Como el mismo autor explica en el prólogo, Juliano (Shelley) es un inglés de buena familia, apasionado defensor de la humana perfectibilidad; el conde Maddalo (Byron), un noble veneciano de gran ingenio, es do­minado en cambio, por el sentido de la vanidad de las cosas humanas.

Paseando una tarde, al anochecer, a lo largo de la orilla del mar, Maddalo hace algunas amargas reflexiones sobre la futilidad de las luchas, de las fatigas, de toda la vida humana que la muerte sumergerá en la nada. A las palabras de su amigo, Juliano contrapone su fe en los destinos del hombre. Al final de su con­versación los dos van a visitar un manico­mio. donde uno de los locos, que ha perdido la razón por un amor desafortunado, narra su historia. En esta obra, Shelley expresa, una vez más, los conceptos fundamentales de su pensamiento filosófico: fe ilimitada en el poder que las fuerzas del espíritu tie­nen sobre la mente del hombre; perfectibi­lidad de la naturaleza humana, que podría con un esfuerzo de voluntad alejar el mal y acercarse cada vez más a la perfección.

Este progreso es obstaculizado, según Shel­ley, por los prejuicios y las supersticiones de las que la humanidad sigue siendo es­clava (primera, entre todas, la religión) y que, por lo tanto, han de ser combatidas y eliminadas. Este substrato ideológico es la base de casi toda la obra de Shelley; sin embargo, aquí, en vez de llevar sus ideas a la elevada temperatura de su intenso liris­mo, el poeta parece buscar la fuerza per­suasiva en la sencillez de una conversación familiar, sostenida de todos modos en un elevado nivel artístico, al que contribuyen el calor de su convicción y la armoniosa belleza de los versos. La fantasía poética se afirma también entre el prevalecer de las ideologías: la descripción del ocaso purpúreo en la laguna de Venecia y de la tristeza que penetra todas las cosas cuando la llama del sol se ha apagado tras las Colinas Eugáneas es uno de los más hermosos y conocidos ejemplos de poesía descriptiva de Shelley.

S. Rosati

Juliano el Apóstata, Dmitrij Sergeevič Merežkovskij

Una novela de tesis sobre el mismo tema, titulada Juliano el Apóstata [Julián Otstupnik], escribió el ruso Dmitrij Sergeevič Merežkovskij (1865-1941), publicada en 1895 como primera parte de la trilogía Cristo y el Anticristo (v. Leonardo de Vinci y El Anticristo). Juliano el Apóstata es conocido también con el título La resurrección de los dioses. Debido al punto de partida teórico del autor, para quien la lucha en­tre los principios cristianos y los paganos, entre el espíritu y la carne, es el principal motivo que mueve la historia de la huma­nidad, la elección de la personalidad de Juliano el Apóstata como tema de la primera parte de la trilogía es indudablemente muy feliz.

Nadie más que el emperador romano, enamorado del mundo antiguo y convencido de que el Cristianismo representa la des­trucción de todos los valores, ha tenido imi­tadores hasta nuestros tiempos, hasta el autor de Ecce Homo (v.), Nietzsche, del que sin duda Merežkovskij, en la idea funda­mental de la trilogía, recuerda la oposi­ción entre Dionisios y Apolo en el Nacimien­to de la tragedia (v.). En la novela de Merežkovskij la ión poética de la historia tiene lugar sin excesivas alteracio­nes, y Juliano nos es presentado en toda su realidad de restaurador del paganismo, aun cuando en los detalles a veces se impone al narrador el elemento colorista, como en el cortejo de las bacantes guiadas por el mismo emperador, que agita en el aire su tirso de oro.

La tesis de Merežkovskij de que la antigua belleza de los siglos pasados no puede volver íntegramente y que es preciso tender hacia una conciliación entre paganismo y Cristianismo, en el sentido de la unificación del Bien y del Mal, de la humildad y de la soberbia, de la bondad y de la crueldad, de la fuerza y de la be­lleza, ya resulta afirmada en Juliano el Apóstata. Un ulterior desarrollo de esta tesis fue la segunda parte de la trilogía: Leonardo de Vinci. [Trad. española de Luis Jiménez García de Luna, con el título La muerte de los dioses.La apostasía del emperador Juliano. (Madrid, s. a.)].

E. Lo Gatto