La Lanterne, Rochefort-Lugay

Bajo este título, Henri de Rochefort-Lugay (1830-1913), despedido del «Fígaro» por sus artículos hostiles al gobierno napoleónico, publicó, en París, el día 1 de junio de 1868, el primer número de una violenta revista satiricopolítica (lue­go reeditada en un volumen, en 1886) que, a pesar de las diversas persecuciones de la policía, salió semanalmente durante tres meses y consiguió una tirada de 130.000 ejemplares.

El contenido de la revista res­ponde a la voluntaria ambigüedad del título, subrayada por la viñeta que le acompaña, donde, junto a la linterna — el farol — no falta la cuerda. El autor saca partido de los más minúsculos incidentes de la pequeña crónica para subrayar con la cáustica ironía de sus alusiones las grandes y pequeñas fal­tas del gobierno y de la familia imperial. Protestando contra la arbitraria y cómoda distinción entre vida pública y privada, Rochefort arremete con todo el pasado de la reina Hortensia y la corrompida hipocresía de la corte, la política guerrera del Imperio y su responsabilidad en la empresa de Mé­xico, la incoherencia de Napoleón III y la supina aquiescencia de la Cámara, el desas­tre financiero y el agobio de los impuestos, la corrupción de los magistrados y los ca­prichos de la policía, los ridículos temores de la censura y el abuso de las condecora­ciones y títulos nobiliarios, la retórica im­perante y la falta de inteligencia con que «los grandes hombres» dan pábulo a las burlas de la oposición. La forma es variada: se pasa de la polémica punzante al chiste; de la burla disimulada entre las líneas bufas de un anuncio publicitario a la reflexión se­ria; de la parodia literaria a las citas de pasajes entresacados de los escritos de Na­poleón III o de sus partidarios, cuyas inco­herencias y contradicciones se ponen de relieve.

Un artículo sobre la batalla de Farsalos dio a la policía la ocasión de acu­sar a Rochefort de instigador al asesinato del soberano, y La Lanteme, ya varias veces confiscada, tuvo que emigrar junto con su autor, agobiado de multas y conde­nas. Pero en Bruselas emprendió de nuevo, con mayor violencia, la publicación de su revista que, reducida a un formato mínimo, consiguió hacer entrar profusamente en Francia gracias a los ingeniosos medios inventados por su inagotable imaginación. La Lanteme, apagada con el cambio de la situación política, revivió una vez más cuando Rochefort, al volver de su deporta­ción en Nueva Caledonia, reanudó su pu­blicación desde Ginebra, después de una tentativa en Inglaterra, haciéndose eco, es­pecialmente, del descontento contra MacMahon.

F. C. Valla

Lámpara de los Príncipes, Abū Bakr al-Turtūšī

[Sirāŷ al-muluk]. Libro de política del escritor arabigoespañol Abū Bakr al-Turtūšī. (1059- 1126?), quien lo escribió en Egipto, donde se había establecido tras haber deambulado por diversas ciudades de Oriente, después de haber emigrado de España (1083). Se trata de una guía para el príncipe — y, en buena parte, para el ciudadano en general — en el desempeño de su misión, en la que estudia las relaciones del príncipe, por una parte con Dios y, por otra, con sus súbditos. En todo el libro campea un profundo sen­tido religioso —- al- Turtūšī escribió otros trabajos sobre materias religiosas o mora­les—, sentido que informa su pensamiento político, ya que para él la religión consti­tuye la base del Estado. La obra consta de un prólogo y 64 capítulos, muy distintos entre sí, aunque cada uno de ellos está de­dicado a una materia determinada, como, por ejemplo, la mansedumbre o la genero­sidad; estudio de los riesgos que ofrece la amistad con el soberano, o bien normas que deben seguirse con los infieles sometidos, etcétera. Al- Turtūšī no se limita a exponer ideas propias, sino que recopila las de otros escritores; su narración está continuamente esmaltada de agudas observaciones, de re­latos de tipo muy variado, e incluso de anécdotas curiosas y amenas, o, por ejem­plo, de alusiones al arte culinario, todo lo cual hace que el contenido más que propiamente político pertenezca al de ese tipo de obras que los árabes clasifican como adab («humanidades»). [Traducción españo­la de Maximiliano Alarcón (Madrid, 1930- 1931, dos volúmenes)].

E. Romano

De la Lámpara Combinatoria Luliana, Giordano Bruno

[De lampade combinatoria luliana]. Tratado filosófico, en latín, de Giordano Bruno (1548-1600), publicado en 1587 y per­teneciente al grupo de las obras llamadas neoplatónico-metafísicas lulianas, porque se mueven siguiendo el surco de la Ars magna (v.) de Llull, proponiéndose construir un sistema de relaciones entre las ideas para organizar el sistema de lo real. Por esto esta obra es afín al Compendio y comple­mento del arte de Llull (v.), aunque aquí se intenta más claramente rehabilitar las fan­tásticas abstrusidades mnemotécnicas del filósofo mallorquín, aliándolas con la meta­física.

La Lámpara combinatoria es, en ri­gor, un resumen de la Clavis Magna, obra perdida de Bruno, en la que el autor se había propuesto abrir las puertas que dan entrada a los arcanos lulianos, poniendo a doctos e indoctos en condiciones de aclarar lo intrincado, distinguir lo confuso, manifestar lo oculto y dilucidar lo oscuro. El título de la obra deriva de la tormentosa búsqueda, tan frecuente en Bruno, para organizar los elementos categóricos del pen­samiento que coinciden con los elementos categóricos del ser, simbolizándolos con complejos artificiosos, llamados Sellos, Conceptos, Estatuas, Linternas, etc. Con la dialéctica de Llull imaginaba poder apren­der rápida y fácilmente todo lo congnoscible, dominar cualquier tema y transportarse con prontitud de un concepto a infinitos más, en virtud del principio monístico de que el todo está en lo uno y lo uno está en el todo. Bruno da razón de este método sostenido por los lulianos, que sería el mismo recomendado por los peripatéticos, o sea partir de lo simple para llegar a lo compuesto, para lo cual Llull busca ante todo las nociones elementales del saber para proceder luego a su combinación.

Bruno, aclarando este procedimiento por medio de una comparación, dice que en Llull se pasa de los elementos sueltos a las combinaciones binarias y ternarias como en el estudio de las lenguas se pasa del conocimiento de las letras, al de las sílabas y finalmente al de las palabras, y como en el estudio de la lógica se va del concepto al juicio (reacción entre dos conceptos) y al razonamiento (re­lación entre dos juicios). Como en el Compendio y complemento, en la Lámpara combinatoria se comentan los nueve temas lulianos, a los que se añaden las tablas lulianas relativas a las virtudes y los vicios. El valor de esta obra, que fue seguida por la Lámpara de las invenciones lógicas (v.), es, en sustancia, modesto; refleja principal­mente un aspecto particular de Bruno y, en general, de gran parte del pensamiento renacentista, frente al cual una concepción mecanicista del pensamiento y de la natura­leza podía ser aceptada en gracia a lo que parecía haber de mágico en el íntimo con­tenido mismo de esta mecánica.

M. Maggi

Lamiyyàt Al-’Arab, Chànfara

Célebre poesía árabe de la época preislámica, atribuida al poeta bandolero pagano Chànfara (siglo VI d. de C.). El título significa «poesía en rima ‘lam’ de los árabes», y le fue dado en contraposición a una insignificante Lamiyyàt al-Agiam («poesía en rima «lam» de los persas») del tardío versificador at-Tughrai (siglo XII).

El poema, en 68 versos, es uno de los más vigorosos y sugestivos productos de la antigua poesía árabe llegada hasta nos­otros. El poeta, que habla de sí mismo en primera persona, describe en una serie de rápidas escenas famosas por su vigor rea­lista, su vida solitaria y errante por el de­sierto : abandonado por sus compañeros de tribu a causa de sus crímenes, se dirige, como a sus más leales camaradas, a sus armas y a las fieras, con las que, en su vida de bandolero, se ha familiarizado; ensalza su propia indómita fiereza, las virtudes tradicionales del beduino (generosidad hos­pitalaria, resistencia a las penalidades, so­briedad, valentía en la guerra) y sus haza­ñas de desesperado fuera de la ley, votado a la Soledad y a la muerte. Todo él mundo animal del desierto, desde la hiena al lobo, desde el pájaro «qatá» al gamo, desde las abejas a las cabras monteses, es evocado por el poeta a su alrededor, ora mediante representaciones directas, ora bajo forma de comparaciones, y anima la poesía con cuadritos en los que la habitual minucia descriptiva no perjudica la intensidad de la expresión.

Pero además de todos sus acier­tos de detalle, la unidad artística de la obra resulta de la representación de la figura del protagonista; alma desdeñosa que se alaba de su propia altivez, que ha quedado como clásica expresión del ethos beduino. La autenticidad de este poema fue ya puesta en duda por los filólogos musulmanes me­dievales; según algunos, se trata de una habilísima falsificación de un célebre reco­pilador e intérprete de poesía antigua, Jalaf-al-Ahmar (siglo VIII). Pero en reali­dad no parece probable que se trate de una superchería, antes al contrario, hay más de un indicio a favor de la autenticidad, a juicio de la misma arabística moderna. Obra original o genial imitación, no hay duda de que es una de las más altas ex­presiones del espíritu árabe antiguo. Trad. italiana de F. Gabrieli, en «Nuova Anto­logía», julio de 1936.

F. Gabrieli

De la Lámpara de las Invenciones Lógicas, Giordano Bruno

[De Lampade venatoria logicorum]. Tratado, en latín, de Giordano Bruno (1548-1600), publicado en 1587 y per­teneciente al grupo de las obras neoplatónico-metafísicas lulianas que se mueven dentro del surco de la Ars Magna (v.) de Llull.

Es la continuación de la Lámpara combina­toria luliana (v.). Mientras en esta última Bruno intenta aclarar y desarrollar los es­quemas de Llull que indicaban los modos cómo había que combinar los elementos lógicos del pensamiento para lograr el ra­zonamiento, aquí pretende aplicar el mecanismo de la combinatoria a la inventiva, en una tentativa de deducción de las cate­gorías, de construcción de la trinidad neo- platónica y de demostración de la sustancialidad del alma: por lo cual uña vez resuelto el problema del arte de razonar y de formar ideas, se obtiene también una completa teoría psicológica. La primera parte del De lampade venatoria, titulada De progres su logicae venationis, trata del modo según el cual deben construirse los silogismos; la segunda, que lleva el mismo título que la obra, no se aleja de la lógica de Aristóteles, de la cual enumera los instrumentos de investigación dialéctica, o sea, plantear los problemas, distinguir los distintos signifi­cados de los vocablos, descubrir las dife­rencias, entre proposiciones afines y discer­nir sus semejanzas; proceso ascensivo, como cualquier proceso de la realidad, por el cual el conocimiento, siendo una función natural, un proceso de la actividad de la realidad misma, tiende a la unidad, a través de la multiplicidad y la variedad de las formas.

Con esta obra se enlazan el breve tratado retórico Artificium perorandi, publicado en 1612, y el De specierum scrutinio, que es, con algunas variaciones, la segunda edición del De lampade combinatoria. El valor de todas estas obras es modesto, porque poco añaden a la filosofía gnoseológica, mejor enfocada en De las sombras de las ideas (v.), el Sello de los sellos (v.), la Explicación de los treinta stíllos (v.) y la Composición de las imágenes y de las ideas (v.). Más tarde, Bruno, reconociendo el defecto del meca­nismo luliano, lo define, como realmente es, como un proceso más que lógico mnemotécnico. Pero por lo demás, incluso Leibnitz caerá más tarde en el mismo entusiasmo por Llull, a quien considerará descubridor de la fuerza viva y del cálculo diferencial.

M. Maggi