Lamiyyàt Al-’Arab, Chànfara

Célebre poesía árabe de la época preislámica, atribuida al poeta bandolero pagano Chànfara (siglo VI d. de C.). El título significa «poesía en rima ‘lam’ de los árabes», y le fue dado en contraposición a una insignificante Lamiyyàt al-Agiam («poesía en rima «lam» de los persas») del tardío versificador at-Tughrai (siglo XII).

El poema, en 68 versos, es uno de los más vigorosos y sugestivos productos de la antigua poesía árabe llegada hasta nos­otros. El poeta, que habla de sí mismo en primera persona, describe en una serie de rápidas escenas famosas por su vigor rea­lista, su vida solitaria y errante por el de­sierto : abandonado por sus compañeros de tribu a causa de sus crímenes, se dirige, como a sus más leales camaradas, a sus armas y a las fieras, con las que, en su vida de bandolero, se ha familiarizado; ensalza su propia indómita fiereza, las virtudes tradicionales del beduino (generosidad hos­pitalaria, resistencia a las penalidades, so­briedad, valentía en la guerra) y sus haza­ñas de desesperado fuera de la ley, votado a la Soledad y a la muerte. Todo él mundo animal del desierto, desde la hiena al lobo, desde el pájaro «qatá» al gamo, desde las abejas a las cabras monteses, es evocado por el poeta a su alrededor, ora mediante representaciones directas, ora bajo forma de comparaciones, y anima la poesía con cuadritos en los que la habitual minucia descriptiva no perjudica la intensidad de la expresión.

Pero además de todos sus acier­tos de detalle, la unidad artística de la obra resulta de la representación de la figura del protagonista; alma desdeñosa que se alaba de su propia altivez, que ha quedado como clásica expresión del ethos beduino. La autenticidad de este poema fue ya puesta en duda por los filólogos musulmanes me­dievales; según algunos, se trata de una habilísima falsificación de un célebre reco­pilador e intérprete de poesía antigua, Jalaf-al-Ahmar (siglo VIII). Pero en reali­dad no parece probable que se trate de una superchería, antes al contrario, hay más de un indicio a favor de la autenticidad, a juicio de la misma arabística moderna. Obra original o genial imitación, no hay duda de que es una de las más altas ex­presiones del espíritu árabe antiguo. Trad. italiana de F. Gabrieli, en «Nuova Anto­logía», julio de 1936.

F. Gabrieli