Leila y Magnún, Nizami de Gangia

[Leila u Magnún]. Son conocidos con este título dos célebres poemas novelescos de la literatura persa, el primero debido a Nizami de Gangia (m. en 1202); el otro, a Giami de Harát (m. en 1492). Ambos desarrollan, sobre trama sustancialmente única, una leyenda árabe de amor y de muerte que tiene por protagonista al semihistórico poeta beduino Quais ibn al-Mulawwah, de sobrenombre Magnün («el loco de amor»), y su amada. En el poema de Nizami se dice que Magnün es un hijo de un rey de Arabia, que, al verse negada la mano de Leila por los pa­dres de ella, casi pierde el juicio y se retira a vivir en el desierto, entre las fieras, des­pués de haber intentado en vano, con la ayuda del príncipe Nawfil, obtener por la fuerza a su amada.

Ésta, en tanto, es con­cedida como esposa a otro, pero no olvida a su fiel amante, y le visita furtivamente, y vuelve libre a él cuando se le muere el marido. Contentos, vuelven a reunirse los dos amantes, pero Leila muere de alegría, y también Magnün acaba por seguirla a la tumba, muerto de consunción. Esta trama sentimental, a la cual el arte de Nizami ha dado forma clásica en la literatura persa, ha recibido de Giami un colorido netamente místico. En efecto, en su poema los dos amantes son símbolo del amor divino, y sus aventuras describen el anhelo del alma por unirse con la divinidad. Ambos poemas, a pesar de su diverso carácter, han disfrutado de gran fortuna en el mundo oriental, por su fábula pasional y por la buena parte que tiene en ellos el elemento sentencioso, tan apreciado por las literaturas musulmanas.

F. Gabrieli

Lejos de la Multitud Enloquecedora, Thomas Hardy

[Far From the Madding Crowd]. Novela del inglés Thomas Hardy (1840- 1928), publicada en 1874. El pastor Gabriel Oak ama desde hace muchos años a la egoísta y caprichosa Betsabé Everdene. Pero ésta se casa con el sargento Troy, un petimetre de alma vulgar, que la maltrata cruelmente. Otro enamorado de Betsabé, Bodwood, mata a Troy y luego se vuelve loco; Gabriel puede, al fin, casarse con Betsabé.

La novela, donde el elemento iró­nico se manifiesta en el hecho de que Bet­sabé, después de haber rechazado por pre­sunción egoísta al fiel Oak, acabe casándose con Troy, es decir, con un mal sujeto, fue publicada al principio anónima en el «Cornhill Magazine» y fue atribuida por muchos a George Eliot. El autor, cuando fue conocido, obtuvo con este libro su pri­mer gran éxito de público. El sentido cons­tructivo y de las proporciones, que Hardy había adquirido en sus estudios de arquitectura, parece pasar a la estructura de sus intrigas y a las proporciones de sus novelas, donde los acontecimientos son siempre complejos, pero desarrollados y sostenidos con gran armonía y habilidad. En Lejos de la multitud enloquecedora, la compleja intriga está sólidamente basada, y el desarrollo trata de poner a la luz el juego de relaciones recíprocas entre los personajes y el ambiente, que el escritor profundizará cada vez más en sus obras si­guientes (v. Los habitantes del país de los bosques; Retorno al país).

Vuelve aquí el tema, aparecido desde los primeros libros, de la naturaleza consoladora para quien sepa con sencillez de espíritu, comprender sus voces y sugestiones; y a su lado, casi en contraposición con ello, se plantea el tema de la mujer concebida como una criatura moralmente irresponsable y como una de la principales causas, aunque involuntaria, del dolor y del mal sembrado entre los hombres por el destino, única fuerza — se­gún Hardy — que determina las suertes humanas.

S. Rosati

La Legislación Primitiva Considerada en los Últimos Tiempos con las Solas Luces de la Razón

[La Législation primitive considérée dans les derniers temps par les seules lumières de la raison]. Obra de Louis-Gabriel Ambroise de Bonald (1754- 1840), publicada en 1802. Está constituida por una serie de pensamientos y axiomas inspirados rígidamente en el catolicismo en religión y en el legitimismo en política, den­tro de un sistema ideológico construido con mucha habilidad dialéctica. A pesar de que pertenece a la sustancial restauración de los valores de la familia y de la sociedad, en la cual, desde el consulado, Napoleón pro­curó inspirarse para la política interior, esta obra no fue conocida sino en restrin­gidos ambientes religiosos y nobiliarios. Sus decididas y singulares convicciones reaccio­narias condujeron al escritor católico a combatir con firmeza las nuevas ideas liberales, que a él la parecían nocivas para el Estado y para la sociedad.

La creación del hombre a imagen y semejanza de Dios importa la consideración de que la sociedad se halla fundamentalmente basada sobre principios no sencillamente naturales, sino inspirados por la misma providencia. Así, por medio de la palabra (expresión natural del pen­samiento para entrar en la conciencia), el hombre ha recibido la verdad, y por medio de ella la transmite y comunica. Igual­mente, al combatir el innatismo cartesiano y el sensismo empirista, en cuanto se refiere al origen y naturaleza de las ideas, Bonald afirma que el conocimiento de las verdades morales es innato, no en el indi­viduo, sino en la sociedad. No puede haber sociedad sin verdades morales; en cada in­dividuo hay un conocimiento más o menos profundo de Dios. Por estas razones hasta la misma Revelación, concebida como mila­gro, debe considerarse como una ley gene­ral del espíritu humano. Así la que suele llamarse religión natural es también reve­lada, y la revelada es natural de por sí. Desaparece todo contraste en la sociedad y en la fe. La palabra indica en la ley di­vina los fundamentos de la humanidad mis­ma; ésta es regulada por principios que tienen sus bases en la familia, y hallan en el trono y en el altar su ‘vida espiritual; y el hombre puede volver a la pureza pri­mitiva emanada directamente de Dios, con la buena nueva instaurada en el mundo, y con el retomo de Cristo sobre la tierra para siempre redimida.

Las bases de la sociedad están minadas, dice el escritor, por nuevas y erróneas instituciones que no responden a las leyes de la naturaleza inspiradas por Dios; instituciones como el divorcio, el presbiterianismo, la democracia. Por estos prin­cipios, y por la misma sistematización in­transigente y polémica de su acción, Bonald se une, aunque sin dotes literarias ni espí­ritu crítico, a la batalla ortodoxa sostenida en defensa de la fe y de sus principios por Joseph de Maistre, Ballanche, y en ciertos aspectos, por Chateaubriand y el Lamennais de la primera época.

C. Cordié

El Legatario Universal, Jean-François Regnard

[Le legataire universel]. Comedia en cinco actos y en verso de Jean-François Regnard (1665- 1709), representada en 1708. Es la obra maestra de este maestro de la risa.

Eraste ama a Isabel, pero la madre de la mucha­cha, la señora Argante, pone como condi­ción a su matrimonio que Eraste sea instituido heredero universal de su tío Geronte. Con todo, también Geronte querría casarse con Isabel y sólo con mucho trabajo Eraste consigue convencer a la señora Ar­gante, favorable a este matrimonio que en­riquecería a su hija, a retirar la palabra dada. Geronte se resigna y hace testamento a favor de su sobrino, pero dejando una fuerte cantidad a dos parientes a quienes no conoce; en salvar esta parte de la heren­cia piensa el astuto Crispín (v.), criado de Eraste, el cual se presenta a Geronte dis­frazado de uno de los parientes, como jovencillo trivial. Y después, disfrazado del otro pariente, como viuda litigiosa y rapaz. Geronte, disgustado, piensa en dejárselo todo a Eraste, pero, sofocado por la ira que le han causado las visitas de los fingi­dos parientes, cae en catalepsia antes de hacer testamento, y lo dan por muerto. Crispín acude una vez más en socorro de su amo; se disfraza de Geronte, y manda llamar al notario, dicta testamento favora­ble á Eraste, pero sin olvidar ricos lega­dos para sí y para la sirvienta de Geronte, Lisette, de quien está enamorado.

Todo iría a pedir de boca si Geronte no hubiera vuelto a la vida: Eraste, Crispín y Lisette intentan hacerle creer que él ha dictado aquel testamento en estado de letargia; Geronte no se traga el enredo, pero a ruegos de su sobrino y de la misma Isabel, con­firma el testamento, y permite el matri­monio. Llena de resonancias de antiguas farsas cuya tradición, desde el Gianni Schicchi (v.) dantesco al Volpone (v.) de Ben Jonson, había pasado a la «Commedia dell’ arte» italiana, este Legatario reanima y re­nueva sus fuentes en una concepción bri­llante y netamente francesa. Crispín salta alegremente en esta comedia de las Arti­mañas de Scapin (v.) de Molière y conti­núa su vida de burlas y enredos, nacida en el teatro italiano «dell’arte» y refinada des­pués en las escenas francesas. Los puristas no tardaron en hallar en la obra una inne­gable falta de unidad, y de ello surgieron polémicas a las que contestó Regnard con la Crítica del legatario (v.). Esta divertida comedia fue puesta en música por Pfeiffer (1901) con libreto de Adenis y Bonnemére.

U. Dèttore

La Legión, Stanislaw Wyspiański

[Legjon]. Drama de Stanislaw Wyspiański (1869-1907), publicado en 1900 en Cracovia. El mayor y más original de los poetas de la «Joven Polonia», esto es, de la corriente que, en nombre de la poesía, y de los superiores intereses espi­rituales de la nación, se había revelado contra la representación de la vida coti­diana que ofrecía el realismo, Stanislaw Wyspiański, neorromántico, evoca más de una vez en sus obras al jefe del primer romanticismo, Adam Mickiewicz.

La Legión representa el momento culminante de la posición polémica adoptada por Wyspiański frente al poeta profeta, y la condena del concepto mesiánico que asignaba a Polo­nia el carácter y la misión de «Cristo de las Naciones». El Mickiewicz que habla y obra en ocho de estas escenas no es el épico y sereno cantor del poema nacional (v. El Señor Tadeo) : agrandado en propor­ciones gigantescas, penetrado de una fuer­za indomable : es el Conrado de Los Antepa­sados (v.), el mesianista, el secuaz del mís­tico Towiański. Quiere conducir su pueblo a la resurrección, pero sólo consigue hacer naufragar entre las olas la barca con la tripulación que confiaba en él. Los doce cuadros del drama se desarrollan entre 1845 y 1848, en Roma, donde, como es sabido, Mickiewicz formó y armó la legión de los voluntarios polacos destinados pri­mero a combatir por la independencia taliana y después a abrirse paso hacia la patria. En una escena nocturna, en el Coliseo, Mickiewicz discute con el otro gran poeta polaco desterrado en Roma, Sigmund Krasiński, acerca del destino y la misión de Polonia.

Sucesivamente Mickiewicz do­blega su orgullo de guía espiritual de la nación, en confesión, a los pies del sacer­dote Jelowicki; en el Quirinal, recibido por el Papa, le pide arrebatadamente su bendición para los legionarios y su bandera; comparte fraternalmente, entre los sepul­cros de la Vía Appia, el agua y el pan del peregrino con sus compañeros legionarios. En el último cuadro, de color y de tono apocalípticos, al timón de una barca sobre un mar tempestuoso y poblado de mons­truos, conduce a sus seguidores al naufragio y grita a los desaparecidos: «¡Resucitad, oh jóvenes!». El drama es ultra fantástico por su concepto y por su forma; su pensa­miento conductor es oscuro; oscuros muchos de sus detalles; y, con todo, las joyas de ardiente lirismo, las observaciones profun­das y agudas, y el esplendor de la lengua en las escenas satíricas y en las visiones grandiosas compensan en parte lo arbitrario y artificial del conjunto. Trad. italiana de Victoria Dambska en la revista «Teatro» (Turin, 1925).

C. A. Garosci