Liao Chai Chih I, P’u Sung-ling

[Narraciones fantás­ticas del estudio Liao]. Cuentos del escri­tor chino P’u Sung-ling (1622-1715), escritos a lo largo de veinte años y terminados en 1681. El libro circuló primero manuscrito y fue impreso más tarde por el nieto del autor en 1740. Contiene 431 cuentos, repartidos en dieciséis grupos, en su mayoría bre­ves (los más largos ocupan como máximo dos páginas), a menudo brevísimos, los cua­les narran historias curiosas o caprichosas de magia, de zorros, de fantasmas, de espí­ritus, de animales y similares, sobre el mo­delo de obras anteriores — sobre todo de las de la época T’ang, 609-918 — y también algunas contemporáneas, a las cuales esta colección supera por la belleza y la gracia inimitable de la dicción, por la ingeniosi­dad de la intriga, por la elegancia y eleva­ción de su estilo clásico y por la variedad de las alusiones literarias. Tales méritos justifican el éxito con que la obra fue aco­gida y la fama y el puesto que ha seguido conservando en la literatura china, y expli­can, además, las numerosas imitaciones, to­das bastante inferiores, a las que sirvió de modelo. H. A. Giles tradujo ciento sesenta y cuatro cuentos en su Strange Stories from a Chínese Studio (Londres, 1909, 2.a ed.). Otras traducciones son de W. F. Mayers, The Records of mnarvel or Tales of genii, Notes and Queries, I. p. 24, y en italiano de L. N. di Giura, Fiabe cinesi (Milán, 1926).

S. Lokwang

La Liberación de los Sitiados, Dionisio Solomós

Poema del principal poeta neogriego Dionisio Solomós (1817-1857). La inspiración de un poe­ma sobre el épico asedio de Missolonghi, nacida en los días de aquella gloriosa pasión y ya vertida en un ensayo oscurísimo, titu­lado La mujer de Zante (publicado por Kerofilas, en 1927), flotó en el ánimo del poeta desde el momento de salir de Zante (1828) y constituyó una tormentosa compañera de su vida.

En la cima de una experiencia lite­raria y humana se perfilaba, en esta obra total, una ión de las contingen­cias históricas en el mundo de los ideales humanos más elevados, de los valores uni­versales y eternos (de Missolonghi a Grecia y a las ideas de patria y fe). Sin embargo, a pesar de un trabajo prolongado, de cerca de treinta años, el poema quedó incompleto en su redacción y, tal vez, en la concepción misma. Las reliquias, recogidas amorosa­mente de los papeles, del poeta por Polilás, no permitieron establecer una edición críticamente segura, manteniéndose borrosa la orientación y la selección entre las diversas variantes conocidas. Del poema quedan tres versiones o diseños. La primera, de pocos versos, se desarrolla en sextetos de rima al­terna. En la segunda, cuya línea aparece insegura por sus fragmentos, unos de cierta amplitud, los otros breves y de una sola estrofa, significa la preciosa conquista del pentadecasílabo épico (pareado). En la ter­cera versión, que representa una reelabora­ción de la precedente, con nuevas aportacio­nes valiosas, la rima decae. De sus fragmen­tos surgen los héroes, entre esperanzas, in­quietudes y amarguras; es impresionante la descripción de la salida fatal, del cerco de hambre y fuego.

En las mujeres se obser­van las huellas del heroísmo suliota, hecho humano de algaradas populacheras, enno­blecido por un aura de humilde «pathos» que penetra en simples aspectos de la vida (los sueños, el canto, la danza, que no im­piden los furores de la guerra). Frente al enemigo se afirman, en fin, las sublimes realidades del espíritu; despojados ahora los héroes de impedimentos y vínculos, se sitúan al nivel del sacrificio, de la muerte y de la libertad. La inspiración corre pare­jas con la elaboración más intensa e ince­sante. Las redundancias, la vacuidad fácil, van extinguiéndose a medida que la expan­sión introspectiva se desata en la expresión completa: surgen entonces intuiciones vi­suales, auditivas y olfativas, creaciones de atmósfera y estados de ánimo, ondas musi­cales y melódicas — canto fluido — y versos austeramente contenidos, efectos de sonidos y timbres, asonancias y doctas rimas ínti­mas. Palamás señala como romántica — casi diríamos dionisíaca — la inspiración de la obra. La elevación de una materia ardiente y agitada en tensión, verdaderamente clá­sica de intuición-expresión es, por el con­trario, el esfuerzo y la meta del gran poema.

F. M. Pontani

Ley Sálica, Anónimo

Es la más antigua, la más importante y la más célebre de las leyes bárbaras. Pertenecía a los francos salios y fue redactada probablemente durante el rei­nado de Clodoveo, aunque seguramente antes de la conversión al cristianismo de este rey (496), puesto que está impregnada de paga­nismo. Sucesivamente se hicieron varias redacciones con enmiendas, entre las cua­les una bajo Carlomagno. Aparte de alguna rara disposición de derecho privado, esta ley es sustancialmente una tarifa criminal, o sea, una lista de las penas que corres­ponden a cada uno de los delitos.

De ella se desprenden también normas de carácter constitucional en sentido lato; así vemos que en la persona del rey estaban concen­trados los poderes ejecutivo, judicial y mili­tar, y que la monarquía era hereditaria por línea masculina, pero sin derecho de primogenitura. En el ejercicio del poder legis­lativo y judicial el rey era asistido por la asamblea del pueblo, y el cuerpo judicial estaba constituido por, hombres libres lla­mados raquimburgos. Estos juzgaban de he­cho y en derecho y podían ser castigados con admoniciones si se negaban a juzgar o no juzgaban «secundum legem salicam». Estaban asistidos por el ragíbaro encargado de vigilar que juzgasen según la ley. La ley contiene notables disposiciones referen­tes al derecho de la persona, de la familia, de las sucesiones. En cuanto a las personas, es importante la división en tres categorías correspondientes a un «status» determinado, a saber: el libre (haro), el esclavo y el «litus» (estado intermedio entre los dos pri­meros). En cuanto al derecho familiar me­rece destacarse la institución de la «capilatoria», que era una ceremonia con la cual el padre otorgaba unos bienes deter­minados al hijo el día en que cumplía los doce años y en que le era cortado el pelo solemnemente.

Entre las otras instituciones notables está la llamada «de alodis» (o sea, de los bienes familiares), cuyo tenor literal era el siguiente: «Si alguien muere sin de­jar hijos, le sucede la madre si la tiene. De faltar ésta, le sucede el hermano o la hermana. Faltando éstos, le sucederá la her­mana de la madre y seguidamente el más próximo pariente de cada una de las gene­raciones. En cuanto a la tierra, las mujeres quedan excluidas, porque la tierra perte­nece al sexo masculino, a los hermanos». En esta disposición llama la atención espe­cialmente la preferencia hacia los herma­nos maternos; ello hace pensar que se trate de un residuo matriarcal. Otro punto impor­tante es el del último párrafo, que nos da el fundamento del derecho hereditario de varias monarquías, entre las cuales la ita­liana. En las obligaciones, es notable la dis­posición de la «festuca» relativa a los con­tratos. La entrega de la «festuca», además de indicar la conclusión- de un contrato, indicaba también el paso de la propiedad. Es una forma de «traditio symbolica», que representa una etapa del lento paso entre la «traditio» romana y el principio moderno según el cual la propiedad sólo se trans­mite mediante el consentimiento.

Finalmente tenemos el testimonio de los medios proba­torios típicos de aquellos tiempos. Primeramente eran admitidos los testigos ocula­res; a falta de éstos, eran admitidos los «conjurados», es decir, testigos que juran sobre la moralidad y crédito de la parte; tenían que ser doce y uno de ellos podía sufrir la prueba del agua hirviendo. A falta de los dos medios antedichos, el acusado podía ser sometido a la prueba del agua hirviendo, del hierro candente, etc. La ley sálica es la fuente más notable y genuina del Derecho bárbaro puro, y así se man­tiene en las enmiendas sucesivas, donde nos es dado seguir la evolución del Derecho bár­baro en contacto con el romano y con el cristianismo.

A. Repací

Ley Romana de los Visigodos, Alarico II

[Lex romana Visigothorum]. Llamada tam­bién Breviario de Alarico, porque su com­pilación fue iniciada por Alarico II. Fue publicada en Tolosa en 506. En ella están contenidas leyes escogidas y comentadas con la finalidad, no solamente de ordenar la confusa legislación de la época, sino de dar, además, a las poblaciones romanas some­tidas una fuente única de derecho para apli­car en los tribunales (los visigodos tenían legislación propia). La compilación com­prende «leges» (o sea, fuentes legislativas del período imperial) y «jura» (o sea obras o párrafos de juristas que tenían «jusrespondendi ex auctoritate principis»). Encuéntrase añadida una «interpretado», que unas veces sirve de comentario y otras sirve para modificar las disposiciones existentes y po­nerlas de acuerdo con los tiempos. Las «le­ges» reproducidas son: el ‘texto y buena parte del Códice Teodosiano (v.) y las No­velas posteodosianas, divididas en libros correspondientes a cada uno de los emperadores que las dictaron.

Los «jura» son el Liber Gai (v. Instituciones de Gayo), no reproducido ni textualmente — porque el texto a menudo es modificado, ampliado, reducido — ni enteramente — porque falta el cuarto libro referente al «jus quod ad actiones», derivado de las sentencias de Pablo —. Sigue, en cinco libros, una selec­ción de las Sentencias de Paulo (v.). Dan fin .a la compilación veintidós constitucio­nes «ex corpore Gregoriani» (v. Códice Gregoriano) y una proposición extraída de los responsa de Papiniano (v. Ley romana de los burgundos). Hay que advertir que las constituciones sacadas de estos dos có­digos eran consideradas «jura», porque se daba más importancia a las personas de los compiladores que al material recogido. El texto verbal se mantuvo en vigor durante unos ciento cincuenta años, hasta que fue derogado por la Lex Visigothorum del rey Recesvinto. Tiene importancia tanto para la historia general como para la historia del Derecho; para la primera, en cuanto demuestra la validez de las instituciones y de la civilización romana en la Edad Media; para la segunda, por ser una fuente de capital importancia y representa el primer acto legislativo de la época bárbara. Para la ciencia jurídica la importancia es menor, a causa de su forma compilatoria; con todo, asistimos a la germinación de nuevas insti­tuciones y de nuevos principios, que encon­tramos consagrados en los códigos de los modernos Estados.

A. Répaci

Leyes Eternas, Calrice Tartufari

[Eteme leggi]. Novela italiana de Calrice Tartufari (1868-1933), publicada en 1911. En ella la autora se ha propuesto trazar, entre el epílogo de la his­toria de una familia que viene a menos y el prólogo de la historia de una familia que progresa, el eterno repetirse de los aconte­cimientos humanos.

La acción se desarrolla en Novilara, en Pesaro, en una de cuyas vi­llas que es el último residuo de las riquezas de sus abuelos se han refugiado los Almerici. El abuelo, Savello Almerici, conserva todavía algo de su vigor atávico, pero su hijo Costanzo es un insignificante que junto con su humildísima mujer acepta indiferente­mente los acontecimientos. A los nietos, Ascanio y Marisa, no les falta inteligencia y virtudes, pero han perdido todo vestigio de aquellos ideales que guiaron a sus abuelos a vencer en las luchas. Marisa, criatura pura y simple, se enamora de un hombre capaz de comprenderla y de hacerla feliz, pero cuando se entera que está casado con una mujer que vive lejos, no encuentra en su interior las fuerzas para vencer las convenciones. Ascanio, paralizado por el exceso de reflexión y por la incapacidad de juntarse con los demás, se deja envolver en un amor indigno, del que después se avergüenza y se aleja, dudoso entre si obe­dece a la honestidad o al fastidio. Políti­camente defiende la causa de los campesi­nos,. pero no sabe adularlos y atrae sobre sí la incomprensión y la mala voluntad.

En contraste con los vencidos está un joven triunfador. Tigrin del Zongo, un tratante en ganado, enriquecido en América, que poco o poco llega a ser el propietario de las tierras de los Almerici y que pronto siente que acaba su alegría por un sufri­miento extraño: el vano amor que le em­puja hacia Marisa. A su alrededor encon­tramos un pequeño mundo de campesinos descrito con cuidado y con verdad, con sus problemas y sus intereses. En su narración la novela tiene páginas felices, que reflejan la influencia de Balzac en el análisis de los caracteres. Es inferior a II miracolo por una cierta lentitud y por ser menos viva y fresca en su fondo.

E. C. Valla