Leyes Eternas, Calrice Tartufari

[Eteme leggi]. Novela italiana de Calrice Tartufari (1868-1933), publicada en 1911. En ella la autora se ha propuesto trazar, entre el epílogo de la his­toria de una familia que viene a menos y el prólogo de la historia de una familia que progresa, el eterno repetirse de los aconte­cimientos humanos.

La acción se desarrolla en Novilara, en Pesaro, en una de cuyas vi­llas que es el último residuo de las riquezas de sus abuelos se han refugiado los Almerici. El abuelo, Savello Almerici, conserva todavía algo de su vigor atávico, pero su hijo Costanzo es un insignificante que junto con su humildísima mujer acepta indiferente­mente los acontecimientos. A los nietos, Ascanio y Marisa, no les falta inteligencia y virtudes, pero han perdido todo vestigio de aquellos ideales que guiaron a sus abuelos a vencer en las luchas. Marisa, criatura pura y simple, se enamora de un hombre capaz de comprenderla y de hacerla feliz, pero cuando se entera que está casado con una mujer que vive lejos, no encuentra en su interior las fuerzas para vencer las convenciones. Ascanio, paralizado por el exceso de reflexión y por la incapacidad de juntarse con los demás, se deja envolver en un amor indigno, del que después se avergüenza y se aleja, dudoso entre si obe­dece a la honestidad o al fastidio. Políti­camente defiende la causa de los campesi­nos,. pero no sabe adularlos y atrae sobre sí la incomprensión y la mala voluntad.

En contraste con los vencidos está un joven triunfador. Tigrin del Zongo, un tratante en ganado, enriquecido en América, que poco o poco llega a ser el propietario de las tierras de los Almerici y que pronto siente que acaba su alegría por un sufri­miento extraño: el vano amor que le em­puja hacia Marisa. A su alrededor encon­tramos un pequeño mundo de campesinos descrito con cuidado y con verdad, con sus problemas y sus intereses. En su narración la novela tiene páginas felices, que reflejan la influencia de Balzac en el análisis de los caracteres. Es inferior a II miracolo por una cierta lentitud y por ser menos viva y fresca en su fondo.

E. C. Valla