Libro de la Caza, Juan Manuel

Tratado didáctico de cetrería del escritor español don Juan Manuel (1282-1349). El autor resume toda su experiencia en la cría de aves de alta­nería, así como en su amaestramiento y empleo para cazar. Consta el libro de un prólogo y doce capítulos.

Comienza con un elogio del rey Alfonso X el Sabio, tío del autor, refiriéndose a su extensa obra de cultura, de entre la cual  pretende recopi­lar lo que hace referencia a la cetrería. Sin embargo, el libro de don Juan Manuel es mucho más que una ordenación de las alu­siones contenidas en los escritos del Rey Sabio. Anuncia que tras el tratado de la caza escribirá el del venar, pero esta segunda parte no ha llegado hasta nosotros. El primer capítulo trata de la clasificación y naturaleza de los halcones, reduciendo a cinco las especies principales: gerifaltes, sacres, baharíes, borníes y alfaneques. Estu­dia la superioridad del halcón sobre el azor, describiendo minuciosamente la caza de la grulla. El tercer capítulo está dedicado a diferenciar los tipos de gerifaltes, estable­ciendo los caracteres de las variedades me­jores. El capítulo siguiente se ocupa de la cría y el adiestramiento de los halcones, con los cuidados que requieren. Viene des­pués la técnica para hacerlos «señaleros», o sea para que aprendan a cazar.

La cap­tura de grullas con baharí se describe en el capítulo séptimo. Los cuidados e higiene del halcón son el objeto del octavo, inclu­yendo relatos de cacerías y refiriéndose a innovaciones que en su tiempo se introdu­jeron en el arte de la caza. El noveno establece los cuidados especiales que han de tenerse durante la muda del halcón. Los dos capítulos siguientes tratan de la ali­mentación y medicinas para las enferme­dades de estas aves, siendo curiosísimo y muy completo este pequeño tratado veteri­nario. Y el último registra los itinerarios de caza que el escritor ha seguido por diversas regiones españolas, consignando con toda exactitud los lugares por obispados. El estilo es conciso, con un gran afán de exac­titud. Existe de esta obra un manuscrito — n.° 6376 — en la Biblioteca Nacional de Madrid. Edición de Gutiérrez de la Vega en Madrid, 1879, a la que siguió la de Baist, más rigurosa, en Halle, 1880. Después han aparecido varias ediciones más.

L. Monreal

El Libro de la Causa de las Causas, Santiago de Edessa

Obra en lengua siríaca, conocida también con el nombre de Conocimiento de la Verdad, que se remonta aproxima­damente al siglo X y cuyo autor no es el escritor siríaco jacobítico Santiago de Edessa, al cual se quiso atribuir. Discurre acerca de Dios, del mundo espiritual y sen­sible y del hombre. Su objeto consiste en inducir a los hombres a una reconciliación o unión religiosa, que no debería compren­der solamente a todos los cristianos, sino también a los que profesan el Islam o el judaísmo. El libro se dirige a todos los pueblos. Atestigua la acción que el pensa­miento islámico ejerció sobre la literatura siríaca.. Edición Kayser, Das Éuch der Erkenntnis der Wahrheit (Leipzig, 1889).

G. Furlani

El Libro de la Cabaña, Charles Sealsfield

[Das Kajütenbuch]. Novela de Charles Sealsfield, nom­bre bajo el cual se ocultaba el ex jesuita austríaco Karl Postl (1793-1864) quien, des­pués de haber abandonado la Compañía, había emigrado a América, desplegando allí una diversa y poco clara actividad. Du­rante algún tiempo hasta fue emisario al servicio de José Bonaparte, hermano de Napoleón; después había comprado un te­rreno, pero asqueado de aquella vida volvió a Europa para continuar su carrera de escri­tor iniciada ya en Ultramar con varios li­bros descriptivos y novelas. Murió en Suiza. El Kajütenbuch, publicado en 1841, su obra más vital, no es una novela en el sentido estricto de la palabra. Como todos los de­más libros de Sealsfield, también éste es más bien una descripción de las condiciones borrascosas y agitadas en que el Nuevo Continente se hallaba en aquel período de desarrollo; y es la historia del nacimiento de un Estado, narrada quizás con alguna idealización, pero con mucha agudeza, en una atmósfera altamente pintoresca.

El libro narra la guerra victoriosa de los habitantes de Texas contra México, en 1836, a consecuencia de la cual más tarde Texas fue anexionada a los Estados Unidos. El héroe de la novela, el comandante Morse, se extra­vía por la pradera (el autor aprovecha la ocasión para ofrecernos una descripción maravillosa de la pradería en flor), y des­pués de andar mucho tiempo errabundo es acogido por una especie de presidiario de buen corazón, aunque varias veces asesino, que le salva la vida y lo conduce a presen­cia de un «alcalde», juez de la salvaje y promiscua población de Texas y de la pra­dera. Éste es un hombre fuerte, lleno de comprensión por los diversos problemas que atormentan el país y por sus extraños habi­tantes, y en larga conversación con Mor­se le explica la necesidad de una fuerza contra México y le persuade para que com­bata junto con ellos en cuanto estalle la guerra. Así los lectores se encuentran des­pués con una larga e interesante descrip­ción de la batalla de Río San Jacinto. Las ulteriores vicisitudes del comandante son menos importantes; terminada la guerra, Morse se casa y vive feliz en la «cabaña», esto es, en la casa de madera que usaban los colonizadores estadounidenses en Texas. El Kajütenbuch ha sido muchas veces imi­tado y plagiado, pero ninguna imitación ha alcanzado jamás el hechizo del original.

C. Gundolf

Libro del Abecedario, Yūsuf ibn al-Šayj

[Kitāb alif bā’]. Obra del erudito arabigoespañol Yūsuf ibn al-Šayj, de Málaga (1132-1207), es­crita a fines del siglo XII. En sus viajes por Oriente, el autor recogió muchísimas cosas curiosas, a las que dio cabida en esta obra, escrita con el fin de que pudiera ser­vir para la instrucción de su hijo. Se trata de un amplio repertorio enciclopédico de cultura general, un manual que nos da a conocer lo que debía ser esa cultura gene­ral en la clase media del siglo XII en la España musulmana. El repertorio está dis­puesto por orden alfabético de raíces. Em­pieza por explicar los aspectos y valores formales de dicha raíz, y a continuación, con estilo elegante y muy a menudo en prosa rimada, trata de todas las cosas que se le ocurren, desde las materias científicas (aritmética y física) a las ciencias naturales (botánica, zoología, antropología), pasando por la filosofía y la moral, y la religión (con alusión a las sectas musulmanas), geo­grafía e historia. Se extiende sobre la filo­logía (fonética, gramática, lexicografía, poesía, etc.), incluyendo numerosos cuentos y leyendas, así como chistes. Lo que más abunda son los materiales referentes a la filología y a la religión. Todo esto — el mismo ibn al-Šayj lo reconoce — es una recopilación: su única labor personal con­sistió en seleccionar. Véase el estudio de Miguel Asín Palacios, publicado en el «Bo­letín de la Real Academia de la Historia» (Madrid), C (1932), páginas 195-228.

D. Romano

El Libro de Horas, Rainer Maria Rilke

[Das Stundebuch]. Colección de poesías líricas dividida en tres partes, del poeta alemán Rainer Maria Rilke (1875-1926), publicada en 1905: «El libro de la vida monástica» (Vom mónchlichen Leben) fue escrito en veinti­cinco días, en Berlín — Schenargendorff —, si bien como resultado final de una doble experiencia italiana (1898) y rusa (1899), artística y religiosa, que a pesar de su diversidad se integran felizmente; «El libro de la peregrinación» (Von der Pilgerschaft), escrito en 1901, en Worpswede, y «El libro de la pobreza y de la muerte» (Von der Armut und vom Tode), escrito en Viareggio el año 1903; la última poesía evoca con místicos acentos de una modernidad total­mente rilkiana la figura de San Francisco. Es el libro de la lucha del poeta por la conquista de Dios, exuberante maraña de ritmos en los que la imagen de la divinidad afanosamente presentida no se revela nunca. Por ficción lírica, el poeta vive en la soledad del claustro bajo la tutela de un monje ruso.

Concentra el espíritu sobre la esencia de Dios, que por doquier percibe en torno a sí: «Vuelo en torno a Dios, alrededor de la torre secular y a través de los siglos y no sé todavía si soy un halcón, o una tempestad, o un cántico». Su personalidad mística no logra sosegarse en el pensamiento religioso y le impele a rebuscar, con ardor cada vez más intenso. Quiere conquistar a Dios a toda costa, por todos los medios, y no gozará de tregua hasta que Dios no se le haya revelado. Entonces no lo aban­donará más. Este Dios de Rilke no es una potencia exterior que mora en los cielos por encima de la vida, del que se implora el socorro y se espera el -milagro. Es la vida misma intensa en su plenitud, que se eleva crecientemente en la altura. El poeta lo compara con una catedral que la humanidad construyera acumulando piedra sobre pie­dra con manos temblorosas: «¿Quién podrá nunca terminarte, oh catedral?». Pero Dios es lo inexpresable y, a pesar de toda vo­luntad humana, «aunque no queramos, Dios se afirma». Y entre mil ansias, el espíritu del poeta ondea, se aleja y torna para re­aparecer más alto. Su inquietud se aplaca cuando le parece que el verdadero modo de refugiarse en Dios es la oración. Él se somete a la regla de la vida monástica para estudiar en la soledad las leyes que sirven de base a la vida, y extrayendo de las cosas su aspecto eterno lo revela a tra­vés del ritmo de sus cantos.

Después, con el alma cada vez más sedienta de Dios — «tengo necesidad de ti como del pan» —, el monje abandona el claustro y se hace peregrino. Durante su peregrinación cono­cerá todas las miserias humanas, verá me­trópolis donde en pobrísimas moradas los hombres arrastran una vida miserable y las mujeres su maternidad burlada. Y apren­de todavía que la mayor parte de la humanidad, que lleva una vida vegetativa e inconsciente, se halla trastornada por la pequeña muerte. La otra muerte, en cam­bio, la gran muerte, es un don reservado a muy pocos, a aquellos que vivieron en cada momento, teniendo la conciencia de estar destinados a morir. Y sólo cuando reconoce que el individuo se hace tanto más rico, espiritualmente, cuanto más se despoja de los bienes de este mundo, y que la «pobreza es una gran luz del alma», Dios viene finalmente a su encuentro, como al de un niño. Y el poeta implora que a cada uno le sea concedida su muerte, «la muerte que florece de la vida, en que cada cual amó, sintió y sufrió». La música y la alegoría son los dos medios con que Rilke trata de elevarse a lo absoluto. Ambos se entremezclan tumultuosamente sin cerrarse nunca en un significado unitario ni, mucho menos, definirse en un sistema. Si el Libro de horas representa el esfuerzo místico más intenso y ambicioso de Rilke, en él ha podido el poeta abandonarse con la mayor plenitud al sentido de la musicalidad pura. [Trad. parcial, en verso, por Luis Felipe Vivanco (Madrid, 1948)].

O. S. Resnevich