Johann Friedrich Blumenbach

Nació en Gotha el 11 de mayo de 1752 y murió en Gotinga el 22 de enero de 1840. Le dominó desde su juventud una gran pasión por el’1 estudio de los problemas relativos a las razas humanas y en general a la antropología naturalista.

Y sobre esta materia se doctoró en Gotinga en 1775 con una disertación que ha que­dado como uno de los textos que señalan el origen de esta nueva disciplina; De la va­riedad originaria del género humano (v.).

Posteriormente también, aun interesándose por otras materias, cultivó constantemente estos estudios, reuniendo al mismo tiempo una notable colección de cráneos humanos que proporcionó materia para una monu­mental recopilación de dibujos y descripcio­nes: la Collectio craniorum diversarum gentium (7 vols. Gottingen, 1790-1828), corre­gida y aumentada después de su muerte por obra dé otros estudiosos.

En 1776 fue nom­brado profesor ayudante de medicina y di­rector del Museo de Historia Natural de la Universidad de Gotinga, recibiendo la cá­tedra en propiedad dos años después (1778). Su situación académica le facilitó la misión de dedicarse a otros estudios, por los que sentía también gran interés, de modo espe­cial los de anatomía comparada, de la que fue uno de los fundadores.

Anticipándose a Cuvier, tuvo la intuición de que la zoolo­gía podía elevarse desde su situación de mera descripción hasta él campo de disci­plina científica, cuando se basara en la ana­tomía comparada: y en su Handbuch der vergleichenden Anatomie und Physiologie (1804), obra celebérrima, que fue reeditada muchas veces y traducida a todas las len­guas europeas inició esta dirección.

Pero no consiguió mantenerse después fiel a este principio en la sistemática. Fueron también notables sus trabajos de fisiología: Institutiones physiologicae (1787), Ueber den Bildungstrieb (Gottingen, 1791) y su Handbuch der Naturgeschichte (1780).

Tanto por su obra como por su fama de profesor, sus contemporáneos le honraron con el sobre­nombre «magister Germaniae».

G. Preti

Aleksandr Aleksandrovich Blok

Nació el 28 de noviembre de 1880 en San Petersburgo, donde m. el 7 de agosto de 1921. Fue el más ilustre de los poetas simbolistas de Rusia.

De sangre germánica por parte de su padre, pero de madre rusa, debido al divorcio de sus progenitores formóse en el ambiente intelectual de la familia materna (el abuelo de ésta, Beketov, fue durante va­rios años rector de la Universidad de San Petersburgo), frecuentado por literatos y científicos de gran celebridad, como el famo­so químico Mendeleev, con cuya hija se casó Blok en 1903.

Asistió a partir de 1898 a las Facultades de Derecho y Letras, pero has­ta 1906 no terminó sus estudios; mientras tanto, había llegado a ser ya un buen lírico y publicadlo entre otras cosas, en 1904, una de sus obras fundamentales: Los poemas de la Bella Dama.

El proceso de su formación de poeta simbolista puede rastrearse en un’ artículo suyo de 1910, Sobre el estado actual del simbolismo ruso, a cuyas consideracio­nes han aportado una ulterior contribución los recientes recuerdos del poeta Bely (v.) acerca de Blok.

A él, así como al otro joven colega Sergei Solovev, debió el criterio erró­neo según el cual habría sido el fundador de una nueva religión. Como la mayor par­te de los poetas simbolistas, en 1905 apoyó el movimiento revolucionario.

Irritado por la reacción que siguió al fracaso, confirió a su obra un tono de sátira y parodia del misticismo propio (La barraquita de los saltim­banquis [Balagancik, 1907]), matiz que fue ensombreciéndose hasta dar lugar a un pe­simismo en el cuál las miserias y tristezas de Rusia parecían identificadas con las per­sonales del autor, debidas a motivos contin­gentes familiares y de amistad.

La poesía de Blok alcanza su mayor lirismo en las colec­ciones La desconocida, inspirada en el tema de una composición de este mismo título, y La máscara de nieve, que completaba la ión de la «mujer angelizada» en el símbolo de la más desenfrenada pasión terrenal.

La relación entre todo este con­junto poético y un complejo episodio espi­ritual de carácter autobiográfico, ha sido establecida posteriormente; sin embargo, ya en su aparición cada una de las poesías y de las «obras dramáticas líricas» hacía re­saltar más y más el desarrollo del pro­ceso. Allí donde, como ocurre en el drama Rosa y Cruz (v.), el lirismo objetivo resul­taba más acusado, el carácter autobiográ­fico hallaba sólo en el tono irónico la solu­ción del sufrimiento patético.

La revolución de 1917 abrió en la vida del poeta un nuevo atisbo de fe que le permitió aceptar incluso el cargo de secretario del Comité extraor­dinario que investigaba sobre la actuación de los ministros del antiguo régimen, labor en verdad ajena a su manera de ser.

Más adecuados a ésta fueron, en cambio, las misiones crítico-literarias que se le enco­mendaron tras la publicación de los dos pe­queños poemas «revolucionarios» Los doce (v.) y Los escritos (v.), aun cuando éstos debieran su origen más bien a la interpre­tación místico – mesiánica del movimiento «escita», obra del crítico Ivanov-Razumnik, que a una verdadera aceptación del mar­xismo.

Las interpretaciones posteriores de Los doce revelaron cuánto debía el poema a una valoración personal de la revolución, de la que luego renegó llevado tal vez por las desilusiones provocadas por los sufri­mientos; pero, sobre todo, debido al re­pliegue del poeta en sí mismo poco antes de su muerte.

E. Lo Gatto

Maurice Blondel

Nació en Dijon el 2 de noviembre de 1861, de familia borgoñona de tradición católica; m. en Aix-en-Provence el 4 de junio de 1949. Realizó los pri­meros estudios en su ciudad natal, obteniendo alii el bachillerato en ciencias y la licenciatura en letras y en derecho.

La in­tervención de monseñor Rivet, obispo de la ciudad, venció las vacilaciones de la fa­milia y permitió a Blondel concursar e ingresar en la École Nórmale Supérieure (1881). Su primera formación filosófica, realizada bajo la influencia de A. Bertrand, seguidor del pensamiento de Maine de Biran y de H. Joly, se va profundizando en la escuela de E. Boutroux y, sobre todo, de L. Ollé-Laprune.

La intensidad cristiana de este espí­ritu ejerce desde el principio una fuerte influencia sobre el joven escolar, reforzán­dose cada vez más hasta el punto de con­vertir al discípulo en un amigo. La tesis de doctorado sobre la acción (La acción, v.) y sobre el «Vínculo sustancial» en Leibnitz (De «vinculo substantiali» apud Leibnitium) constituyen el primero y más elevado fru­to de aquella profunda convicción cristiana que había de ser la base de toda la inves­tigación filosófica de Blondel Pero el ambiente académico, todavía lleno por completo de una tradición diferente, no estaba dispues­to ciertamente a acoger tesis que afirmaban el valor filosóficamente decisivo de la prác­tica cristiana.

La discusión de 7 de junio de 1894, extraordinariamente animada, fue una prueba de ello. Blondel no salió de ella de­rrotado en modo alguno, pero no dejaron de hacerse sentir las consecuencias en el terreno práctico, y vio cómo se le negaba el puesto de profesor.

Al año siguiente, R. Poincaré, ministro de Instrucción Pública, gracias a la activa intervención de Boutroux, se las compuso de modo que se le quitara el veto, y Blondel fue nombrado «maitre de conférenees» en la Universidad de Lille, para pasar, al año siguiente, a la de Aix- en-Provence.

Allí permanecería el resto de su vida. Ningún otro episodio caracteriza­rá su vida, consagrada por completo al estu­dio y a la enseñanza, en continua lucha con su endeble naturaleza y, en los últimos años de su vida, contra la ceguera.

La sucesión de sus trabajos sigue el ritmo del paso de los años. La Lettre sur les exigences de la pensée contemporaine en matière d’apolo­gétique, la Ilusión idealista, El principio elemental de una lógica de la vida moral (v.) e Histoire et dogme revelan por com­pleto al pensador que apuntaba ya en el ensayo La acción. Los temas candentes y el ambiente perturbado por las experien­cias modernas provocan reacciones vivísi­mas, de asentimiento y de oposición.

Blondel no acaba de exponerse, pero la apari­ción de la encíclica Pascendi determina una mayor retirada a la meditación. Continúa participando en la vida cultural y espiritual de su tiempo, pero no aparecen todavía los frutos más profundos de su recogimiento.

Hasta 1934 no rompe el silencio y en el breve período de tres años publica su trilo­gía El pensamiento (v.), El ser y los seres (v.) y L’action, a la que seguirán dos volú­menes sobre La philosophie et l’esprit chré­tien, que coronan su esfuerzo especulativo de filósofo cristiano.

También estas obras de madurez suscitan discusiones que no rozan, sin embargo, la ortodoxia de Blondel Por el con­trario, su figura de pensador cristiano va colocándose progresivamente en un plano de clasicismo, en tanto que engrosa la es­cuadra de discípulos, diversamente fieles a su magisterio. Murió cuando atendía a la preparación del tercer volumen de La phi­losophie et l’esprit chrétien y aparecía su último trabajo con el título de Exigences philosophiques du christianisme.

R. Crippa

Léon Bloy

Nació en Périgueux el 11 de ju­lio de 1846 y m. en Bourg-la-Reine el 3 de noviembre de 1917. Un profeta perdido en el siglo XIX, un loco de Dios, un inspirado por la justa cólera, pero, asimismo, una especie de energúmeno cuya vida resume la máxima que proclamó en el título de su semanario Le Pal: «He buscado largo tiem­po la manera de hacerme insoportable».

Todo esto fue Bloy, acerca de quien resulta muy difícil dar un juicio, por cuanto este hombre imposible, odioso a sus mejores amigos y jactancioso de su ingratitud, po­seía un alma ardiente que llenaba de admi­ración a cuantos contaban con la paciencia y el afecto necesarios para llegar a des­cubrirla bajo su ruda corteza; entre quie­nes fueron conducidos a Cristo por Bloy figu­ran Jacques Maritain y Pierre Termier.

In­clinado a las letras por Barbey d’Aurevilly, al cual (lo mismo que respecto de Villiers de l’Isle Adam) manifestó siempre una gran devoción, durante su juventud se vio obli­gado a ganarse duramente la vida.

Humi­llado por esta situación desfavorable y se­guro de llevar en sí un genio desconocido, adoptó una actitud de amarga cólera ven­gativa contra la sociedad y sus contemporá­neos, émulos y correligionarios. Proclamá­base «peregrino de lo absoluto», pero titu­laba su diario del tiempo transcurrido en el suburbio de París Cuatro años de cauti­verio en Cochons-sur-Mame; y para que nadie ignorara su opinión acerca del mundo en el cual vivía, publicó Les propos d’un entrepreneur de démolitions (1884). Su bio­grafía aparece identificada con esta postura de Ezequiel rencoroso.

Pobre, siempre en busca de la limosna de un amigo que le permitiera llegar al final del mes, con una vida lo más «pequeño burguesa» que ima­ginarse pueda y ardiente cultivador de las letras, no exaltado sin consolado por éxito alguno de librería —ni tan sólo en obras apasionantes, como La mendiga (1897, v.) —, nada puede ofrecer de particular ni deter­minante en su existencia, a no ser el ex­traño encuentro con una mujer misteriosa a la que celebró en Lettres á la francée (1889), Anne-Marie Roullet.

Ésta, antes de verse recluída como loca, habíale persuadido de ser el depositario de un mensaje que debía transmitir a los hombres; fácil resultaría considerar tales vaticinios como locuras si algunos de ellos no impresionasen profundamente nuestros corazones. De sus restantes obras cabe citar la novela autobiográfica Le désespéré (1886), el Journal (1898-1920), La salvación por los judíos (1892, v.), Sueur de sang (1896), Exégesis de los lugares comunes (1919), Le sang du pauvre (1909), L’âme de Napoléon (1912), etc.

H. D. Rops

Karl Bleibtreu

Nació en Berlín el 31 de enero de 1859 y m. en Locamo el 30 del mismo mes de 1928. Hijo de un célebre pin­tor de batallas, luego de haber escrito en su juventud algunos dramas históricos puso al servicio del naturalismo su espíritu in­quieto y su fértil inspiración.

En 1885 pu­blicó el ensayo La revolución de la litera­tura (V.), que, precisamente en nombre de aquella tendencia, propone una revisión ra­dical de los valores literarios tradicionales. Además, colaboró activamente en la revista de vanguardia Die Gesellschaft, fundada en Munich por M. G. Conrad y uno de los do­cumentos más significativos de la nueva co­rriente.

Llegado a Berlín, participó en la creación (1889) de la «Freie Bühne», el tea­tro que presentó los primeros dramas natu­ralistas. La más conocida de sus novelas es Manía de grandezas [Grössenwahn, 1888], donde, junto al naturalismo, afloran ecos románticos; en esta obra el autor interviene constantemente en los personajes y las si­tuaciones, por lo cual su estilo ha sido com­parado al de un Jean Paul, sin poesía.

Cabe citar, además, la colección de cuentos Mala compañía [Schlechte Gesellschaft, 1885], la Historia de la literatura inglesa [Geschichte der englischen Literatur, 1887] y las obras históricas Vivat Frederikus (1905), La gue­rra franco-alemana [Der deutsch-französi­sche Krieg, 1905] y Bismarck (1915).