Johann Raspar Bluntschli

Nació en Zurich el 7 de marzo de 1808 y murió en Karlsruhe el 21 de octubre de 1881. Después de sus estudios en las universidades de Berlín y Bonn, fue profesor en la Universidad de Zurich a partir de 1833, año de su funda­ción.

Desempeñó un papel importante en la política de su país como jefe del partido liberal conservador. Se retiró de la vida pú­blica después de haber intentado en vano evitar la guerra del Sonderbund y haber suscitado muchas enemistades. En 1847 aban­donó Suiza.

Marchó al principio a Munich como profesor de derecho público y privado, de 1848 a 1861. En este año fue llamado a desempeñar una cátedra en la Universidad de Heidelberg, donde permaneció hasta su muerte. Bluntschli fue en 1873 uno de los funda­dores del Institut de Droit International, del que desempeñó la presidencia desde 1875 hasta 1877.

En 1874 fue delegado de Ale­mania en la conferencia de Bruselas para la elaboración de un proyecto de conven­ción sobre el derecho de guerra. Primer fruto importante de sus estudios jurídicos fue el Código Civil de Zürich, que, acep­tado casi sin modificaciones, sirvió de mo­delo para la legislación de otros cantones.

Escribió: El pueblo y el soberano [Das Volk und Souverän, 1831] en defensa del dere­cho constitucional: Estudios psicológicos so­bre el Estado y la Iglesia [Psycolo gische Studien über Staat und Kirche, 1844], que suscitó muchas polémicas en Suiza; Dere­cho general del Estado [Allgemeines Staat­recht, 1851-52]; Historia del derecho gene­ral del Estado y de la política [Geschichte des allgemeinen Staatrecht und der Politik, 1864]; El moderno derecho de guerra [Das moderne Kriegsrecht, 1866]; El derecho in­ternacional moderno de los Estados civiles expuesto en forma de código [Das moderne Völkerrecht der civilisierten Staaten als Rechtsbuch dar gestellt, 1868], en el que más que registrar el derecho actual formula los principios ideales de un derecho del porve­nir, exponiéndolos según el orden de los ar­tículos de un código.

La obra alcanzó gran difusión; fue traducida al francés, al espa­ñol, al ruso y hasta al chino. De 1857 a 1870 dirigió la publicación del Deutsches Staat­wörterbuch, gran diccionario en dos volú­menes. Otras obras: Doctrina alemana del Estado [Deutsche Staatslehre, 1874] y La doctrina del Estado moderno (1875-76, v.), tres volúmenes póstumos de memorias y notas.

F. Papi

Giovanni Boccaccio

Nació en 1313, pro­bablemente en Florencia o en Certaldo y murió el 21 de diciembre de 1375 en esta última localidad. Una falsa luz de leyenda alum­bra los primeros episodios de la existencia de Boccaccio sobre unas apócrifas confesiones auto­biográficas — vagas y misteriosas hasta los enigmas del anagrama — difundidas en las obras juveniles, y se pretendió reconstituir una romántica y seductora biografía nove­lada que presentó al gran autor nacido en París de los amores de un mercader con una dama o incluso una hija del rey, y lue­go, en Nápoles, objeto de los sentimientos amorosos de la bellísima Fiammetta, hija ilegítima de Roberto de Anjou.

Sin embar­go, todo ello no es sino fantasía novelesca, y aun cuando el padre, Boccaccio de Chellino, fuera agente de la poderosa compa­ñía mercantil de los Bardi y estuviera en París durante los años 1312-13, el futuro literato nació de una relación irregular en Certaldo o, más probablemente, en Floren­cia, y mediado ya el año 1313.

Pasó la in­fancia en el barrio florentino de S. Pier Maggiore, en la casa paterna, donde había entrado como esposa Margarita de’ Mardoli, parienta de los Portinari (la familia de la Beatriz dantesca); posiblemente a ella y a su primer maestro Giovanni Mazzuoli da Strada se deben las primeras sugestiones del culto al Dante que llenará toda la vida de Boccaccio.

Aún adolescente (hacia 1325 quizá), fue enviado a practicar el comercio en Ná­poles, en el Banco de los Bardi, entidad que dominaba la economía de la corte de los Anjou; no obstante, luego de una desafortunada experiencia — a la cual siguió otra no menos infeliz en los estudios de dere­cho canónico—, el joven se dedicó por en­tero a las letras, bajo la guía y los con­sejos de los más autorizados eruditos de la corte napolitana, Paolo da Perugia y An­dalo da Negro, y de amigos como Dionigi da S. Sepolcro, Barbato da Sulmona, etc., quienes ensalzábanle el ejemplo ya lumi­noso de Petrarca.

Sin embargo, también la vida animada y señorial de la corte y la ciudad de los Anjou, punto de contacto obli­gado entre la civilización italo-francesa y la bizantino-árabe, influyó profundamente en la formación del escritor.

Sobre esta base, dominada asimismo por ávidos entu­siasmos culturales y fáciles y alegres expe­riencias de vida, quiso forjar Boccaccio su gran poema de amor, y fijó en la inquieta y atractiva figura de Fiammetta (v.) —pin­tada y adornada con los motivos literarios más espléndidos — las diversas y embria­gadoras aventuras de su juventud. Presente ya en la feliz visión de La caza de Diana (1334?, v.), la joven aparece directa o indi­rectamente en toda la producción de Boccaccio hasta poco antes de su obra maestra: así, en El Filocolo (1336?, v.) El Filostrato (1338?, v.) Teseida (1340-41?, v.), Ameto (1341-42, v.), La amorosa visión (1342-43, luego reconstituida en la madurez, v.) y Elegía de madona Fiammetta (1343-44?, v. Fiammetta).

La crisis de la compañía de los Bardi obligóle en 1340 a regresar a Flo­rencia entre penosas dificultades domésticas, reflejadas en los lamentos que aparecen en las obras literarias y las cartas de aquellos años. No obstante, este duro contacto con las necesidades vitales no le apartó en ab­soluto de la literatura, antes bien, diole pie a experiencias más reales y directas lleva­das a cabo en la ciudad y en el ambiente Lleno de audacias y escollos de la sociedad mercantil a la cual pertenecía.

Luego de bre­ves permanencias en Ravena, en la corte de Ostasio da Polenta (1345-46), y en Forli, junto a Francesco Ordelaffi (1347), se ha­llaba de nuevo en Florencia en 1348, y allí pudo presenciar la terrible peste descrita en la introducción de su obra maestra. Poco antes había cantado en octavas la historia de un amor lozano y delicado en El Ninfale fiesolano (1344 – 46?, v.); luego preparó y compuso el Decamerón (1348 – 51?, v.), es­pléndida coronación de sus experiencias juveniles y «surnma» grandiosa del cuento medieval que marca el punto álgido de sus ensayos narrativos y novelescos.

Fallecido su padre en 1349, Boccaccio hubo de preocuparse más aún de las difíciles condiciones de su familia; sin embargo, su fama literaria, en­tonces ya sólida, llevóle a ser designado por sus conciudadanos para el desempeño de varios cargos.

En 1350 fue enviado como embajador ante los señores de Romagna, y —  misión más grata — a entregar diez flo­rines de oro a sor Beatriz, hija de Dante, como compensación de los daños sufridos por su familia; en 1351 viose elegido camar­lengo de la Municipalidad, y luego repre­sentante de la República en la adquisición de Prato y cerca de Ludovico de Baviera; en 1354 y 1365 fue embajador en Aviñón, junto a Inocencio VI y Urbano V, y en 1367 portador del homenaje de los florentinos a este último pontífice, vuelto a Roma.

Con todo, tales misiones honoríficas no lograron sacarle de la precaria situación en que le dejara la ruina de los Bardi. Y así, incitado, además, por los gratos recuerdos de sus años juveniles y la amistad de Niccoló Acciaiuoli, convertido en el verdadero árbitro de la corte de los Anjou, dirigióse a Nápoles en 1362 y 1370, siempre con la esperanza de lograr una mejora decorosa.

No obstante, sólo obtuvo dolorosos desengaños que le hicieron regresar a su casa paterna de Certaldo, a la cual habíase retirado a partir de 1362. Sin embargo, más que estos episodios externos propios de su «vida pública» nos interesa, del período en cuestión, el des­arrollo en sentido humanístico de su pasión cultural y la evolución, desde el punto de vista religioso, de sus ideas morales.

Se trata de actitudes que pueden ser vislum­bradas ya en El Corbaccio (1354?, v.), e invaden luego la Lettera consolatoria a Pino de’ Rossi (1363); se manifestaron resuelta­mente gracias a la amistad con Petrarca, la relación más feliz y decisiva para la cultura italiana y europea del siglo XIV.

Habíale conocido personalmente ya en 1350, cuando, impaciente, fue a encontrarle varias millas lejos de Florencia y le hospedó en su hogar; en la primavera de 1351 había pasado sema­nas enteras de inolvidables conversaciones espirituales en la casa de Petrarca, en Padua; y, además, en 1359 y 1363, en Milán y Venecia respectivamente, había sido hués­ped suyo.

No obstante, además de las de­masiado escasas y siempre nostálgicas en­trevistas, la abundante correspondencia, el continuo intercambio de libros y de infor­maciones literarias y la relación mantenida a través de fieles amigos comunes les hicie­ron, desde 1350 hasta la muerte, «seiuncti licet corporibus uni animo», como escribía Petrarca.

Singularmente a partir de 1360, la casa de Boccaccio convirtióse en uno de los prin­cipales centros del prehumanismo italiano, y fue el cenáculo donde se formaron Salutati, Villani, Marsili y tantos otros huma­nistas de la primera generación, y el estu­dio desde el cual difundiéronse por Italia y Europa admirables descubrimientos lite­rarios (de Varrón y Marcial a Tácito, Apuleyo, etc.) y los nuevos conocimientos acer­ca del griego que el gran escritor, el pri­mero de los literatos contemporáneos, recibiera de su obstinada y activa familiaridad con Leonzio Pilato (1360-62).

Esta postura prehumanista caracteriza las obras de la madurez, corregidas una y otra veces hasta su muerte, y aparecidas en varias versiones: De Genologia deorum gentilium (1350?-1375, v. Genealogías de los dioses de los genti­les), Buccolicum carmen (1351-1366?, v. El Carmen bucólico), De Claris mulieribus (1360-1374?, v. De las mujeres ilustres), De casibus vivorum illustrium (1355-1374?, v. Las desventuras de los hombres ilustres) y De montibus silvis fontibus, etc. (1355- 1374?, v. Libro de los montes, selvas, fuen­tes, lagos, etc.).

Auxiliado discretamente por el plácido y profundo cristianismo de Pe- traca, Boccaccio, a lo largo de estos años, trans­formó en sólida conciencia religiosa la ar­diente agitación sentimental de su juven­tud. Como consagración de tal conquista recibió las «órdenes menores», y luego, en 1360, la autorización para dedicarse a la cura de almas; además, se aficionó con mayor entusiasmo a Dante, del que escribió — en varias versiones— una vida (1358-63, v. Tra­tado en alabanza de Dante), y cuyo «poema sacro» comentó en la iglesia de San Esteban de Badía (1373-74).

Sin embargo, mientras ensalzaba públicamente el genio dantesco, la muerte de Petrarca (19 de julio de 1374) dejó en su espíritu un frío intenso y un vacío imposible de llenar; en adelante, sus textos no fueron sino un eco de sus lamen­taciones por la pérdida del gran amigo y su triste soledad espiritual. Y así, cuando el 21 de diciembre de 1375 cerró los ojos, Boccaccio apareció ante sus contemporáneos como hierática figura del último superviviente de las «tres coronas» y postrer adalid de las letras italianas, como le cantara Sacchetti al llorar, en su muerte, la de la misma poesía.

V. Branca

Gabriel Bocángel y Unzueta

Escri­tor español. Nació en Madrid en 1608?, murió el 8 de diciembre de 1658. Desempeñó un car­go de confianza cerca del infante Femando de Austria y fue bibliotecario en la casa del mismo.

En 1627 apareció en Madrid el libro Rimas y prosas junto con Fábula de Lean­dro y Hero (v.) y años más tarde vio la luz La lira de las musas (Madrid, 1635, v.), obra que recoge composiciones profanas y reli­giosas de nuestro autor.

También compuso comedias, una de las cuales, El nuevo Olim­po, con música, es considerada como un antecedente de la zarzuela. Tradujo en ver­so los Salmos. Como poeta revela por igual influencias de Góngora y Quevedo.

Aloys Blumauer

Nació el 29 de diciem­bre de 1755 en Steyr (Alta Austria) y murió el 16 de marzo de 1798 en Viena. Realiza­dos los estudios secundarios, ingresó en 1772 en la Compañía de Jesús; pero al ser ésta disuelta el año siguiente por Clemente XIV, el joven novicio, en quien posiblemente iba forjándose ya el futuro librepensador, aban­donó la carrera eclesiástica.

Desprovisto de medios, empezó a ganarse la vida con lec­ciones particulares, y, finalmente, conoció un tiempo más adecuado a su carácter en la época de reformas inaugurada por José II. Entonces (1781) fue llamado a trabajar en el departamento de censura de libros, y allí permaneció hasta 1793, apoyando con su la­bor de literato, periodista y poeta las ideas racionalistas que guiaban el gobierno del emperador.

Su primera obra fue la trage­dia Ermine von Steinbach (1780), a la cual siguieron Credo de un hombre que aspira a la verdad [Glaubensbekenntnis eines nach Wahrheit Strebenden, 1782], dos tomos de poesías diversas (1782) y Observaciones so­bre la ilustración y la literatura en Aus­tria [Beobachtung über Osterreiches Auf­klärung und Literatur, 1782].

Desahogó su mordacidad, no muy delicada, singularmente en Las aventuras del pío héroe Eneas (v. La Eneida disfrazada) y en las polémicas literarias, la más notable de las cuales fue la que sostuvo con Nicolai. De 1782 a 1784 dirigió la redacción de la Wiener Realzeitung, y entre 1781 y 1794 la del Wiener Mu­senalmanach, dos publicaciones de notable importancia en la vida literaria de la época.

Tras la muerte de José II comprendió Blumauer que se iniciaban tiempos nuevos y no de­masiado favorables para un despreocupado francmasón como él; y así, juzgó oportuno dejar el cargo de censor e instalarse como librero, y publicó un valioso Catalogue raisonné des livres rares et prétieux qui se trouvent chez Blumauer (1797). Sin em­bargo, el negocio no anduvo como hubiera deseado, y poco antes de morir hubo de traspasar la librería.

M. Spagkol

Leon Blum

Nació en París el 9 de abril de 1872 y murió en Jouy-en-Josas (Seine-et-Oise) el 30 de marzo de 1950. Fue hijo de una familia de negociantes israelitas y alumno de la École Normale Supériure; graduóse en letras y derecho, y en 1905 ingresó en el Consejo de Estado, organismo en el cual trabajó hasta 1919.

Sin embargo, ya desde la época del proceso Dreyfus había iniciado sus actividades literarias en la Revue Blanche de los hermanos Natanson, que durante un decenio publicó la mayor parte de sus textos críticos, políticos y a veces autobiográficos; el tomo En lisant (1906) contiene una selección de estos ensayos. En 1901 dio a la luz Nouvelles conversations de Goethe avec Eckermann, y en 1914 el estudio Stendhal et le beylisme.

Mientras tanto, su personalidad iba afirmándose: al principio aparecía Blum como un esteta «decadente» – según la expresión propia de la época – , de una sensibilidad femenina, admirador del Barrès de la primera época y amigo de Gide; luego resultó un libertario, que en 1907 publicaba Du mariage, obra de gran escándalo en la cual preconizaba las experiencias preconyugales de las mujeres; y, finalmente, un idealista que, bajo la influencia de Lucien Herr, se había adherido al socialismo desde 1899, participaba en 1904 en la fundación de L’Humanité y empezaba a tomar parte activa en la política en tiempos del asesinato de Jaurès.

En adelante, olvidó la literatura y confundió su vida con la de su partido. Elegido diputado en 1919, levantóse contra la fracción comunista el año siguien­te, fundó Le Popülaire y participó en las luchas de la posguerra contra Poincaré y Doumergue.

En 1936 la victoria del Frente Popular le llevó a la presidencia del Con­sejo, y una vez en ella emprendió grandes reformas sociales; sin embargo, debido a las dificultades económicas hubo de abandonar el poder en 1937.

Llevado en el curso de la ocupación ante el tribunal de Riom e inter­nado luego en el Portalet y en alemania, tras su regreso en 1945, y a pesar de un breve paréntesis ministerial, vivió bastante ajeno a la política y evolucionó hacia un humanismo liberal que en A l’échelle humaine (1945) intentó conciliar con el mar­xismo. Se trata, en resumen, de un tempe­ramento muy complejo, indeciso e incom­pleto y cuya vocación por la política es posible poner en duda.

M. Mourre