Steen Steensen Blicher

Escritor danés. Nació en Vium, cerca de Viborg, el 11 de octu­bre de 1782, m. en Spentrup el 26 de marzo de 1848.

Muy pobre, tuvo que trabajar como preceptor durante sus estudios universita­rios desde 1799 hasta 1809; profesor auxiliar en la escuela latina de Ramders, trabaja algunos meses en una granja en 1817, antes de ser nombrado pastor de Thorning en 1819 y más tarde, en 1825, de Spentrup, donde permanecerá hasta su muerte.

Padre de once hijos y con la sobrecarga de un hijo adop­tivo y tres sobrinos, Blicher vivió una exis­tencia penosa, y en varias ocasiones estuvo a punto de ver vendidos sus muebles para pagar a sus acreedores. Escritor de proce­dencia romántica, traductor de Ossian, Blicher evolucionó hacia un realismo muy original.

En sus colecciones de poesías (1814-17, 1835. 1847) y de cuentos (7 vols. 1846-47) cantó los páramos de Jutlandia y la vida de los habitantes de este país. Su obra principal son los Fragmentos del diario de un maes­tro de aldea (1824, v.). También cultivó el teatro y ha dejado varias comedias y una tragedia, Jane Grey (1825).

Alberto Blest Gana

Novelista chileno n. en Santiago en 1830, m. en París en 1920; hijo de padre irlandés y de madre chilena descendiente de vascos. Es el patriarca de la novela chilena.

Subteniente en 1847, fue enviado a Francia, donde siguió sus estu­dios militares hasta 1851; estos cuatro años pasados en Francia influyeron poderosa­mente en su formación: en sus novelas se advierte sucesivamente la influencia de Sten­dhal, Balzac y Zola, y su estilo no está exento de galicismos.

Profesor de la Escuela Militar en su país, se hizo ingeniero y aban­donó el ejército en 1855. Encargado de Ne­gocios en Washington en 1866, ya no volvió a Chile; pasó con el mismo cargo a Londres en 1868 y a París en 1869, y atendió desde allí las diversas misiones que le encomendó su gobierno en otros países de Europa.

Poe­ta de juventud, pronto abandona el verso para dedicarse a la prosa, una prosa des­cuidada y hasta incorrecta, defecto fre­cuente en los grandes novelistas, cuyo ge­nio creador parece negarse a la restricción que exigen las preocupaciones normales. Excelente costumbrista, la sociedad chilena desfila por las páginas de sus libros con sus virtudes, defectos y ambiciones.

Ya en 1853 publicó en la revista El Museo, fundada por Barros Arana, su primera novela: Una es­cena social; y durante más de cincuenta años desarrolla una labor narrativa trascen­dente: El primer amor (1858), Engaños y desengaños (1858), Juan de Aria (1859), La aritmética del amor (1860), El pago de las deudas (1861).

Un drama en el campo (1862), La venganza (1862), Mariluán (1862), La flor de la higuera (1864); sus cuatro novelas capitales: Martín Rivas (1862, v.), El ideal de un calavera (1863, v.), Durante la Recon­quista, en dos volúmenes (1897, v.) y Los trasplantados, en dos volúmenes (1904, v.). Los recuerdos de su niñez los recoge en una interesante narración titulada El loco Estero, también en dos volúmenes (1909), y todavía publica una novela de menor interés: Gladys Fairfield (1912). Sus artículos de costumbres fueron recogidos y ordenados por José Zamudio, y publicados en Santiago en 1947, con el título Costumbres y viajes.

La influencia de Blest Gana en la novelística chilena es extraordinaria; hace falta llegar a Eduar­do Barrios para encontrar un novelista chi­leno capaz de parangonarse con el autor de Durante la Reconquista.

J. Sapiña

Vicente Blasco Ibáñez

Novelista es­pañol. N. en Valencia el 29 de enero de 1867, m. en su villa de Mentón (Alpes marítimos) el 28 de enero de 1928.

Era hijo de un pe­queño comerciante de origen aragonés. Cur­só el bachillerato y dos años de la carrera de derecho en su ciudad natal. Desde muy joven dio pruebas de un temperamento des­ordenado, inquieto y exuberante, que anun­ciaba su vida de hombre combativo y tur­bulento.

En 1884 abandonó los estudios y sin permiso de sus padres marchó a Madrid, donde fue secretario del fecundo novelista Fernández y González, a cuyo lado apren­dió la técnica de novelar; cinco años después, envuelto en un complot, tuvo que huir a París: amnistiado, regresó a la patria en 1891.

En este mismo año inicia en Barcelona la publicación de su extensa Historia de la revolución española desde la guerra de la In­dependencia hasta la Restauración en Sagunto, que quedó inconclusa. De nuevo en su ciudad natal, funda allí el periódico El Pueblo, órgano oficial del partido republi­cano, y alterna la actividad de periodista con la de orador político; sus campañas sus­citan a menudo, como la que llevó a cabo contra la guerra de Cuba, indignaciones y entusiasmos.

En 1896 es condenado a un año de reclusión por delitos políticos. En 1898 es elegido diputado a Cortes por Va­lencia, mandato que conservó durante seis legislaturas consecutivas, hasta 1909, cuan­do decide retirarse del palenque público y dedicarse a la agricultura.

El año siguiente embarca para América en compañía de 600 labradores y funda en la Patagonia dos colonias agrícolas — Cervantes y Nueva Valen­cia —; la empresa, inspirada en la pura teo­ría y con bases económicas insuficientes, fracasó al poco tiempo. En 1914 regresó a Europa y fijó su residencia en París; al es­tallar la guerra emprendió una campaña en favor de una alianza de España con la En­tente.

Escribió entonces su Historia de la guerra europea del 1914 en nueve volúme­nes, publicada entre 1914 y 1919. Nuevamen­te en España, la instauración de la dictadura de Primo de Rivera le obligó a expatriar­se de nuevo. Data de ese período una en­carnizada campaña contra la monarquía es­pañola y contra la persona de Alfonso XIII, que estuvo a punto de provocar complica­ciones diplomáticas.

Dos años antes de la caída de Primo de Rivera, moría el nove­lista en su suntuosa residencia de la Cos­ta Azul. Veinte duelos y unos cuarenta volúmenes atestiguan su tumultuoso tem­peramento y su vasta tarea literaria. Sus primeros pasos como escritor los dio en el Almanaque de «Lo Rat Penat» de su ciudad natal, en 1883 y 1884, con unas prosas des­criptivas escritas en catalán; como novelis­ta, inició su carrera en El Pueblo con una serie de Cuentos valencianos (v.), narracio­nes de la huerta de aquella región, reuni­dos más tarde en un volumen.

En 1894 apa­reció su primera novela larga, Arroz y tar­tana (v.), en la que se muestra como el escritor naturalista que será siempre, buen conocedor de los resortes del oficio, aunque irregular y desaliñado en el estilo. Siguie­ron La barraca (v.), Flor de mayo (1895, v.), Tierras malditas (1898) y Entre naranjos (1900, v.), todas las cuales forman el grupo de su ciclo costumbrista regional, que constituye sin duda lo más genuino y lo­grado de toda su obra.

A continuación dio La catedral (1903, v.), El intruso (1904), La bodega (1905, v.), La horda (1905, v.) y San­gre y arena (1908, v.), que constituyen un conjunto de novelas de tipo social impreg­nadas de un marcado sectarismo. Después de la fracasada aventura americana, reanuda Blasco Ibáñez su labor novelística con dos obras ins­piradas en sus aventuras y correrías por Ar­gentina y Uruguay: La tierra de todos (1912) y Los argonautas (1914).

Estallada la con­flagración mundial y ya instalado en París, nuestro autor da a las prensas la trilogía Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916, v.), Mare nostrum (1918, v.) y Los enemigos de la mujer (1919), todas ellas relacionadas con el conflicto bélico. El éxito es extraordi­nario, de dimensiones internacionales; mu­chas de sus obras son traducidas y algunas pasan al cine; ello representa para nuestro autor la fama mundial y cuantiosos be­neficios.

Adquiere la villa de Mentón y to­davía publica El Papa del mar (1925), La vuelta al mundo de un novelista, en tres tomos (1927, v.), y En busca del Gran Khan (1928), fruto, estos dos últimos libros, de su periplo realizado en 1923. Su obra póstuma, La voluntad de vivir, no se publicó hasta veinticinco años después, según lo dejó dispuesto su autor. Instaurada la Re­pública en España (1931), los restos morta­les del novelista fueron trasladados a su tierra natal.

Rudolf Blaumanis

Nació el 1.° de enero de 1863 en Érgli (Letonia) y m. el 4 de septiembre de 1908 en Takaharju (Finlandia). Es el representante más clásico y típi­camente nacional del realismo en la narra­tiva y el drama letones.

Su lugar de origen fue para él, a lo largo de su toda su vida, un dulce refugio; en este ambiente campesino inspiró los episodios dramáticos de sus obras, en las cuales, como ocurre con el drama Indrdni (v.), aparece ensimismado en los diversos personajes como si quisiera de­jarnos vislumbrar las experiencias propias de una intensa vida interior.

En ello, reside todo el dinamismo de esta existencia, falta de acontecimientos notables de carácter externo. Como todas las gentes bálticas de la época, Blaumanis formóse en las escuelas donde estaba prohibida la lengua materna; de esta suerte pudo conocer a la perfección el ale­mán, y ser, luego, el mejor traductor de sus propias obras a este idioma.

Tras haber estudiado en el Instituto Comercial de Riga (1875-81», intentó dedicarse a la contabili­dad: pero muy pronto cambió el mayor y el diario por el periodismo y la literatura. A causa de su delicada salud repartió su vida entre Riga y la finca rural, donde los ami­gos del escritor soltero hallaban siempre un acogimiento hospitalario, y los literatos jóvenes una palabra alentadora.

Minado in­exorablemente por la tuberculosis, de nada sirvieron los tratamientos seguidos en un sanatorio finlandés. Rudolf fue sepultado en el cementerio de su lugar de origen y hon­rado en Riga con un bello monumento.

M. Rasupe

Helen P. Blavatsky

Nació. el 31 de julio de 1831 en Ekaterinoslav y m. el 8 de mayo de 1891 en Londres. Su madre descendía de los próncipes Dolgoruky, y su padre, Van Hahn, coronel del Ejército ruso, pertenecía a una familia noble de origen alemán.

To­davía niña, Blavatsky demostró una exquisita sen­sibilidad, un gran valor y ima voluntad fé­rrea. A los diecisiete años se casó con el anciano general Blavatsky; pero, al cabo de tres meses, huyó a caballo del castillo de su esposo.

Refugióse en Constantinopla, y lue­go, con una amiga rusa, marchó a Egipto, donde un viejo copto le dio las primeras enseñanzas del arte de la magia. Viajó du­rante algún tiempo, y en agosto de 1851 encontró en Londres a un rajputa de la India, y en él reconoció a un personaje que en sus visiones infantiles se le había aparecido cual un protector: era su «Maestro», llegado a la capital británica para confiarle el en­cargo de fundar una sociedad destinada a la difusión de la doctrina teosófica.

Mo­vida por el afán de investigar acerca de creencias y tradiciones ocultas, Blavatsky realizó muchos viajes llenos de aventuras y obs­táculos, como el que la llevó al Tíbet; sólo raras veces estuvo en Rusia. Entre 1867 y 1870 vivió en Oriente y completó allí su formación ocultista. En 1873 halló en Chittenden (Estados Unidos) al coronel norte­americano H. S. Olcott, que habría de con­vertirse en su compañero de trabajo.

En 1875 empezó a escribir Isis revelada, con­cluida en 1877. Siguieron después sus obras mayores, La doctrina secreta (v.) y La voz del silencio. Al mismo tiempo, Blavatsky fundó la revista Lucifer, que se convirtió en The Theosophical Review.

En 1878 la Sociedad Teosófica había arraigado ya profundamen­te en América y Londres, y en 1882 estable­ció en Adyar (Madras) su cuartel general. La enorme actividad desplegada por Blavatsky fue minando su salud; enfermó el 26 de abril de 1891, y pocos días después moría en su casa de la Rosad Avenue.

M. Lipovetzka Meano