El Médico de su Honra, Pedro Calderón de la Barca

Comedia dramática, en tres actos y en verso, de Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), pu­blicada por primera vez en 1637.

Enrique de Trastamara, hermano de Pedro el Cruel (siglo XIV), cortejó a una joven que más tarde se convirtió en la fiel esposa del patricio Gutierre de Solís. Un encuentro inocente entre la mujer y su antiguo cor­tejador despierta en el corazón del ma­rido la llama de los celos: está conven­cido de la inocencia de su esposa, pero no puede resistir la idea de que antes de casarse con él pensase en otro hom­bre, y que dicho hombre haya entrado en su casa. Son unos celos retrospectivos que no admiten sombra de duda sobre la mujer a quien Gutierre ama, y se convier­ten para él en una obsesión, una idea fija, una realidad presente: una sospecha que aumenta y se convierte en tormento incu­rable. La mujer ha de morir y, para que aparezca como una muerte accidental, don Gutierre encarga a un cirujano que la sangre en su propio lecho. El cirujano ha­bla y Pedro el Cruel, un tirano sanguina­rio en realidad, pero soberano sediento de justicia según la leyenda popular, llamado a juzgar, intuyendo, gracias al silencio de don Gutierre, lo sucedido, resuelve la cues­tión del modo más inesperado: el viudo voluntario se casará inmediatamente con una mujer que había cortejado anterior­mente.

El drama del trágico conflicto ter­mina, pues, con las nuevas bodas de Gu­tierre con Leonor, una mujer valiente sin duda alguna, pues a la significativa adver­tencia de su futuro marido: «Mira qué mé­dico he sido / de mi honra: no está olvi­dada / la ciencia», responde estoicamente: «Cura con ella / mi vida, en estando ma­la». El drama tiene muchos puntos de con­tacto con la otra obra calderoniana A se­creto agravio, secreta venganza (v.), pero si la figura del protagonista es aquí más humana, por cuanto Gutierre no mata a base de sospechas infundadas, sino a base más bien de una vulgar forma de celos radicales, el modo, la técnica de la ven­ganza es para nosotros de un grotesco es­pantoso. Y aunque podamos justificar el gesto como dramática materialización de un «concepto» (honor = salud; venganza = = cura), de magnífico buen gusto dada la estética de la época, la insistencia con que Calderón lo agota hasta llevarlo a varia­ciones cómicas, nos hace sentir que entre aquella sensibilidad y la nuestra el tiempo y el espacio han abierto un abismo.

A. R. Ferrarin

El Médico de Pueblo, Honoré de Balzac

[Le médecin de campagne]. Novela de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1833 y recogida más tarde en la Comedia Humana (v.) — «Escenas de la vida de campo»—. Su protagonista es el doctor Benassis, que, después de una vida disipada, y dos amores desafortunados, se retira a los alrededores de Grenoble y llega a ser el espíritu benéfi­co de una pobre aldea, que gracias a él y a sus disposiciones sociales alcanza una gran prosperidad.

Es el libro de Balzac en que el elemento novelístico tiene menos impor­tancia, y que considera especialmente, con seriedad y sentido común, los problemas de la administración y del trabajo. Un notable episodio es el de una reunión de campesinos en que un ex soldado de las campañas imperiales narra la epopeya napoleónica en forma de una visión popular y legendaria. Como en otras obras en que trató de llegar a una conclusión pacificadora, el pesimista Balzac ve, también aquí, en la beneficencia social, una forma, y tal vez la única, de superación moral en una sociedad en la que parecían tener que triunfar necesaria­mente los valores inferiores. El doctor Benassis hace el bien, pero no trae un nuevo mensaje de bondad, revelador de una sin­cera e inmediata actitud del espíritu, aquel mensaje que Balzac obscura y vanamente fue buscando en toda su obra.

F. Neri

El Médico a Palos, Leandro Fernández de Moratín

La traducción castellana de Le médecin malgré lui, realizada por el gran literato Leandro Fernández de Moratín (1760-1828) con el título de El médico a palos, es clá­sica en el teatro español dieciochesco por la maestría con que supo adaptar sus pe­culiares situaciones escénicas e idiomáticas. Fue incluida en el tomo III de las Obras de Moratín publicadas por la Acade­mia de la Historia (Madrid, 1830-31).

La Medicina de Plinio

[Medicina Plinii]. Con este título se conoce un bre­viario médico en tres libros, donde se in­dican los remedios menos costosos y más fáciles contra las enfermedades generales del organismo y de los órganos particula­res. El anónimo autor (siglo IV) dice in­formarse en fuentes varias, pero su tratado deriva sobre todo de Plinio, y de él se sir­vieron los recetarios médicos medievales. El título del tratado deriva precisamente de la fuente compendiada.

F. Della Corte

Medicina Estática, Santorio Santorio de Capodistria

[De statica medi­cina]. Obra de Santorio Santorio de Capodistria (1561-1636), publicada en Venecia en 1614. El libro tuvo un éxito grandioso, muchas ediciones y traducciones a todos los idiomas, y constituye un ensayo verda­deramente brillante de aplicación de los métodos de Galileo a la biología. El des­cubrimiento de Santorio es la «perspiratio insensibilis», en realidad ya sospechada por los antiguos, pero que él demostró con in­dagaciones experimentales muy cuidadas, aun cuando estaban basadas en una téc­nica primitiva. Sin embargo, su famosa ba­lanza para tener en . cuenta con precisión la ingestión y egestión del organismo cons­tituye el primer dispositivo para el estudio del metabolismo. Otros aparatos inventados por Santorio y descritos en su obra son un termómetro para uso clínico y el pulsilogio para registrar el pulso, antepasado de los modernos esfigmógrafos. Pero el hecho dominante en la obra de Santorio es la introducción de la técnica experimental en fisiología, y el principio de la mesuración precisa, del exacto registro mecánico de los fenómenos de la vida, además de la elabo­ración matemática de los datos experimen­tales. Con Borelli, su continuador, Santorio ha de considerarse el fundador de la es­cuela iatrofísica, que interpreta los fenó­menos biológicos desde un punto de vista especialmente mecánico, en oposición a la tendencia iatroquímica instaurada por Paracelso y Van Helmont.

V. Porta