El Médico a Palos, Molière

[Le médecin malgré lui]. Comedia en tres actos de Molière ( Jean-Baptiste Poquelin, 1622-1673), representada en 1666. El punto de partida es un conocido «fabliau». Martina, para castigar a su marido, Sganarelle, borrachín y listo de manos, le hace pasar por médico ante una familia que tiene una hija muy enferma. Persuadido por el bastón acepta su papel, y se las arregla estupendamente para imitar la jerga de los galenos. Presenta como farmacéutico al enamorado de la mu­chacha, a quien su padre no quería admi­tir, y ella recobra muy pronto la salud y la alegría perdidas. Ambos se casan y Sganarelle sigue ejerciendo de médico. Farsa alegre, fácil y mesurada, donde se advierte que el autor ha llegado a la cima de su arte: un grato aire campechano y la acos­tumbrada sátira contra los médicos. En un «escenario» de sus primeras obras — El mé­dico volante [Le médecin volant]—Molière había insinuado el tema que encuentra aquí su expresión más completa.

V. Lugli

La Medicina Contra el Opio Turco, Miklós (Nicolás) Zrinyi

[A török áfium ellen való orvosság]. Opúsculo de Miklós (Nicolás) Zrinyi (1620- 1664), escrito para incitar a la guerra con­tra los turcos, y publicado en 1660. El au­tor, hombre político, general y poeta hún­garo, ve claramente que de la alianza con los alemanes no puede esperarse más que una ayuda lenta y de escaso valor y que los húngaros, aun abandonados a sus pro­pias fuerzas, son capaces de enfrentarse victoriosamente con los turcos. Cita las he­roicas hazañas de los antiguos húngaros, intentando con ello despertar de su indo­lencia a la nación. Su lema es: «¡No to­ques al húngaro!», y todo el opúsculo es la exposición de este pensamiento.

M. Benedek

Medicina Contra las Nuevas Herejías, Alvaro Pelayo

[Collyrium adversus hereses no­vas]. Obra del franciscano español Álvaro Pelayo, obispo de Silves (1280-1352), per­sonaje muy mezclado en la política de su tiempo y defensor de las posiciones tradicionales. El Collyrium es obra de su úl­tima época y tiene el interés de ofrecer una apología de la postura católica frente a las tesis de Marsilio de Padua y de otros herejes. Ve a los heterodoxos revoluciona­rios de su siglo dentro de la línea general de las disgregaciones y las deformaciones. De ahí que este libro se ofrezca un poco como, un catálogo de herejías, bien que pronto se advierte que constituye algo más: una verdadera enciclopedia histórica de teología y de moral. Don Álvaro Pelayo trata de extirpar los errores con este su «colirio», tal como los médicos utilizan otros para extirpar las flemas y hacer cla­ra la visión. Entre los errores que combate figuran: que la Iglesia acoja sólo a los clé­rigos, que los reyes y los emperadores an­tecedan a los papas y a los obispos, que el pontífice no tenga plena potestad tem­poral, que los legos no estén sometidos al derecho canónico…

Pero especialmente im­porta el Collyrium por su enfrentamiento con Marsilio de Padua, al que cita reite­rada y nominativamente y no sólo en el tema de la precedencia pontificia, sino en algunos de los que luego mostraron más fecundidad en el empeño de apartar la po­lítica de la teología. La influencia de las líneas tradicionales es evidente y en ellas se refleja además el conocimiento de quien fue penitenciario apostólico. Se ha su­puesto recientemente una influencia islá­mica aportada por la ciencia sufí de los musulmanes andaluces. Del Collyrium exis­ten numerosos manuscritos¿ algunas edicio­nes y una gran aceptación de sus parece­res, que son transcritos en pasajes enteros por los autores que le siguen.

De los Medicamentos de la Cara, Publio Ovidio Nasón

 [De medicamine faciei]. Obra didáctica de Publio Ovidio Nasón (43 a. de C.-18 d. de C.) sobre el modo de maquillarse de las mujeres. De los cien versos, los primeros cincuenta son sencillamente polémicos, en cuanto defienden, contra los propagadores de la antigua sencillez y rudeza de costum­bres, los valores de la elegancia indispen­sable para la vida como fuerza de seducción amorosa. La segunda parte, en cambio, es un conjunto de prescripciones o recetas de cosméticos para la conservación y el au­mento de la belleza de la cara, extraído probablemente de un tratado de cosmética en prosa, difundido en aquellos tiempos y hábilmente versificado por Ovidio. El tra­tado no nos ha llegado entero.

F. Della Corte

El Vellocino de Oro, Lope de Vega

El tema de Medea, de Jasón y del ve­llocino de oro fue tratado por el gran poe­ta y dramaturgo español Lope de Vega (1562-1635) en su obra El vellocino de oro, publicada en la Parte XIX de sus comedias en 1623. Se trata de una obra muy breve, sin división de actos (aunque algún crítico la haya dividido en dos), que sigue la na­rración de Ovidio (Metamorfosis, libro VII), sin aportar nada al tema, excepto la ca­lidad de su versificación y de su estilo. Fue representada en Aranjuez el día 15 de mayo de 1622, durante las fiestas organi­zadas para festejar el cumpleaños del rey Felipe IV (día 9 de abril). Esta fiesta tiene doble significación histórica y lite­raria. El mismo día se representó por pri­mera vez La Gloria de Niquea (v.) de Villamediana y tanto de esta representación como de la de Lope se nos han conser­vado dos relatos, uno en prosa y otro en verso, obra de don Antonio de Mendoza, poeta y amigo de Lope. La representación de Lope terminó con el incendio del tea­tro, de lo que nació la leyenda de que ha­bía sido provocado por el conde de Villa- mediana para poder salvar a la reina María Luisa. Dentro de la literatura española han tratado el tema de Jasón y de Medea y la leyenda del vellocino: Calderón de la Bar­ca en su obra Los tres mayores prodigios; Francisco de Rojas en Los encantos de Me­dea; existe además una obra anónima (se trata con seguridad de una traducción) con el título El vellocino de oro conquis­tado.