El Método, Heinrich Pestalozzi

[Die Methode]. Ensayo pedagógico de Heinrich Pestalozzi (1764- 1827), publicado en 1800, en el cual demuestra como la situación de ambiente in­fluye en la educación del niño, que él basa en la naturaleza, entendida, sin em­bargo, en un sentido más amplio que en Rousseau, porque Pestalozzi comprende en ella también el mundo moral. Aquí el fac­tor de la «clara conciencia» o «intuición sensible» va adquiriendo cada vez mayor importancia, y por lo tanto también la «pa­labra», que es considerada en su doble sen­tido bueno y malo, limitador y aclarador. Obtenida la clara conciencia, se pasa des­pués a los conceptos, que deben ser lo más generales posible: o sea, mediante propor­ciones «que abracen todas las disposiciones y las relaciones humanas»; el hombre es inducido poco a poco a sacar aquellas individuales consecuencias morales que me­jor se adaptan a su personalidad. La fuer­za creadora de este proceso moral está, sin embargo, más en la naturaleza que en la palabra, la cual representa sólo el instru­mento; por esto es menester «vigorizar» el sano influjo natural y dirigirlo hacia la inteligencia y la virtud. El proceso peda­gógico seguido por Pestalozzi está fundado psicológicamente: «la intuición precede a la palabra y determinadas nociones prece­den al juicio». La aplicación práctica de este método la desarrolla Pestalozzi en Cómo educa Gertrudis a sus hijos (v.) y su fundamento histórico queda demostrado en las épocas en que este mismo proceso es seguido en la historia del género humano.

G. F. Ajroldi

Las Metamorfosis de Venus, Richard Dehmel

[Die Verwandlungen der Venus]. Ciclo de 30 poesías de metro variado del poeta alemán Richard Dehmel (1863-1920), publicado en 1907. Las poesías, que llevan el subtítulo «Rapsodia erótica con un preludio moral» [«Erotische Rhapsodie mit einer moralischen Ouverture»], están dedicadas a las diversas formas asumidas por Venus en sus meta­morfosis: «Venus regina», «Venus mater», «Venus primitiva», «Venus Urania», «Ve­nus mea», etc. Precede una doble intro­ducción «Las hermanas desveladas» [«Das entschleierte Schwesternpaar»] e «Inicio de las metamorfosis» [«Der Verwandlungen Anfang»] y sigue una conclusión «Final de las metamorfosis» [«Der Verwandlungen Ende»].

 Entre las primeras quince poesías y las últimas está intercalado un inter­medio titulado «Amor modernus domesticus». En la introducción satírica «Las her­manas desveladas», el autor declara repre­sentar poéticamente un sueño realmente tenido: y en una carta a Alfredo Mombert, que respondió con una áspera crítica al envío de «Venus reina», Dehmel repite que soñó realmente en algunas de las Metamor­fosis. Las primeras poesías, en torno a las cuales se va luego paulatinamente constru­yendo el breve poema, aparecieron en Erlösung, otras formaron parte de las prime­ras ediciones de Mujer y mundo (v.) y de Pero el amor (v.); Dehmel las sacó de di­chas recopilaciones, cambiándoles alguna vez el título (así «Venus Mater» llevaba primero el título de «Canción de cuna») con la intención de ordenarlas y comple­tarlas hasta alcanzar el número actual. Con la adición de nuevas composiciones, formó al fin un ciclo cerrado, aunque en la ya citada carta a Mombert, donde llama a las Metamorfosis «mi poesía más profunda de carácter psicosimbólico» [«mein tiefstes Gedicht psychosymbolischen Stils»], el poeta declarase que el ciclo sólo terminaría con su vida.

Las Metamorfosis tienen intención satírica y dogmática: a la moral hipócrita de la sociedad oponen la individual; ade­más quieren representar simbólicamente la concepción de la vida propia de Dehmel. Venus, diosa del amor, madre del ser, ani­ma todos los aspectos de la vida, es origen y causa de toda manifestación, tanto cós­mica como individual y se transforma alter­nativamente en Anadiomena, Primitiva, Me­tafísica, etc. Bastan dichos indicios para indicar el empeño con que Dehmel em­prendió esta obra que consideraba como su Fausto (v.). Y es justo reconocer que algunas poesías son hermosísimas, cálidas de sensualidad y, sin embargo, llenas de inma­nente sentido de misterio; pero en conjunto se trata de una de las composiciones de Dehmel que más revelan el esfuerzo. Falta a la construcción el soplo lírico que nace de una necesidad interna, y la unidad de la obra queda esquemática, abstracta, y ca­rece de continuidad lógica y poética, de modo que la lectura resulta pesada y la interpretación difícil.

Aunque estilística­mente se manifiestan muchos de los defec­tos más visibles de Dehmel: la inclinación a las palabras altisonantes para enmasca­rar la pobreza del contenido, el barroquis­mo en la expresión y la cantidad de imáge­nes, sin embargo, para el estudio de la personalidad moral de Dehmel, el ciclo que­da como obra fundamental; y también es importante para el estudio de su arte, tan­to por la altura de tono que la poesía al­canza en algunos momentos, como por se­ñalar con toda evidencia los límites de su capacidad creadora.

L. C. Palmerini

Los Meteoros, René Descartes

[Les Météores]. Es el tercero de los Ensayos filosóficos de Des­cartes (René Descartes, 1596-1650), publicados en Leyden en 1627. Consta de diez discursos de distinto tema en los que el autor intenta dar una explicación mecanicista de diversos fenómenos naturales, prin­cipalmente atmosféricos. Rechazado el va­cío basándose en el «horror vacui», y recha­zada la teoría atómica, Descartes concibe los cuerpos como formados por partículas —no átomos, semejantes a las visibles, aun­que mucho más pequeñas — que dejan po­rosidades, llenadas por partículas de mate­ria sutil. Gran parte de los fenómenos natu­rales es explicada por Descartes mediante la reducción de ellos a las fuerzas diversas y a los movimientos de estas partículas de materia sutil. La concepción general en que se basan Los Meteoros será después ásperamente criticada por Newton y los newtonianos, y la misma escuela cartesiana (Leibniz) no la juzgará satisfactoria.

G. Preti

La Metamorfosis de los Animales, Johann Wolfgang Goethe

[Die Metamorphose der Tiere]. Poesía didáctica de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), conocida también con el título de Athroismos, aparecida en la revista cien­tífica publicada por el mismo poeta, De las ciencias naturales [Zur Naturwissenschaft], en 1820, escrita ya en 1806 con el título de Hexámetros sobre la morfología [Exameter zur Morphologie] y reproducida después en el volumen Poesías (v.).

En estos versos Goethe traza su teoría sobre la metamorfo­sis de los animales, afirmando que todo animal es fin para sí mismo: «Surge per­fecto del seno de la Madre Naturaleza y genera hijos perfectos. Todos sus miembros se plasman según leyes eternas y la forma más excelsa tiene celada la imagen-tipo» («Urbild»). También aquí Goethe va en bus­ca del animal primario o idea de él, como en la Metamorfosis de las plantas (v.) ha­bía buscado la planta primaria. Negando todo principio teológico universal, recono­ciendo sólo uno inmanente, el poeta observa como todo animal se adapta al am­biente en relación inversa a su propia per­fección. Todo órgano o parte del cuerpo que se desarrolla de modo preponderante, lo hace en detrimento de los demás, según una severa ley de medida. La Naturaleza es el espíritu que lo gobierna contra todo arbitrio, y distribuye a cada uno su propia fuerza inmanente. La última estrofa glo­rifica la Naturaleza, maestra de toda idea de potencia, de orden, de límite y de li­bertad. Feliz el hombre a quien es con­cedido contemplarla, examinarla y sacar de ella «plena certidumbre».

Estos versos que se proponen confirmar algunas proposiciones ya expresadas en otros escritos científicos (v. Hueso intermaxilar), experimentan de nuevo, en su sentido religioso de la naturaleza, el influjo de Spinoza, que Goethe había recibido entre 1783 y 1786.

G. F. Ajroldi

Metamorfosis, Agnolo Firenzuola

Es famosa la versión que de las Metamorfosis de Apuleyo hizo Agnolo Firenzuola (1493-1543), entre 1515 y 1525, publi­cada en Venecia en 1550 con el título L’asino d’oro, considerada como su obra maes­tra. La novela del escritor latino, ya tra­ducida por Boyardo, es aquí reproducida con fidelidad y con vivísimo sentido del arte; su materia está vertida genialmente con ropaje moderno, comenzando por la circunstancia de que el protagonista, Lucio, es llamado autobiográficamente Agnolo, y en la obra se han introducido usos y cos­tumbres de principios del siglo XVI. Así, se ha suprimido el final de la obra, el li­bro XI, que en el escritor latino se basaba sobre todo en los ritos misteriosos que pre­ceden a la consagración del protagonista al culto de Isis, y no encaja bien con las restantes aventuras narradas. El libro VIII, en la parte que se refiere a los sacerdotes paganos, está cambiado en agria sátira con­tra los religiosos de San Antonio. Son no­tables las referencias del autor a sus pro­pias circunstancias personales, desde la mención de su patria («Firenzuola, puesta al pie de los Alpes que están entre Flo­rencia y Bolonia»), hasta el recuerdo de sus propios amores. La traducción, límpida y alegre, reproduce bien aquella entrega a la imaginación y a la voluptuosidad de la fantasía característica del escritor: su­tilmente sensual, amante de los sueños aventureros y fabulosos. Ávido de mara­villas, Firenzuola compone, siguiendo las huellas de la novela latina, una obra suya profundamente viva. Su misma lengua, trabajadísima y cuidada, es rica en todos los esplendores del humanismo y conserva bien el sabor inventivo y variado del origi­nal. De esta manera, de las Metamorfosis de Apuleyo se pone en evidencia, con la persistencia de un perfume guardado en un pomo, el aspecto aventurero y puramen­te entregado a la vena narrativa. El sím­bolo, representado en el personaje que lle­ga a la sabiduría después de una serie de errores y de engaños, queda vivo en su plena y lírica armonía de expresión.

C. Cordié

Las traducciones han de hacerse a la moderna. Las ciudades, las costumbres, los hábitos tienen hoy otra manera de ser, dis­tinta de la de aquellos tiempos, y fue mues­tra de buen juicio en Firenzuola en el Osino d’oro traducirlo a la moderna, de manera que parece un caso ocurrido en nuestros días. (Doni)

Firenzuola tomó del habla toscana infi­nitas expresiones de singular naturalidad y jocundidad: por lo que puede decirse que su versión, en la que están acumuladas to­das las flores de aquel admirable idioma, es, según parecer de muchos, lo más aca­bado que hay en la prosa italiana. (Courier)