Metamorfosis, Agnolo Firenzuola

Es famosa la versión que de las Metamorfosis de Apuleyo hizo Agnolo Firenzuola (1493-1543), entre 1515 y 1525, publi­cada en Venecia en 1550 con el título L’asino d’oro, considerada como su obra maes­tra. La novela del escritor latino, ya tra­ducida por Boyardo, es aquí reproducida con fidelidad y con vivísimo sentido del arte; su materia está vertida genialmente con ropaje moderno, comenzando por la circunstancia de que el protagonista, Lucio, es llamado autobiográficamente Agnolo, y en la obra se han introducido usos y cos­tumbres de principios del siglo XVI. Así, se ha suprimido el final de la obra, el li­bro XI, que en el escritor latino se basaba sobre todo en los ritos misteriosos que pre­ceden a la consagración del protagonista al culto de Isis, y no encaja bien con las restantes aventuras narradas. El libro VIII, en la parte que se refiere a los sacerdotes paganos, está cambiado en agria sátira con­tra los religiosos de San Antonio. Son no­tables las referencias del autor a sus pro­pias circunstancias personales, desde la mención de su patria («Firenzuola, puesta al pie de los Alpes que están entre Flo­rencia y Bolonia»), hasta el recuerdo de sus propios amores. La traducción, límpida y alegre, reproduce bien aquella entrega a la imaginación y a la voluptuosidad de la fantasía característica del escritor: su­tilmente sensual, amante de los sueños aventureros y fabulosos. Ávido de mara­villas, Firenzuola compone, siguiendo las huellas de la novela latina, una obra suya profundamente viva. Su misma lengua, trabajadísima y cuidada, es rica en todos los esplendores del humanismo y conserva bien el sabor inventivo y variado del origi­nal. De esta manera, de las Metamorfosis de Apuleyo se pone en evidencia, con la persistencia de un perfume guardado en un pomo, el aspecto aventurero y puramen­te entregado a la vena narrativa. El sím­bolo, representado en el personaje que lle­ga a la sabiduría después de una serie de errores y de engaños, queda vivo en su plena y lírica armonía de expresión.

C. Cordié

Las traducciones han de hacerse a la moderna. Las ciudades, las costumbres, los hábitos tienen hoy otra manera de ser, dis­tinta de la de aquellos tiempos, y fue mues­tra de buen juicio en Firenzuola en el Osino d’oro traducirlo a la moderna, de manera que parece un caso ocurrido en nuestros días. (Doni)

Firenzuola tomó del habla toscana infi­nitas expresiones de singular naturalidad y jocundidad: por lo que puede decirse que su versión, en la que están acumuladas to­das las flores de aquel admirable idioma, es, según parecer de muchos, lo más aca­bado que hay en la prosa italiana. (Courier)